La prevención del cáncer de mama salva vidas

En el marco de “Octubre Rosa”, una médica ginecóloga y obstetra de la Universidad Nacional de Rosario reafirma la necesidad de controles periódicos y desmonta los mitos en torno a las mamografías.


19 OCT 2026 - 9:13 | Actualizado 19 OCT 2026 - 9:27

El mes de octubre es reconocido a nivel internacional como “Octubre Rosa”, un período dedicado a la sensibilización, prevención y diagnóstico temprano del cáncer de mama. Se trata de una campaña global promovida por la Organización Mundial de la Salud que busca concientizar a la población sobre la importancia de la detección precoz para aumentar las posibilidades de cura.

Mamografías gratuitas para la detección precoz

“Es importante hablar de cáncer de mama porque es muy frecuente en mujeres en todo el mundo, es la segunda causa de muerte detrás de la enfermedad cardiovascular”, advierte la doctora María Cecilia Arballo, médica ginecóloga y obstetra de la UNR, especialista en Mastología y miembro titular de la Asociación de Mastología de Rosario.



Sin embargo, la médica trae un mensaje de esperanza frente a este panorama. Explica que, dentro de lo que son las enfermedades oncológicas, el cáncer de mama se distingue por sus altas tasas de éxito si se actúa rápido. “Si uno lo detecta en un estadio temprano, las posibilidades de curación superan el 90%”, asegura.

Arballo es clara respecto a cuándo deben comenzar los controles médicos para asegurar un diagnóstico precoz. La recomendación principal es que a los 25 años, la mujer realice una consulta inicial con su ginecólogo o mastólogo. Este primer encuentro es vital para evaluar el ritmo individual de la paciente y, sobre todo, sus antecedentes familiares. Esa información clínica será la brújula que marcará el seguimiento, la frecuencia y el tipo de controles que la mujer tendrá a lo largo de su vida.

Para la población general asintomática y que no presenta antecedentes familiares, la regla de oro es realizar una mamografía anual a partir de los 40 años. Un dato que destaca la profesional es que no hay una edad en la que se recomiende suspender el control. El escenario cambia si la paciente no tiene síntomas pero sí cuenta con antecedentes familiares directos. En esos casos, la edad de inicio de los estudios se adelanta en 5 años. Por lo tanto, se debe comenzar con las mamografías anuales a partir de los 35 años.

La mamografía sigue siendo la herramienta indiscutida en la lucha contra esta enfermedad. “Es el único método diagnóstico por imágenes que demostró disminuir la mortalidad por cáncer de mama en un 40%”, afirma la docente de la UNR. Su gran valor radica en que permite visualizar lesiones muy chicas cuando todavía no son palpables en el examen físico.

No obstante, existen otros estudios complementarios de utilidad en contextos específicos. La ecografía se emplea como complemento de la mamografía, siendo especialmente útil en mujeres jóvenes que poseen mamas muy densas. En estos casos, la sensibilidad de la mamografía disminuye y la ecografía aporta claridad.

Por otro lado, la resonancia magnética por imágenes es un estudio de mucha sensibilidad que se reserva para casos puntuales y poblaciones de alto riesgo. Se indica, por ejemplo, en mujeres que presentan mutaciones genéticas, en aquellas que recibieron radioterapia en el tórax, o cuando existen dudas diagnósticas.

Si durante el examen físico o en los estudios de imágenes aparece algo sospechoso, el mastólogo solicitará un estudio complementario para confirmar el diagnóstico. Si la sospecha de malignidad es alta, el paso ineludible es indicar una biopsia por punción.

Este procedimiento no solo permite obtener la confirmación del diagnóstico, sino que resulta clave para definir qué subtipo de cáncer de mama enfrenta la paciente. “El cáncer de mama no es una única enfermedad, sino que hay diferentes subtipos que es necesario conocer antes de planificar el tratamiento”, detalla Arballo.

Estos marcan la agresividad biológica del tumor y determinan si tiene receptores para hormonas y su capacidad de dar metástasis. Con esa información, se diseña un tratamiento a medida, teniendo en cuenta la salud de la paciente, las características del tumor y el riesgo de recurrencia.

Los estadios de la enfermedad (del 1 al 4) no deben confundirse con los subtipos moleculares. Los estadios tienen que ver exclusivamente con el tamaño del tumor y con el número de ganglios comprometidos en la axila.

Avances en los tratamientos

Una gran noticia es que los tratamientos oncológicos han evolucionado en muchos sentidos durante las últimas décadas. La cirugía, que es uno de los pilares del abordaje, evolucionó hacia intervenciones menos radicales y mutilantes para la mujer.

Hace muchos años, ante la presencia de un cáncer, lo más común era recurrir a una mastectomía, que implica sacar toda la glándula mamaria. Hoy en día, el objetivo primordial es conservar la mama siempre que sea posible médicamente.

“No sacamos todos los ganglios si no son necesarios, no sacamos la mama si no es estrictamente necesaria”, tranquiliza la experta. Además, la ciencia ha desarrollado drogas que son cada vez más específicas, que van directamente dirigidas al tumor y que han prolongado la sobrevida.

En cuanto a la quimioterapia, Arballo aclara que no siempre se utiliza. Si la enfermedad se detecta temprano, el tumor es chico y no ha invadido los ganglios, muy probablemente la mujer no necesite este tratamiento. Se indica en tumores localmente avanzados, grandes, que comprometen ganglios, o en subtipos específicos que representan entre el 15% y el 20% de los casos.

Para contrarrestar la caída del cabello, que es uno de los efectos que más shockea a las mujeres, hoy existen alternativas novedosas. Se utilizan cascos fríos que congelan el folículo piloso del cuero cabelludo, dificultando la circulación de la droga por esa zona y evitando la pérdida del pelo en un gran porcentaje de pacientes.

Al ser una enfermedad multifactorial, no existe una causa única que se pueda evitar para garantizar que no aparecerá. Hay factores que no son modificables como el sexo femenino, aunque cabe destacar que el cáncer de mama también puede darse en varones, si bien es mucho menos frecuente.

La edad es otro factor porque a mayor edad, mayor es la probabilidad de tener la enfermedad. También influyen los antecedentes familiares, las mutaciones genéticas heredadas, una primera menstruación muy temprana y una menopausia tardía, ya que aumentan el tiempo de exposición a las hormonas.

Sin embargo, hay muchos factores de riesgo que sí son modificables y sobre los cuales las personas pueden actuar. El sedentarismo, la obesidad, el uso prolongado de terapia hormonal de la menopausia, no tener hijos o tenerlos después de los 35 años y no amamantar, aumentan el riesgo. El consumo de alcohol es un factor importante a tener en cuenta.

La médica advierte que por cada bebida estándar de 10 gramos de alcohol que se consume diariamente, el riesgo aumenta entre un 5% y un 7%. La obesidad también es crucial, porque la grasa corporal produce estrógenos, incluso en mujeres que ya dejaron de menstruar y esas hormonas estimulan el desarrollo del cáncer. “No hay que subestimar todos los factores de riesgo que sí se pueden modificar y que son responsables de un gran porcentaje de los tumores”, insiste.

Señales de alerta

Aunque el autoexamen mamario es útil para conocer el propio cuerpo, la médica enfatiza que nunca reemplaza a la mamografía. La presentación más frecuente de esta enfermedad es la aparición de un nódulo o bulto duro que no duele, en la mama o en la axila.

Otras señales que deben motivar una consulta urgente incluyen síntomas similares a una mastitis (mama colorada, caliente, aumentada de volumen), edema y apariencia de “piel de naranja”. También se debe estar alerta ante hundimientos o retracciones del pezón o de la piel, y eccemas o picazón en la aréola. La aparición de secreciones a través del pezón, especialmente si son de tipo sanguíneas, es un síntoma sospechoso.

El consultorio médico suele ser testigo de numerosos mitos que circulan en la sociedad y que pueden ser perjudiciales. Uno de los más comunes es creer que la radiación de la mamografía produce cáncer.

Arballo asegura que la dosis es sumamente segura. Tampoco es cierto que apretar la mama durante el estudio pueda diseminar una enfermedad preexistente.
Otro mito frecuente es la falsa sensación de seguridad por no tener antecedentes familiares. La realidad marca que entre el 70% y el 80% de los tumores de mama son esporádicos, dándose en personas sin antecedentes familiares ni genes heredados.

Respecto a la edad, muchas personas mayores creen erróneamente que ya no pueden enfermar, cuando el riesgo aumenta con los años. Asimismo, se descarta categóricamente que el uso de corpiños con aro tenga alguna relación con la aparición de tumores.

Finalmente, advierte sobre el miedo irracional a la biopsia por temor a diseminar la enfermedad. No hacerla y operar a ciegas dificulta enormemente el tratamiento posterior. Además, aclara que actualmente no existe ninguna vacuna para prevenir el cáncer de mama, a diferencia de lo que ocurre con el HPV para el cáncer de cuello uterino.

Recibir un diagnóstico de cáncer genera un impacto emocional inmenso, ya que la palabra suele tener una fuerte connotación asociada con la muerte. Es por eso que en Rosario se trabaja en Unidades de Mastología de manera interdisciplinaria.

Estos equipos están conformados no solo por mastólogos, oncólogos y radioterapeutas, sino también por psicólogos, nutricionistas y kinesiólogos.

El objetivo de este abordaje integral es acompañar a la paciente en todos los aspectos físicos y emocionales, incluyendo activamente a su familia para formar una sólida red de contención durante toda la etapa del tratamiento.

El mensaje final desde la Universidad es claro: la prevención salva vidas, los tratamientos avanzan a pasos agigantados y nunca se está sola para enfrentar esta enfermedad. # (Página 12)


19 OCT 2026 - 9:13

El mes de octubre es reconocido a nivel internacional como “Octubre Rosa”, un período dedicado a la sensibilización, prevención y diagnóstico temprano del cáncer de mama. Se trata de una campaña global promovida por la Organización Mundial de la Salud que busca concientizar a la población sobre la importancia de la detección precoz para aumentar las posibilidades de cura.

Mamografías gratuitas para la detección precoz

“Es importante hablar de cáncer de mama porque es muy frecuente en mujeres en todo el mundo, es la segunda causa de muerte detrás de la enfermedad cardiovascular”, advierte la doctora María Cecilia Arballo, médica ginecóloga y obstetra de la UNR, especialista en Mastología y miembro titular de la Asociación de Mastología de Rosario.



Sin embargo, la médica trae un mensaje de esperanza frente a este panorama. Explica que, dentro de lo que son las enfermedades oncológicas, el cáncer de mama se distingue por sus altas tasas de éxito si se actúa rápido. “Si uno lo detecta en un estadio temprano, las posibilidades de curación superan el 90%”, asegura.

Arballo es clara respecto a cuándo deben comenzar los controles médicos para asegurar un diagnóstico precoz. La recomendación principal es que a los 25 años, la mujer realice una consulta inicial con su ginecólogo o mastólogo. Este primer encuentro es vital para evaluar el ritmo individual de la paciente y, sobre todo, sus antecedentes familiares. Esa información clínica será la brújula que marcará el seguimiento, la frecuencia y el tipo de controles que la mujer tendrá a lo largo de su vida.

Para la población general asintomática y que no presenta antecedentes familiares, la regla de oro es realizar una mamografía anual a partir de los 40 años. Un dato que destaca la profesional es que no hay una edad en la que se recomiende suspender el control. El escenario cambia si la paciente no tiene síntomas pero sí cuenta con antecedentes familiares directos. En esos casos, la edad de inicio de los estudios se adelanta en 5 años. Por lo tanto, se debe comenzar con las mamografías anuales a partir de los 35 años.

La mamografía sigue siendo la herramienta indiscutida en la lucha contra esta enfermedad. “Es el único método diagnóstico por imágenes que demostró disminuir la mortalidad por cáncer de mama en un 40%”, afirma la docente de la UNR. Su gran valor radica en que permite visualizar lesiones muy chicas cuando todavía no son palpables en el examen físico.

No obstante, existen otros estudios complementarios de utilidad en contextos específicos. La ecografía se emplea como complemento de la mamografía, siendo especialmente útil en mujeres jóvenes que poseen mamas muy densas. En estos casos, la sensibilidad de la mamografía disminuye y la ecografía aporta claridad.

Por otro lado, la resonancia magnética por imágenes es un estudio de mucha sensibilidad que se reserva para casos puntuales y poblaciones de alto riesgo. Se indica, por ejemplo, en mujeres que presentan mutaciones genéticas, en aquellas que recibieron radioterapia en el tórax, o cuando existen dudas diagnósticas.

Si durante el examen físico o en los estudios de imágenes aparece algo sospechoso, el mastólogo solicitará un estudio complementario para confirmar el diagnóstico. Si la sospecha de malignidad es alta, el paso ineludible es indicar una biopsia por punción.

Este procedimiento no solo permite obtener la confirmación del diagnóstico, sino que resulta clave para definir qué subtipo de cáncer de mama enfrenta la paciente. “El cáncer de mama no es una única enfermedad, sino que hay diferentes subtipos que es necesario conocer antes de planificar el tratamiento”, detalla Arballo.

Estos marcan la agresividad biológica del tumor y determinan si tiene receptores para hormonas y su capacidad de dar metástasis. Con esa información, se diseña un tratamiento a medida, teniendo en cuenta la salud de la paciente, las características del tumor y el riesgo de recurrencia.

Los estadios de la enfermedad (del 1 al 4) no deben confundirse con los subtipos moleculares. Los estadios tienen que ver exclusivamente con el tamaño del tumor y con el número de ganglios comprometidos en la axila.

Avances en los tratamientos

Una gran noticia es que los tratamientos oncológicos han evolucionado en muchos sentidos durante las últimas décadas. La cirugía, que es uno de los pilares del abordaje, evolucionó hacia intervenciones menos radicales y mutilantes para la mujer.

Hace muchos años, ante la presencia de un cáncer, lo más común era recurrir a una mastectomía, que implica sacar toda la glándula mamaria. Hoy en día, el objetivo primordial es conservar la mama siempre que sea posible médicamente.

“No sacamos todos los ganglios si no son necesarios, no sacamos la mama si no es estrictamente necesaria”, tranquiliza la experta. Además, la ciencia ha desarrollado drogas que son cada vez más específicas, que van directamente dirigidas al tumor y que han prolongado la sobrevida.

En cuanto a la quimioterapia, Arballo aclara que no siempre se utiliza. Si la enfermedad se detecta temprano, el tumor es chico y no ha invadido los ganglios, muy probablemente la mujer no necesite este tratamiento. Se indica en tumores localmente avanzados, grandes, que comprometen ganglios, o en subtipos específicos que representan entre el 15% y el 20% de los casos.

Para contrarrestar la caída del cabello, que es uno de los efectos que más shockea a las mujeres, hoy existen alternativas novedosas. Se utilizan cascos fríos que congelan el folículo piloso del cuero cabelludo, dificultando la circulación de la droga por esa zona y evitando la pérdida del pelo en un gran porcentaje de pacientes.

Al ser una enfermedad multifactorial, no existe una causa única que se pueda evitar para garantizar que no aparecerá. Hay factores que no son modificables como el sexo femenino, aunque cabe destacar que el cáncer de mama también puede darse en varones, si bien es mucho menos frecuente.

La edad es otro factor porque a mayor edad, mayor es la probabilidad de tener la enfermedad. También influyen los antecedentes familiares, las mutaciones genéticas heredadas, una primera menstruación muy temprana y una menopausia tardía, ya que aumentan el tiempo de exposición a las hormonas.

Sin embargo, hay muchos factores de riesgo que sí son modificables y sobre los cuales las personas pueden actuar. El sedentarismo, la obesidad, el uso prolongado de terapia hormonal de la menopausia, no tener hijos o tenerlos después de los 35 años y no amamantar, aumentan el riesgo. El consumo de alcohol es un factor importante a tener en cuenta.

La médica advierte que por cada bebida estándar de 10 gramos de alcohol que se consume diariamente, el riesgo aumenta entre un 5% y un 7%. La obesidad también es crucial, porque la grasa corporal produce estrógenos, incluso en mujeres que ya dejaron de menstruar y esas hormonas estimulan el desarrollo del cáncer. “No hay que subestimar todos los factores de riesgo que sí se pueden modificar y que son responsables de un gran porcentaje de los tumores”, insiste.

Señales de alerta

Aunque el autoexamen mamario es útil para conocer el propio cuerpo, la médica enfatiza que nunca reemplaza a la mamografía. La presentación más frecuente de esta enfermedad es la aparición de un nódulo o bulto duro que no duele, en la mama o en la axila.

Otras señales que deben motivar una consulta urgente incluyen síntomas similares a una mastitis (mama colorada, caliente, aumentada de volumen), edema y apariencia de “piel de naranja”. También se debe estar alerta ante hundimientos o retracciones del pezón o de la piel, y eccemas o picazón en la aréola. La aparición de secreciones a través del pezón, especialmente si son de tipo sanguíneas, es un síntoma sospechoso.

El consultorio médico suele ser testigo de numerosos mitos que circulan en la sociedad y que pueden ser perjudiciales. Uno de los más comunes es creer que la radiación de la mamografía produce cáncer.

Arballo asegura que la dosis es sumamente segura. Tampoco es cierto que apretar la mama durante el estudio pueda diseminar una enfermedad preexistente.
Otro mito frecuente es la falsa sensación de seguridad por no tener antecedentes familiares. La realidad marca que entre el 70% y el 80% de los tumores de mama son esporádicos, dándose en personas sin antecedentes familiares ni genes heredados.

Respecto a la edad, muchas personas mayores creen erróneamente que ya no pueden enfermar, cuando el riesgo aumenta con los años. Asimismo, se descarta categóricamente que el uso de corpiños con aro tenga alguna relación con la aparición de tumores.

Finalmente, advierte sobre el miedo irracional a la biopsia por temor a diseminar la enfermedad. No hacerla y operar a ciegas dificulta enormemente el tratamiento posterior. Además, aclara que actualmente no existe ninguna vacuna para prevenir el cáncer de mama, a diferencia de lo que ocurre con el HPV para el cáncer de cuello uterino.

Recibir un diagnóstico de cáncer genera un impacto emocional inmenso, ya que la palabra suele tener una fuerte connotación asociada con la muerte. Es por eso que en Rosario se trabaja en Unidades de Mastología de manera interdisciplinaria.

Estos equipos están conformados no solo por mastólogos, oncólogos y radioterapeutas, sino también por psicólogos, nutricionistas y kinesiólogos.

El objetivo de este abordaje integral es acompañar a la paciente en todos los aspectos físicos y emocionales, incluyendo activamente a su familia para formar una sólida red de contención durante toda la etapa del tratamiento.

El mensaje final desde la Universidad es claro: la prevención salva vidas, los tratamientos avanzan a pasos agigantados y nunca se está sola para enfrentar esta enfermedad. # (Página 12)