Volver a empezar, dijo Milton Solís. Y no fue una frase. Fue una sentencia tallada en ceniza. Poblador de Villa Lago Rivadavia, Milton vio cómo el fuego le devoró casi todo el ganado. Donde antes había vida, mugidos y futuro, quedaron huesos negros y silencio caliente.
Con manos de pueblo armó una cuadrilla de autoconvocados. Sin sellos, sin discursos, sin promesas. Junto a la gente de Cholila le plantaron cara al infierno dos veces. Dos veces lo empujaron hacia atrás. Pero a la tercera, el fuegoganó.

“Volveremos a arrancar desde cero”, dijo.
Desde cero es desde la nada. Desde el barro quemado. Desde la pérdida total.
Nunca pidió subsidios. Nunca esperó aportes del Estado. Su capital fue siempre el lomo, el alambre, el frío y el sol. La dignidad como única cuenta corriente. Al lado suyo, su hijo: aprendiendo el oficio justo cuando el oficio ardía. Heredando no solo el trabajo, sino la derrota y la bronca.

Impotencia de ver cómo el fuego avanza más rápido que cualquier ayuda. Bronca de saber que la tierra se defiende con el cuerpo mientras otros la miran arder desde lejos.
El fuego ganó, sí. Pero no sin pelea. No sin nombres. No sin hombres
Y en medio de las brasas, Milton agradeció a la gente. A los que llegaron sin preguntar, a los que tiraron agua, pala, coraje. Porque cuando todo se quema, lo único que no arde es la solidaridad.

La cordillera humea. Pero todavía hay quienes, con las manos negras y el corazón en llamas, se niegan a rendirse.
(Video de Franco Peláez)

Volver a empezar, dijo Milton Solís. Y no fue una frase. Fue una sentencia tallada en ceniza. Poblador de Villa Lago Rivadavia, Milton vio cómo el fuego le devoró casi todo el ganado. Donde antes había vida, mugidos y futuro, quedaron huesos negros y silencio caliente.
Con manos de pueblo armó una cuadrilla de autoconvocados. Sin sellos, sin discursos, sin promesas. Junto a la gente de Cholila le plantaron cara al infierno dos veces. Dos veces lo empujaron hacia atrás. Pero a la tercera, el fuegoganó.

“Volveremos a arrancar desde cero”, dijo.
Desde cero es desde la nada. Desde el barro quemado. Desde la pérdida total.
Nunca pidió subsidios. Nunca esperó aportes del Estado. Su capital fue siempre el lomo, el alambre, el frío y el sol. La dignidad como única cuenta corriente. Al lado suyo, su hijo: aprendiendo el oficio justo cuando el oficio ardía. Heredando no solo el trabajo, sino la derrota y la bronca.

Impotencia de ver cómo el fuego avanza más rápido que cualquier ayuda. Bronca de saber que la tierra se defiende con el cuerpo mientras otros la miran arder desde lejos.
El fuego ganó, sí. Pero no sin pelea. No sin nombres. No sin hombres
Y en medio de las brasas, Milton agradeció a la gente. A los que llegaron sin preguntar, a los que tiraron agua, pala, coraje. Porque cuando todo se quema, lo único que no arde es la solidaridad.

La cordillera humea. Pero todavía hay quienes, con las manos negras y el corazón en llamas, se niegan a rendirse.
(Video de Franco Peláez)