“Hoy la gente entra a trabajar con miedo. Cada vez que suena el timbre después del horario de atención, miran quién viene porque puede ser un escribano con un acta de despido”, aseguró el referente bancario Jorge Uliarte.
Uliarte explicó que el proceso de achique no es nuevo, pero sí se profundizó a partir del avance tecnológico y las políticas económicas del gobierno nacional.
“Después de las decisiones que tomó este gobierno y con la tecnología avanzando a pasos agigantados, sabíamos que esto iba a ser complicado”, marcó. A ese escenario —dijo— se suma un derrumbe general de la actividad comercial en Comodoro Rivadavia. “Caminás por el centro y es desolador: carteles de cierre por todos lados, menos autos, menos gente, más lugares para estacionar, eso que antes era impensado”.
El referente de la Bancaria, recordó que Santander llegó a operar hasta cinco sucursales en la ciudad. “La última adquisición fue el City. En esa época el auge permitía sostener estructuras grandes. Hoy la tecnología avanzó, la rentabilidad ya no es la que ellos quieren y directamente te dicen ‘esto no es rentable, no va más’”.
Según el dirigente, la estrategia se repite en casi todos los bancos privados: reducción de personal, retiros “amigables” y cierres escalonados. “Te empiezan a subir los presupuestos internos, te dicen que no da y empiezan a ofrecer alternativas para que la gente se vaya. Algunos aceptan, otros no”.
Pero lo que más indigna a los empleados —afirmó— es la manera en que se ejecutan los despidos. “Santander funciona como si fuera una película: viene un escribano, te llama, te dice que desde ese momento no pertenecés más a la empresa y te dan de baja en la AFIP. Es así, crudo. Te tratan como si fueras un número, un delincuente. Es humillante”.
Uliarte advirtió que muchas entidades están reorganizando el funcionamiento interno para avanzar hacia esquemas de teletrabajo, plataformas digitales y contratos precarizados. “No hablan de relación de dependencia: quieren gente trabajando desde su casa, con sus computadoras, sus sillas y su luz, todo a cargo del trabajador. Para el banco es una maravilla: menos costos, menos estructura, más rentabilidad”, describió.
Además, señaló que los bancos oficiales tampoco incorporan personal al ritmo necesario. “En un momento tuvimos 530 afiliados; hoy somos 400. Cada jubilación es un puesto que no se repone”.

“Hoy la gente entra a trabajar con miedo. Cada vez que suena el timbre después del horario de atención, miran quién viene porque puede ser un escribano con un acta de despido”, aseguró el referente bancario Jorge Uliarte.
Uliarte explicó que el proceso de achique no es nuevo, pero sí se profundizó a partir del avance tecnológico y las políticas económicas del gobierno nacional.
“Después de las decisiones que tomó este gobierno y con la tecnología avanzando a pasos agigantados, sabíamos que esto iba a ser complicado”, marcó. A ese escenario —dijo— se suma un derrumbe general de la actividad comercial en Comodoro Rivadavia. “Caminás por el centro y es desolador: carteles de cierre por todos lados, menos autos, menos gente, más lugares para estacionar, eso que antes era impensado”.
El referente de la Bancaria, recordó que Santander llegó a operar hasta cinco sucursales en la ciudad. “La última adquisición fue el City. En esa época el auge permitía sostener estructuras grandes. Hoy la tecnología avanzó, la rentabilidad ya no es la que ellos quieren y directamente te dicen ‘esto no es rentable, no va más’”.
Según el dirigente, la estrategia se repite en casi todos los bancos privados: reducción de personal, retiros “amigables” y cierres escalonados. “Te empiezan a subir los presupuestos internos, te dicen que no da y empiezan a ofrecer alternativas para que la gente se vaya. Algunos aceptan, otros no”.
Pero lo que más indigna a los empleados —afirmó— es la manera en que se ejecutan los despidos. “Santander funciona como si fuera una película: viene un escribano, te llama, te dice que desde ese momento no pertenecés más a la empresa y te dan de baja en la AFIP. Es así, crudo. Te tratan como si fueras un número, un delincuente. Es humillante”.
Uliarte advirtió que muchas entidades están reorganizando el funcionamiento interno para avanzar hacia esquemas de teletrabajo, plataformas digitales y contratos precarizados. “No hablan de relación de dependencia: quieren gente trabajando desde su casa, con sus computadoras, sus sillas y su luz, todo a cargo del trabajador. Para el banco es una maravilla: menos costos, menos estructura, más rentabilidad”, describió.
Además, señaló que los bancos oficiales tampoco incorporan personal al ritmo necesario. “En un momento tuvimos 530 afiliados; hoy somos 400. Cada jubilación es un puesto que no se repone”.