Editorial / Una deuda de dignidad

Mientras Provincia busca cerrar un acuerdo con Nación para hacerse cargo de los afiliados del PAMI en Chubut, los adultos mayores reclaman por la solución a un problema que se paga con vidas.


24 JUL 2026 - 20:22 | Actualizado 25 JUL 2026 - 21:00

Los ha visto cualquiera que haya tenido que hacer trámites vinculados a la salud: adultos mayores mal atendidos, a quienes les hablan de aplicaciones, de portales web, de mensajes de WhatsApp, de credenciales digitales, todos nuevos idiomas de las mesas de entrada que no terminan de comprender.

Algunos tienen suerte y les tocan empleados comprensivos, que ponen todo de sí para orientarlos y que no pierdan un turno que cuesta un mundo conseguir. A otros los acompañan nietos, hijos, cuidadores, que hacen de estas lides algo más simple. El resto sobrevive.

Pero con ayuda o sin ella, todo se complica cuando ni siquiera hay médicos. El problema es una mancha de aceite,lenta pero que se expande y no retrocede.

Ya lo saben especialmente en Puerto Madryn y en la Cordillera, zonas donde hay no menos de 11 mil afiliados al PAMI que hace meses que no tienen prestaciones médicas como Dios manda aunque los aportes de sus recibos se hayan descontado en tiempo y forma. O que son castigados a soportar colas de hasta 6 horas de espera para un turno, una práctica, una internación o una prótesis.

En algún momento el intendente de la ciudad del Golfo, Gustavo Sastre, fue crudísimo con el escenario: hay médicos que se renunciaron y que no quieren saber más nada con atender abuelos ni con regresar a ser parte de la cartilla.

Otros profesionales están disconformes porque la obra social nacional aplica descuentos en su facturación en el marco de un nuevo esquema que reconoce menos valores que los reales a los prestadores.

Como tantas otras cosas, el núcleo del conflicto es la plata, sea para aumentar el pago por la atención o para al menos ponerse al día administrativamente.

Desde el Consejo de Adultos Mayores de Madryn hasta se cranea buscar la forma de tentar a médicos residentes para evitar que desde agosto el corte de atención sea ya masivo. O que los facultativos puedan firmar contratos directos con el PAMI sin una estructura que los intermedie.

En mitad de este río hay tratamientos complejos de largo aliento, medicación carísima y específica e intervenciones quirúrgicas sensibles que no se pueden postergar ni interrumpir. O sí, pero a un costo altísimo.

Ante esta alerta, Provincia primero cubrió el recorte que dejaron de cobrar los facultativos. Y luego ofertó a la Secretaría de Salud de la Nación que Chubut intervenga directamente en el primer y segundo nivel de atención. Básicamente, los médicos de cabecera y la atención hospitalaria.

También se piensa en costear el resto –las patologías más complejas- con alguna estructura provincial de gerenciamiento que recibiría el pago por cada jubilado nacional atendido.

Algunas ventajas primarias de esta suerte de transferencia y descentralización es que ya se cuenta con la red de atención sanitaria de SEROS y que los médicos no son desconocidos sino de vínculo y trato frecuente con la obra social provincial.

Consolidar una alternativa es poco menos que urgente porque de a poco la atención de los mayores se recarga en el sistema público una vez que los hospitales privados cierran sus entradas. Se sabe, un sistema público ya recargado por los nuevos desempleados que pierden toda cobertura.

Como sea, se espera que esta semana que se inicia haya una cumbre de técnicos provinciales y del PAMI para relevar cifras, recursos necesarios y a partir de este toma y daca, definir hasta dónde llegaría la transferencia de responsabilidades. La clave para cerrar esta delegación parece ser pensar en un mecanismo de administrar con más eficiencia el mismo dinero que hoy no es suficiente. Y lograrlo sin que la política meta demasiado la cola.

Mientras se mira con mucha atención la manta económica para que no termine siendo corta, los adultos mayores esperan que se respete su derecho básico y universal a la salud. No es una gracia ni un favor ni un problema para simplemente sacarse de encima: es la dignidad que se ganaron con años de trabajo y que les seguimos debiendo.

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24 JUL 2026 - 20:22

Los ha visto cualquiera que haya tenido que hacer trámites vinculados a la salud: adultos mayores mal atendidos, a quienes les hablan de aplicaciones, de portales web, de mensajes de WhatsApp, de credenciales digitales, todos nuevos idiomas de las mesas de entrada que no terminan de comprender.

Algunos tienen suerte y les tocan empleados comprensivos, que ponen todo de sí para orientarlos y que no pierdan un turno que cuesta un mundo conseguir. A otros los acompañan nietos, hijos, cuidadores, que hacen de estas lides algo más simple. El resto sobrevive.

Pero con ayuda o sin ella, todo se complica cuando ni siquiera hay médicos. El problema es una mancha de aceite,lenta pero que se expande y no retrocede.

Ya lo saben especialmente en Puerto Madryn y en la Cordillera, zonas donde hay no menos de 11 mil afiliados al PAMI que hace meses que no tienen prestaciones médicas como Dios manda aunque los aportes de sus recibos se hayan descontado en tiempo y forma. O que son castigados a soportar colas de hasta 6 horas de espera para un turno, una práctica, una internación o una prótesis.

En algún momento el intendente de la ciudad del Golfo, Gustavo Sastre, fue crudísimo con el escenario: hay médicos que se renunciaron y que no quieren saber más nada con atender abuelos ni con regresar a ser parte de la cartilla.

Otros profesionales están disconformes porque la obra social nacional aplica descuentos en su facturación en el marco de un nuevo esquema que reconoce menos valores que los reales a los prestadores.

Como tantas otras cosas, el núcleo del conflicto es la plata, sea para aumentar el pago por la atención o para al menos ponerse al día administrativamente.

Desde el Consejo de Adultos Mayores de Madryn hasta se cranea buscar la forma de tentar a médicos residentes para evitar que desde agosto el corte de atención sea ya masivo. O que los facultativos puedan firmar contratos directos con el PAMI sin una estructura que los intermedie.

En mitad de este río hay tratamientos complejos de largo aliento, medicación carísima y específica e intervenciones quirúrgicas sensibles que no se pueden postergar ni interrumpir. O sí, pero a un costo altísimo.

Ante esta alerta, Provincia primero cubrió el recorte que dejaron de cobrar los facultativos. Y luego ofertó a la Secretaría de Salud de la Nación que Chubut intervenga directamente en el primer y segundo nivel de atención. Básicamente, los médicos de cabecera y la atención hospitalaria.

También se piensa en costear el resto –las patologías más complejas- con alguna estructura provincial de gerenciamiento que recibiría el pago por cada jubilado nacional atendido.

Algunas ventajas primarias de esta suerte de transferencia y descentralización es que ya se cuenta con la red de atención sanitaria de SEROS y que los médicos no son desconocidos sino de vínculo y trato frecuente con la obra social provincial.

Consolidar una alternativa es poco menos que urgente porque de a poco la atención de los mayores se recarga en el sistema público una vez que los hospitales privados cierran sus entradas. Se sabe, un sistema público ya recargado por los nuevos desempleados que pierden toda cobertura.

Como sea, se espera que esta semana que se inicia haya una cumbre de técnicos provinciales y del PAMI para relevar cifras, recursos necesarios y a partir de este toma y daca, definir hasta dónde llegaría la transferencia de responsabilidades. La clave para cerrar esta delegación parece ser pensar en un mecanismo de administrar con más eficiencia el mismo dinero que hoy no es suficiente. Y lograrlo sin que la política meta demasiado la cola.

Mientras se mira con mucha atención la manta económica para que no termine siendo corta, los adultos mayores esperan que se respete su derecho básico y universal a la salud. No es una gracia ni un favor ni un problema para simplemente sacarse de encima: es la dignidad que se ganaron con años de trabajo y que les seguimos debiendo.