Por Ismael Tebes/Redacción Jornada
La inclusión también se construye desde el diseño. Con esa premisa, la diseñadora Micaela Oporto desarrolló un proyecto de mobiliario accesible destinado a personas con discapacidad motriz, especialmente estudiantes que utilizan sillas de ruedas y necesitan espacios adecuados para desarrollar sus actividades educativas.
La iniciativa, que comenzó hace varios años, logró superar la etapa de prototipo y actualmente cuenta con mesas instaladas en dependencias de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), institución que acompañó su desarrollo y realizó las primeras adquisiciones.
Oporto, quien además preside la Cámara de Diseñadores del Golfo, explicó que el objetivo fue encontrar una solución funcional y accesible, pero también demostrar que es posible producir este tipo de equipamiento utilizando recursos, tecnología y mano de obra de la región. "Está hecho cien por ciento con tecnología local, con materiales que se pueden conseguir en la zona. La intención siempre fue trabajar con fábricas y talleres locales para poder producirlo acá", destacó en diálogo con Jornada.
El mobiliario fue pensado inicialmente para estudiantes universitarios con discapacidad motriz, aunque sus características permiten adaptarlo a otros niveles educativos y a diferentes necesidades.
Una de las principales particularidades del diseño es la posibilidad de regular la altura de las mesas, permitiendo que personas que utilizan distintos modelos de sillas de ruedas puedan trabajar cómodamente.
"Las medidas están pensadas para que entre cualquier tipo de silla y después uno pueda regular las alturas para que sea accesible a las medidas de la persona", explicó.
Oporto señaló que existe una gran variedad de sillas de ruedas, muchas de ellas adaptadas a las condiciones particulares de cada usuario. Por eso, uno de los desafíos fue desarrollar una estructura versátil, que no respondiera a una única medida.
Aunque la primera versión estuvo orientada al ámbito universitario, la propuesta también puede utilizarse en escuelas secundarias y, mediante algunas modificaciones, en establecimientos primarios.

Otro de los aspectos destacados del proyecto es su proceso de fabricación, que combina materiales tradicionales con herramientas tecnológicas disponibles en la región. Las mesas utilizan caños estructurales, madera MDF cortada mediante tecnología CNC e impresión 3D para determinados componentes. Esta combinación permite desarrollar un producto funcional y, al mismo tiempo, optimizar los recursos necesarios para su fabricación.
"Fue todo un desafío diseñarlo con tecnología y materiales locales. Yo tengo un taller de carpintería, pero no sé soldar. Entonces también había que pensar en la tercerización y en crear una red de talleres que pudieran abastecer la producción", relató.
De esta manera, la iniciativa incorpora una dimensión económica y productiva: la posibilidad de generar trabajo entre carpinterías, herrerías y otros emprendimientos de la zona.
La diseñadora remarcó que desde el comienzo buscó evitar la dependencia de componentes difíciles de conseguir y desarrollar un sistema que pudiera reproducirse localmente.
La Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco tuvo un papel fundamental para que la propuesta pudiera convertirse en una experiencia concreta. Según explicó Oporto, la institución contaba con recursos destinados a mejorar las condiciones de accesibilidad y encontró en el proyecto una alternativa para incorporar mobiliario adaptado. "La universidad fue la primera que invirtió. Ya han comprado varias veces. Hay mesas en Trelew y también acá en Comodoro. Si van al edificio central, en distintos pisos van a encontrar alguna", comentó.
Esta implementación permitió que el diseño dejara de ser solamente una propuesta experimental y comenzara a utilizarse en espacios educativos reales.
Para desarrollar el prototipo, Oporto también contó con la colaboración de una amiga con discapacidad motriz, quien participó de las pruebas para evaluar la comodidad y accesibilidad del mobiliario.
La experiencia permitió incorporar la perspectiva de una usuaria durante el proceso de diseño, un aspecto fundamental cuando se desarrollan productos destinados a mejorar la autonomía de las personas.

Diseños que benefician
Con las primeras experiencias de implementación, la diseñadora considera que el siguiente desafío es ampliar la producción y llegar a nuevas instituciones educativas. El mobiliario fue concebido para permitir una fabricación en serie, con un aprovechamiento eficiente de los materiales. "Está pensado para poder escalarlo a gran escala, porque se han optimizado los recursos. Con dos caños estructurales podemos hacer una mesa y de un cuarto de placa salen cuatro soportes", detalló.
Esta planificación permitiría aumentar la cantidad de unidades producidas mediante la articulación con distintos talleres locales. Además, la posibilidad de adaptar las dimensiones abre una oportunidad para que escuelas primarias, secundarias y otras instituciones incorporen equipamiento accesible según sus necesidades.
Oporto considera que todavía existe un campo importante para desarrollar soluciones de diseño destinadas a personas con discapacidad y que la producción regional tiene condiciones para participar de ese proceso.El interés de la diseñadora por los espacios educativos no comenzó con este proyecto.
Durante su formación universitaria desarrolló una tesis de grado vinculada con el diseño de mobiliario para aulas infantiles, inspirada en una metodología que promueve la autonomía de los niños y el aprendizaje a través de la exploración y el trabajo compartido.
En aquella oportunidad diseñó mesas, bancos, sillas, bibliotecas y sectores destinados a distintas actividades dentro del aula. El proyecto de mobiliario accesible representa una experiencia concreta de cómo el diseño puede contribuir a mejorar las condiciones de inclusión educativa.
La posibilidad de contar con una mesa regulable y adaptada a una silla de ruedas puede marcar una diferencia en la experiencia cotidiana de un estudiante, favoreciendo su comodidad y autonomía dentro del aula. La propuesta parte de una idea sencilla pero fundamental: que sean los espacios y el mobiliario los que se adapten a las personas, y no las personas quienes deban adaptarse a las barreras del entorno.
Por Ismael Tebes/Redacción Jornada
La inclusión también se construye desde el diseño. Con esa premisa, la diseñadora Micaela Oporto desarrolló un proyecto de mobiliario accesible destinado a personas con discapacidad motriz, especialmente estudiantes que utilizan sillas de ruedas y necesitan espacios adecuados para desarrollar sus actividades educativas.
La iniciativa, que comenzó hace varios años, logró superar la etapa de prototipo y actualmente cuenta con mesas instaladas en dependencias de la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco (UNPSJB), institución que acompañó su desarrollo y realizó las primeras adquisiciones.
Oporto, quien además preside la Cámara de Diseñadores del Golfo, explicó que el objetivo fue encontrar una solución funcional y accesible, pero también demostrar que es posible producir este tipo de equipamiento utilizando recursos, tecnología y mano de obra de la región. "Está hecho cien por ciento con tecnología local, con materiales que se pueden conseguir en la zona. La intención siempre fue trabajar con fábricas y talleres locales para poder producirlo acá", destacó en diálogo con Jornada.
El mobiliario fue pensado inicialmente para estudiantes universitarios con discapacidad motriz, aunque sus características permiten adaptarlo a otros niveles educativos y a diferentes necesidades.
Una de las principales particularidades del diseño es la posibilidad de regular la altura de las mesas, permitiendo que personas que utilizan distintos modelos de sillas de ruedas puedan trabajar cómodamente.
"Las medidas están pensadas para que entre cualquier tipo de silla y después uno pueda regular las alturas para que sea accesible a las medidas de la persona", explicó.
Oporto señaló que existe una gran variedad de sillas de ruedas, muchas de ellas adaptadas a las condiciones particulares de cada usuario. Por eso, uno de los desafíos fue desarrollar una estructura versátil, que no respondiera a una única medida.
Aunque la primera versión estuvo orientada al ámbito universitario, la propuesta también puede utilizarse en escuelas secundarias y, mediante algunas modificaciones, en establecimientos primarios.

Otro de los aspectos destacados del proyecto es su proceso de fabricación, que combina materiales tradicionales con herramientas tecnológicas disponibles en la región. Las mesas utilizan caños estructurales, madera MDF cortada mediante tecnología CNC e impresión 3D para determinados componentes. Esta combinación permite desarrollar un producto funcional y, al mismo tiempo, optimizar los recursos necesarios para su fabricación.
"Fue todo un desafío diseñarlo con tecnología y materiales locales. Yo tengo un taller de carpintería, pero no sé soldar. Entonces también había que pensar en la tercerización y en crear una red de talleres que pudieran abastecer la producción", relató.
De esta manera, la iniciativa incorpora una dimensión económica y productiva: la posibilidad de generar trabajo entre carpinterías, herrerías y otros emprendimientos de la zona.
La diseñadora remarcó que desde el comienzo buscó evitar la dependencia de componentes difíciles de conseguir y desarrollar un sistema que pudiera reproducirse localmente.
La Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco tuvo un papel fundamental para que la propuesta pudiera convertirse en una experiencia concreta. Según explicó Oporto, la institución contaba con recursos destinados a mejorar las condiciones de accesibilidad y encontró en el proyecto una alternativa para incorporar mobiliario adaptado. "La universidad fue la primera que invirtió. Ya han comprado varias veces. Hay mesas en Trelew y también acá en Comodoro. Si van al edificio central, en distintos pisos van a encontrar alguna", comentó.
Esta implementación permitió que el diseño dejara de ser solamente una propuesta experimental y comenzara a utilizarse en espacios educativos reales.
Para desarrollar el prototipo, Oporto también contó con la colaboración de una amiga con discapacidad motriz, quien participó de las pruebas para evaluar la comodidad y accesibilidad del mobiliario.
La experiencia permitió incorporar la perspectiva de una usuaria durante el proceso de diseño, un aspecto fundamental cuando se desarrollan productos destinados a mejorar la autonomía de las personas.

Diseños que benefician
Con las primeras experiencias de implementación, la diseñadora considera que el siguiente desafío es ampliar la producción y llegar a nuevas instituciones educativas. El mobiliario fue concebido para permitir una fabricación en serie, con un aprovechamiento eficiente de los materiales. "Está pensado para poder escalarlo a gran escala, porque se han optimizado los recursos. Con dos caños estructurales podemos hacer una mesa y de un cuarto de placa salen cuatro soportes", detalló.
Esta planificación permitiría aumentar la cantidad de unidades producidas mediante la articulación con distintos talleres locales. Además, la posibilidad de adaptar las dimensiones abre una oportunidad para que escuelas primarias, secundarias y otras instituciones incorporen equipamiento accesible según sus necesidades.
Oporto considera que todavía existe un campo importante para desarrollar soluciones de diseño destinadas a personas con discapacidad y que la producción regional tiene condiciones para participar de ese proceso.El interés de la diseñadora por los espacios educativos no comenzó con este proyecto.
Durante su formación universitaria desarrolló una tesis de grado vinculada con el diseño de mobiliario para aulas infantiles, inspirada en una metodología que promueve la autonomía de los niños y el aprendizaje a través de la exploración y el trabajo compartido.
En aquella oportunidad diseñó mesas, bancos, sillas, bibliotecas y sectores destinados a distintas actividades dentro del aula. El proyecto de mobiliario accesible representa una experiencia concreta de cómo el diseño puede contribuir a mejorar las condiciones de inclusión educativa.
La posibilidad de contar con una mesa regulable y adaptada a una silla de ruedas puede marcar una diferencia en la experiencia cotidiana de un estudiante, favoreciendo su comodidad y autonomía dentro del aula. La propuesta parte de una idea sencilla pero fundamental: que sean los espacios y el mobiliario los que se adapten a las personas, y no las personas quienes deban adaptarse a las barreras del entorno.