Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
En una declaración de dos horas, la exsecretaria de Finanzas de la Asociación Trabajadores del Estado, Claudia Barrionuevo, aseguró que mientras compartió gestión con el secretario generalGuillermo Quiroga “nunca tuve acceso a las cuentas bancarias del gremio; tampoco tuve libros contables de gastos ni ingresos y no hubo balances ni rendiciones de cuentas ni se convocó a una asamblea de afiliados para discutir estos temas”.
Fue el primer testimonio del juicio oral y público en la Oficina Judicial de Rawson contra el secretario general de ATE. Le imputan administración fraudulenta por el desvío de $ 22.765.769 de las cuentas del sindicato hacia cuentas personales y familiares.
Según los alegatos iniciales de laUnidad Anticorrupción y las dos querellas, Quiroga usó esa plata para saldar tarjetas de crédito y débito personales y para viajes al exterior, compra de bienes muebles y membresías en asociaciones deportivas.

Entre agosto de 2019 y mayo de 2023 tuvo ingresos legítimos por $ 13.325.936,33 por su sueldo como empleado del Ministerio de Salud, pero gastó por $ 30.338.917,90. La acusación asegura que la diferencia la cubrió con la plata desviada.
Al presunto fraude lo denunció Barrionuevo. Por sus diferencias con la conducción renunció en abril de 2023. Concurrió al Banco Chubut para desvincularse de las cuentas gremiales. No pudo pero sí accedió a los extractos de movimientos.

“Había muchas operaciones sospechosas por sus montos muy importantes y por su repetición; no era algo con explicación. Me di cuenta de que mis sospechas tenían asidero y decidí denunciarlo”, le dijo a la jueza Karina Breckle. Mientras la testigo hablaba, Quiroga por momentos la perforaba con la mirada fija.
Barrionuevo declaró que el líder de ATE junto con Mirta Simone, exsecretaria administrativa del gremio, eran quienes manejaba la plata personalmente: desde comprar yerba hasta financiar movilizaciones.

La testigo no tenía ni la clave bancaria para operar electrónicamente ni sabía dónde se guardaba en el edificio del gremio la documentación contable. “Todos sabían que nunca pude cumplir con mi función en Finanzas y por esta imposibilidad, renuncié”, remarcó. “Jamás tuve posesión ni administración de los fondos de ATE ni supe en qué se gastaban porque no había comprobantes”.

La declaración tuvo largos baches de silencio cuando el defensor Oscar Romero le pidió buscar en los extractos del Banco las famosas transferencias de Quiroga para su familia. Sin sus lentes para leer, a Barrionuevo le tomó tiempo encontrar algunos depósitos para Simone y sus hijos. El defensor le hizo notar que la exmujer de Quiroga era parte del gremio y que otros miembros de la cúpula también recibieron transferencias que nadie cuestionó.

La tesis de Romero es que esos movimientos bajo la lupa fueron parte del manejo administrativo interno de ATE que Barrionuevo conocía pero sólo los reclamó con Quiroga una sola vez y verbalmente. Pueden aceptarse como irregularidades propias de la informalidad pero no delitos.
El abogado sugiere además que la presentación judicial coincidió con la elección interna en el gremio en julio de 2023, donde los denunciantes eran de la lista opositora a Quiroga.

Romero hizo dudar a la testigo cuando preguntó cómo era posible que si renunció y obtuvo los extractos en abril de 2023, figuraban movimientos hasta julio de ese año. “Pasó mucho tiempo y puedo equivocarme con las fechas”, replicó Barrionuevo.
El letrado también detectó en las planillas bancarias movimientos electrónicos de la denunciante, quien sin embargo había dicho que no tenía clave para operar virtualmente.

El inicio del debate se demoró dos horas y media porque la jueza debió escuchar, resolver y rechazar tres extensos planteos de la defensa para intentar que el proceso sea nulo.
En la sala hubo afiliados de ATE querellantes que viajaron desde Esquel junto con su abogado Alejandro Castillo. El juicio sigue este martes a las 9. El fiscal es Lucas Papini y el otro querellante esDanilo Sepúlveda, que representa a Barrionuevo.
Fotos: Daniel Feldman
Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada
En una declaración de dos horas, la exsecretaria de Finanzas de la Asociación Trabajadores del Estado, Claudia Barrionuevo, aseguró que mientras compartió gestión con el secretario generalGuillermo Quiroga “nunca tuve acceso a las cuentas bancarias del gremio; tampoco tuve libros contables de gastos ni ingresos y no hubo balances ni rendiciones de cuentas ni se convocó a una asamblea de afiliados para discutir estos temas”.
Fue el primer testimonio del juicio oral y público en la Oficina Judicial de Rawson contra el secretario general de ATE. Le imputan administración fraudulenta por el desvío de $ 22.765.769 de las cuentas del sindicato hacia cuentas personales y familiares.
Según los alegatos iniciales de laUnidad Anticorrupción y las dos querellas, Quiroga usó esa plata para saldar tarjetas de crédito y débito personales y para viajes al exterior, compra de bienes muebles y membresías en asociaciones deportivas.

Entre agosto de 2019 y mayo de 2023 tuvo ingresos legítimos por $ 13.325.936,33 por su sueldo como empleado del Ministerio de Salud, pero gastó por $ 30.338.917,90. La acusación asegura que la diferencia la cubrió con la plata desviada.
Al presunto fraude lo denunció Barrionuevo. Por sus diferencias con la conducción renunció en abril de 2023. Concurrió al Banco Chubut para desvincularse de las cuentas gremiales. No pudo pero sí accedió a los extractos de movimientos.

“Había muchas operaciones sospechosas por sus montos muy importantes y por su repetición; no era algo con explicación. Me di cuenta de que mis sospechas tenían asidero y decidí denunciarlo”, le dijo a la jueza Karina Breckle. Mientras la testigo hablaba, Quiroga por momentos la perforaba con la mirada fija.
Barrionuevo declaró que el líder de ATE junto con Mirta Simone, exsecretaria administrativa del gremio, eran quienes manejaba la plata personalmente: desde comprar yerba hasta financiar movilizaciones.

La testigo no tenía ni la clave bancaria para operar electrónicamente ni sabía dónde se guardaba en el edificio del gremio la documentación contable. “Todos sabían que nunca pude cumplir con mi función en Finanzas y por esta imposibilidad, renuncié”, remarcó. “Jamás tuve posesión ni administración de los fondos de ATE ni supe en qué se gastaban porque no había comprobantes”.

La declaración tuvo largos baches de silencio cuando el defensor Oscar Romero le pidió buscar en los extractos del Banco las famosas transferencias de Quiroga para su familia. Sin sus lentes para leer, a Barrionuevo le tomó tiempo encontrar algunos depósitos para Simone y sus hijos. El defensor le hizo notar que la exmujer de Quiroga era parte del gremio y que otros miembros de la cúpula también recibieron transferencias que nadie cuestionó.

La tesis de Romero es que esos movimientos bajo la lupa fueron parte del manejo administrativo interno de ATE que Barrionuevo conocía pero sólo los reclamó con Quiroga una sola vez y verbalmente. Pueden aceptarse como irregularidades propias de la informalidad pero no delitos.
El abogado sugiere además que la presentación judicial coincidió con la elección interna en el gremio en julio de 2023, donde los denunciantes eran de la lista opositora a Quiroga.

Romero hizo dudar a la testigo cuando preguntó cómo era posible que si renunció y obtuvo los extractos en abril de 2023, figuraban movimientos hasta julio de ese año. “Pasó mucho tiempo y puedo equivocarme con las fechas”, replicó Barrionuevo.
El letrado también detectó en las planillas bancarias movimientos electrónicos de la denunciante, quien sin embargo había dicho que no tenía clave para operar virtualmente.

El inicio del debate se demoró dos horas y media porque la jueza debió escuchar, resolver y rechazar tres extensos planteos de la defensa para intentar que el proceso sea nulo.
En la sala hubo afiliados de ATE querellantes que viajaron desde Esquel junto con su abogado Alejandro Castillo. El juicio sigue este martes a las 9. El fiscal es Lucas Papini y el otro querellante esDanilo Sepúlveda, que representa a Barrionuevo.
Fotos: Daniel Feldman