Un proyecto de piscicultura a escala industrial busca instalarse en la zona de Río Senguer con el objetivo de aprovechar la calidad de las aguas patagónicas para la producción de truchas y salmones. La iniciativa se encuentra actualmente en la etapa de tramitación de permisos ante las autoridades de Chubut y, una vez obtenidas las autorizaciones correspondientes, sus responsables estiman un plazo aproximado de diez meses para poner en funcionamiento la primera etapa.
Patricio Bravo, uno de los impulsores de la propuesta, explicó que la iniciativa surgió a partir de una experiencia familiar y de su conocimiento previo en la producción de salmónidos. “Estoy viviendo hace aproximadamente diez años entre Argentina y Chile y, de tanto andar por la Patagonia, surge la idea de hacer una piscicultura en Alto Río Senguer por la experiencia que tengo en producción de salmónidos y, principalmente, por la calidad de las aguas”, dijo agregando que la elección de la zona está directamente relacionada con las condiciones naturales necesarias para desarrollar este tipo de producción. “Para que existan los salmones o las truchas se necesita agua dulce y la calidad de las aguas de la Patagonia es extraordinariamente buena”, destacó Bravo.
La iniciativa lleva alrededor de un año de trabajo y actualmente atraviesa una instancia administrativa clave. Bravo aclaró que todavía no comenzaron las obras ni se realizaron experiencias productivas en el lugar, debido a que primero necesitan obtener las autorizaciones correspondientes.
“En este minuto estamos en la etapa de solicitud de los permisos. El proyecto en su totalidad ya está terminado, aseguramos la inversión y necesitamos entregar esto a las autoridades competentes de la provincia de Chubut para que nos puedan autorizar el uso de las aguas”, explicó.
La autorización permitiría avanzar inmediatamente con la construcción de la primera piscicultura contemplada dentro del emprendimiento. “De momento que nosotros tengamos la autorización del uso de las aguas, estimamos aproximadamente diez meses para estar con la piscicultura comenzando a funcionar”, indicó.
El proyecto pertenece a una sociedad constituida en Argentina que consiguió además el respaldo económico necesario para afrontar la inversión. Cuenta con aporte financiero internacional, con capitales turcos incluídos. “Hay un fondo de inversión internacional que apostó a nuestro proyecto, lo vio y nos dijo que estaba dispuesto a apoyarnos económicamente”, sostuvo Bravo.
Desde la ova al engorde
La intención es desarrollar una producción a escala industrial orientada principalmente al mercado externo. El proceso comenzaría desde la reproducción y abarcaría las diferentes etapas de desarrollo de los peces. “La idea es tener una producción a escala industrial de trucha y salmón para exportación. Nosotros partiríamos desde la ova para vivir todo el proceso de multiplicación y después la engorda”, detalló. Bravo explicó que el ciclo comienza con la obtención de las ovas de los reproductores, su fecundación y posterior incubación. Luego se desarrollan las diferentes etapas de crecimiento del pez hasta alcanzar las condiciones requeridas para su producción comercial.
También remarcó las diferencias biológicas existentes entre las especies que pueden permanecer en agua dulce y aquellas que naturalmente desarrollan parte de su ciclo en ambientes marinos. “Las truchas arco íris o la trucha marrón se han adaptado y se han quedado en agua dulce, entonces no tienen migración. Pero los salmones sí necesariamente tienen que migrar hacia el mar”, explicó.
En ese sentido, señaló que la producción en Río Senguer representaría una primera instancia dentro de un desarrollo que, a futuro, también podría contemplar posibilidades vinculadas con el litoral marítimo patagónico.
Uno de los aspectos que Bravo enfatizó es que la propuesta no contempla instalaciones productivas dentro de los lagos de la región. “Si a mí me preguntan si autorizaría que se haga cultivo de salmón en el lago, yo diría que no. No es posible hacer eso, no hay que cometer ese error”, afirmó.
La modalidad planteada para Río Senguer, explicó, consiste en captar agua del río, hacerla circular por las instalaciones productivas y posteriormente devolverla al cauce. “En el río uno capta el agua, la hace pasar por la piscicultura y después la devuelve al río tan limpia como fue en su captación, en su orígen”, aseguró.
Para Bravo, la sustentabilidad ambiental constituye uno de los puntos centrales que deberá sostener el proyecto. “El detalle más importante es entender que se puede hacer producción de salmónidos en la Patagonia con responsabilidad, con mucho trabajo y pensando siempre en no alterar el medio ambiente y no contaminar”, remarcó.
Antecedentes en Chile y Patagonia
El impulsor del emprendimiento destacó el desarrollo que alcanzó la salmonicultura en Chile y consideró que Argentina cuenta con condiciones naturales para avanzar en una actividad similar, aunque bajo criterios adaptados a las características ambientales de la región. “La industria del salmón es una industria muy grande y muy potente”, expresó.
Asimismo, mencionó que existen iniciativas productivas en las provincias de Neuquén y Río Negro, particularmente vinculadas con la producción de trucha arco íris.
En cuanto a las especies con mayor potencial comercial, indicó que existen diferencias importantes de acuerdo con las características de cada una y con la demanda de los mercados internacionales. Entre ellas mencionó al salmón “chinok”, al salmón del Atlántico y otras variedades del Pacífico, además de las distintas especies de truchas.
La producción proyectada tendrá finalidad alimenticia y apunta a incorporar la Patagonia a un circuito industrial que, según Bravo, podría adquirir mayor dimensión con el paso del tiempo. Aunque la primera iniciativa está planteada en Río Senguer, Bravo sostuvo que a largo plazo también debería analizarse el potencial que presenta el mar argentino para éste tipo de actividad.
“El Golfo San Jorge, el Atlántico, en esta parte de la Patagonia, tiene condiciones extraordinarias”, aseguró. Según explicó, el crecimiento de los salmones en ambientes marinos permite reducir los ciclos de engorde respecto de la producción exclusivamente en agua dulce. En ese contexto, consideró que las condiciones naturales de la costa patagónica representan una oportunidad que todavía prácticamente no ha sido desarrollada. “Argentina, de los países que se dedican a la producción de salmón, es el más virgen. Hay que pensar en desarrollar esta industria mirando al mar porque es un desarrollo industrial importante”, afirmó.
Otro de los puntos destacados por los responsables de la iniciativa es el impacto laboral que podría generar la instalación. Bravo estimó que solamente este emprendimiento tendría capacidad para incorporar entre 40 y 50 trabajadores una vez que alcance su etapa operativa. “Hay que tener en cuenta el trabajo que genera todo esto en términos laborales para la gente. Va a haber capacidad de mano de obra para 40 o 50 personas”, señaló.
Además del empleo directo, los impulsores consideran que la concreción del proyecto podría funcionar como antecedente para atraer nuevas inversiones relacionadas con la producción de salmónidos. “Nosotros apostamos a que esto se desarrolle y después seguramente van a haber otras empresas que van a querer venir a producir salmones a esta parte del mundo”, planteó Bravo.
Un proyecto de piscicultura a escala industrial busca instalarse en la zona de Río Senguer con el objetivo de aprovechar la calidad de las aguas patagónicas para la producción de truchas y salmones. La iniciativa se encuentra actualmente en la etapa de tramitación de permisos ante las autoridades de Chubut y, una vez obtenidas las autorizaciones correspondientes, sus responsables estiman un plazo aproximado de diez meses para poner en funcionamiento la primera etapa.
Patricio Bravo, uno de los impulsores de la propuesta, explicó que la iniciativa surgió a partir de una experiencia familiar y de su conocimiento previo en la producción de salmónidos. “Estoy viviendo hace aproximadamente diez años entre Argentina y Chile y, de tanto andar por la Patagonia, surge la idea de hacer una piscicultura en Alto Río Senguer por la experiencia que tengo en producción de salmónidos y, principalmente, por la calidad de las aguas”, dijo agregando que la elección de la zona está directamente relacionada con las condiciones naturales necesarias para desarrollar este tipo de producción. “Para que existan los salmones o las truchas se necesita agua dulce y la calidad de las aguas de la Patagonia es extraordinariamente buena”, destacó Bravo.
La iniciativa lleva alrededor de un año de trabajo y actualmente atraviesa una instancia administrativa clave. Bravo aclaró que todavía no comenzaron las obras ni se realizaron experiencias productivas en el lugar, debido a que primero necesitan obtener las autorizaciones correspondientes.
“En este minuto estamos en la etapa de solicitud de los permisos. El proyecto en su totalidad ya está terminado, aseguramos la inversión y necesitamos entregar esto a las autoridades competentes de la provincia de Chubut para que nos puedan autorizar el uso de las aguas”, explicó.
La autorización permitiría avanzar inmediatamente con la construcción de la primera piscicultura contemplada dentro del emprendimiento. “De momento que nosotros tengamos la autorización del uso de las aguas, estimamos aproximadamente diez meses para estar con la piscicultura comenzando a funcionar”, indicó.
El proyecto pertenece a una sociedad constituida en Argentina que consiguió además el respaldo económico necesario para afrontar la inversión. Cuenta con aporte financiero internacional, con capitales turcos incluídos. “Hay un fondo de inversión internacional que apostó a nuestro proyecto, lo vio y nos dijo que estaba dispuesto a apoyarnos económicamente”, sostuvo Bravo.
Desde la ova al engorde
La intención es desarrollar una producción a escala industrial orientada principalmente al mercado externo. El proceso comenzaría desde la reproducción y abarcaría las diferentes etapas de desarrollo de los peces. “La idea es tener una producción a escala industrial de trucha y salmón para exportación. Nosotros partiríamos desde la ova para vivir todo el proceso de multiplicación y después la engorda”, detalló. Bravo explicó que el ciclo comienza con la obtención de las ovas de los reproductores, su fecundación y posterior incubación. Luego se desarrollan las diferentes etapas de crecimiento del pez hasta alcanzar las condiciones requeridas para su producción comercial.
También remarcó las diferencias biológicas existentes entre las especies que pueden permanecer en agua dulce y aquellas que naturalmente desarrollan parte de su ciclo en ambientes marinos. “Las truchas arco íris o la trucha marrón se han adaptado y se han quedado en agua dulce, entonces no tienen migración. Pero los salmones sí necesariamente tienen que migrar hacia el mar”, explicó.
En ese sentido, señaló que la producción en Río Senguer representaría una primera instancia dentro de un desarrollo que, a futuro, también podría contemplar posibilidades vinculadas con el litoral marítimo patagónico.
Uno de los aspectos que Bravo enfatizó es que la propuesta no contempla instalaciones productivas dentro de los lagos de la región. “Si a mí me preguntan si autorizaría que se haga cultivo de salmón en el lago, yo diría que no. No es posible hacer eso, no hay que cometer ese error”, afirmó.
La modalidad planteada para Río Senguer, explicó, consiste en captar agua del río, hacerla circular por las instalaciones productivas y posteriormente devolverla al cauce. “En el río uno capta el agua, la hace pasar por la piscicultura y después la devuelve al río tan limpia como fue en su captación, en su orígen”, aseguró.
Para Bravo, la sustentabilidad ambiental constituye uno de los puntos centrales que deberá sostener el proyecto. “El detalle más importante es entender que se puede hacer producción de salmónidos en la Patagonia con responsabilidad, con mucho trabajo y pensando siempre en no alterar el medio ambiente y no contaminar”, remarcó.
Antecedentes en Chile y Patagonia
El impulsor del emprendimiento destacó el desarrollo que alcanzó la salmonicultura en Chile y consideró que Argentina cuenta con condiciones naturales para avanzar en una actividad similar, aunque bajo criterios adaptados a las características ambientales de la región. “La industria del salmón es una industria muy grande y muy potente”, expresó.
Asimismo, mencionó que existen iniciativas productivas en las provincias de Neuquén y Río Negro, particularmente vinculadas con la producción de trucha arco íris.
En cuanto a las especies con mayor potencial comercial, indicó que existen diferencias importantes de acuerdo con las características de cada una y con la demanda de los mercados internacionales. Entre ellas mencionó al salmón “chinok”, al salmón del Atlántico y otras variedades del Pacífico, además de las distintas especies de truchas.
La producción proyectada tendrá finalidad alimenticia y apunta a incorporar la Patagonia a un circuito industrial que, según Bravo, podría adquirir mayor dimensión con el paso del tiempo. Aunque la primera iniciativa está planteada en Río Senguer, Bravo sostuvo que a largo plazo también debería analizarse el potencial que presenta el mar argentino para éste tipo de actividad.
“El Golfo San Jorge, el Atlántico, en esta parte de la Patagonia, tiene condiciones extraordinarias”, aseguró. Según explicó, el crecimiento de los salmones en ambientes marinos permite reducir los ciclos de engorde respecto de la producción exclusivamente en agua dulce. En ese contexto, consideró que las condiciones naturales de la costa patagónica representan una oportunidad que todavía prácticamente no ha sido desarrollada. “Argentina, de los países que se dedican a la producción de salmón, es el más virgen. Hay que pensar en desarrollar esta industria mirando al mar porque es un desarrollo industrial importante”, afirmó.
Otro de los puntos destacados por los responsables de la iniciativa es el impacto laboral que podría generar la instalación. Bravo estimó que solamente este emprendimiento tendría capacidad para incorporar entre 40 y 50 trabajadores una vez que alcance su etapa operativa. “Hay que tener en cuenta el trabajo que genera todo esto en términos laborales para la gente. Va a haber capacidad de mano de obra para 40 o 50 personas”, señaló.
Además del empleo directo, los impulsores consideran que la concreción del proyecto podría funcionar como antecedente para atraer nuevas inversiones relacionadas con la producción de salmónidos. “Nosotros apostamos a que esto se desarrolle y después seguramente van a haber otras empresas que van a querer venir a producir salmones a esta parte del mundo”, planteó Bravo.