Se trata de Luciano González, quien hace cuatro años fuera visto por última vez y que su hermano, Arturo González lo denunciara públicamente.
Los restos habían sido hallados el pasado 1º de junio en Cerro Centinela y ya los familiares recibieron la notificación de la Justicia de Esquel sobre la confirmación de la identidad.
Luciano González había desaparecido en el 2009, luego de ser presuntamente aprehendido por el GEOP en Cerro Centinela y dentro del marco de lo que fue el operativo del “Mai” Bustos en Corcovado por un crimen a un suboficial de Policía y que tuvo gran repercusión.
Los restos de quien luego se confirmaría que son los de González, fueron hallados el 1 de junio de este año por un poblador, que había observado en un descampado restos óseos, presuntamente de humanos, en la zona de Cerro Centinela, distante unos 10 kilómetros de Corcovado.
De inmediato la Unidad Regional Esquel de la Policía Provincial dispuso el envío al lugar de una comisión policial, con intervención también de la División Criminalística y la Fiscalía. Al llegar al área indicada por el poblador, en cercanías de un cerro, se procedió a la extracción de huesos que estaban enterrados, con una alta probabilidad de que sean pertenecientes a un ser humano, aunque se debían esperar los resultados de las pericias de rigor.
El personal abocado al procedimiento, incluidos un forense y una antropóloga, trabajó y entregó todo lo obtenido al laboratorio criminalístico que hizo los estudios para determinar si eran restos de una persona, si se trataba de hombre o mujer, y el tiempo de permanencia en el sitio.
Sin entrar en falsas conjeturas, como referencia hay que mencionar a personas desaparecidas en aquella zona de Corcovado y Cerro Centinela, a casi 100 kilómetros de Esquel. Un caso es el de Mónica Villagrán, de cuya desaparición junto a su beba de Corcovado se cumplieron recientemente 11 años; y otro el de Luciano González.
Sobre la desaparición de Luciano González, en el 2009 su hermano Arturo contó a este diario que el hombre en ese entonces tenía 41 años, con domicilio en Dos Lagunas, zona rural de la jurisdicción de Languiñeo. Pero el 12 de marzo de ese año se juntó con su amigo Jaramillo, y se pusieron a tomar bebidas alcohólicas. Alrededor de las 20:30, una vecina que según Arturo González tenía diferencias personales con el anfitrión de la reunión, lo denunció a la Policía porque estaban bebiendo en la vía pública.
Lo cierto es que tanto Jaramillo como Luciano González fueron a parar a la Subcomisaría de Cerro Centinela, donde les tomaron los datos personales y además despojaron al último mencionado del cuchillo que llevaba en su cintura, y tras los trámites de rigor, en la dependencia policial aseguraron que los dejaron en libertad.
Pero –siempre a decir de Arturo González- ya en la calle a ambos los detuvieron integrantes del GEOP, que se encontraban en la zona en la búsqueda de “Mai” Bustos, autor de la muerte del policía Tito Roberts en Corcovado en febrero de 2009.
Según su relato, los efectivos habrían golpeado brutalmente a Luciano y al amigo Jaramillo, pero como era avanzada la noche parece que ningún vecino vio nada, y a partir de ese momento no se supo más nada de su hermano, cuyos restos fueron confirmados ayer.
Se trata de Luciano González, quien hace cuatro años fuera visto por última vez y que su hermano, Arturo González lo denunciara públicamente.
Los restos habían sido hallados el pasado 1º de junio en Cerro Centinela y ya los familiares recibieron la notificación de la Justicia de Esquel sobre la confirmación de la identidad.
Luciano González había desaparecido en el 2009, luego de ser presuntamente aprehendido por el GEOP en Cerro Centinela y dentro del marco de lo que fue el operativo del “Mai” Bustos en Corcovado por un crimen a un suboficial de Policía y que tuvo gran repercusión.
Los restos de quien luego se confirmaría que son los de González, fueron hallados el 1 de junio de este año por un poblador, que había observado en un descampado restos óseos, presuntamente de humanos, en la zona de Cerro Centinela, distante unos 10 kilómetros de Corcovado.
De inmediato la Unidad Regional Esquel de la Policía Provincial dispuso el envío al lugar de una comisión policial, con intervención también de la División Criminalística y la Fiscalía. Al llegar al área indicada por el poblador, en cercanías de un cerro, se procedió a la extracción de huesos que estaban enterrados, con una alta probabilidad de que sean pertenecientes a un ser humano, aunque se debían esperar los resultados de las pericias de rigor.
El personal abocado al procedimiento, incluidos un forense y una antropóloga, trabajó y entregó todo lo obtenido al laboratorio criminalístico que hizo los estudios para determinar si eran restos de una persona, si se trataba de hombre o mujer, y el tiempo de permanencia en el sitio.
Sin entrar en falsas conjeturas, como referencia hay que mencionar a personas desaparecidas en aquella zona de Corcovado y Cerro Centinela, a casi 100 kilómetros de Esquel. Un caso es el de Mónica Villagrán, de cuya desaparición junto a su beba de Corcovado se cumplieron recientemente 11 años; y otro el de Luciano González.
Sobre la desaparición de Luciano González, en el 2009 su hermano Arturo contó a este diario que el hombre en ese entonces tenía 41 años, con domicilio en Dos Lagunas, zona rural de la jurisdicción de Languiñeo. Pero el 12 de marzo de ese año se juntó con su amigo Jaramillo, y se pusieron a tomar bebidas alcohólicas. Alrededor de las 20:30, una vecina que según Arturo González tenía diferencias personales con el anfitrión de la reunión, lo denunció a la Policía porque estaban bebiendo en la vía pública.
Lo cierto es que tanto Jaramillo como Luciano González fueron a parar a la Subcomisaría de Cerro Centinela, donde les tomaron los datos personales y además despojaron al último mencionado del cuchillo que llevaba en su cintura, y tras los trámites de rigor, en la dependencia policial aseguraron que los dejaron en libertad.
Pero –siempre a decir de Arturo González- ya en la calle a ambos los detuvieron integrantes del GEOP, que se encontraban en la zona en la búsqueda de “Mai” Bustos, autor de la muerte del policía Tito Roberts en Corcovado en febrero de 2009.
Según su relato, los efectivos habrían golpeado brutalmente a Luciano y al amigo Jaramillo, pero como era avanzada la noche parece que ningún vecino vio nada, y a partir de ese momento no se supo más nada de su hermano, cuyos restos fueron confirmados ayer.