“En el consumo masivo hay caídas interanuales de hasta el 7%”

El presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC) asegura que el poder adquisitivo de los argentinos se desplomó y eso obliga a los consumidores a priorizar gastos esenciales.


11 AGO 2026 - 10:02 | Actualizado 11 AGO 2026 - 10:22

En medio de las polémicas por los números vinculados al poder adquisitivo de los argentinos, la agencia Noticias Argentinas entrevistó en exclusiva a Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), entidad que en 2024 cumplió un siglo de vida.

En su despacho de la sede central de la entidad, el dirigente asegura que, mientras los indicadores del sector reflejan una recuperación heterogénea, con actividades que aún enfrentan dificultades y otras que muestran un mayor dinamismo, el sector debe “prepararse para competir".

- ¿Cómo describiría la situación actual del comercio y los servicios en la Argentina?

La situación es muy heterogénea. Hay sectores que están con muchos problemas, otros no tanto, y otros que están bien. Pero forma parte de un modelo que hay que asumir, que es complejo. La Argentina viene de muchos años de políticas económicas equivocadas que nos llevaron a esta situación.

En los sectores de consumo masivo hay caídas interanuales del 4%, el 6% o hasta el 7%, mientras que otros muestran bajas menores. El consumo depende mucho del poder adquisitivo y hoy el salario real todavía está alrededor de un 10% por debajo de la inflación.

Además, la gente hoy debe destinar una mayor parte de sus ingresos a pagar tarifas que se están normalizando después de muchos años de subsidios.

Primero paga la luz, el gas, el transporte o la prepaga y recién después decide si compra ropa o consume otros bienes. Eso naturalmente contrae el consumo. Si una persona tiene que elegir entre pagar la luz o renovar una prenda de vestir, primero paga la luz.

Después compra alimentos y, probablemente, elija segundas marcas. Esa es la realidad. Ahora bien, yo estoy absolutamente convencido de que esto se va a solucionar. Lleva tiempo. Los salarios tienen que recomponerse y eso va a suceder a medida que la economía se vaya normalizando.

- ¿Cuáles son hoy los principales desafíos que enfrenta el sector?

El principal desafío es entender que no existen soluciones mágicas. Es fácil decirlo desde este lado. El que no llega a fin de mes y tiene hambre la pasa mal. Pero la realidad no cambia porque uno quiera que cambie.

Argentina vivió muchos años en una especie de isla de la fantasía, donde parecía que todo era barato porque había tarifas subsidiadas, transporte subsidiado y emisión permanente para sostener ese esquema.

Eso terminó generando inflación, que siempre perjudica más a quienes menos tienen. El desafío hoy es atravesar este proceso entendiendo que no hay nada sin sacrificio.

- ¿Qué diferencias observa entre el escenario actual y el que existía al inicio de esta gestión?

La principal diferencia es que hoy se empezó a corregir un problema estructural que Argentina arrastra desde hace décadas. Durante muchos años vivimos con inflación muy alta, déficit fiscal, emisión monetaria y falta de divisas.

Además, Argentina siempre tuvo otro problema histórico: la falta de dólares genuinos. Todos los países necesitan divisas. El 80% de lo que importamos son insumos imprescindibles para producir. Una caja de jugo puede estar hecha en Argentina, pero el conservante es importado, el colorante es importado, muchas veces hasta el envase es importado.

Lo mismo pasa con la ropa, con la industria y con prácticamente cualquier actividad. Por eso digo que la integración al mundo es imprescindible. Ningún país produce absolutamente todo lo que necesita. Hoy Argentina está empezando a cambiar esa realidad. Tenemos sectores como el petróleo, el gas y la minería que van a generar una cantidad de divisas que nunca tuvimos.

En 2023 cerramos con déficit comercial. Después pasamos a tener superávit y las proyecciones muestran que ese superávit va a seguir creciendo durante los próximos años. No existen soluciones mágicas, pero sí un camino que, si se sostiene, puede cambiar definitivamente la economía argentina.

-¿Qué lectura hace de la evolución del consumo durante el último año?

El consumo sigue siendo muy heterogéneo. Hay sectores que están muy complicados y otros que muestran un comportamiento distinto. Por ejemplo, el consumo en supermercados cayó, también cayó la venta de indumentaria y otros rubros vinculados al consumo masivo. En cambio, los autos eléctricos están teniendo muy buen desempeño.

Ahí influyen la financiación, algunos beneficios impositivos y un cambio en las preferencias de los consumidores. Muchas veces se dice que la caída del consumo tiene que ver con las importaciones, pero no es cierto.

El problema principal sigue siendo el poder adquisitivo. El comerciante vende menos porque la gente tiene que destinar una mayor parte de sus ingresos a gastos que no puede postergar. Eso explica por qué algunos sectores están sufriendo mucho más que otros.

- ¿Cómo cambió el comportamiento de los consumidores en este nuevo contexto económico?

Hoy el consumidor prioriza. Antes de comprar una prenda de vestir o cambiar algún bien para el hogar, primero cumple con los gastos esenciales. Si tiene que elegir entre pagar la luz o renovar la ropa, paga la luz. Si puede ahorrar en alimentos, compra segundas marcas. Ese cambio en las prioridades es lo que explica buena parte de la caída del consumo.

Pero tampoco podemos analizar esto sin mirar de dónde venimos. Durante muchos años hubo consumos que parecían posibles porque estaban sostenidos por subsidios y emisión monetaria. Hoy esos costos aparecen y las familias tienen que reorganizar sus gastos.

Por eso digo que la situación existe, nadie la puede negar. Hay gente que no llega a fin de mes y eso es una realidad. Pero también creo que es una situación que, gradualmente, se va a ir corrigiendo a medida que mejoren los salarios y aumente la actividad económica.

- ¿Qué sectores están liderando la recuperación y cuáles continúan mostrando mayores dificultades?

Hoy conviven realidades muy distintas. Los sectores vinculados a los autos eléctricos están creciendo. También todas las actividades relacionadas con la energía, el petróleo, el gas y la minería tienen perspectivas extraordinarias.

En cambio, el comercio minorista, la indumentaria y buena parte del consumo masivo siguen atravesando dificultades porque dependen directamente del ingreso disponible de las familias. Hay que entender que Argentina está atravesando un cambio de modelo económico. Algunos sectores se adaptan más rápido y otros necesitan tiempo.

- ¿Son competitivas hoy las empresas argentinas?

Sí. Puertas adentro somos competitivos. El problema aparece cuando el producto sale de la empresa. Ahí empezamos a perder competitividad por muchas razones: la presión tributaria, los costos logísticos, la infraestructura y una estructura de costos que hace muy difícil competir con otros países.

Argentina tiene entre 160 y 170 impuestos de distinta naturaleza entre Nación, provincias y municipios. Con apenas diez impuestos se recauda alrededor del 90% de los recursos.

Todo el resto genera costos administrativos, tiempo y burocracia. Hay que hacer una limpieza de impuestos inútiles y bajar gradualmente la presión tributaria.

- ¿Qué factores explican hoy la pérdida de competitividad de muchas empresas argentinas?

Hay varios factores. Uno es la carga tributaria, que sigue siendo muy alta. Otro son los costos logísticos. Hoy un flete desde Salta hasta Buenos Aires puede costar más que enviar esa misma mercadería desde Buenos Aires hasta Ámsterdam. Eso demuestra el enorme problema de infraestructura que todavía tiene el país. También hay un cambio cultural que las empresas tienen que hacer.

Durante muchos años, en Argentina el negocio terminó siendo financiero. El gerente más importante de una empresa era el financiero y no el de producción. En un país normal ocurre exactamente lo contrario.

El objetivo es producir cada vez más, al menor costo posible, para vender más y ganar por productividad. Ahora muchas empresas tienen que volver a aprender a competir produciendo.

- ¿Cómo influye el costo argentino sobre la capacidad de crecer, invertir y generar empleo?

Influye muchísimo. Cuando una empresa tiene una carga tributaria elevada, costos logísticos altos y dificultades para acceder al crédito, pierde capacidad para invertir, contratar personal y crecer. Por eso hablamos siempre del costo argentino. No alcanza con que una empresa sea eficiente puertas adentro. También necesita un entorno que le permita competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo.

- ¿Qué cambios considera indispensables para que las empresas puedan competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo?

Lo primero es bajar la presión tributaria. Después hay que mejorar la infraestructura, recuperar el crédito y seguir integrando la Argentina al mundo. Durante muchos años creímos que podíamos vivir solamente con lo nuestro y eso no existe.

No hay ningún país que produzca absolutamente todo lo que necesita. Argentina tiene que integrarse para aprender, competir y ofrecer mejores productos a mejores precios.

No hay que tenerle miedo a la competencia. Hay que prepararse para competir. El Gobierno plantea que el crecimiento de sectores como la energía y la minería terminará derramando sobre el resto de la economía. Otros advierten sobre el riesgo de la llamada "enfermedad holandesa".

- ¿Cómo analiza ese debate?

Ese efecto derrame se va a producir. Argentina va camino a generar una cantidad de divisas que nunca tuvo. Vaca Muerta, el petróleo, el gas, la minería y también el agro van a aportar un volumen muy importante de dólares. Naturalmente, cuando un país genera muchas divisas, se convierte en un país más caro en dólares. Pero eso, por sí solo, no es un problema.

El problema sería que el país se encarezca y los salarios sigan siendo bajos. Si, en cambio, aumentan los ingresos de la gente, bajan los impuestos y mejora el acceso al crédito, la situación es completamente distinta.

Lo importante es que el poder adquisitivo también crezca. Hoy muchas familias todavía no llegan a fin de mes porque los salarios vienen de perder mucho contra la inflación. Pero si el ingreso de divisas permite bajar impuestos, atraer inversiones y mejorar la productividad, eso termina reflejándose también en los salarios.

Yo soy optimista con ese proceso. Hoy tenemos un círculo vicioso: las empresas venden menos porque cayó el consumo y, al vender menos, no pueden pagar mejores salarios. Al mismo tiempo, el consumo no se recupera porque los salarios todavía no alcanzan. Ese círculo solo se rompe con crecimiento, inversión y generación genuina de divisas. La CAC viene planteando desde hace años la necesidad de modernizar la legislación laboral.

- ¿Qué aspectos mejoraron tras los cambios implementados?

El mundo cambió muchísimo. Hoy existe el trabajo remoto, nuevas modalidades laborales y formas de contratación que hace algunos años prácticamente no existían: la legislación tiene que acompañar esos cambios.

Ahora bien, siempre dijimos que una reforma laboral, por sí sola, no genera empleo. El empleo aparece cuando las empresas venden más, invierten más y la economía crece. No hay una ley que, por sí misma, cree puestos de trabajo.

- ¿Cómo impacta hoy el marco laboral sobre las decisiones de contratación?

Influye, pero no es el único factor. Una empresa toma gente cuando tiene más trabajo y perspectivas de crecimiento. Si vende menos, difícilmente incorpore personal aunque cambie la legislación.

Por eso creemos que la recuperación del empleo depende mucho más del crecimiento económico que de una sola reforma. Las dos cosas son importantes, pero una acompaña a la otra.

- ¿Qué señales esperan hoy las empresas para acelerar sus planes de inversión?

La principal señal es la estabilidad. Cuando una empresa sabe cuál va a ser el rumbo económico, empieza a pensar en inversiones de largo plazo. Después aparece otro elemento fundamental, que es el crédito.

Hoy muchas empresas necesitan financiamiento para modernizarse, incorporar tecnología o ampliar su producción. Sin crédito, todo ese proceso es mucho más lento.

- ¿Qué papel puede desempeñar el crédito en una nueva etapa de crecimiento?

Es fundamental. No existe ningún país desarrollado sin crédito. El crédito permite comprar viviendas, ampliar fábricas, incorporar maquinaria, invertir en tecnología y aumentar la producción.

Durante muchos años Argentina prácticamente perdió el mercado de crédito. Recuperarlo va a ser una de las claves para acelerar el crecimiento de la economía.

- ¿Qué medidas de desregulación implementadas por el Gobierno tuvieron mayor impacto sobre el comercio y los servicios?

Todo lo que sea eliminar burocracia ayuda. El Gobierno habla de miles de desregulaciones y muchas de ellas eran necesarias porque existían normas que ya no tenían sentido.

Cuando una empresa pierde tiempo haciendo trámites innecesarios, ese tiempo también tiene un costo. Todo lo que simplifique procesos administrativos mejora la competitividad.

- ¿Qué trabas regulatorias continúan afectando la actividad cotidiana de las empresas?

Todavía queda mucho por hacer. Hay empresas que necesitan pasar por distintos organismos para obtener una autorización que podría resolverse de una manera mucho más simple. Ese exceso de burocracia termina generando costos, pérdida de tiempo y menor productividad. Nosotros creemos que hay que seguir avanzando en la simplificación de los procedimientos administrativos.

- ¿Qué peso tiene hoy la carga tributaria sobre la competitividad del comercio formal?

Tiene un peso enorme. Argentina sigue teniendo una presión tributaria muy alta. Entre Nación, provincias y municipios existen alrededor de 160 o 170 impuestos. Sin embargo, con apenas diez impuestos se recauda cerca del 90% de los recursos. Eso demuestra que hay una enorme cantidad de tributos que generan más burocracia que recaudación. El desafío es ir simplificando ese esquema sin perder el equilibrio fiscal. Lo primero es preservar el equilibrio fiscal. El Gobierno nacional ya hizo un esfuerzo muy importante reduciendo el gasto público y bajando todo lo que podía bajar. A medida que aumenten las exportaciones, ingresen más divisas y crezca la economía, será posible continuar reduciendo impuestos. Pero también las provincias y los municipios deberán hacer su parte. Muchas jurisdicciones todavía no ordenaron sus cuentas y mantienen estructuras de gasto que hacen muy difícil avanzar con una baja de la presión tributaria. ¿Qué impacto tiene la economía informal sobre el comercio registrado? - Tiene un impacto enorme. Nosotros integramos una asociación sudamericana de lucha por el comercio lícito y recientemente organizamos un encuentro con representantes de varios países de la región para abordar este problema. Argentina tiene un gravísimo problema de contrabando. Hoy estimamos que uno de cada tres celulares que se venden en el país ingresó de contrabando. Lo mismo ocurre con cigarrillos, bebidas, ropa y muchos otros productos. Todo eso representa una pérdida para el Estado cercana a los US$2.500 millones anuales. Los organismos de control tienen que fortalecer la fiscalización y verificar el origen de la mercadería. No hablamos del turista que trae un teléfono del exterior para uso personal, sino del ingreso masivo de productos que luego se comercializan ilegalmente. ¿Qué evaluación hace de los acuerdos comerciales impulsados por el Gobierno? - Nosotros somos una cámara liberal desde nuestra fundación en 1924. Siempre defendimos la apertura comercial y la mayor cantidad posible de acuerdos de libre comercio. Durante muchos años miramos con cierta envidia a Chile, que tiene muchos acuerdos comerciales con distintos países y bloques económicos. Argentina recién ahora está empezando a recorrer ese camino. El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea es muy importante. Pasamos de un mercado de 200 millones de habitantes a uno cercano a los 700 millones de consumidores. Uno de los problemas estructurales que suele mencionar el sector es la infraestructura. ¿Quién debería liderar ese proceso de inversión? - Hay un escenario ideal y otro posible. En países como Estados Unidos el Estado participa fuertemente en las obras de infraestructura y luego recupera esa inversión mediante impuestos o peajes. En Argentina la inversión necesaria es enorme y hoy el Estado no dispone de esos recursos. Por eso es lógico que el Gobierno busque participación privada. El problema es que los privados también necesitan financiamiento y garantías. Hoy existen unos 40.000 kilómetros de rutas nacionales y solamente unos 9.000 pueden ser rentables mediante peajes. Si una empresa consigue financiamiento para construir una autopista, necesita la seguridad de que podrá recuperar esa inversión. Si las tarifas quedan congeladas por decisión política, el negocio deja de ser viable. Por eso el Estado debería aportar mecanismos de garantía para facilitar el acceso al crédito. ¿Cómo describiría la relación que mantiene hoy la cámara con el Gobierno nacional? - Nosotros dialogamos con todos los gobiernos. La cámara no pertenece a ningún partido político. Nuestro trabajo consiste en representar al sector privado y acercar propuestas. Después cada gobierno decide qué medidas toma, siempre tratamos de mantener un diálogo institucional serio y constructivo. Todos los días acercamos propuestas y planteamos problemas que afectan al sector. Nuestro trabajo consiste en señalar qué cuestiones necesitan solución; después son los gobiernos quienes deciden cómo avanzar. ¿Cuáles son las principales coincidencias en materia económica? - Coincidimos con la necesidad de mantener el equilibrio fiscal, reducir el gasto público, fortalecer la moneda, generar divisas, aumentar las exportaciones y avanzar hacia una economía más abierta. Creemos que ese es el camino para que Argentina vuelva a crecer de manera sostenida. ¿En qué temas considera que todavía quedan reformas pendientes? - Quedan muchas reformas por delante. Hay que seguir bajando impuestos, mejorar la infraestructura, profundizar las desregulaciones, recuperar el crédito y continuar modernizando el Estado. Además, las provincias y los municipios también tienen que acompañar ese proceso. No alcanza con que haga el esfuerzo solamente el Gobierno nacional. ¿Qué lugar deberían ocupar el comercio y los servicios dentro del modelo económico de la Argentina? - Un lugar central. Argentina necesita muchas más empresas. Siempre doy el mismo dato: nuestro país tiene alrededor de 13 empresas cada 1.000 habitantes. Brasil tiene cerca de 26. Uruguay alrededor de 36. Chile supera las 40. Eso muestra todo el camino que todavía tenemos por recorrer. Cuantas más empresas haya, más empleo privado habrá. Y cuanto más empleo privado exista, menos dependerá el crecimiento del Estado. Argentina tiene recursos naturales extraordinarios. Petróleo, gas, minería y agro van a generar un ingreso de divisas muy importante durante los próximos años. Eso permitirá bajar impuestos, mejorar salarios y consolidar un crecimiento más sostenible. Si tuviera que establecer tres prioridades para la agenda económica de los próximos años, ¿cuáles serían? - La primera es mantener la continuidad del modelo económico y no volver al populismo. La segunda es seguir generando condiciones para que aumente la inversión privada. Y la tercera es crear las condiciones para que existan cada vez más empresas, porque ahí está la base del crecimiento del empleo y del desarrollo económico. Siempre digo que necesitamos multiplicar la cantidad de empresas. Si Argentina lograra acercarse a los niveles que tienen otros países de la región, el empleo privado crecería de una manera extraordinaria. Ahí está, para mí, la verdadera transformación que necesita el país.

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11 AGO 2026 - 10:02

En medio de las polémicas por los números vinculados al poder adquisitivo de los argentinos, la agencia Noticias Argentinas entrevistó en exclusiva a Mario Grinman, presidente de la Cámara Argentina de Comercio y Servicios (CAC), entidad que en 2024 cumplió un siglo de vida.

En su despacho de la sede central de la entidad, el dirigente asegura que, mientras los indicadores del sector reflejan una recuperación heterogénea, con actividades que aún enfrentan dificultades y otras que muestran un mayor dinamismo, el sector debe “prepararse para competir".

- ¿Cómo describiría la situación actual del comercio y los servicios en la Argentina?

La situación es muy heterogénea. Hay sectores que están con muchos problemas, otros no tanto, y otros que están bien. Pero forma parte de un modelo que hay que asumir, que es complejo. La Argentina viene de muchos años de políticas económicas equivocadas que nos llevaron a esta situación.

En los sectores de consumo masivo hay caídas interanuales del 4%, el 6% o hasta el 7%, mientras que otros muestran bajas menores. El consumo depende mucho del poder adquisitivo y hoy el salario real todavía está alrededor de un 10% por debajo de la inflación.

Además, la gente hoy debe destinar una mayor parte de sus ingresos a pagar tarifas que se están normalizando después de muchos años de subsidios.

Primero paga la luz, el gas, el transporte o la prepaga y recién después decide si compra ropa o consume otros bienes. Eso naturalmente contrae el consumo. Si una persona tiene que elegir entre pagar la luz o renovar una prenda de vestir, primero paga la luz.

Después compra alimentos y, probablemente, elija segundas marcas. Esa es la realidad. Ahora bien, yo estoy absolutamente convencido de que esto se va a solucionar. Lleva tiempo. Los salarios tienen que recomponerse y eso va a suceder a medida que la economía se vaya normalizando.

- ¿Cuáles son hoy los principales desafíos que enfrenta el sector?

El principal desafío es entender que no existen soluciones mágicas. Es fácil decirlo desde este lado. El que no llega a fin de mes y tiene hambre la pasa mal. Pero la realidad no cambia porque uno quiera que cambie.

Argentina vivió muchos años en una especie de isla de la fantasía, donde parecía que todo era barato porque había tarifas subsidiadas, transporte subsidiado y emisión permanente para sostener ese esquema.

Eso terminó generando inflación, que siempre perjudica más a quienes menos tienen. El desafío hoy es atravesar este proceso entendiendo que no hay nada sin sacrificio.

- ¿Qué diferencias observa entre el escenario actual y el que existía al inicio de esta gestión?

La principal diferencia es que hoy se empezó a corregir un problema estructural que Argentina arrastra desde hace décadas. Durante muchos años vivimos con inflación muy alta, déficit fiscal, emisión monetaria y falta de divisas.

Además, Argentina siempre tuvo otro problema histórico: la falta de dólares genuinos. Todos los países necesitan divisas. El 80% de lo que importamos son insumos imprescindibles para producir. Una caja de jugo puede estar hecha en Argentina, pero el conservante es importado, el colorante es importado, muchas veces hasta el envase es importado.

Lo mismo pasa con la ropa, con la industria y con prácticamente cualquier actividad. Por eso digo que la integración al mundo es imprescindible. Ningún país produce absolutamente todo lo que necesita. Hoy Argentina está empezando a cambiar esa realidad. Tenemos sectores como el petróleo, el gas y la minería que van a generar una cantidad de divisas que nunca tuvimos.

En 2023 cerramos con déficit comercial. Después pasamos a tener superávit y las proyecciones muestran que ese superávit va a seguir creciendo durante los próximos años. No existen soluciones mágicas, pero sí un camino que, si se sostiene, puede cambiar definitivamente la economía argentina.

-¿Qué lectura hace de la evolución del consumo durante el último año?

El consumo sigue siendo muy heterogéneo. Hay sectores que están muy complicados y otros que muestran un comportamiento distinto. Por ejemplo, el consumo en supermercados cayó, también cayó la venta de indumentaria y otros rubros vinculados al consumo masivo. En cambio, los autos eléctricos están teniendo muy buen desempeño.

Ahí influyen la financiación, algunos beneficios impositivos y un cambio en las preferencias de los consumidores. Muchas veces se dice que la caída del consumo tiene que ver con las importaciones, pero no es cierto.

El problema principal sigue siendo el poder adquisitivo. El comerciante vende menos porque la gente tiene que destinar una mayor parte de sus ingresos a gastos que no puede postergar. Eso explica por qué algunos sectores están sufriendo mucho más que otros.

- ¿Cómo cambió el comportamiento de los consumidores en este nuevo contexto económico?

Hoy el consumidor prioriza. Antes de comprar una prenda de vestir o cambiar algún bien para el hogar, primero cumple con los gastos esenciales. Si tiene que elegir entre pagar la luz o renovar la ropa, paga la luz. Si puede ahorrar en alimentos, compra segundas marcas. Ese cambio en las prioridades es lo que explica buena parte de la caída del consumo.

Pero tampoco podemos analizar esto sin mirar de dónde venimos. Durante muchos años hubo consumos que parecían posibles porque estaban sostenidos por subsidios y emisión monetaria. Hoy esos costos aparecen y las familias tienen que reorganizar sus gastos.

Por eso digo que la situación existe, nadie la puede negar. Hay gente que no llega a fin de mes y eso es una realidad. Pero también creo que es una situación que, gradualmente, se va a ir corrigiendo a medida que mejoren los salarios y aumente la actividad económica.

- ¿Qué sectores están liderando la recuperación y cuáles continúan mostrando mayores dificultades?

Hoy conviven realidades muy distintas. Los sectores vinculados a los autos eléctricos están creciendo. También todas las actividades relacionadas con la energía, el petróleo, el gas y la minería tienen perspectivas extraordinarias.

En cambio, el comercio minorista, la indumentaria y buena parte del consumo masivo siguen atravesando dificultades porque dependen directamente del ingreso disponible de las familias. Hay que entender que Argentina está atravesando un cambio de modelo económico. Algunos sectores se adaptan más rápido y otros necesitan tiempo.

- ¿Son competitivas hoy las empresas argentinas?

Sí. Puertas adentro somos competitivos. El problema aparece cuando el producto sale de la empresa. Ahí empezamos a perder competitividad por muchas razones: la presión tributaria, los costos logísticos, la infraestructura y una estructura de costos que hace muy difícil competir con otros países.

Argentina tiene entre 160 y 170 impuestos de distinta naturaleza entre Nación, provincias y municipios. Con apenas diez impuestos se recauda alrededor del 90% de los recursos.

Todo el resto genera costos administrativos, tiempo y burocracia. Hay que hacer una limpieza de impuestos inútiles y bajar gradualmente la presión tributaria.

- ¿Qué factores explican hoy la pérdida de competitividad de muchas empresas argentinas?

Hay varios factores. Uno es la carga tributaria, que sigue siendo muy alta. Otro son los costos logísticos. Hoy un flete desde Salta hasta Buenos Aires puede costar más que enviar esa misma mercadería desde Buenos Aires hasta Ámsterdam. Eso demuestra el enorme problema de infraestructura que todavía tiene el país. También hay un cambio cultural que las empresas tienen que hacer.

Durante muchos años, en Argentina el negocio terminó siendo financiero. El gerente más importante de una empresa era el financiero y no el de producción. En un país normal ocurre exactamente lo contrario.

El objetivo es producir cada vez más, al menor costo posible, para vender más y ganar por productividad. Ahora muchas empresas tienen que volver a aprender a competir produciendo.

- ¿Cómo influye el costo argentino sobre la capacidad de crecer, invertir y generar empleo?

Influye muchísimo. Cuando una empresa tiene una carga tributaria elevada, costos logísticos altos y dificultades para acceder al crédito, pierde capacidad para invertir, contratar personal y crecer. Por eso hablamos siempre del costo argentino. No alcanza con que una empresa sea eficiente puertas adentro. También necesita un entorno que le permita competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo.

- ¿Qué cambios considera indispensables para que las empresas puedan competir en igualdad de condiciones con el resto del mundo?

Lo primero es bajar la presión tributaria. Después hay que mejorar la infraestructura, recuperar el crédito y seguir integrando la Argentina al mundo. Durante muchos años creímos que podíamos vivir solamente con lo nuestro y eso no existe.

No hay ningún país que produzca absolutamente todo lo que necesita. Argentina tiene que integrarse para aprender, competir y ofrecer mejores productos a mejores precios.

No hay que tenerle miedo a la competencia. Hay que prepararse para competir. El Gobierno plantea que el crecimiento de sectores como la energía y la minería terminará derramando sobre el resto de la economía. Otros advierten sobre el riesgo de la llamada "enfermedad holandesa".

- ¿Cómo analiza ese debate?

Ese efecto derrame se va a producir. Argentina va camino a generar una cantidad de divisas que nunca tuvo. Vaca Muerta, el petróleo, el gas, la minería y también el agro van a aportar un volumen muy importante de dólares. Naturalmente, cuando un país genera muchas divisas, se convierte en un país más caro en dólares. Pero eso, por sí solo, no es un problema.

El problema sería que el país se encarezca y los salarios sigan siendo bajos. Si, en cambio, aumentan los ingresos de la gente, bajan los impuestos y mejora el acceso al crédito, la situación es completamente distinta.

Lo importante es que el poder adquisitivo también crezca. Hoy muchas familias todavía no llegan a fin de mes porque los salarios vienen de perder mucho contra la inflación. Pero si el ingreso de divisas permite bajar impuestos, atraer inversiones y mejorar la productividad, eso termina reflejándose también en los salarios.

Yo soy optimista con ese proceso. Hoy tenemos un círculo vicioso: las empresas venden menos porque cayó el consumo y, al vender menos, no pueden pagar mejores salarios. Al mismo tiempo, el consumo no se recupera porque los salarios todavía no alcanzan. Ese círculo solo se rompe con crecimiento, inversión y generación genuina de divisas. La CAC viene planteando desde hace años la necesidad de modernizar la legislación laboral.

- ¿Qué aspectos mejoraron tras los cambios implementados?

El mundo cambió muchísimo. Hoy existe el trabajo remoto, nuevas modalidades laborales y formas de contratación que hace algunos años prácticamente no existían: la legislación tiene que acompañar esos cambios.

Ahora bien, siempre dijimos que una reforma laboral, por sí sola, no genera empleo. El empleo aparece cuando las empresas venden más, invierten más y la economía crece. No hay una ley que, por sí misma, cree puestos de trabajo.

- ¿Cómo impacta hoy el marco laboral sobre las decisiones de contratación?

Influye, pero no es el único factor. Una empresa toma gente cuando tiene más trabajo y perspectivas de crecimiento. Si vende menos, difícilmente incorpore personal aunque cambie la legislación.

Por eso creemos que la recuperación del empleo depende mucho más del crecimiento económico que de una sola reforma. Las dos cosas son importantes, pero una acompaña a la otra.

- ¿Qué señales esperan hoy las empresas para acelerar sus planes de inversión?

La principal señal es la estabilidad. Cuando una empresa sabe cuál va a ser el rumbo económico, empieza a pensar en inversiones de largo plazo. Después aparece otro elemento fundamental, que es el crédito.

Hoy muchas empresas necesitan financiamiento para modernizarse, incorporar tecnología o ampliar su producción. Sin crédito, todo ese proceso es mucho más lento.

- ¿Qué papel puede desempeñar el crédito en una nueva etapa de crecimiento?

Es fundamental. No existe ningún país desarrollado sin crédito. El crédito permite comprar viviendas, ampliar fábricas, incorporar maquinaria, invertir en tecnología y aumentar la producción.

Durante muchos años Argentina prácticamente perdió el mercado de crédito. Recuperarlo va a ser una de las claves para acelerar el crecimiento de la economía.

- ¿Qué medidas de desregulación implementadas por el Gobierno tuvieron mayor impacto sobre el comercio y los servicios?

Todo lo que sea eliminar burocracia ayuda. El Gobierno habla de miles de desregulaciones y muchas de ellas eran necesarias porque existían normas que ya no tenían sentido.

Cuando una empresa pierde tiempo haciendo trámites innecesarios, ese tiempo también tiene un costo. Todo lo que simplifique procesos administrativos mejora la competitividad.

- ¿Qué trabas regulatorias continúan afectando la actividad cotidiana de las empresas?

Todavía queda mucho por hacer. Hay empresas que necesitan pasar por distintos organismos para obtener una autorización que podría resolverse de una manera mucho más simple. Ese exceso de burocracia termina generando costos, pérdida de tiempo y menor productividad. Nosotros creemos que hay que seguir avanzando en la simplificación de los procedimientos administrativos.

- ¿Qué peso tiene hoy la carga tributaria sobre la competitividad del comercio formal?

Tiene un peso enorme. Argentina sigue teniendo una presión tributaria muy alta. Entre Nación, provincias y municipios existen alrededor de 160 o 170 impuestos. Sin embargo, con apenas diez impuestos se recauda cerca del 90% de los recursos. Eso demuestra que hay una enorme cantidad de tributos que generan más burocracia que recaudación. El desafío es ir simplificando ese esquema sin perder el equilibrio fiscal. Lo primero es preservar el equilibrio fiscal. El Gobierno nacional ya hizo un esfuerzo muy importante reduciendo el gasto público y bajando todo lo que podía bajar. A medida que aumenten las exportaciones, ingresen más divisas y crezca la economía, será posible continuar reduciendo impuestos. Pero también las provincias y los municipios deberán hacer su parte. Muchas jurisdicciones todavía no ordenaron sus cuentas y mantienen estructuras de gasto que hacen muy difícil avanzar con una baja de la presión tributaria. ¿Qué impacto tiene la economía informal sobre el comercio registrado? - Tiene un impacto enorme. Nosotros integramos una asociación sudamericana de lucha por el comercio lícito y recientemente organizamos un encuentro con representantes de varios países de la región para abordar este problema. Argentina tiene un gravísimo problema de contrabando. Hoy estimamos que uno de cada tres celulares que se venden en el país ingresó de contrabando. Lo mismo ocurre con cigarrillos, bebidas, ropa y muchos otros productos. Todo eso representa una pérdida para el Estado cercana a los US$2.500 millones anuales. Los organismos de control tienen que fortalecer la fiscalización y verificar el origen de la mercadería. No hablamos del turista que trae un teléfono del exterior para uso personal, sino del ingreso masivo de productos que luego se comercializan ilegalmente. ¿Qué evaluación hace de los acuerdos comerciales impulsados por el Gobierno? - Nosotros somos una cámara liberal desde nuestra fundación en 1924. Siempre defendimos la apertura comercial y la mayor cantidad posible de acuerdos de libre comercio. Durante muchos años miramos con cierta envidia a Chile, que tiene muchos acuerdos comerciales con distintos países y bloques económicos. Argentina recién ahora está empezando a recorrer ese camino. El acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea es muy importante. Pasamos de un mercado de 200 millones de habitantes a uno cercano a los 700 millones de consumidores. Uno de los problemas estructurales que suele mencionar el sector es la infraestructura. ¿Quién debería liderar ese proceso de inversión? - Hay un escenario ideal y otro posible. En países como Estados Unidos el Estado participa fuertemente en las obras de infraestructura y luego recupera esa inversión mediante impuestos o peajes. En Argentina la inversión necesaria es enorme y hoy el Estado no dispone de esos recursos. Por eso es lógico que el Gobierno busque participación privada. El problema es que los privados también necesitan financiamiento y garantías. Hoy existen unos 40.000 kilómetros de rutas nacionales y solamente unos 9.000 pueden ser rentables mediante peajes. Si una empresa consigue financiamiento para construir una autopista, necesita la seguridad de que podrá recuperar esa inversión. Si las tarifas quedan congeladas por decisión política, el negocio deja de ser viable. Por eso el Estado debería aportar mecanismos de garantía para facilitar el acceso al crédito. ¿Cómo describiría la relación que mantiene hoy la cámara con el Gobierno nacional? - Nosotros dialogamos con todos los gobiernos. La cámara no pertenece a ningún partido político. Nuestro trabajo consiste en representar al sector privado y acercar propuestas. Después cada gobierno decide qué medidas toma, siempre tratamos de mantener un diálogo institucional serio y constructivo. Todos los días acercamos propuestas y planteamos problemas que afectan al sector. Nuestro trabajo consiste en señalar qué cuestiones necesitan solución; después son los gobiernos quienes deciden cómo avanzar. ¿Cuáles son las principales coincidencias en materia económica? - Coincidimos con la necesidad de mantener el equilibrio fiscal, reducir el gasto público, fortalecer la moneda, generar divisas, aumentar las exportaciones y avanzar hacia una economía más abierta. Creemos que ese es el camino para que Argentina vuelva a crecer de manera sostenida. ¿En qué temas considera que todavía quedan reformas pendientes? - Quedan muchas reformas por delante. Hay que seguir bajando impuestos, mejorar la infraestructura, profundizar las desregulaciones, recuperar el crédito y continuar modernizando el Estado. Además, las provincias y los municipios también tienen que acompañar ese proceso. No alcanza con que haga el esfuerzo solamente el Gobierno nacional. ¿Qué lugar deberían ocupar el comercio y los servicios dentro del modelo económico de la Argentina? - Un lugar central. Argentina necesita muchas más empresas. Siempre doy el mismo dato: nuestro país tiene alrededor de 13 empresas cada 1.000 habitantes. Brasil tiene cerca de 26. Uruguay alrededor de 36. Chile supera las 40. Eso muestra todo el camino que todavía tenemos por recorrer. Cuantas más empresas haya, más empleo privado habrá. Y cuanto más empleo privado exista, menos dependerá el crecimiento del Estado. Argentina tiene recursos naturales extraordinarios. Petróleo, gas, minería y agro van a generar un ingreso de divisas muy importante durante los próximos años. Eso permitirá bajar impuestos, mejorar salarios y consolidar un crecimiento más sostenible. Si tuviera que establecer tres prioridades para la agenda económica de los próximos años, ¿cuáles serían? - La primera es mantener la continuidad del modelo económico y no volver al populismo. La segunda es seguir generando condiciones para que aumente la inversión privada. Y la tercera es crear las condiciones para que existan cada vez más empresas, porque ahí está la base del crecimiento del empleo y del desarrollo económico. Siempre digo que necesitamos multiplicar la cantidad de empresas. Si Argentina lograra acercarse a los niveles que tienen otros países de la región, el empleo privado crecería de una manera extraordinaria. Ahí está, para mí, la verdadera transformación que necesita el país.