Vacaciones, adicción al celular y un nuevo miedo: al FOMO

El abogado especialista en Derecho Informático, Guillermo Zamora, analizó los riesgos del acceso temprano de los niños a los teléfonos celulares y las redes sociales. Sostuvo que la clave no pasa por prohibir la tecnología, sino por acompañar, supervisar y establecer límites claros desde la familia. Explicó también qué es el FOMO.

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18 JUL 2026 - 7:37 | Actualizado 18 JUL 2026 - 7:54

Por Lorena Leeming / Redacción Jornada

La adicción a las pantallas, especialmente a los teléfonos móviles no es una novedad en la nueva cotidianidad. Y se incrementa en vacaciones, cuando el ocio es más frecuente. Internet y las aplicaciones atraviesan la vida de las personas. Ahora, esa necesidad de recorrer todas las redes, todo el tiempo y casi todo el día tiene un nombre: “FOMO”. En inglés es “Fear Of Missing Out”: miedo a perderse algo. Ejemplos: “Me da FOMO no ver quien fue a esa fiesta”, “me da FOMO no saber qué pasó en la casa de tal persona”.

Esta interacción constante con las redes y ya naturalizada en la sociedad es analizada, estudiada y explicada por un experto en el tema: el abogado especialista en Derecho Informático, Guillermo Zamora.

En una entrevista con Jornada, habló sobre los riesgos de permanecer varias horas frente a los celulares y se refirió a los términos que se van incorporando en el vocabulario según pasan los años y la realidad va modificándose. “Lo peor que puede pasar es que un chico/a se enferme gravemente o tenga problemas de inestabilidad psicológica porque empieza algo que le dicen el FOMO que es el miedo a perderse algo”, explicó.

Guillermo Zamora, abogado especialista en Derecho Informático.

Zamora se refirió a una conducta muy frecuente en la mayoría de las personas y aún más en los más jóvenes. “La gente va saltando de cosa en cosa o de persona en persona por miedo a perderse algo. El síndrome se llama FOMO, es esto básicamente, el miedo a quedarse afuera de algo, a perderse algo. Un sujeto ve alterada su forma de pensar, su psicología se encuentra afectada por algo que capaz no va a suceder. Por ejemplo, está habiendo que alguien en China tiene un dron o tiene 100 drones y dice yo no lo puedo tener entonces no me voy a conformar con esto”, ejemplificó.

El letrado, analizó los riesgos del acceso temprano de los niños a los teléfonos celulares y las redes sociales. Sostuvo que la clave no pasa por prohibir la tecnología, sino por acompañar, supervisar y establecer límites claros desde la familia.

Para Guillermo Zamora, el acceso a un teléfono propio debería producirse recién entre los 11 y los 12 años y siempre acompañado de una participación activa de los padres.

A su entender, antes de esa edad un niño no cuenta con la madurez suficiente para comprender los riesgos que existen en internet y en las redes sociales. Por eso, considera que lo más adecuado es que utilice, de ser necesario, el teléfono de un adulto y bajo supervisión permanente.
"Un chico de 10 años no conoce todos los peligros que implica tener un celular, salvo que el padre esté extremadamente involucrado en su vida cotidiana, revise el dispositivo, controle con quién habla, le ponga horarios y supervise lo que hace. Y eso es justamente lo que hoy muchos padres no quieren hacer", advirtió.

Zamora explicó que uno de los mayores peligros de las redes sociales es el impacto que pueden generar sobre la salud emocional de los menores. Señaló que los niños aún no poseen las herramientas necesarias para afrontar situaciones de acoso, rechazo o violencia digital, conocidas como hate, y que las consecuencias pueden ser muy graves.

"Lo peor que puede pasar es que un chico haga depender su autoestima de uno o dos 'likes' o de la aprobación que recibe por una foto o un video. Cuando la valoración personal queda atada a la mirada de los demás, aparecen problemas muy serios que, en casos extremos, pueden derivar en conductas autodestructivas", sostuvo.

Para el especialista, la herramienta más importante de control no es tecnológica, sino humana. "Los celulares tienen controles parentales, pero la herramienta principal sigue siendo ser padre", afirmó.

En ese sentido, consideró que muchos adultos han perdido la capacidad de poner límites por temor a generar conflictos con sus hijos. "Si un padre observa que su hijo consume algo que le hace mal, simplemente se lo restringe. Con el celular debería ocurrir lo mismo. No se trata de quitar derechos, sino de proteger la salud física y emocional de los chicos", explicó.

Como ejemplo, recordó que varios países comenzaron a avanzar sobre regulaciones para limitar el uso de teléfonos móviles en las escuelas. Mencionó experiencias en Alemania y los Países Bajos, donde los alumnos no pueden utilizar celulares durante la jornada escolar. También hizo referencia a China, donde la versión de TikTok destinada a menores posee contenidos diferentes y restricciones mucho más estrictas, además de impedir su utilización durante el horario de clases.

"Muchas veces copiamos aquello que nos resulta cómodo de la tecnología, pero no las medidas que buscan proteger a los chicos", señaló.
Más allá de las regulaciones, Zamora insistió en que la responsabilidad principal sigue estando dentro del hogar. Consideró que los padres deben conocer qué aplicaciones utilizan sus hijos, qué juegos frecuentan y qué contenidos consumen.

"No alcanza con entregar un celular. Hay que involucrarse, sentarse unos minutos con ellos, jugar juntos, entender qué hacen y detectar posibles riesgos", remarcó.

También recordó que tanto Android como otros sistemas operativos ofrecen herramientas para limitar el tiempo de uso, bloquear aplicaciones y establecer horarios de funcionamiento. Sin embargo, aclaró que esos recursos tecnológicos nunca reemplazan el acompañamiento familiar.
"Con chicos pequeños funcionan muy bien. Cuando son más grandes probablemente encuentren la forma de desactivar esas restricciones. Por eso el límite siempre termina siendo el vínculo con los padres", indicó.

El especialista también llamó la atención sobre las consecuencias físicas del uso excesivo de las pantallas. Enumeró problemas cervicales derivados de las malas posturas, dolores articulares en las manos, fatiga visual, alteraciones del sueño y un aumento del sedentarismo, que favorece el sobrepeso y otros problemas de salud.

"El cerebro no está preparado para pasar tantas horas enfocando una pantalla. La vista se fatiga, la postura cambia y cada vez hacemos menos actividad física. No es solamente un problema psicológico; también afecta al cuerpo", advirtió.

Respecto al debate sobre la edad adecuada para tener un celular, reconoció que existen posiciones encontradas. Mientras algunos sostienen que debería postergarse hasta los 13 o 14 años, otros consideran que eso puede dejar a los chicos aislados de sus grupos de pertenencia.
No obstante, Zamora considera que el equilibrio está en permitir el acceso alrededor de los 11 o 12 años, acompañado de reglas claras, horarios y supervisión permanente.

"El problema no es el celular. El problema es dejar a un chico solo frente a una herramienta que todavía no está preparado para manejar", concluyó.

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18 JUL 2026 - 7:37

Por Lorena Leeming / Redacción Jornada

La adicción a las pantallas, especialmente a los teléfonos móviles no es una novedad en la nueva cotidianidad. Y se incrementa en vacaciones, cuando el ocio es más frecuente. Internet y las aplicaciones atraviesan la vida de las personas. Ahora, esa necesidad de recorrer todas las redes, todo el tiempo y casi todo el día tiene un nombre: “FOMO”. En inglés es “Fear Of Missing Out”: miedo a perderse algo. Ejemplos: “Me da FOMO no ver quien fue a esa fiesta”, “me da FOMO no saber qué pasó en la casa de tal persona”.

Esta interacción constante con las redes y ya naturalizada en la sociedad es analizada, estudiada y explicada por un experto en el tema: el abogado especialista en Derecho Informático, Guillermo Zamora.

En una entrevista con Jornada, habló sobre los riesgos de permanecer varias horas frente a los celulares y se refirió a los términos que se van incorporando en el vocabulario según pasan los años y la realidad va modificándose. “Lo peor que puede pasar es que un chico/a se enferme gravemente o tenga problemas de inestabilidad psicológica porque empieza algo que le dicen el FOMO que es el miedo a perderse algo”, explicó.

Guillermo Zamora, abogado especialista en Derecho Informático.

Zamora se refirió a una conducta muy frecuente en la mayoría de las personas y aún más en los más jóvenes. “La gente va saltando de cosa en cosa o de persona en persona por miedo a perderse algo. El síndrome se llama FOMO, es esto básicamente, el miedo a quedarse afuera de algo, a perderse algo. Un sujeto ve alterada su forma de pensar, su psicología se encuentra afectada por algo que capaz no va a suceder. Por ejemplo, está habiendo que alguien en China tiene un dron o tiene 100 drones y dice yo no lo puedo tener entonces no me voy a conformar con esto”, ejemplificó.

El letrado, analizó los riesgos del acceso temprano de los niños a los teléfonos celulares y las redes sociales. Sostuvo que la clave no pasa por prohibir la tecnología, sino por acompañar, supervisar y establecer límites claros desde la familia.

Para Guillermo Zamora, el acceso a un teléfono propio debería producirse recién entre los 11 y los 12 años y siempre acompañado de una participación activa de los padres.

A su entender, antes de esa edad un niño no cuenta con la madurez suficiente para comprender los riesgos que existen en internet y en las redes sociales. Por eso, considera que lo más adecuado es que utilice, de ser necesario, el teléfono de un adulto y bajo supervisión permanente.
"Un chico de 10 años no conoce todos los peligros que implica tener un celular, salvo que el padre esté extremadamente involucrado en su vida cotidiana, revise el dispositivo, controle con quién habla, le ponga horarios y supervise lo que hace. Y eso es justamente lo que hoy muchos padres no quieren hacer", advirtió.

Zamora explicó que uno de los mayores peligros de las redes sociales es el impacto que pueden generar sobre la salud emocional de los menores. Señaló que los niños aún no poseen las herramientas necesarias para afrontar situaciones de acoso, rechazo o violencia digital, conocidas como hate, y que las consecuencias pueden ser muy graves.

"Lo peor que puede pasar es que un chico haga depender su autoestima de uno o dos 'likes' o de la aprobación que recibe por una foto o un video. Cuando la valoración personal queda atada a la mirada de los demás, aparecen problemas muy serios que, en casos extremos, pueden derivar en conductas autodestructivas", sostuvo.

Para el especialista, la herramienta más importante de control no es tecnológica, sino humana. "Los celulares tienen controles parentales, pero la herramienta principal sigue siendo ser padre", afirmó.

En ese sentido, consideró que muchos adultos han perdido la capacidad de poner límites por temor a generar conflictos con sus hijos. "Si un padre observa que su hijo consume algo que le hace mal, simplemente se lo restringe. Con el celular debería ocurrir lo mismo. No se trata de quitar derechos, sino de proteger la salud física y emocional de los chicos", explicó.

Como ejemplo, recordó que varios países comenzaron a avanzar sobre regulaciones para limitar el uso de teléfonos móviles en las escuelas. Mencionó experiencias en Alemania y los Países Bajos, donde los alumnos no pueden utilizar celulares durante la jornada escolar. También hizo referencia a China, donde la versión de TikTok destinada a menores posee contenidos diferentes y restricciones mucho más estrictas, además de impedir su utilización durante el horario de clases.

"Muchas veces copiamos aquello que nos resulta cómodo de la tecnología, pero no las medidas que buscan proteger a los chicos", señaló.
Más allá de las regulaciones, Zamora insistió en que la responsabilidad principal sigue estando dentro del hogar. Consideró que los padres deben conocer qué aplicaciones utilizan sus hijos, qué juegos frecuentan y qué contenidos consumen.

"No alcanza con entregar un celular. Hay que involucrarse, sentarse unos minutos con ellos, jugar juntos, entender qué hacen y detectar posibles riesgos", remarcó.

También recordó que tanto Android como otros sistemas operativos ofrecen herramientas para limitar el tiempo de uso, bloquear aplicaciones y establecer horarios de funcionamiento. Sin embargo, aclaró que esos recursos tecnológicos nunca reemplazan el acompañamiento familiar.
"Con chicos pequeños funcionan muy bien. Cuando son más grandes probablemente encuentren la forma de desactivar esas restricciones. Por eso el límite siempre termina siendo el vínculo con los padres", indicó.

El especialista también llamó la atención sobre las consecuencias físicas del uso excesivo de las pantallas. Enumeró problemas cervicales derivados de las malas posturas, dolores articulares en las manos, fatiga visual, alteraciones del sueño y un aumento del sedentarismo, que favorece el sobrepeso y otros problemas de salud.

"El cerebro no está preparado para pasar tantas horas enfocando una pantalla. La vista se fatiga, la postura cambia y cada vez hacemos menos actividad física. No es solamente un problema psicológico; también afecta al cuerpo", advirtió.

Respecto al debate sobre la edad adecuada para tener un celular, reconoció que existen posiciones encontradas. Mientras algunos sostienen que debería postergarse hasta los 13 o 14 años, otros consideran que eso puede dejar a los chicos aislados de sus grupos de pertenencia.
No obstante, Zamora considera que el equilibrio está en permitir el acceso alrededor de los 11 o 12 años, acompañado de reglas claras, horarios y supervisión permanente.

"El problema no es el celular. El problema es dejar a un chico solo frente a una herramienta que todavía no está preparado para manejar", concluyó.


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