“Quiero dejar en claro la hipocresía del Poder Judicial. Me tuve que ir y no tuve apoyo. Y en la Defensa Pública no fui resguardada ni contenida ni defendida. Nunca se me escuchó y se me defenestró. Creo en la sororidad activa, no en ir a un curso o una charla y que me den el certificado. Hay informes que dicen que fui desleal, ¿desleal por qué? ¿porque no quiero que me digan puta?”.
El durísimo mensaje al interior de la Justicia chubutense fue de Andrea Torres Peralta, que este lunes declaró en el jury contra Hugo Sánchez, jefe de la Asesoría de Familia de Esquel acusado de múltiples maltratos a trabajadoras. A la Comisión Acusadora la lidera Lucía Pettinari y el defensor es Santiago Carlen.
Peralta trabaja en la Asesoría de Familia de Lago Puelo. Pero fue abogada adjunta a las órdenes del acusado. Sobre su vínculo con su exjefe explicó que “dejé pasar, legitimé y disculpé muchas situaciones que no me parecían bien, como las agresiones, el levantar la voz o los portazos”.
La testigo describió ante el Tribunal de Enjuiciamiento que “cuando Sánchez llegaba enojado y empezaba a gritar en su oficina sabíamos que se venía un día complicado”. A ella la trataba con sobrenombres como “enana”. Esta violencia le caía pésimo.
Peralta describió que tenía buen diálogo con todos los abogados y solía lograr conciliaciones antes de las audiencias. “En varias oportunidades y como lograba acordar con los letrados me dijo `Qué puta que sos` como si fuese una gracia; hablaba de mujeres de las mujeres con temas sexualizados y eso nunca me gustó”. Y de una jueza de Familia ya jubilada Sánchez aseguraba: “Ésta está caliente porque no me la cojo”.
Un día la abogada llegó a su límite y entró al despacho de su exjefe: “Hugo, vas a tener que cortar con esto”, le dijo. “¿Y si no qué?”, contestó él. “Y si no te voy a tener que denunciar”, repuso ella.
Comenzó un hostigamiento. Una mañana Peralta llegó a la oficina y no pudo ingresar al sistema de notificaciones. Habían cambiado las claves y sus compañeros no quisieron ayudarla. Si las quería, debía pedírselas a Sánchez. “Para mí fue el comienzo del fin porque si se las pedía sabía lo que se venía y en mi estado no iba a golpearle la puerta ni estaba dispuesta a volver a exponerme”.
La vaciaron de trabajo. Entonces llegaba y se iba a la biblioteca de la planta baja.
En junio de 2019 se decidió a denunciar a Sánchez. Pero con poca ayuda. Terminó trabajando en una precaria oficina de Durlock. “Era bizarro, una oficina de castigo entre la asesoría y el baño. Ahí estuvieron varias mujeres”. En ese lapso entendió el destrato y las faltas de respeto que había visto con compañeras y personal administrativo. No había un equipo.
Por fin dejó la Asesoría y terminó medicada y con licencia durante 7 meses.
“En ese momento todos acusaron demencia”, declaró en la sala de audiencias del Superior Tribunal de Justicia. El área de Recursos Humanos de la Defensoría Pública inició un sumario. “Pero más que preguntarme me atacaron. Me decían `¿Sabe lo que significa para Sánchez que corra un rumor así?`. Y yo contestaba: “¿De qué rumor me hablan? Lo que ustedes no saben es que ni fui la primera ni seré la última”.
La testigo aseguró que en el área que conducía Sánchez “hubo un pacto de silencio y no quería que vuelva porque no había más confianza. Es duro que deba pasar de esta manera y 7 años después”.
Remarcó que “me exiliaron de la Defensa Pública y de Esquel; debí dejar mi casa, mis amistades, mis actividades mi trabajo y alquilar en Lago Puelo. Fue la única manera de salir”.
Se prevee que este miércoles 1º de julio sean los alegatos finales y el veredicto.
Foto: Sergio Esparza
“Quiero dejar en claro la hipocresía del Poder Judicial. Me tuve que ir y no tuve apoyo. Y en la Defensa Pública no fui resguardada ni contenida ni defendida. Nunca se me escuchó y se me defenestró. Creo en la sororidad activa, no en ir a un curso o una charla y que me den el certificado. Hay informes que dicen que fui desleal, ¿desleal por qué? ¿porque no quiero que me digan puta?”.
El durísimo mensaje al interior de la Justicia chubutense fue de Andrea Torres Peralta, que este lunes declaró en el jury contra Hugo Sánchez, jefe de la Asesoría de Familia de Esquel acusado de múltiples maltratos a trabajadoras. A la Comisión Acusadora la lidera Lucía Pettinari y el defensor es Santiago Carlen.
Peralta trabaja en la Asesoría de Familia de Lago Puelo. Pero fue abogada adjunta a las órdenes del acusado. Sobre su vínculo con su exjefe explicó que “dejé pasar, legitimé y disculpé muchas situaciones que no me parecían bien, como las agresiones, el levantar la voz o los portazos”.
La testigo describió ante el Tribunal de Enjuiciamiento que “cuando Sánchez llegaba enojado y empezaba a gritar en su oficina sabíamos que se venía un día complicado”. A ella la trataba con sobrenombres como “enana”. Esta violencia le caía pésimo.
Peralta describió que tenía buen diálogo con todos los abogados y solía lograr conciliaciones antes de las audiencias. “En varias oportunidades y como lograba acordar con los letrados me dijo `Qué puta que sos` como si fuese una gracia; hablaba de mujeres de las mujeres con temas sexualizados y eso nunca me gustó”. Y de una jueza de Familia ya jubilada Sánchez aseguraba: “Ésta está caliente porque no me la cojo”.
Un día la abogada llegó a su límite y entró al despacho de su exjefe: “Hugo, vas a tener que cortar con esto”, le dijo. “¿Y si no qué?”, contestó él. “Y si no te voy a tener que denunciar”, repuso ella.
Comenzó un hostigamiento. Una mañana Peralta llegó a la oficina y no pudo ingresar al sistema de notificaciones. Habían cambiado las claves y sus compañeros no quisieron ayudarla. Si las quería, debía pedírselas a Sánchez. “Para mí fue el comienzo del fin porque si se las pedía sabía lo que se venía y en mi estado no iba a golpearle la puerta ni estaba dispuesta a volver a exponerme”.
La vaciaron de trabajo. Entonces llegaba y se iba a la biblioteca de la planta baja.
En junio de 2019 se decidió a denunciar a Sánchez. Pero con poca ayuda. Terminó trabajando en una precaria oficina de Durlock. “Era bizarro, una oficina de castigo entre la asesoría y el baño. Ahí estuvieron varias mujeres”. En ese lapso entendió el destrato y las faltas de respeto que había visto con compañeras y personal administrativo. No había un equipo.
Por fin dejó la Asesoría y terminó medicada y con licencia durante 7 meses.
“En ese momento todos acusaron demencia”, declaró en la sala de audiencias del Superior Tribunal de Justicia. El área de Recursos Humanos de la Defensoría Pública inició un sumario. “Pero más que preguntarme me atacaron. Me decían `¿Sabe lo que significa para Sánchez que corra un rumor así?`. Y yo contestaba: “¿De qué rumor me hablan? Lo que ustedes no saben es que ni fui la primera ni seré la última”.
La testigo aseguró que en el área que conducía Sánchez “hubo un pacto de silencio y no quería que vuelva porque no había más confianza. Es duro que deba pasar de esta manera y 7 años después”.
Remarcó que “me exiliaron de la Defensa Pública y de Esquel; debí dejar mi casa, mis amistades, mis actividades mi trabajo y alquilar en Lago Puelo. Fue la única manera de salir”.
Se prevee que este miércoles 1º de julio sean los alegatos finales y el veredicto.
Foto: Sergio Esparza