"Quiero mirarlo a la cara y preguntarle por qué mató a mi hijo"

El padre de Rodrigo Colihuinca regresó a Trelew para conocer la verdad sobre la muerte de su hijo Rodrigo después de más de una década. La familia se radicó en Paso de Indios donde descansan los restos de su único hijo varón. La confesión de Brian Muñoz les devolvió las esperanzas de que se haga Justicia. El hombre, padre de dos hijas y ya abuelo, necesita saber todas las respuestas para que su hijo pueda descansar en paz

03 JUN 2024 - 18:35 | Actualizado 03 JUN 2024 - 20:43

Desde que mataron a Rodrigo Colihuinca, hace más de una década, la familia se mudó a Paso de Indios y no quiso volver más a Trelew.

El padre, Juan Colihuinca, está de regreso en el Pueblo de Luis para conocer la verdad sobre la muerte de su hijo. Rodrigo apareció en marzo del 2012 descuartizado en el barrio Malvinas.

La confesión de Braian Muñoz, quien está internado, dio un giro en la causa que parecía que iba a quedar en la nada. La familia Colihuinca, ahora, busca respuestas para que Rodrigo descanse en paz.

“No me lo van a devolver a Rodrigo, pero voy a mirarlo a la cara preguntarle por qué le hizo eso a mi hijo”, dijo Colihuinca en los estudios de Cadena Tiempo en La Linterna.

Colihuinca sepultó los restos de Rodrigo en Paso de Indios. La familia rehízo su vida y en la intimidad del hogar todavía siguen hablando al único hijo varón como si estuviera.

Una de las hermanas se quedó en el pueblo y la otra se recibió de maestra jardinera en Esquel y regresó con la familia. Juan Colihuinca confiesa que hoy trata de “llenar el vacío” que dejó Rodrigo con sus nietos.


TODA LA VERDAD

Colihuinca llegó para estar en la audiencia de control de detención de Braian Muñoz, quien se descompensó y todo indica que va a seguir internado.

Según le dijeron en la Fiscalía, lo más probable es que la audiencia pase para la semana que viene.

Lo primero que reparó el padre es que esta persona que confesó, tiene la misma edad que hoy tendría Rodrigo (29 años), signo inequívoco que lo lleva a pensar que quizás se conocían.

El detenido, a su vez, es el hermano de una persona que desde el principio había estado en la mira de los investigadores.

LA DESAPARICIÓN

Rodrigo, de 17 años, estaba cursando el último año en la Escuela 712 de Trelew. Era buen alumno, no tenía problemas con nadie.

El día que lo mataron llegó a casa después del mediodía como era habitual. Nada hacía pensar que esa noche no regresaría y días después encontrarían su cuerpo descuartizado.

Por la tarde, a las 14 horas, le dijo a su hermana que volvía a la escuela a “buscar información” para hacer un trabajo práctico.

Juan Colihuinca, que había llegado del trabajo, lo llamó a las 18 y luego a las 19 horas, para encontrarse con él en el centro y regresar juntos al barrio.


El teléfono sonaba pero Rodrigo no atendía, rememoró el padre esa tarde. El hijo siempre regresaba a casa temprano. No era de andar de noche. Colihuinca presentía que algo no estaba bien.

Para las 22 horas, el padre fue a hacer la denuncia a la Subcomisaría del INTA y de ahí lo derivaron a la Comisaría Tercera. El celular seguía sonando, pero no atendía nadie.

“Me dijeron que no podían recibir la denuncia porque hacía poquitas horas que había desaparecido”, contó Juan Colihuinca.

DEL INTA A LA ESCUELA

El padre nunca llegó a saber si Rodrigo llegó a la Escuela 712, la tarde que desapareció. La hermana, en ese instante, no se fijó si tomó el colectivo para el centro o se desvió al barrio Amaya.

Todos los días Rodrigo caminaba desde su casa en el barrio INTA hasta el centro. “Las cámaras nunca lo registraron”, contó.

Colihuinca sospecha que alguien tuvo que haberlo “reconocido” en ese trayecto de varias cuadras. “Pienso que lo agarraron de día o lo puede haber citado alguien que lo conocía y fue”, especuló.

A Rodrigo le robaron 50 pesos, una mochila, una campera, el celular. El móvil del crimen y la saña con que descartaron el cuerpo aún no termina de explicarse.

“Rodrigo era muy confianzudo con la gente”, dice el padre que no le extrañaría que su hijo hubiera sido emboscado.


EL MISMO CÍRCULO

A juzgar por lo que sabe, el padre está convencido de que todo queda en un mismo círculo cerrado. “La casa (allanada) quedaba en el camino donde pasaba Rodrigo, igual que la casa donde se encontró el celular”.

El teléfono de Rodrigo, otro de los enigmas de este caso, apareció en un allanamiento meses después de crimen. Sin embargo, nunca llegaron a probar una conexión directa con quienes lo tenían en su poder.

“El celular de mi hijo lo estaba usando una mujer, yo no lo vi. Hacía meses que lo estaban usando con otro chip”, dice el padre.

Los apuntados justificaron que el teléfono lo habían comprado en una feria de la calle Canal, pero a la familia de la víctima nunca terminó de cerrarle.

Enterate de las noticias de POLICIALES a través de nuestro newsletter

Anotate para recibir las noticias más importantes de esta sección.

Te podés dar de baja en cualquier momento con un solo clic.
03 JUN 2024 - 18:35

Desde que mataron a Rodrigo Colihuinca, hace más de una década, la familia se mudó a Paso de Indios y no quiso volver más a Trelew.

El padre, Juan Colihuinca, está de regreso en el Pueblo de Luis para conocer la verdad sobre la muerte de su hijo. Rodrigo apareció en marzo del 2012 descuartizado en el barrio Malvinas.

La confesión de Braian Muñoz, quien está internado, dio un giro en la causa que parecía que iba a quedar en la nada. La familia Colihuinca, ahora, busca respuestas para que Rodrigo descanse en paz.

“No me lo van a devolver a Rodrigo, pero voy a mirarlo a la cara preguntarle por qué le hizo eso a mi hijo”, dijo Colihuinca en los estudios de Cadena Tiempo en La Linterna.

Colihuinca sepultó los restos de Rodrigo en Paso de Indios. La familia rehízo su vida y en la intimidad del hogar todavía siguen hablando al único hijo varón como si estuviera.

Una de las hermanas se quedó en el pueblo y la otra se recibió de maestra jardinera en Esquel y regresó con la familia. Juan Colihuinca confiesa que hoy trata de “llenar el vacío” que dejó Rodrigo con sus nietos.


TODA LA VERDAD

Colihuinca llegó para estar en la audiencia de control de detención de Braian Muñoz, quien se descompensó y todo indica que va a seguir internado.

Según le dijeron en la Fiscalía, lo más probable es que la audiencia pase para la semana que viene.

Lo primero que reparó el padre es que esta persona que confesó, tiene la misma edad que hoy tendría Rodrigo (29 años), signo inequívoco que lo lleva a pensar que quizás se conocían.

El detenido, a su vez, es el hermano de una persona que desde el principio había estado en la mira de los investigadores.

LA DESAPARICIÓN

Rodrigo, de 17 años, estaba cursando el último año en la Escuela 712 de Trelew. Era buen alumno, no tenía problemas con nadie.

El día que lo mataron llegó a casa después del mediodía como era habitual. Nada hacía pensar que esa noche no regresaría y días después encontrarían su cuerpo descuartizado.

Por la tarde, a las 14 horas, le dijo a su hermana que volvía a la escuela a “buscar información” para hacer un trabajo práctico.

Juan Colihuinca, que había llegado del trabajo, lo llamó a las 18 y luego a las 19 horas, para encontrarse con él en el centro y regresar juntos al barrio.


El teléfono sonaba pero Rodrigo no atendía, rememoró el padre esa tarde. El hijo siempre regresaba a casa temprano. No era de andar de noche. Colihuinca presentía que algo no estaba bien.

Para las 22 horas, el padre fue a hacer la denuncia a la Subcomisaría del INTA y de ahí lo derivaron a la Comisaría Tercera. El celular seguía sonando, pero no atendía nadie.

“Me dijeron que no podían recibir la denuncia porque hacía poquitas horas que había desaparecido”, contó Juan Colihuinca.

DEL INTA A LA ESCUELA

El padre nunca llegó a saber si Rodrigo llegó a la Escuela 712, la tarde que desapareció. La hermana, en ese instante, no se fijó si tomó el colectivo para el centro o se desvió al barrio Amaya.

Todos los días Rodrigo caminaba desde su casa en el barrio INTA hasta el centro. “Las cámaras nunca lo registraron”, contó.

Colihuinca sospecha que alguien tuvo que haberlo “reconocido” en ese trayecto de varias cuadras. “Pienso que lo agarraron de día o lo puede haber citado alguien que lo conocía y fue”, especuló.

A Rodrigo le robaron 50 pesos, una mochila, una campera, el celular. El móvil del crimen y la saña con que descartaron el cuerpo aún no termina de explicarse.

“Rodrigo era muy confianzudo con la gente”, dice el padre que no le extrañaría que su hijo hubiera sido emboscado.


EL MISMO CÍRCULO

A juzgar por lo que sabe, el padre está convencido de que todo queda en un mismo círculo cerrado. “La casa (allanada) quedaba en el camino donde pasaba Rodrigo, igual que la casa donde se encontró el celular”.

El teléfono de Rodrigo, otro de los enigmas de este caso, apareció en un allanamiento meses después de crimen. Sin embargo, nunca llegaron a probar una conexión directa con quienes lo tenían en su poder.

“El celular de mi hijo lo estaba usando una mujer, yo no lo vi. Hacía meses que lo estaban usando con otro chip”, dice el padre.

Los apuntados justificaron que el teléfono lo habían comprado en una feria de la calle Canal, pero a la familia de la víctima nunca terminó de cerrarle.