La “guerra” en el IPP por las milanesas y los salamines

Varios internos del Instituto Penitenciario Provincial se quejaron por las nuevas prohibiciones para ingresar comida. También reclamaron por la ropa que sus familiares ya no pueden vestir en las visitas. Si el miércoles no hay acuerdo, lo decidirá un juez.

20 MAR 2026 - 13:43 | Actualizado 20 MAR 2026 - 14:04

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada

Ni milanesas ni salamines ni croquetas ni tartas. Por razones de seguridad, desde este mes los presos del Instituto Penitenciario Provincial sobre ruta 3 ya no podrán recibir estos alimentos en las visitas familiares.

Buena parte de los internos lo consideraron un abuso de autoridad y firmaron un reclamo al juez Marcelo Di Biase afirmando que las nuevas restricciones para su vida carcelaria son ilegales por “incoherentes, contradictorias, crueles y absurdas”. Creen que la idea es no tener que revisar el contenido de tanta comida.

La subcomisaria Pamela Vásquez, jefa del Área de Visitas del IPP, también los notificó de un flamante “Código de Vestimenta”: las mujeres que visiten el penal no podrán vestir calzas, camperas con capucha, bufandas, gorritos ni cuellos polares.

En una audiencia este viernes en Trelew, Di Biase escuchó por videoconferencia desde el penal a Pablo Hualpa, vocero de los presos que lleva 7 años detenido. El interno quitó responsabilidad al personal del penal y apuntó a las políticas penitenciarias oficiales. “No hay recursos materiales ni humanos y se ven obligados a aliviar y evitar el trabajo de la requisa a costa de nuestra alimentación”.

Guerra

En el irónico texto para el magistrado, los internos advierten que en el IPP se desató una “guerra contra el salamín y las milanesas”. El salamín sólo podrán comerlo en la sala de visitas.

“Es una medida sin sentido de seguridad, ya que sí se pueden ingresar sandwiches de miga o carne cocida; una milanesa o un salamín cortado no representan un riesgo mayor”, explicaron.

Los presos aseguran que los obligan a desperdiciar comida. “Al permitir pizza o salchichas sólo para consumo en sala y prohibir llevar el sobrante al pabellón, fuerzan a tirar la comida. Es un trato cruel, un ataque y una sanción económica indirecta a nuestras familias, que compran con gran esfuerzo”.

El penal tampoco permite tartas ni croquetas de acelga ni arroz: “¿Cuál es el riesgo de una croqueta que no tenga un sandwich? Ninguno, simplemente no quieren cortarlas para ver qué hay dentro. Son prohibiciones basadas en la comodidad del personal”.

También les exigen que el yogurt, los jugos y los duraznos en almíbar se traspasen a botellas y tuppers para poder ingresarlos. “Aumenta el riesgo de contaminación cruzada y pérdida de higiene en un ambiente que ya de por sí es difícil”.

Los internos se quejaron porque a la cárcel sólo se puede ingresar café en sus formatos más caros: saquito o frasco cerrado. “Prohíben el paquete de cuarto o medio kilo, que es la que una familia trabajadora de escasos recursos puede pagar”.

Los presos le dijeron al juez Di Biase que las nuevas restricciones agravan sus condiciones de detención y desembocan en una pérdida de derechos. “Esto contradice el principio de resocialización y trato digno”.

“Se prohíben alimentos básicos bajo el pretexto de la carga de trabajo en la requisa. Se rompe la cadena de frío al abrir blísters de fiambres y lácteos al vacío y demorar la entrega hasta 7 horas, generando riesgo de intoxicación”.

La ropa

El penal limitó el tipo de abrigo que las mujeres pueden vestir en las visitas. “El protocolo de vestimenta exigido a nuestras familias es desproporcionado y deshumanizante”, escribieron. Ya no podrán entrar a la cárcel con camperas con capucha, bufandas, guantes y cuellitos. “Losobligan a caminar desde la ruta 3 y es una forma de tortura física y psicológica”.

Tampoco podrán usar calzas. “Es una prenda económica y de abrigo; es una medida sexista que busca humillar y desalentar la visita, vulnerando el derecho al vínculo familiar y atacando a madres y abuelas”.

Explicación

En la audiencia, la subcomisario Vázquez explicó que las capuchas se prohíben para permitir que las cámaras de seguridad graben los rostros. También se trata de evitar que el color de la ropa se confunda con el uniforme de los policías.

Reveló que muchas mujeres llegan de visita al penal con calzas muy ajustadas y llamativamente traslúcidas, que dejan ver partes del cuerpo. “Después genera problemas internos si un interno mira a la pareja o la hija de otro; no es ropa adecuada”.

A propuesta del defensor público Sergio Rey, el miércoles temprano referentes de esa área para discutir el tema se reunirán en el IPP con la cúpula del penal, el Servicio Social y la Dirección de Políticas Penitenciarias del Ministerio de Seguridad.

Si ese diálogo no resuelve el reclamo, lo decidirá el juez Di Biase.

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20 MAR 2026 - 13:43

Por Rolando Tobarez / Redacción Jornada

Ni milanesas ni salamines ni croquetas ni tartas. Por razones de seguridad, desde este mes los presos del Instituto Penitenciario Provincial sobre ruta 3 ya no podrán recibir estos alimentos en las visitas familiares.

Buena parte de los internos lo consideraron un abuso de autoridad y firmaron un reclamo al juez Marcelo Di Biase afirmando que las nuevas restricciones para su vida carcelaria son ilegales por “incoherentes, contradictorias, crueles y absurdas”. Creen que la idea es no tener que revisar el contenido de tanta comida.

La subcomisaria Pamela Vásquez, jefa del Área de Visitas del IPP, también los notificó de un flamante “Código de Vestimenta”: las mujeres que visiten el penal no podrán vestir calzas, camperas con capucha, bufandas, gorritos ni cuellos polares.

En una audiencia este viernes en Trelew, Di Biase escuchó por videoconferencia desde el penal a Pablo Hualpa, vocero de los presos que lleva 7 años detenido. El interno quitó responsabilidad al personal del penal y apuntó a las políticas penitenciarias oficiales. “No hay recursos materiales ni humanos y se ven obligados a aliviar y evitar el trabajo de la requisa a costa de nuestra alimentación”.

Guerra

En el irónico texto para el magistrado, los internos advierten que en el IPP se desató una “guerra contra el salamín y las milanesas”. El salamín sólo podrán comerlo en la sala de visitas.

“Es una medida sin sentido de seguridad, ya que sí se pueden ingresar sandwiches de miga o carne cocida; una milanesa o un salamín cortado no representan un riesgo mayor”, explicaron.

Los presos aseguran que los obligan a desperdiciar comida. “Al permitir pizza o salchichas sólo para consumo en sala y prohibir llevar el sobrante al pabellón, fuerzan a tirar la comida. Es un trato cruel, un ataque y una sanción económica indirecta a nuestras familias, que compran con gran esfuerzo”.

El penal tampoco permite tartas ni croquetas de acelga ni arroz: “¿Cuál es el riesgo de una croqueta que no tenga un sandwich? Ninguno, simplemente no quieren cortarlas para ver qué hay dentro. Son prohibiciones basadas en la comodidad del personal”.

También les exigen que el yogurt, los jugos y los duraznos en almíbar se traspasen a botellas y tuppers para poder ingresarlos. “Aumenta el riesgo de contaminación cruzada y pérdida de higiene en un ambiente que ya de por sí es difícil”.

Los internos se quejaron porque a la cárcel sólo se puede ingresar café en sus formatos más caros: saquito o frasco cerrado. “Prohíben el paquete de cuarto o medio kilo, que es la que una familia trabajadora de escasos recursos puede pagar”.

Los presos le dijeron al juez Di Biase que las nuevas restricciones agravan sus condiciones de detención y desembocan en una pérdida de derechos. “Esto contradice el principio de resocialización y trato digno”.

“Se prohíben alimentos básicos bajo el pretexto de la carga de trabajo en la requisa. Se rompe la cadena de frío al abrir blísters de fiambres y lácteos al vacío y demorar la entrega hasta 7 horas, generando riesgo de intoxicación”.

La ropa

El penal limitó el tipo de abrigo que las mujeres pueden vestir en las visitas. “El protocolo de vestimenta exigido a nuestras familias es desproporcionado y deshumanizante”, escribieron. Ya no podrán entrar a la cárcel con camperas con capucha, bufandas, guantes y cuellitos. “Losobligan a caminar desde la ruta 3 y es una forma de tortura física y psicológica”.

Tampoco podrán usar calzas. “Es una prenda económica y de abrigo; es una medida sexista que busca humillar y desalentar la visita, vulnerando el derecho al vínculo familiar y atacando a madres y abuelas”.

Explicación

En la audiencia, la subcomisario Vázquez explicó que las capuchas se prohíben para permitir que las cámaras de seguridad graben los rostros. También se trata de evitar que el color de la ropa se confunda con el uniforme de los policías.

Reveló que muchas mujeres llegan de visita al penal con calzas muy ajustadas y llamativamente traslúcidas, que dejan ver partes del cuerpo. “Después genera problemas internos si un interno mira a la pareja o la hija de otro; no es ropa adecuada”.

A propuesta del defensor público Sergio Rey, el miércoles temprano referentes de esa área para discutir el tema se reunirán en el IPP con la cúpula del penal, el Servicio Social y la Dirección de Políticas Penitenciarias del Ministerio de Seguridad.

Si ese diálogo no resuelve el reclamo, lo decidirá el juez Di Biase.