Un fósil patagónico de 95 millones de años reescribe la historia de los dinosaurios alvarezsaurios. El descubrimiento, protagonizado por paleontólogos del CONICET y colegas de Estados Unidos, se publicó en la prestigiosa revista Nature.
En el árido paisaje de La Buitrera, al norte de Río Negro, un equipo internacional de paleontólogos halló un fósil excepcionalmente completo que está cambiando la manera en que entendemos la evolución de los alvarezsaurios, un grupo enigmático de pequeños dinosaurios carnívoros. El descubrimiento, liderado por investigadores del CONICET junto a colegas de Estados Unidos, fue publicado en la prestigiosa revista Nature.

Los alvarezsaurios son un grupo de dinosaurios carnívoros, surgido hace unos 150 millones de años, caracterizado por sus cuerpos livianos, cabezas pequeñas y dientes diminutos y numerosos. La mayor parte de sus representantes conocidos fueron encontrados en Mongolia, China y Argentina, aunque también han aparecido en otros lugares del mundo. Entre las características que los diferencian de otros carnívoros se destacan los brazos pequeños, que en las especies más tardías alcanzaron un grado tal de reducción que solo tenían un único dedo en la mano, con una garra robusta, mientras que los demás dedos eran mucho más pequeños o casi inexistentes. Estas adaptaciones han llevado a muchos paleontólogos a considerar que excavaban los termiteros y usaban una larga lengua para alimentarse como osos hormigueros. Por este motivo, se ha propuesto que estos dinosaurios se hicieron pequeños debido a su especialización en comer insectos. Sin embargo, el hallazgo de Alnashetri, un diminuto alvarezsaurio basal, viene a demostrar que esto no fue así.
Los análisis filogenéticos revelan que Alnashetri ocupa una posición basal dentro del linaje, lo que indica que los alvarezsaurios se originaron en Pangea y se dispersaron por distintos continentes antes de la fragmentación. Este hallazgo también permitió reclasificar fósiles previamente misteriosos de Norteamérica y Europa como miembros del grupo.

El hallazgo y estudio de un nuevo ejemplar tan bien preservado y completo de un alvarezsaurio que vivió en Sudamérica hace unos 95 millones de años es importante porque nos permite comprender cómo y dónde evolucionó este enigmático linaje de dinosaurios carnívoros, y cómo se diversificó en diferentes continentes. El nuevo ejemplar también suministra información fundamental sobre la evolución corporal del grupo, al cuestionar ideas previas, como la constante miniaturización lo largo de la evolución
El estudio, que contó con el apoyo de la National Geographic Society, fue encabezado por el investigador Peter J. Makovicky, de la University of Minnesota, The Field Museum y Stony Brook University (Estados Unidos), junto a Jonathan S. Mitchell, del Coe College (Estados Unidos). Por parte del CONICET fue encabezado por Sebastián Apesteguía, Jorge Meso, también participó Federico A. Gianechini, del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis. (IMIBIO-SL, CONICET-UNSL) con la colaboración de Fundación Azara.#

Un fósil patagónico de 95 millones de años reescribe la historia de los dinosaurios alvarezsaurios. El descubrimiento, protagonizado por paleontólogos del CONICET y colegas de Estados Unidos, se publicó en la prestigiosa revista Nature.
En el árido paisaje de La Buitrera, al norte de Río Negro, un equipo internacional de paleontólogos halló un fósil excepcionalmente completo que está cambiando la manera en que entendemos la evolución de los alvarezsaurios, un grupo enigmático de pequeños dinosaurios carnívoros. El descubrimiento, liderado por investigadores del CONICET junto a colegas de Estados Unidos, fue publicado en la prestigiosa revista Nature.

Los alvarezsaurios son un grupo de dinosaurios carnívoros, surgido hace unos 150 millones de años, caracterizado por sus cuerpos livianos, cabezas pequeñas y dientes diminutos y numerosos. La mayor parte de sus representantes conocidos fueron encontrados en Mongolia, China y Argentina, aunque también han aparecido en otros lugares del mundo. Entre las características que los diferencian de otros carnívoros se destacan los brazos pequeños, que en las especies más tardías alcanzaron un grado tal de reducción que solo tenían un único dedo en la mano, con una garra robusta, mientras que los demás dedos eran mucho más pequeños o casi inexistentes. Estas adaptaciones han llevado a muchos paleontólogos a considerar que excavaban los termiteros y usaban una larga lengua para alimentarse como osos hormigueros. Por este motivo, se ha propuesto que estos dinosaurios se hicieron pequeños debido a su especialización en comer insectos. Sin embargo, el hallazgo de Alnashetri, un diminuto alvarezsaurio basal, viene a demostrar que esto no fue así.
Los análisis filogenéticos revelan que Alnashetri ocupa una posición basal dentro del linaje, lo que indica que los alvarezsaurios se originaron en Pangea y se dispersaron por distintos continentes antes de la fragmentación. Este hallazgo también permitió reclasificar fósiles previamente misteriosos de Norteamérica y Europa como miembros del grupo.

El hallazgo y estudio de un nuevo ejemplar tan bien preservado y completo de un alvarezsaurio que vivió en Sudamérica hace unos 95 millones de años es importante porque nos permite comprender cómo y dónde evolucionó este enigmático linaje de dinosaurios carnívoros, y cómo se diversificó en diferentes continentes. El nuevo ejemplar también suministra información fundamental sobre la evolución corporal del grupo, al cuestionar ideas previas, como la constante miniaturización lo largo de la evolución
El estudio, que contó con el apoyo de la National Geographic Society, fue encabezado por el investigador Peter J. Makovicky, de la University of Minnesota, The Field Museum y Stony Brook University (Estados Unidos), junto a Jonathan S. Mitchell, del Coe College (Estados Unidos). Por parte del CONICET fue encabezado por Sebastián Apesteguía, Jorge Meso, también participó Federico A. Gianechini, del Instituto Multidisciplinario de Investigaciones Biológicas de San Luis. (IMIBIO-SL, CONICET-UNSL) con la colaboración de Fundación Azara.#