Entre el dolor y la falta de horizonte: advierten por el impacto social detrás de los suicidios

Fuerte alarma social en Cholila por los suicidios de tres jóvenes en los últimos 60 días. La docente Pamela Pérez Navarrete expuso que detrás del drama hay una trama de pobreza, falta de trabajo, angustia colectiva y una pérdida de perspectivas que afecta con fuerza a los jóvenes.

19 ABR 2026 - 10:15 | Actualizado 19 ABR 2026 - 10:17

Fuerte alarma social en Cholila por los suicidios de tres jóvenes en los últimos 60 días. Pérez Navarrete, docente de la Escuela 727 y vinculada a la educación de adultos, describió un contexto social profundamente deteriorado.Según explicó, las consecuencias no se limitan a lo material, sino que impactan en la salud mental de las familias y especialmente de los adolescentes, que crecen en un escenario marcado por la incertidumbre.

“No hay perspectivas”, resumió la docente en Jornada Radio al describir la realidad de muchas familias de Cholila. Su planteo combina el empobrecimiento, la falta de oportunidades, la caída de actividades económicas tradicionales y un clima social cada vez más asfixiante.

Muchas familias perdieron sus fuentes de ingreso después de los incendios, sobre todo aquellas que dependían del campo y de la cría de animales. A eso se suma el deterioro de otras actividades de subsistencia, como la recolección de mosqueta, que este año también se vio afectada por el fuego y por la sequía. “Están muy empobrecidos algunos sectores”, advirtió.

La docente señaló que, fuera del empleo público, hay muy poco margen para encontrar trabajo estable y que incluso rubros como la construcción están prácticamente frenados.

También mencionó el impacto de una temporada turística debilitada, la suspensión de eventos que dinamizaban la economía local y la ausencia de movimiento comercial. Todo ese escenario, sostuvo, se vive dentro de las casas y llega inevitablemente a los chicos.

“Entiendo que sí, que eso debe afectar”, expresó sobre cómo repercute esta crisis en los jóvenes. La falta de un horizonte concreto, las conversaciones cotidianas atravesadas por problemas económicos y la sensación de que no hay futuro posible terminan configurando un contexto de enorme vulnerabilidad emocional.

Pérez Navarrete contó además que, desde su trabajo en la educación para adultos, observa una preocupación constante de madres, padres y familias enteras por la situación de sus hijos.

A esa angustia económica se le suman la violencia que circula en redes sociales y la escasa contención disponible en una localidad pequeña, donde muchas veces cuesta hablar públicamente de estos temas.

Consideró que la intervención estatal no puede limitarse a una respuesta sanitaria o a dispositivos de acompañamiento psicológico, aunque los consideró necesarios. A su entender, la salida también exige decisiones de fondo que reactiven la economía y devuelvan expectativas. “Podés llegar a tener atención, pero si seguís sin laburo y sin perspectivas de laburo, el panorama es difícil”, planteó.

La docente agregó que Cholila arrastra además otros problemas estructurales, como la falta de agua durante largos períodos del verano, una demanda histórica de la comunidad. Recordó también la protesta de un joven que, entre fines de enero y febrero, acampó frente al municipio para reclamar oportunidades para la juventud. Para Pérez Navarrete, ese episodio fue otra señal clara de la desesperación que atraviesa a buena parte del pueblo. Según relató, ese joven estaba profundamente afectado por uno de los suicidios ocurridos y planteaba con claridad que en Cholila “no hay nada para hacer para los jóvenes”.

La misma sensación apareció en otros testimonios que recogió la docente, incluso entre quienes intentan emprender y se chocan con obstáculos básicos, como cortes de luz o falta de agua que impiden sostener cualquier proyecto.

Pérez Navarrete insistió en que la crisis debe leerse en toda su complejidad. El drama de los suicidios, sostuvo, no puede separarse de una comunidad atravesada por el golpe de los incendios, la fragilidad económica, el desgaste emocional y la sensación de que a los jóvenes les cuesta encontrar herramientas para salir adelante. “A los adultos nos cuesta; imaginate a los jóvenes”, señaló.

19 ABR 2026 - 10:15

Fuerte alarma social en Cholila por los suicidios de tres jóvenes en los últimos 60 días. Pérez Navarrete, docente de la Escuela 727 y vinculada a la educación de adultos, describió un contexto social profundamente deteriorado.Según explicó, las consecuencias no se limitan a lo material, sino que impactan en la salud mental de las familias y especialmente de los adolescentes, que crecen en un escenario marcado por la incertidumbre.

“No hay perspectivas”, resumió la docente en Jornada Radio al describir la realidad de muchas familias de Cholila. Su planteo combina el empobrecimiento, la falta de oportunidades, la caída de actividades económicas tradicionales y un clima social cada vez más asfixiante.

Muchas familias perdieron sus fuentes de ingreso después de los incendios, sobre todo aquellas que dependían del campo y de la cría de animales. A eso se suma el deterioro de otras actividades de subsistencia, como la recolección de mosqueta, que este año también se vio afectada por el fuego y por la sequía. “Están muy empobrecidos algunos sectores”, advirtió.

La docente señaló que, fuera del empleo público, hay muy poco margen para encontrar trabajo estable y que incluso rubros como la construcción están prácticamente frenados.

También mencionó el impacto de una temporada turística debilitada, la suspensión de eventos que dinamizaban la economía local y la ausencia de movimiento comercial. Todo ese escenario, sostuvo, se vive dentro de las casas y llega inevitablemente a los chicos.

“Entiendo que sí, que eso debe afectar”, expresó sobre cómo repercute esta crisis en los jóvenes. La falta de un horizonte concreto, las conversaciones cotidianas atravesadas por problemas económicos y la sensación de que no hay futuro posible terminan configurando un contexto de enorme vulnerabilidad emocional.

Pérez Navarrete contó además que, desde su trabajo en la educación para adultos, observa una preocupación constante de madres, padres y familias enteras por la situación de sus hijos.

A esa angustia económica se le suman la violencia que circula en redes sociales y la escasa contención disponible en una localidad pequeña, donde muchas veces cuesta hablar públicamente de estos temas.

Consideró que la intervención estatal no puede limitarse a una respuesta sanitaria o a dispositivos de acompañamiento psicológico, aunque los consideró necesarios. A su entender, la salida también exige decisiones de fondo que reactiven la economía y devuelvan expectativas. “Podés llegar a tener atención, pero si seguís sin laburo y sin perspectivas de laburo, el panorama es difícil”, planteó.

La docente agregó que Cholila arrastra además otros problemas estructurales, como la falta de agua durante largos períodos del verano, una demanda histórica de la comunidad. Recordó también la protesta de un joven que, entre fines de enero y febrero, acampó frente al municipio para reclamar oportunidades para la juventud. Para Pérez Navarrete, ese episodio fue otra señal clara de la desesperación que atraviesa a buena parte del pueblo. Según relató, ese joven estaba profundamente afectado por uno de los suicidios ocurridos y planteaba con claridad que en Cholila “no hay nada para hacer para los jóvenes”.

La misma sensación apareció en otros testimonios que recogió la docente, incluso entre quienes intentan emprender y se chocan con obstáculos básicos, como cortes de luz o falta de agua que impiden sostener cualquier proyecto.

Pérez Navarrete insistió en que la crisis debe leerse en toda su complejidad. El drama de los suicidios, sostuvo, no puede separarse de una comunidad atravesada por el golpe de los incendios, la fragilidad económica, el desgaste emocional y la sensación de que a los jóvenes les cuesta encontrar herramientas para salir adelante. “A los adultos nos cuesta; imaginate a los jóvenes”, señaló.