El administrador general de Recursos Hídricos del Instituto Provincial del Agua (IPA), Esteban Parra, advirtió este viernes en una entrevista con el programaMañana G por Jornada Radio sobre la caída sostenida de los aportes de agua al Dique Ameghino y el uso ineficiente del recurso. Destacó la reducción histórica en el consumo para riego, la necesidad de regular tomas clandestinas y la urgencia de cambiar hábitos para evitar un escenario crítico en el futuro.
En un contexto marcado por la disminución de los caudales y una tendencia climática cada vez más incierta, Parra llevó un mensaje clar: la provincia atraviesa una sequía relevante, aunque todavía administrable si se sostienen las políticas de ahorro y planificación. “Estamos mal, pero no tan mal”, sintetizó, al explicar que los datos técnicos permiten transmitir cierta tranquilidad mientras se monitorea la evolución de los embalses.
La magnitud del problema es visible tanto en los registros oficiales como en la percepción cotidiana de la comunidad. Sin embargo, el funcionario remarcó que se viene realizando un trabajo silencioso para optimizar el uso del recurso, especialmente junto a los grandes consumidores aguas abajo del Dique Florentino Ameghino, donde el sistema de riego logró una reducción inédita.
Advirtió que en un año normal el consumo ronda los 550 hectómetros cúbicos, pero el ciclo actual cerrará cerca de los 320. “La clave estuvo en mejorar controles, evitar pérdidas hacia drenajes y administrar el agua sin dejar a ningún productor sin riego. El ahorro se ubicó entre el 20% y el 25%, un resultado que Parra atribuyó a la coordinación entre organismos, municipios y usuarios”, dijo.
El desafío, advirtió, es sostener ese esfuerzo en el tiempo. “Tenemos que hacer un trabajo continuo para cuidar el consumo”, afirmó, y extendió el planteo al agua potable. Mientras el diseño estándar prevé unos 250 litros por habitante por día, en muchos lugares el consumo supera esa cifra ampliamente, muy lejos de los niveles europeos que rondan los 100 litros.
En paralelo, equipos técnicos del Comité de Cuenca -integrado por universidades y organismos científicos- avanzan en la revisión del caudal ecológico y en nuevas normas de manejo del embalse. Se trata de una mirada multidisciplinaria que busca equilibrar producción, ambiente y disponibilidad futura.
El escenario climático agrega otra variable de incertidumbre. La provincia depende en gran medida de las precipitaciones del lado del Océano Pacífico, por lo que fenómenos como "La Niña" -asociada a menores lluvias- o "El Niño" -vinculado a mayores aportes de agua- son determinantes.
Hoy el sistema se encuentra en una fase neutral con tendencia hacia un posible Niño, lo que podría aportar algo más de agua, aunque la serie histórica muestra una baja pronunciada: de 57,84 hectómetros cúbicos en enero de 2021 a apenas 2,32 en enero de 2026.
Parra identificó además un problema estructural: el crecimiento de usuarios clandestinos aguas arriba del Dique, particularmente sobre el río Chubut y el río Senguerr. Donde antes se regaban unas 3.000 hectáreas, hoy la superficie se acerca a las 20.000. Esa expansión irregular reduce el caudal disponible para el resto del sistema.
Para revertirlo, el organismo inició un proceso de relevamiento, inspecciones y regularización apoyado en datos catastrales e imágenes satelitales. Los resultados ya son visibles: de 2.500 hectáreas bajo riego regularizadas a fines de 2024 se pasó a otras 14.000 hacia finales de 2025.

En materia de infraestructura, recordó que una obra clave pendiente es el dique compensador Las Piedras, pensado como complemento del sistema actual para mejorar la regulación y contener crecidas de arroyos que hoy no pueden controlarse. Aunque reconoció la dificultad de encarar grandes proyectos, sugirió que la combinación entre generación hidroeléctrica y parques eólicos podría abrir una puerta para retomarlo.
Rada Tilly
El funcionario destacó ejemplos locales que demuestran que el cambio es posible. Rada Tilly, con medidores en la totalidad de los hogares, registra consumos por debajo de los 100 litros diarios por habitante, un nivel comparable al europeo. En contraste, muchas ciudades superan los 250. También valoró avances en Puerto Madryn y Playa Unión, donde las políticas de medición ayudaron a generar conciencia.
La eficiencia en riego también muestra progresos. El sistema del Valle Inferior del Río Chubut pasó de un rendimiento cercano al 25% a aproximadamente el 50% en los últimos quince años, todavía por debajo del 65% que exhibe Mendoza pero con una mejora sostenida.
Para dimensionar la urgencia, Parra aportó un dato contundente: cada 45 días se descarga al mar un volumen de agua dulce equivalente al consumo anual de los cerca de 350.000 habitantes del valle. La discusión sobre el caudal ecológico, explicó, apunta justamente a encontrar un equilibrio que permita preservar el río sin desperdiciar un recurso cada vez más escaso.
“El mensaje principal es seguir trabajando para hacer eficiente el consumo, tanto en el agua potable como en el riego”, concluyó. Porque, más allá de las obras o la tecnología, el futuro hídrico dependerá también de conductas cotidianas. Cerrar una canilla, reparar pérdidas y medir el consumo pueden ser gestos mínimos, pero decisivos ante un escenario que exige planificación y responsabilidad colectiva.

El administrador general de Recursos Hídricos del Instituto Provincial del Agua (IPA), Esteban Parra, advirtió este viernes en una entrevista con el programaMañana G por Jornada Radio sobre la caída sostenida de los aportes de agua al Dique Ameghino y el uso ineficiente del recurso. Destacó la reducción histórica en el consumo para riego, la necesidad de regular tomas clandestinas y la urgencia de cambiar hábitos para evitar un escenario crítico en el futuro.
En un contexto marcado por la disminución de los caudales y una tendencia climática cada vez más incierta, Parra llevó un mensaje clar: la provincia atraviesa una sequía relevante, aunque todavía administrable si se sostienen las políticas de ahorro y planificación. “Estamos mal, pero no tan mal”, sintetizó, al explicar que los datos técnicos permiten transmitir cierta tranquilidad mientras se monitorea la evolución de los embalses.
La magnitud del problema es visible tanto en los registros oficiales como en la percepción cotidiana de la comunidad. Sin embargo, el funcionario remarcó que se viene realizando un trabajo silencioso para optimizar el uso del recurso, especialmente junto a los grandes consumidores aguas abajo del Dique Florentino Ameghino, donde el sistema de riego logró una reducción inédita.
Advirtió que en un año normal el consumo ronda los 550 hectómetros cúbicos, pero el ciclo actual cerrará cerca de los 320. “La clave estuvo en mejorar controles, evitar pérdidas hacia drenajes y administrar el agua sin dejar a ningún productor sin riego. El ahorro se ubicó entre el 20% y el 25%, un resultado que Parra atribuyó a la coordinación entre organismos, municipios y usuarios”, dijo.
El desafío, advirtió, es sostener ese esfuerzo en el tiempo. “Tenemos que hacer un trabajo continuo para cuidar el consumo”, afirmó, y extendió el planteo al agua potable. Mientras el diseño estándar prevé unos 250 litros por habitante por día, en muchos lugares el consumo supera esa cifra ampliamente, muy lejos de los niveles europeos que rondan los 100 litros.
En paralelo, equipos técnicos del Comité de Cuenca -integrado por universidades y organismos científicos- avanzan en la revisión del caudal ecológico y en nuevas normas de manejo del embalse. Se trata de una mirada multidisciplinaria que busca equilibrar producción, ambiente y disponibilidad futura.
El escenario climático agrega otra variable de incertidumbre. La provincia depende en gran medida de las precipitaciones del lado del Océano Pacífico, por lo que fenómenos como "La Niña" -asociada a menores lluvias- o "El Niño" -vinculado a mayores aportes de agua- son determinantes.
Hoy el sistema se encuentra en una fase neutral con tendencia hacia un posible Niño, lo que podría aportar algo más de agua, aunque la serie histórica muestra una baja pronunciada: de 57,84 hectómetros cúbicos en enero de 2021 a apenas 2,32 en enero de 2026.
Parra identificó además un problema estructural: el crecimiento de usuarios clandestinos aguas arriba del Dique, particularmente sobre el río Chubut y el río Senguerr. Donde antes se regaban unas 3.000 hectáreas, hoy la superficie se acerca a las 20.000. Esa expansión irregular reduce el caudal disponible para el resto del sistema.
Para revertirlo, el organismo inició un proceso de relevamiento, inspecciones y regularización apoyado en datos catastrales e imágenes satelitales. Los resultados ya son visibles: de 2.500 hectáreas bajo riego regularizadas a fines de 2024 se pasó a otras 14.000 hacia finales de 2025.

En materia de infraestructura, recordó que una obra clave pendiente es el dique compensador Las Piedras, pensado como complemento del sistema actual para mejorar la regulación y contener crecidas de arroyos que hoy no pueden controlarse. Aunque reconoció la dificultad de encarar grandes proyectos, sugirió que la combinación entre generación hidroeléctrica y parques eólicos podría abrir una puerta para retomarlo.
Rada Tilly
El funcionario destacó ejemplos locales que demuestran que el cambio es posible. Rada Tilly, con medidores en la totalidad de los hogares, registra consumos por debajo de los 100 litros diarios por habitante, un nivel comparable al europeo. En contraste, muchas ciudades superan los 250. También valoró avances en Puerto Madryn y Playa Unión, donde las políticas de medición ayudaron a generar conciencia.
La eficiencia en riego también muestra progresos. El sistema del Valle Inferior del Río Chubut pasó de un rendimiento cercano al 25% a aproximadamente el 50% en los últimos quince años, todavía por debajo del 65% que exhibe Mendoza pero con una mejora sostenida.
Para dimensionar la urgencia, Parra aportó un dato contundente: cada 45 días se descarga al mar un volumen de agua dulce equivalente al consumo anual de los cerca de 350.000 habitantes del valle. La discusión sobre el caudal ecológico, explicó, apunta justamente a encontrar un equilibrio que permita preservar el río sin desperdiciar un recurso cada vez más escaso.
“El mensaje principal es seguir trabajando para hacer eficiente el consumo, tanto en el agua potable como en el riego”, concluyó. Porque, más allá de las obras o la tecnología, el futuro hídrico dependerá también de conductas cotidianas. Cerrar una canilla, reparar pérdidas y medir el consumo pueden ser gestos mínimos, pero decisivos ante un escenario que exige planificación y responsabilidad colectiva.