Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
Son las 3.50 del 10 de mayo en Rawson. Es una placita del barrio Río Chubut, sobre calle Felicita Alsua. Marcelo Ciancio discute con Mario Barrientos durante 3 minutos, alcohol de por medio. Hasta que se cansa, lo toma de la ropa y le clava un cuchillo cerca de cuello que le perfora la arteria pulmonar.
La sangre es imparable. Barrientos camina algunos metros y cae. Nunca pudo defenderse.
Un tercer hombre que estuvo en esa reunión ve todo. Teme por su vida y escapa corriendo por Antártida Argentina rumbo a la estación de servicio YPF. Es el único testigo.
Ciancio también se va de vuelta a su casa. No sabía que ya estaba grabado en cámaras de seguridad públicas y privadas de la Terminal de Ómnibus, de una gomería y del Centro de Monitoreo de la capital.

De canguro rojo, pantalón negro, zapatillas blancas y gorra, en su mano izquierda lleva el cuchillo. Se ve su cara. Lo filmaron cuando llegaba a la placita para reunirse con su víctima y el tercer hombre. Y cuando se iba.
Una cámara que apunta a ese lugar tiene audio. Se escuchó un golpe seco y alguien que dice “tomá boludo… para que no rompas los huevos”. El monitoreo registró los movimientos antes de que Barrientos cayera muerto. Un vecino escuchó voces, una discusión, un quejido y la frase “pará, pará”.
Un dato que sorprendió a la pesquisa es que 15 minutos después del crimen, Ciancio vuelve a la plaza con otra ropa, recién cambiado. Se queda parado observando el cadáver de cerca. El lugar ya estaba precintado. Simula distracción. Hasta le preguntó a un policía qué había pasado. Luego se aleja caminando tranquilo.
El fiscal Leonardo Cheuquemán consideró que este regreso a la escena del crimen “demuestra frialdad, capacidad de maniobra y una clara intención de controlar las consecuencias de sus actos”.

El hermano de la víctima reveló que Barrientos había tenido discusiones con Ciancio tanto horas como días antes del crimen. Y que otras personas le advirtieron que el homicida estaba armado con una navaja y vestido con prendas iguales a las que se vieron en las cámaras.
A dos cuadras del lugar del asesinato, el allanamiento en la casa de Ciancio sobre calle Aoniken encontró un cuchillo, un bóxer con presuntas manchas hemáticas y dos celulares. La vivienda está en la misma dirección desde donde el imputado llega antes del asesinato y se va después. Y el arma hallada estaba visiblemente limpia, como recién lavada.
Ciancio fue detenido a las 9.32 del lunes en Don Bosco y Sarmiento de Rawson. Tenía la gorra y las zapatillas que se ven en los videos. El resto de la ropa que usaba no se encontró.
Cheuquemán consideró al crimen “un ataque extremadamente grave, una agresión directa, violenta y letal”. Y subrayó el nivel de violencia del ataque y el “desprecio demostrado por la vida humana”.
Sobre Ciancio ya pesaban tres órdenes de captura en dos causas por desobediencia a la autoridad y tentativa de robo. Por eso se cree que no dudaría en fugarse.
Y como se llevó el cuchillo homicida para que no lo hallaran, demostró que quiere entorpecer la pesquisa.
El acusado además conoce del barrio al testigo de la puñalada. Si quedaba en libertad, podía presionarlo para que no lo reconociera en una rueda de personas que será clave.
Pero Ciancio quedó preso por 6 meses por decisión de la jueza María Laura Martini. El homicidio simple que le imputan va de los 8 a los 25 años de prisión.
Fotos: Ministerio Público Fiscal.

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
Son las 3.50 del 10 de mayo en Rawson. Es una placita del barrio Río Chubut, sobre calle Felicita Alsua. Marcelo Ciancio discute con Mario Barrientos durante 3 minutos, alcohol de por medio. Hasta que se cansa, lo toma de la ropa y le clava un cuchillo cerca de cuello que le perfora la arteria pulmonar.
La sangre es imparable. Barrientos camina algunos metros y cae. Nunca pudo defenderse.
Un tercer hombre que estuvo en esa reunión ve todo. Teme por su vida y escapa corriendo por Antártida Argentina rumbo a la estación de servicio YPF. Es el único testigo.
Ciancio también se va de vuelta a su casa. No sabía que ya estaba grabado en cámaras de seguridad públicas y privadas de la Terminal de Ómnibus, de una gomería y del Centro de Monitoreo de la capital.

De canguro rojo, pantalón negro, zapatillas blancas y gorra, en su mano izquierda lleva el cuchillo. Se ve su cara. Lo filmaron cuando llegaba a la placita para reunirse con su víctima y el tercer hombre. Y cuando se iba.
Una cámara que apunta a ese lugar tiene audio. Se escuchó un golpe seco y alguien que dice “tomá boludo… para que no rompas los huevos”. El monitoreo registró los movimientos antes de que Barrientos cayera muerto. Un vecino escuchó voces, una discusión, un quejido y la frase “pará, pará”.
Un dato que sorprendió a la pesquisa es que 15 minutos después del crimen, Ciancio vuelve a la plaza con otra ropa, recién cambiado. Se queda parado observando el cadáver de cerca. El lugar ya estaba precintado. Simula distracción. Hasta le preguntó a un policía qué había pasado. Luego se aleja caminando tranquilo.
El fiscal Leonardo Cheuquemán consideró que este regreso a la escena del crimen “demuestra frialdad, capacidad de maniobra y una clara intención de controlar las consecuencias de sus actos”.

El hermano de la víctima reveló que Barrientos había tenido discusiones con Ciancio tanto horas como días antes del crimen. Y que otras personas le advirtieron que el homicida estaba armado con una navaja y vestido con prendas iguales a las que se vieron en las cámaras.
A dos cuadras del lugar del asesinato, el allanamiento en la casa de Ciancio sobre calle Aoniken encontró un cuchillo, un bóxer con presuntas manchas hemáticas y dos celulares. La vivienda está en la misma dirección desde donde el imputado llega antes del asesinato y se va después. Y el arma hallada estaba visiblemente limpia, como recién lavada.
Ciancio fue detenido a las 9.32 del lunes en Don Bosco y Sarmiento de Rawson. Tenía la gorra y las zapatillas que se ven en los videos. El resto de la ropa que usaba no se encontró.
Cheuquemán consideró al crimen “un ataque extremadamente grave, una agresión directa, violenta y letal”. Y subrayó el nivel de violencia del ataque y el “desprecio demostrado por la vida humana”.
Sobre Ciancio ya pesaban tres órdenes de captura en dos causas por desobediencia a la autoridad y tentativa de robo. Por eso se cree que no dudaría en fugarse.
Y como se llevó el cuchillo homicida para que no lo hallaran, demostró que quiere entorpecer la pesquisa.
El acusado además conoce del barrio al testigo de la puñalada. Si quedaba en libertad, podía presionarlo para que no lo reconociera en una rueda de personas que será clave.
Pero Ciancio quedó preso por 6 meses por decisión de la jueza María Laura Martini. El homicidio simple que le imputan va de los 8 a los 25 años de prisión.
Fotos: Ministerio Público Fiscal.