Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
Mateo es de Puerto Madryn. Tiene 14 años y no está conforme con su cuerpo. Hay algo, un ruido entre su género y su deseo de vida.
Se decidió y consiguió el permiso de su mamá para un tratamiento que iba a inhibir el crecimiento de sus huesos para seguir con una terapia de hormonización.
Consiguió turno con una médica. Estaban su padre y su madre. La profesional les explicó que una vez mes le inyectarían un bloqueante hormonal. Los hombros lucirían más armoniosos y sin caracteres masculinos.
Y a los 16 años, la hormonización.
Pero el papá dijo no.
La madre insistió en apurar el trámite. Firmó sola el consentimiento y consiguió la receta para que lo inyectaran en el Centro de Salud del barrio Oeste de la ciudad del Golfo o en cualquier farmacia.
La demanda
Asesorado, el padre pidió una medida cautelar en el Juzgado de Familia que conduce Delma Irina Viani. Le dijo a la magistrada que siempre había visto a su hijo de buen humor, no descontento con su cuerpo o su sexualidad. Tampoco pedía un nombre femenino.

El papá de Mateo consideraba que iniciar un tratamiento era apresurado. Su hijo necesitaba acompañamiento psicológico. Y nadie garantizaba los efectos finales si acaso se arrepentía.
Madre e hijo rechazaron la demanda. Le respondieron a la magistrada que Mateo siempre se había sentido incómodo con su identidad. Deseaba ser más femenino, sentirse más a gusto consigo mismo.
Subrayaron que el papá se oponía por opiniones personales, sin sustento técnico y sin escuchar a su hijo. “Sus argumentos son endebles y retrógrados”, explicaron.
Aclararon que el tratamiento para Mateo era una práctica reconocida: medicamentos que frenan la producción de hormonas sexuales. Su pubertad en pausa, sin desarrollar rasgos sexuales no deseados pero a la vez sin cambios físicos permanentes.
Análisis del caso
Al analizar el caso, la jueza Viani recordó que según la ley, si un chico tiene entre 13 y 15 años y reclama un tratamiento invasivo o de riesgo, necesita el consentimiento de ambos padres. Si no hay acuerdo decide la Justicia, basándose en el interés superior del menor pero también en la opinión médica.

Un informe del Cuerpo Interdisciplinario Forense dictaminó que el tratamiento para Mateo retrasaría el momento del estirón y reduciría su talla respecto a los adolescentes de su misma edad.
Los pocos estudios científicos sobre el tema ni siquiera coinciden en qué sucedería con la fertilidad, el estado de ánimo, el desarrollo neurocognitivo, la maduración cerebral, la salud ósea y la psiquis del chico.
Por eso el CIF recomendó cautela antes de una decisión terapéutica muy compleja y temprana, y de impacto a largo plazo.
La jueza escuchó las razones de Mateo. Lo suyo no era un impulso: desde sus 12 años buscaba información en internet sobre el tratamiento. Con su madre consultaron con pediatras pero no con endocrinólogos. Fue un rastreo personal más que profesional.
El jovenes maduro para su edad. Siempre entendió lo que estaba en juego.
Pero un psicólogo detectó en su perfil rastros de sufrimiento emocional, sentimientos de soledad, vulnerabilidad afectiva y malestar. “Su incertidumbre actual le genera más tensión que el fallo en sí mismo”, dice el expediente.
La decisión
Viani concluyó que el tratamiento no es inadecuado pero que persisten las dudascientíficas sobre sus efectos a largo plazo. En el estado de la causa lo prudente es aguardar que intervenga un equipo con experiencia, incluyendo endocrinología pediátrica y salud mental.
La jueza hizo lugar a la medida cautelar que pidió el padre y prohibió cualquier tratamiento hasta que el consentimiento cuente con información suficiente y no incompleta como hasta ahora, a menos que ambos progenitores se pongan de acuerdo o que Mateo cumpla 16 años y pueda decidir por su cuenta.
La madre no podrá autorizar ninguna práctica ni la médica prescribir cualquier tratamiento.
De puño y letra, sin tecnicismos, Viano le explicó su decisión al chico:
CARTA PARA MATEO
Hola Mateo, soy Delma, la jueza.¿Cómo estás?, espero que bien.
Quiero escribirte estas palabras porque me parece importante explicarte personalmente la decisión que tomé.
Antes que nada, quiero agradecerte la confianza con la que hablaste conmigo en la audiencia. Escuché con mucha atención todo lo que quisiste contarnos. Sé que expresar lo que uno siente no siempre es fácil, y menos ante una Jueza, y valoro mucho que lo hayas hecho con sinceridad.
Imagino que la decisión que tomé puede haberte causado tristeza, enojo o desilusión. Si es así, quiero que sepas que entiendo esos sentimientos.
Quiero decirte algo que para mí es muy importante, esta decisión no significa que no crea en vos, ni que dude de lo que sentís, ni que deje de respetarte.
Mi trabajo como jueza es escuchar a las personas, pero también protegerlas. A veces, cuidar significa autorizar una decisión; otras veces, significa esperar hasta tener la certeza de que esa decisión es la mejor para la persona.
En tu caso, leí con mucha atención los informes de los profesionales. Ellos coinciden en que todavía es necesario seguir con el acompañamiento psicológico y completar una evaluación realizada por otros especialistas antes de iniciar un tratamiento que puede producir cambios importantes en tu cuerpo y cuyos efectos pueden acompañarte durante muchos años. Por eso resolví no autorizar, por ahora, el tratamiento que vos querés.
Quiero que entiendas que ese "por ahora" es muy importante. No expresa un rechazo hacia vos ni hacia lo que sentís. Expresa la necesidad de actuar con cautela para cuidar tu salud y asegurar que una decisión tan importante se tome cuando estén reunidos todos los elementos necesarios.
Mientras tanto, deseo que continúes con el tratamiento psicológico, que puedas seguir conversando con la profesional que elegiste, y otro/a si decidís cambiar, y que te acompañen y que encuentres en ellos un espacio donde hablar con libertad, hacer preguntas y recibir apoyo, y se avance con los estudios médicos aún pendientes.
También espero que tu papá y tu mamá que forman parte de tu vida puedan acompañarte con respeto, afecto y serenidad, dejando de lado sus diferencias para concentrarse en lo más importante: tu bienestar.
Quiero que recuerdes siempre que tu voz fue escuchada. Pensé mucho en lo que me dijiste antes de resolver este caso.
Confío en que el tiempo, el acompañamiento profesional y las evaluaciones que aún faltan permitirán tomar, cuando corresponda, las decisiones que mejor protejan tu salud, tu desarrollo y tu futuro.
Mateo: antes de despedirme quiero que sepas algo más. Si alguna vez sentís la necesidad de contarme algo, de hacer una pregunta o de expresar alguna preocupación, podes pedir una entrevista conmigo. Podés venir al Juzgado acompañado de un abogado o una abogada, pero también, si lo preferís, podes presentarte solo. En ese caso, me ocuparé de convocar a una/n abogada/a para que te acompañe y se asegure de que tus derechos estén protegidos. Mi compromiso es que cuando sientas que es el momento, estaré dispuesta a escucharte.
Te deseo de corazón que nunca pierdas la confianza en que mereces ser escuchado, respetado y acompañado.
Con afecto, Delma.
* El nombre real del joven se modificó para proteger su intimidad.
Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
Mateo es de Puerto Madryn. Tiene 14 años y no está conforme con su cuerpo. Hay algo, un ruido entre su género y su deseo de vida.
Se decidió y consiguió el permiso de su mamá para un tratamiento que iba a inhibir el crecimiento de sus huesos para seguir con una terapia de hormonización.
Consiguió turno con una médica. Estaban su padre y su madre. La profesional les explicó que una vez mes le inyectarían un bloqueante hormonal. Los hombros lucirían más armoniosos y sin caracteres masculinos.
Y a los 16 años, la hormonización.
Pero el papá dijo no.
La madre insistió en apurar el trámite. Firmó sola el consentimiento y consiguió la receta para que lo inyectaran en el Centro de Salud del barrio Oeste de la ciudad del Golfo o en cualquier farmacia.
La demanda
Asesorado, el padre pidió una medida cautelar en el Juzgado de Familia que conduce Delma Irina Viani. Le dijo a la magistrada que siempre había visto a su hijo de buen humor, no descontento con su cuerpo o su sexualidad. Tampoco pedía un nombre femenino.

El papá de Mateo consideraba que iniciar un tratamiento era apresurado. Su hijo necesitaba acompañamiento psicológico. Y nadie garantizaba los efectos finales si acaso se arrepentía.
Madre e hijo rechazaron la demanda. Le respondieron a la magistrada que Mateo siempre se había sentido incómodo con su identidad. Deseaba ser más femenino, sentirse más a gusto consigo mismo.
Subrayaron que el papá se oponía por opiniones personales, sin sustento técnico y sin escuchar a su hijo. “Sus argumentos son endebles y retrógrados”, explicaron.
Aclararon que el tratamiento para Mateo era una práctica reconocida: medicamentos que frenan la producción de hormonas sexuales. Su pubertad en pausa, sin desarrollar rasgos sexuales no deseados pero a la vez sin cambios físicos permanentes.
Análisis del caso
Al analizar el caso, la jueza Viani recordó que según la ley, si un chico tiene entre 13 y 15 años y reclama un tratamiento invasivo o de riesgo, necesita el consentimiento de ambos padres. Si no hay acuerdo decide la Justicia, basándose en el interés superior del menor pero también en la opinión médica.

Un informe del Cuerpo Interdisciplinario Forense dictaminó que el tratamiento para Mateo retrasaría el momento del estirón y reduciría su talla respecto a los adolescentes de su misma edad.
Los pocos estudios científicos sobre el tema ni siquiera coinciden en qué sucedería con la fertilidad, el estado de ánimo, el desarrollo neurocognitivo, la maduración cerebral, la salud ósea y la psiquis del chico.
Por eso el CIF recomendó cautela antes de una decisión terapéutica muy compleja y temprana, y de impacto a largo plazo.
La jueza escuchó las razones de Mateo. Lo suyo no era un impulso: desde sus 12 años buscaba información en internet sobre el tratamiento. Con su madre consultaron con pediatras pero no con endocrinólogos. Fue un rastreo personal más que profesional.
El jovenes maduro para su edad. Siempre entendió lo que estaba en juego.
Pero un psicólogo detectó en su perfil rastros de sufrimiento emocional, sentimientos de soledad, vulnerabilidad afectiva y malestar. “Su incertidumbre actual le genera más tensión que el fallo en sí mismo”, dice el expediente.
La decisión
Viani concluyó que el tratamiento no es inadecuado pero que persisten las dudascientíficas sobre sus efectos a largo plazo. En el estado de la causa lo prudente es aguardar que intervenga un equipo con experiencia, incluyendo endocrinología pediátrica y salud mental.
La jueza hizo lugar a la medida cautelar que pidió el padre y prohibió cualquier tratamiento hasta que el consentimiento cuente con información suficiente y no incompleta como hasta ahora, a menos que ambos progenitores se pongan de acuerdo o que Mateo cumpla 16 años y pueda decidir por su cuenta.
La madre no podrá autorizar ninguna práctica ni la médica prescribir cualquier tratamiento.
De puño y letra, sin tecnicismos, Viano le explicó su decisión al chico:
CARTA PARA MATEO
Hola Mateo, soy Delma, la jueza.¿Cómo estás?, espero que bien.
Quiero escribirte estas palabras porque me parece importante explicarte personalmente la decisión que tomé.
Antes que nada, quiero agradecerte la confianza con la que hablaste conmigo en la audiencia. Escuché con mucha atención todo lo que quisiste contarnos. Sé que expresar lo que uno siente no siempre es fácil, y menos ante una Jueza, y valoro mucho que lo hayas hecho con sinceridad.
Imagino que la decisión que tomé puede haberte causado tristeza, enojo o desilusión. Si es así, quiero que sepas que entiendo esos sentimientos.
Quiero decirte algo que para mí es muy importante, esta decisión no significa que no crea en vos, ni que dude de lo que sentís, ni que deje de respetarte.
Mi trabajo como jueza es escuchar a las personas, pero también protegerlas. A veces, cuidar significa autorizar una decisión; otras veces, significa esperar hasta tener la certeza de que esa decisión es la mejor para la persona.
En tu caso, leí con mucha atención los informes de los profesionales. Ellos coinciden en que todavía es necesario seguir con el acompañamiento psicológico y completar una evaluación realizada por otros especialistas antes de iniciar un tratamiento que puede producir cambios importantes en tu cuerpo y cuyos efectos pueden acompañarte durante muchos años. Por eso resolví no autorizar, por ahora, el tratamiento que vos querés.
Quiero que entiendas que ese "por ahora" es muy importante. No expresa un rechazo hacia vos ni hacia lo que sentís. Expresa la necesidad de actuar con cautela para cuidar tu salud y asegurar que una decisión tan importante se tome cuando estén reunidos todos los elementos necesarios.
Mientras tanto, deseo que continúes con el tratamiento psicológico, que puedas seguir conversando con la profesional que elegiste, y otro/a si decidís cambiar, y que te acompañen y que encuentres en ellos un espacio donde hablar con libertad, hacer preguntas y recibir apoyo, y se avance con los estudios médicos aún pendientes.
También espero que tu papá y tu mamá que forman parte de tu vida puedan acompañarte con respeto, afecto y serenidad, dejando de lado sus diferencias para concentrarse en lo más importante: tu bienestar.
Quiero que recuerdes siempre que tu voz fue escuchada. Pensé mucho en lo que me dijiste antes de resolver este caso.
Confío en que el tiempo, el acompañamiento profesional y las evaluaciones que aún faltan permitirán tomar, cuando corresponda, las decisiones que mejor protejan tu salud, tu desarrollo y tu futuro.
Mateo: antes de despedirme quiero que sepas algo más. Si alguna vez sentís la necesidad de contarme algo, de hacer una pregunta o de expresar alguna preocupación, podes pedir una entrevista conmigo. Podés venir al Juzgado acompañado de un abogado o una abogada, pero también, si lo preferís, podes presentarte solo. En ese caso, me ocuparé de convocar a una/n abogada/a para que te acompañe y se asegure de que tus derechos estén protegidos. Mi compromiso es que cuando sientas que es el momento, estaré dispuesta a escucharte.
Te deseo de corazón que nunca pierdas la confianza en que mereces ser escuchado, respetado y acompañado.
Con afecto, Delma.
* El nombre real del joven se modificó para proteger su intimidad.