“De haber sabido lo que ocurría no hubiese aceptado seguir”

Rubén Héctor Ferrari fue intendente de la localidad entre 1973 y 1979. Fue electo democráticamente pero continuó después del 24 de marzo. Renunció cuando se enteró lo que estaba sucediendo en el país. La historia de un creador de leyes que resistió el embate dictatorial.

Ferrari y una historia muy particular.
23 MAR 2026 - 10:14 | Actualizado 24 MAR 2026 - 0:01

“De haber sabido lo que ocurría no hubiese aceptado continuar siendo intendente”. De esta manera, uno de los únicos tres intendentes elegidos democráticamente que continuaron su mandato luego del golpe de Estado, describió lo que ocurría en muchos pueblos pequeños de Chubut.

Rubén Héctor Ferrari fue elegido intendente de Gaiman en 1973. Militante de la Unión Cívica Radical desde muy joven, el 24 de marzo de 1976 mantuvo su cargo. Como ocurrió en muchos lugares y a muchos argentinos, el terrorismo de Estado aplicado sistemáticamente por la Junta Militar no era de público conocimiento. Con los medios censurados y el miedo como arma -muy eficaz- para mantener las bocas cerradas, en Gaiman muy pocas personas sabían realmente lo que estaba pasando en los primeros años de genocidio.

Ferrari y una historia muy particular.

“En Gaiman no pasaba nada. La vida siguió su curso normalmente y para el pueblo, que estaba acostumbrado a verme como intendente, continuó todo de la misma manera, sin Concejo Deliberante”, explicó.

El exintendente renunció cuando la masacre salió a la luz. “Yo no lo sabía. Y encima nunca nadie me molestó. Gaiman no revestía mayor importancia. Y los militares sólo venían a Gaiman de paso cuando iban para la Cordillera”, explicó desde su casa.

Ferrari fue diputado provincial por la Unión Cívica Radical Intransigente a sus 23 años. Participó del primer gobierno constitucional -que tuvo como primer mandatario a Jorge Galina- desde 1958 a 1962. “Tuve la suerte de ser autor o coautor de muchas de las leyes más importantes de la Provincia, como la creación del Banco del Chubut y la Ley de Educación”.

Ferrari recordó aquel marzo de 1976 desde su casa, en el pequeño y pintoresco pueblo valletano. “Ya se preanunciaba un golpe. Hablaba con mi mujer sobre nuestro futuro. Ese 24 de marzo sonó el timbre de mi casa temprano. Era un viejito, el padre de mis mejores amigos, que me venía a comunicar que había oído por radio que me querían designar interventor de la Municipalidad".

A treinta años de los hechos, Ferrari no sabe aún fehacientemente por qué lo eligieron para quedarse. Sabiendo que la mayoría de los mandatarios elegidos democráticamente habían sido destituidos, especula con que le ofrecieron mantener su puesto “porque estaba marcando buenos pasos con las obras que estaba realizando y porque Gaiman era un pueblo chico” donde las personas y los movimientos denominados subversivos no tenían lugar. “De todos modos aún no alcanzo a darme cuenta por qué me lo ofrecieron”.

Durante los años duros, sólo tres localidades sostuvieron un poco de democracia al sostener a sus intendentes: Ferrari en Gaiman, Eduardo Jesús Peruzzoti en 28 de Julio y Fernando Savoye en Rada Tilly.

“Ese día dudé”, rememora el intendente de Gaiman que más obras hizo en el pueblo. “Hablé con gente conocida y todos me decían que tenía que aceptar. Los mismos concejales me dijeron que tenía que seguir”.

La renuncia

Ya habían pasado tres años de su Intendencia dentro del gobierno de facto cuando Ferrari comenzó a entender qué pasaba en el resto del país. Comenzaba a sorprenderse por acciones del gobierno nacional que eran inadmisibles por ese entonces.

“Una de las cosas que me sorprendió fue la desaparición de Ángel Bel. Con Bel nos reuníamos en el buffet de la Universidad, éramos amigos. Ese fue mi primer impacto, comencé a pensar: 'Acá está pasando algo raro'. Pero de todos modos no estaba
al tanto de nada”.

Un momento que marcó su futuro fue la gran reunión de intendentes en Buenos Aires. “Nos llevaron a todos los intendentes del país al teatro general San Martín, de la calle Corrientes. Allí nos hablaron todos: Videla, Viola, Martínez de Hoz. En ese momento me di cuenta lo que estaba pasando y le dije a uno de los intendentes sentado a mi lado: “Llego a Chubut y renuncio”, recuerda Ferrari.

“También asistí a la reunión Multipartidaria en Comodoro Rivadavia. Allí comenzó a destaparse la olla y comencé a conocer lo que estaba pasando en el país”.

No vio el horror de la dictadura hasta que renunció. En 1979 decidió estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Católica de BuenosAires. Allí tomó contacto directo con el terrorismo de Estado. “Estábamos en un aula junto a los compañeros y un día llegó una chica que cursaba con nosotros. Entró llorando como una magdalena. Desesperada dijo que la había 'chupado' un Falcon verde y la habían metido en el asiento de atrás. Uno de los que estaba adentro le dijo al otro que se habían equivocado de mujer y por eso la largaron. Estab aaterrorizada. Y eso fue en 1982”. Reconoció darse cuenta del genocidio recién entonces.

“En 1976 salió una nota al dirigente radical Juan Carlos Pugliese en la que decía que era bueno que los intendentes que habían sido electos continúen al frente porque venían de una fuente democrática”. Pequeñas gotas que salpicaban de democracia a un país hundido en el miedo.

Encontronazo

El ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, visitó Chubut una sola vez. Reunió a todos los intendentes. Ferrari discutió con él y salió en los diarios.“Fue preguntando a los intendentes qué pensábamos. Hasta que me tocó a mí. Con la voz ronca me dijo: 'Su opinión, intendente'. Le respondí: 'Mire, yo creo que esta política económica es errática'. 'Por qué dice eso, intendente', me reprochó con su vozarrón. Y ahí le expliqué que lo que hacían estaba muy mal. A los días salió en los medios locales un título que decía 'Ferrari enfrentó al general Harguindeguy'. Una cosa de locos, y todos decían por mí: 'A este tipo lo van a echar'”.

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Ferrari y una historia muy particular.
23 MAR 2026 - 10:14

“De haber sabido lo que ocurría no hubiese aceptado continuar siendo intendente”. De esta manera, uno de los únicos tres intendentes elegidos democráticamente que continuaron su mandato luego del golpe de Estado, describió lo que ocurría en muchos pueblos pequeños de Chubut.

Rubén Héctor Ferrari fue elegido intendente de Gaiman en 1973. Militante de la Unión Cívica Radical desde muy joven, el 24 de marzo de 1976 mantuvo su cargo. Como ocurrió en muchos lugares y a muchos argentinos, el terrorismo de Estado aplicado sistemáticamente por la Junta Militar no era de público conocimiento. Con los medios censurados y el miedo como arma -muy eficaz- para mantener las bocas cerradas, en Gaiman muy pocas personas sabían realmente lo que estaba pasando en los primeros años de genocidio.

Ferrari y una historia muy particular.

“En Gaiman no pasaba nada. La vida siguió su curso normalmente y para el pueblo, que estaba acostumbrado a verme como intendente, continuó todo de la misma manera, sin Concejo Deliberante”, explicó.

El exintendente renunció cuando la masacre salió a la luz. “Yo no lo sabía. Y encima nunca nadie me molestó. Gaiman no revestía mayor importancia. Y los militares sólo venían a Gaiman de paso cuando iban para la Cordillera”, explicó desde su casa.

Ferrari fue diputado provincial por la Unión Cívica Radical Intransigente a sus 23 años. Participó del primer gobierno constitucional -que tuvo como primer mandatario a Jorge Galina- desde 1958 a 1962. “Tuve la suerte de ser autor o coautor de muchas de las leyes más importantes de la Provincia, como la creación del Banco del Chubut y la Ley de Educación”.

Ferrari recordó aquel marzo de 1976 desde su casa, en el pequeño y pintoresco pueblo valletano. “Ya se preanunciaba un golpe. Hablaba con mi mujer sobre nuestro futuro. Ese 24 de marzo sonó el timbre de mi casa temprano. Era un viejito, el padre de mis mejores amigos, que me venía a comunicar que había oído por radio que me querían designar interventor de la Municipalidad".

A treinta años de los hechos, Ferrari no sabe aún fehacientemente por qué lo eligieron para quedarse. Sabiendo que la mayoría de los mandatarios elegidos democráticamente habían sido destituidos, especula con que le ofrecieron mantener su puesto “porque estaba marcando buenos pasos con las obras que estaba realizando y porque Gaiman era un pueblo chico” donde las personas y los movimientos denominados subversivos no tenían lugar. “De todos modos aún no alcanzo a darme cuenta por qué me lo ofrecieron”.

Durante los años duros, sólo tres localidades sostuvieron un poco de democracia al sostener a sus intendentes: Ferrari en Gaiman, Eduardo Jesús Peruzzoti en 28 de Julio y Fernando Savoye en Rada Tilly.

“Ese día dudé”, rememora el intendente de Gaiman que más obras hizo en el pueblo. “Hablé con gente conocida y todos me decían que tenía que aceptar. Los mismos concejales me dijeron que tenía que seguir”.

La renuncia

Ya habían pasado tres años de su Intendencia dentro del gobierno de facto cuando Ferrari comenzó a entender qué pasaba en el resto del país. Comenzaba a sorprenderse por acciones del gobierno nacional que eran inadmisibles por ese entonces.

“Una de las cosas que me sorprendió fue la desaparición de Ángel Bel. Con Bel nos reuníamos en el buffet de la Universidad, éramos amigos. Ese fue mi primer impacto, comencé a pensar: 'Acá está pasando algo raro'. Pero de todos modos no estaba
al tanto de nada”.

Un momento que marcó su futuro fue la gran reunión de intendentes en Buenos Aires. “Nos llevaron a todos los intendentes del país al teatro general San Martín, de la calle Corrientes. Allí nos hablaron todos: Videla, Viola, Martínez de Hoz. En ese momento me di cuenta lo que estaba pasando y le dije a uno de los intendentes sentado a mi lado: “Llego a Chubut y renuncio”, recuerda Ferrari.

“También asistí a la reunión Multipartidaria en Comodoro Rivadavia. Allí comenzó a destaparse la olla y comencé a conocer lo que estaba pasando en el país”.

No vio el horror de la dictadura hasta que renunció. En 1979 decidió estudiar Ciencias Políticas en la Universidad Católica de BuenosAires. Allí tomó contacto directo con el terrorismo de Estado. “Estábamos en un aula junto a los compañeros y un día llegó una chica que cursaba con nosotros. Entró llorando como una magdalena. Desesperada dijo que la había 'chupado' un Falcon verde y la habían metido en el asiento de atrás. Uno de los que estaba adentro le dijo al otro que se habían equivocado de mujer y por eso la largaron. Estab aaterrorizada. Y eso fue en 1982”. Reconoció darse cuenta del genocidio recién entonces.

“En 1976 salió una nota al dirigente radical Juan Carlos Pugliese en la que decía que era bueno que los intendentes que habían sido electos continúen al frente porque venían de una fuente democrática”. Pequeñas gotas que salpicaban de democracia a un país hundido en el miedo.

Encontronazo

El ministro del Interior, general Albano Harguindeguy, visitó Chubut una sola vez. Reunió a todos los intendentes. Ferrari discutió con él y salió en los diarios.“Fue preguntando a los intendentes qué pensábamos. Hasta que me tocó a mí. Con la voz ronca me dijo: 'Su opinión, intendente'. Le respondí: 'Mire, yo creo que esta política económica es errática'. 'Por qué dice eso, intendente', me reprochó con su vozarrón. Y ahí le expliqué que lo que hacían estaba muy mal. A los días salió en los medios locales un título que decía 'Ferrari enfrentó al general Harguindeguy'. Una cosa de locos, y todos decían por mí: 'A este tipo lo van a echar'”.