Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
Es 18 de noviembre de 2023. El Gobierno de Mariano Arcioni difunde la caída de una banda narco con proveedores y vendedores locales en Río Negro, Salta, Capital Federal y Chubut.
Ese día 5 meses de investigación concluían en 37 allanamientos en Trelew, General Roca y Playa Unión.
El paquete impresionaba: 8 detenidos, $ 4 millones en efectivo, bolívares, dólares, 40 plantas de cannabis, un kilo de marihuana, 350 gramos de cocaína, balanzas de precisión, celulares, 12 armas, recortes de nylon, elementos de corte, 300 municiones de distintos calibres y cuatro vehículos.

Pero casi dos años y medio después la causa concluyó en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia con múltiples juicios abreviados y sólo una pena de prisión efectiva: Leonardo Alí, sentenciado a 5 años y 4 meses por comercio de estupefacientes. Ya estaba preso en la Unidad 6 de Rawson.
En tanto, por el delito de confabulación, Camila García, Rubén Rodríguez, Jorge Ciri, Yanil Alí, Julio Añueque y María Jerez acordaron recibir2 años de prisión de ejecución condicional más reglas de conducta.
Y terminaron sobreseídos Néstor Fabián Curiqueo, David Millanao, Kevin Molina, Diego Quiñonez, Enrique Schmidt y Diego Roco Puentes. El fiscal Teodoro Nürnberg evaluó que no tenía evidencias para acusarlos de delito alguno. Menos de haber integrado una banda.
Al fallo del 20 de abril lo firmó Alejandro Cabral.

Al grupo le habían imputado que desde mayo y hasta noviembre de 2023 habían recibido marihuana y cocaína desde Río Negro para venderla al menudeo en el Valle Inferior del Río Chubut, desde sus casas o por delivery. A las cargas las había proveído Jorge Zelaya desde la provincia vecina. Está prófugo hace un año y medio.
La pesquisa se había iniciado en un complejo de departamentos por día de Trelew. Parte de los sospechosos –algunos conocidos- intentaba evadir el seguimiento policial, a pie como en vehículos, con vueltas inesperadas, regresando sobre sus pasos o permaneciendo estacionados para saber quién iba detrás.
Las vigilancias y las escuchas sólo alcanzaron para probarque los condenados por confabulación habían planificado un posible comercio de droga: pactaban encuentros con compradores, acordaban el manejo de ganancias y deudas, hablaban de probar la sustancia para verificar su calidad y de las esperas de cada cargamento para su reventa.

Las intervenciones grabaron mensajes comprometedores: “Che, vamos a pagarle a éste, de última yo puedo bancar la tuya pero tenemos que pagarle todo así no rompe las pelotas”.
“El gordo quería una y nosotros la hicimos para probar... está buenísima”.
“Ahí le mande mensaje viste pero hasta mañana naranja...pero arreglé para mañana, me la va a dejar en siete bien copada pero en mano y lo otro me lo va a aguantar hasta el martes o miércoles”.
“Levántate, sacá todo lo de la casa, nos cayó la cana, la balanza, todo está debajo del mueble, agarraron la bolsa, estamos hasta las pelotas”.
“Lo que sí, no sé si te enteraste el precio, ¿no?, porque se fue a diez, me olvidé, no te quise mandar mensaje”.
“Hola corazón, escúchame una cosa ¿vos a eso ya lo tenés?... no sé si tanta cantidad ¿Qué decís vos? ¿cuándo tiempo tenés para que la paguemos?, el tema es ese ¿viste?”.
“Ahí me respondió dice que las remeras están buenísimas, así que ahí le pregunté precio, estoy esperando que me responda, si llego lo busco y le voy a decir que lo vas a buscar vos, le digo que nos dé hasta el martes, ¿Cuánto? ¿4 remeras?”.

Con dos condenas anteriores, el “Turquito” Alí fue el único con una condena de peso gracias a que la División Drogas verificó que a su casa de Trelew llegaba gente en coche, a pie o en bicicleta que ingresaba por escasos minutos, compraba yse ibacon droga.
Alí hasta dejaba afuera una persona mirando hacia todos lados para detectar al personal policial. Alguno le arrojó dosis desde un colectivo en marcha. Y otro se llevó una bolsa a la nariz apenas la compró.
El fallo del juez Cabral del 20 de abril ordenó devolverles a los sobreseídos sus coches, su plata y sus celulares.

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
Es 18 de noviembre de 2023. El Gobierno de Mariano Arcioni difunde la caída de una banda narco con proveedores y vendedores locales en Río Negro, Salta, Capital Federal y Chubut.
Ese día 5 meses de investigación concluían en 37 allanamientos en Trelew, General Roca y Playa Unión.
El paquete impresionaba: 8 detenidos, $ 4 millones en efectivo, bolívares, dólares, 40 plantas de cannabis, un kilo de marihuana, 350 gramos de cocaína, balanzas de precisión, celulares, 12 armas, recortes de nylon, elementos de corte, 300 municiones de distintos calibres y cuatro vehículos.

Pero casi dos años y medio después la causa concluyó en el Tribunal Oral Federal de Comodoro Rivadavia con múltiples juicios abreviados y sólo una pena de prisión efectiva: Leonardo Alí, sentenciado a 5 años y 4 meses por comercio de estupefacientes. Ya estaba preso en la Unidad 6 de Rawson.
En tanto, por el delito de confabulación, Camila García, Rubén Rodríguez, Jorge Ciri, Yanil Alí, Julio Añueque y María Jerez acordaron recibir2 años de prisión de ejecución condicional más reglas de conducta.
Y terminaron sobreseídos Néstor Fabián Curiqueo, David Millanao, Kevin Molina, Diego Quiñonez, Enrique Schmidt y Diego Roco Puentes. El fiscal Teodoro Nürnberg evaluó que no tenía evidencias para acusarlos de delito alguno. Menos de haber integrado una banda.
Al fallo del 20 de abril lo firmó Alejandro Cabral.

Al grupo le habían imputado que desde mayo y hasta noviembre de 2023 habían recibido marihuana y cocaína desde Río Negro para venderla al menudeo en el Valle Inferior del Río Chubut, desde sus casas o por delivery. A las cargas las había proveído Jorge Zelaya desde la provincia vecina. Está prófugo hace un año y medio.
La pesquisa se había iniciado en un complejo de departamentos por día de Trelew. Parte de los sospechosos –algunos conocidos- intentaba evadir el seguimiento policial, a pie como en vehículos, con vueltas inesperadas, regresando sobre sus pasos o permaneciendo estacionados para saber quién iba detrás.
Las vigilancias y las escuchas sólo alcanzaron para probarque los condenados por confabulación habían planificado un posible comercio de droga: pactaban encuentros con compradores, acordaban el manejo de ganancias y deudas, hablaban de probar la sustancia para verificar su calidad y de las esperas de cada cargamento para su reventa.

Las intervenciones grabaron mensajes comprometedores: “Che, vamos a pagarle a éste, de última yo puedo bancar la tuya pero tenemos que pagarle todo así no rompe las pelotas”.
“El gordo quería una y nosotros la hicimos para probar... está buenísima”.
“Ahí le mande mensaje viste pero hasta mañana naranja...pero arreglé para mañana, me la va a dejar en siete bien copada pero en mano y lo otro me lo va a aguantar hasta el martes o miércoles”.
“Levántate, sacá todo lo de la casa, nos cayó la cana, la balanza, todo está debajo del mueble, agarraron la bolsa, estamos hasta las pelotas”.
“Lo que sí, no sé si te enteraste el precio, ¿no?, porque se fue a diez, me olvidé, no te quise mandar mensaje”.
“Hola corazón, escúchame una cosa ¿vos a eso ya lo tenés?... no sé si tanta cantidad ¿Qué decís vos? ¿cuándo tiempo tenés para que la paguemos?, el tema es ese ¿viste?”.
“Ahí me respondió dice que las remeras están buenísimas, así que ahí le pregunté precio, estoy esperando que me responda, si llego lo busco y le voy a decir que lo vas a buscar vos, le digo que nos dé hasta el martes, ¿Cuánto? ¿4 remeras?”.

Con dos condenas anteriores, el “Turquito” Alí fue el único con una condena de peso gracias a que la División Drogas verificó que a su casa de Trelew llegaba gente en coche, a pie o en bicicleta que ingresaba por escasos minutos, compraba yse ibacon droga.
Alí hasta dejaba afuera una persona mirando hacia todos lados para detectar al personal policial. Alguno le arrojó dosis desde un colectivo en marcha. Y otro se llevó una bolsa a la nariz apenas la compró.
El fallo del juez Cabral del 20 de abril ordenó devolverles a los sobreseídos sus coches, su plata y sus celulares.