Con respeto, pero también con la distancia que la historia puso entre los dos. Así fue la charla entre Carlos Drach, intendente de Rawson hasta el día del Golpe, y Magín Ventura, el militar que lo reemplazó. Se cumplían30 años del 24 de marzo del 76 y Jornada lograbareunirlos en una entrevista inédita:no es común que dos protagonistas con orígenes tan distintos accedan a un encuentro pleno de memoria y reflexiones.
La noche del 23 de marzo encontró al intendente Drach en su despacho, rodeado de rumores de inminente golpe de Estado. Había asumido el 8 de marzo -tras la renuncia de Indalecio Suárez – como representante del Movimiento Integración y Desarrollo. “Compartimos una reunión con amigos para evaluar la situación y ver cómo proceder”.
Cuando dejó la comuna ya era la primera hora del 24. Manejó cerca del Colegio Don Bosco hacia su casa en Playa Unión sin despegar los oídos de una célebre radio uruguaya. “Las autoridades anunciaban que iban a seguir trasmitiendo en función de los hechos que se estaban sucediendo en la vecina Argentina. Las emisoras nacionales tenían poca información y era muy común sintonizar la radio de Montevideo”.
Durmió algo. Pero cuando a las 3 encendió el transmisor, estaba en otro país: ya se oía el Comunicado Nº 1 de la Junta Militar. “Ya no había mucho para hacer”, recuerda.
“A las 6 llegó un chofer en un vehículo municipal. Y me dice muy familiarmente: 'Che flaco, vení porque no nos dejan entrar'. Yo le contesté 'No te hagas problema que por más que vaya yo, tampoco'”.
De vuelta en Rawson -acompañado por “Pirincho” Menéndez, su amigo de la infancia- estacionó cerca del Banco Chubut. La Municipalidad estaba rodeada y no se podía acceder.
“Dejé mi vehículo bastante alejado y caminé junto a 'Pirincho'. Cuando cruzábamos la plaza aparece un soldado a la altura de la fuente”. Les preguntó quiénes éran y dónde iban. Drach le contestó: “Voy al municipio. Soy el intendente”. 'Pirincho' entendió lo que pasaba y sólo le dijo: “Eras...”.
Entró al despacho. “Estaba el presidente del Concejo Deliberante, Luis Echeverría, que era del PACH. Había un soldado vestido de fajina, con mucho armamento, FAL y granadas, en el medio del despacho”.
Lo que siguió fue de película: “Se paró firme y me dice 'Por disposición de la Junta de Comandantes debo comunicarle a usted que ha cesado en sus funciones. Debe retirarse a su domicilio y permanecer en él hasta que sea requerido'. Le digo 'Yo soy el responsable civil y le tengo que entregar las cosas que hay acá a alguien'”. Como un robot, el soldado se limitó a repetir la orden: 'Debo comunicarle…'”.
Traspaso
Drach se retiró. Pasaron algunos minutos. Llegaron el jefe de la Base Aeronaval Almirante Zar, capitán Alex Richmond, junto a un joven de 31 años: Magín Ventura.
“Con Richmond tenía una relación amena. Habíamos charlado días antes de tareas que íbamos a hacer en conjunto”. El jefe militar le explicó la situación y le presentó a Ventura como quien se haría cargo del despacho. Apenas hubo un apretón de manos. “Se hizo un acta y me pidieron una Biblia, que no teníamos. Carlos Molinari, que era mi secretario privado, fue a buscar una y ahí se le tomó juramento”.
Hubo una breve charla entre el intendente destituido y el entrante. Y ése fue todo el traspaso. Drach se llevó libros y pertenencias personales y se quedó en el despacho alterno. “Luego recorrimos Rawson junto con Ventura. Le mostraba la ciudad pero él se mostraba realmente muy cansado. Recuerdo que me manifestó 'Hemos tenido unos días agitados'”.
Del otro lado
Del otro lado del mostrador también hay historia. Mientras la madrugada del 24 Drach escuchaba la radio en Playa Unión, Ventura se aprestaba en la Base Zar para hacerse cargo del municipio capitalino. “Cenamos y a las 5 fuimos hasta Rawson”.
En la Base se habían concentrado el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada. El coronel Rafael De Piano -horas después interventor de la Provincia- encabezó la caravana que tomó Ruta 25 hasta Casa de Gobierno de Fontana 50. Eran jeeps y otros vehículos militares con soldados fuertemente armados.“Yo pensaba que cambiaba de funciones radicalmente -dice Ventura- Y me preguntaba '¿Por dónde empiezo?'. De estar en una tarea de neto corte administrativoa otra que estaba totalmente fuera de mi pronóstico. Pero era una orden de servicio y tenía que cumplirla”.
Llegó a la Municipalidad y se hizo el traspaso relatado por Drach. Tomó posesión del cargo por 30 días. Luego debía regresar a su trabajo contable en la Base. “Quería seguir con mi carrera militar. Para eso entré a la Armada en 1964. Pero los 30 días pasaron a ser 5 años y 4 meses”.
Ventura se enteró de su nueva función apenas un día antes del golpe. “No había escuchado ni sabía nada, salvo por los comentarios de la situación difícil del país. Pero digo la verdad: nunca lo asocié a un Golpe. Nunca se me pasó por la cabeza que iba a ser protagonista de un Golpe de Estado”.
Para saber qué hacer debió leer la ley de Municipalidades y pedirle asesoramiento al director del área a nivel provincial, de apellido Cuenca. “´Le voy a pedir un favor: informemé cómo es esto´, le dije”. El intendente de facto mantuvo al mismo gabinete que horas antes trabajaba con Drach. “Me manejé con toda la gente que venía. No traje a nadie”.
Miedo
Luego de ser expulsado, Drach sintió miedo. “Era por estar en un medio y con una actitud totalmente distinta. El 24 de marzo es un hecho anecdótico porque fue el Golpe. Lo lamentable es lo posterior, el post 24”.
Días después el exjefe comunal fue citado a la Comisaría de Rawson. Se investigaba una compra de guardapolvos y se había armado un expediente. “En estas cosas -dice Drach- se da una orden, se firma y después depende del ejecutor. ¿Qué sabe uno si el guardapolvo es blanco o negro? Era un hecho administrativo más”. Estuvo 5 horas a merced del comisario. “Me tuvo ahí con formas que después uno ve que eran de práctica. Venía y me preguntaba: ¿Usted autorizó esta compra? Uno le decía que sí. El tipo salía y a la hora volvía. ¿Y usted se acuerda de esta persona? Y uno le decía que no. Y pasaba otra hora”.
Drach transpiró. “Tuve miedo porque se vislumbraba una actitud muy incomprensible y muy rara para quienes estábamos metidos ahí. Quiero ser cauto porque hoy Magín es un hombre de la democracia, pero lamentablemente pasó por un medio donde el temor se usó como un método”.
Dejó de ser concejal ad honorem y empleado de la Legislatura. Casado, con un hijo y otro por nacer, consiguió trabajo en Trelew. “Iba a la mañana, al mediodía volvía a comer, a la tarde iba nuevamente y a la noche regresaba a Playa Unión. Las cuatro veces debía parar en el control policial que se hacía en las rutas 7 y 25. Todos los días. En verano había mucha gente y quedabas bajo el sol. Pasaban horas”.
Por su parte, Ventura asegura que no conoció episodios de represión. “Yo viajaba dos veces por mes a los ministerios de Obras Públicas y de Economía para conseguir partidas para obras en Rawson. Nunca jamás nadie me paró ni me pidió documentos por las calles de Buenos Aires. De lo que ocurría en la ESMA y en los centros clandestinos estaba totalmente ausente. Me enteré tras dejar la Intendencia”.
En cuanto a la violencia que se desató con familias de Rawson, Ventura admite que “lo único que conocí fueron procedimientos que realizaba un tal Alonso, un joven teniente de fragata del Batallón de Infantería Nº 3, de cierto temperamento agresivo. Pero después no conocí hechos aberrantes ni situaciones traumáticas en Rawson. Fue una falla de la Armada colocar a alguien de esas condiciones”.
“Nunca se me impartió ninguna directiva ni de persecución ni de represión. Con los empleados de la comuna, sólo hubo algunas sanciones que pude haber aplicado por incumplimiento a las normas”.
A 30 años, Ventura asegura que su destino estaba marcado. No podía negarse a la orden que le dieron. “En la Armada te dan una orden y hay que cumplirla. No se puede decir que no. No se puede pedir nada”.
“Me tocó ser parte de la dictadura militar -admite el exintendente de facto- No fue porque yo me anoté en la lista sino porque mi jefe me dio la orden. Uno no comparte el método de tomar el poder por la fuerza. Hay que llegar por la decisión popular. Todo lo demás es parte de la historia y no debe repetirse. Está claro y coincido con Drach”.
Llegó el día “H menos 1”
Eran las 17 del 23 de marzo de 1976. Magín Ventura estaba en la Tesorería de la Base Aeronaval Almirante Zar, haciendo el rutinario arqueo de caja. Solía ser el último oficial en irse del centro militar. “Estaba ausente de todo lo que pasaba a mi alrededor cuando aparece un conscripto y me dice ´Señor, lo llama el jefe de Base´. Me llamó mucho la atención porque yo tenía un superior, el jefe de Departamento, el capitán de corbeta Juan Carlos Baresini. Normalmente el jefe de Base se manejaba con él”.
Pensando que iban a sancionarlo por algún error en su trabajo, Ventura caminó los 100 metros desde su oficina a la del titular de la Base, Alex Richmond. Cruzó la Plaza de Armas, que aún era de tierra.

Entró al despacho y cerró la puerta corrediza. “Pase, Ventura. Tome asiento. Lo llamé porque me han comunicado que llegó el día H menos 1. Y lo he designado para que mañana se haga cargo de la Intendencia de Rawson”.
Al oír “H menos 1”, el contador no entendió. “En la Marina se suele decir 'Comprendido señor jefe o capitán o comandante'. No hay otra alternativa. Richmond era una persona muy seria y cerrada; no era de dialogar sino de ordenar. Tuve muchos jefes de la Armada que eran mucho más flexibles. Pero él no. Teníamos muy poco contacto”.
A Ventura le dieron una hora para avisarle a su familia que esa noche no dormiría en su casa Nº 16 del barrio Militar porque quedaba acuartelado y de madrugada partía a Rawson.“A la capital había ido dos o tres veces, a lo sumo. Tomé el cargo de tesorero en febrero de 1975. Hacía un año y un mes que estaba en la zona. Y lo único que conocía era la pizzería de Roselli. Regresé a la Base y a las 5 partimos en caravana hacia Rawson”.
“El golpe me frustró totalmente”
Carlos Drach no tiene rencores pero sí frustración. “Cuando uno comienza la militancia política lo hace con un deseo de capacitación profesional y para tratar de servir a alguien desde donde uno cree que lo puede hacer”.
“Para mí el golpe fue frustrante totalmente desde lo político. Aunque tranquilamente podría haber seguido, como hicieron muchos. Pero son reacciones individuales. Yo dije 'Nunca más a la política'”.

Aquel 24 le dejó muchas reflexiones. “Pero no rencor porque soy cristiano y como tal no puedo aceptar el rencor. Lo escucho a Magín a 30 años y pienso que no debe haber sido fácil tampoco para él, que no pudo decir que no y que se entera momentos antes de lo que pasaba. Porque él había elegido otro camino. Espero que estos hechos no se vuelvan a repetir y que este aniversario sirva. Es lo que siempre trato de compartir con mis hijos”.
Drach afirma que la fuerza no puede usarse para cambiar las ideas. “Cuando me lanzo a militar lo hago desde mi óptica y cada uno tendrá que ganar la forma para trasmitir su idea. Pero la aberración de aplicar la fuerza para imponerse, y no usar la discusión, eso fue lo que me frustró. Me hizo un crack en la idea que yo tenía de la concepción política”.
“Un Videla para mí era desconocido. Era el comandante de las Fuerzas Armadas pero de mi país; mi presidente era otro, con todos los errores que pueda tener. Ventura no existía para mí ni yo tampoco para él, porque cada uno estaba en la función que se le había encomendado”.
Con respeto, pero también con la distancia que la historia puso entre los dos. Así fue la charla entre Carlos Drach, intendente de Rawson hasta el día del Golpe, y Magín Ventura, el militar que lo reemplazó. Se cumplían30 años del 24 de marzo del 76 y Jornada lograbareunirlos en una entrevista inédita:no es común que dos protagonistas con orígenes tan distintos accedan a un encuentro pleno de memoria y reflexiones.
La noche del 23 de marzo encontró al intendente Drach en su despacho, rodeado de rumores de inminente golpe de Estado. Había asumido el 8 de marzo -tras la renuncia de Indalecio Suárez – como representante del Movimiento Integración y Desarrollo. “Compartimos una reunión con amigos para evaluar la situación y ver cómo proceder”.
Cuando dejó la comuna ya era la primera hora del 24. Manejó cerca del Colegio Don Bosco hacia su casa en Playa Unión sin despegar los oídos de una célebre radio uruguaya. “Las autoridades anunciaban que iban a seguir trasmitiendo en función de los hechos que se estaban sucediendo en la vecina Argentina. Las emisoras nacionales tenían poca información y era muy común sintonizar la radio de Montevideo”.
Durmió algo. Pero cuando a las 3 encendió el transmisor, estaba en otro país: ya se oía el Comunicado Nº 1 de la Junta Militar. “Ya no había mucho para hacer”, recuerda.
“A las 6 llegó un chofer en un vehículo municipal. Y me dice muy familiarmente: 'Che flaco, vení porque no nos dejan entrar'. Yo le contesté 'No te hagas problema que por más que vaya yo, tampoco'”.
De vuelta en Rawson -acompañado por “Pirincho” Menéndez, su amigo de la infancia- estacionó cerca del Banco Chubut. La Municipalidad estaba rodeada y no se podía acceder.
“Dejé mi vehículo bastante alejado y caminé junto a 'Pirincho'. Cuando cruzábamos la plaza aparece un soldado a la altura de la fuente”. Les preguntó quiénes éran y dónde iban. Drach le contestó: “Voy al municipio. Soy el intendente”. 'Pirincho' entendió lo que pasaba y sólo le dijo: “Eras...”.
Entró al despacho. “Estaba el presidente del Concejo Deliberante, Luis Echeverría, que era del PACH. Había un soldado vestido de fajina, con mucho armamento, FAL y granadas, en el medio del despacho”.
Lo que siguió fue de película: “Se paró firme y me dice 'Por disposición de la Junta de Comandantes debo comunicarle a usted que ha cesado en sus funciones. Debe retirarse a su domicilio y permanecer en él hasta que sea requerido'. Le digo 'Yo soy el responsable civil y le tengo que entregar las cosas que hay acá a alguien'”. Como un robot, el soldado se limitó a repetir la orden: 'Debo comunicarle…'”.
Traspaso
Drach se retiró. Pasaron algunos minutos. Llegaron el jefe de la Base Aeronaval Almirante Zar, capitán Alex Richmond, junto a un joven de 31 años: Magín Ventura.
“Con Richmond tenía una relación amena. Habíamos charlado días antes de tareas que íbamos a hacer en conjunto”. El jefe militar le explicó la situación y le presentó a Ventura como quien se haría cargo del despacho. Apenas hubo un apretón de manos. “Se hizo un acta y me pidieron una Biblia, que no teníamos. Carlos Molinari, que era mi secretario privado, fue a buscar una y ahí se le tomó juramento”.
Hubo una breve charla entre el intendente destituido y el entrante. Y ése fue todo el traspaso. Drach se llevó libros y pertenencias personales y se quedó en el despacho alterno. “Luego recorrimos Rawson junto con Ventura. Le mostraba la ciudad pero él se mostraba realmente muy cansado. Recuerdo que me manifestó 'Hemos tenido unos días agitados'”.
Del otro lado
Del otro lado del mostrador también hay historia. Mientras la madrugada del 24 Drach escuchaba la radio en Playa Unión, Ventura se aprestaba en la Base Zar para hacerse cargo del municipio capitalino. “Cenamos y a las 5 fuimos hasta Rawson”.
En la Base se habían concentrado el Ejército, la Fuerza Aérea y la Armada. El coronel Rafael De Piano -horas después interventor de la Provincia- encabezó la caravana que tomó Ruta 25 hasta Casa de Gobierno de Fontana 50. Eran jeeps y otros vehículos militares con soldados fuertemente armados.“Yo pensaba que cambiaba de funciones radicalmente -dice Ventura- Y me preguntaba '¿Por dónde empiezo?'. De estar en una tarea de neto corte administrativoa otra que estaba totalmente fuera de mi pronóstico. Pero era una orden de servicio y tenía que cumplirla”.
Llegó a la Municipalidad y se hizo el traspaso relatado por Drach. Tomó posesión del cargo por 30 días. Luego debía regresar a su trabajo contable en la Base. “Quería seguir con mi carrera militar. Para eso entré a la Armada en 1964. Pero los 30 días pasaron a ser 5 años y 4 meses”.
Ventura se enteró de su nueva función apenas un día antes del golpe. “No había escuchado ni sabía nada, salvo por los comentarios de la situación difícil del país. Pero digo la verdad: nunca lo asocié a un Golpe. Nunca se me pasó por la cabeza que iba a ser protagonista de un Golpe de Estado”.
Para saber qué hacer debió leer la ley de Municipalidades y pedirle asesoramiento al director del área a nivel provincial, de apellido Cuenca. “´Le voy a pedir un favor: informemé cómo es esto´, le dije”. El intendente de facto mantuvo al mismo gabinete que horas antes trabajaba con Drach. “Me manejé con toda la gente que venía. No traje a nadie”.
Miedo
Luego de ser expulsado, Drach sintió miedo. “Era por estar en un medio y con una actitud totalmente distinta. El 24 de marzo es un hecho anecdótico porque fue el Golpe. Lo lamentable es lo posterior, el post 24”.
Días después el exjefe comunal fue citado a la Comisaría de Rawson. Se investigaba una compra de guardapolvos y se había armado un expediente. “En estas cosas -dice Drach- se da una orden, se firma y después depende del ejecutor. ¿Qué sabe uno si el guardapolvo es blanco o negro? Era un hecho administrativo más”. Estuvo 5 horas a merced del comisario. “Me tuvo ahí con formas que después uno ve que eran de práctica. Venía y me preguntaba: ¿Usted autorizó esta compra? Uno le decía que sí. El tipo salía y a la hora volvía. ¿Y usted se acuerda de esta persona? Y uno le decía que no. Y pasaba otra hora”.
Drach transpiró. “Tuve miedo porque se vislumbraba una actitud muy incomprensible y muy rara para quienes estábamos metidos ahí. Quiero ser cauto porque hoy Magín es un hombre de la democracia, pero lamentablemente pasó por un medio donde el temor se usó como un método”.
Dejó de ser concejal ad honorem y empleado de la Legislatura. Casado, con un hijo y otro por nacer, consiguió trabajo en Trelew. “Iba a la mañana, al mediodía volvía a comer, a la tarde iba nuevamente y a la noche regresaba a Playa Unión. Las cuatro veces debía parar en el control policial que se hacía en las rutas 7 y 25. Todos los días. En verano había mucha gente y quedabas bajo el sol. Pasaban horas”.
Por su parte, Ventura asegura que no conoció episodios de represión. “Yo viajaba dos veces por mes a los ministerios de Obras Públicas y de Economía para conseguir partidas para obras en Rawson. Nunca jamás nadie me paró ni me pidió documentos por las calles de Buenos Aires. De lo que ocurría en la ESMA y en los centros clandestinos estaba totalmente ausente. Me enteré tras dejar la Intendencia”.
En cuanto a la violencia que se desató con familias de Rawson, Ventura admite que “lo único que conocí fueron procedimientos que realizaba un tal Alonso, un joven teniente de fragata del Batallón de Infantería Nº 3, de cierto temperamento agresivo. Pero después no conocí hechos aberrantes ni situaciones traumáticas en Rawson. Fue una falla de la Armada colocar a alguien de esas condiciones”.
“Nunca se me impartió ninguna directiva ni de persecución ni de represión. Con los empleados de la comuna, sólo hubo algunas sanciones que pude haber aplicado por incumplimiento a las normas”.
A 30 años, Ventura asegura que su destino estaba marcado. No podía negarse a la orden que le dieron. “En la Armada te dan una orden y hay que cumplirla. No se puede decir que no. No se puede pedir nada”.
“Me tocó ser parte de la dictadura militar -admite el exintendente de facto- No fue porque yo me anoté en la lista sino porque mi jefe me dio la orden. Uno no comparte el método de tomar el poder por la fuerza. Hay que llegar por la decisión popular. Todo lo demás es parte de la historia y no debe repetirse. Está claro y coincido con Drach”.
Llegó el día “H menos 1”
Eran las 17 del 23 de marzo de 1976. Magín Ventura estaba en la Tesorería de la Base Aeronaval Almirante Zar, haciendo el rutinario arqueo de caja. Solía ser el último oficial en irse del centro militar. “Estaba ausente de todo lo que pasaba a mi alrededor cuando aparece un conscripto y me dice ´Señor, lo llama el jefe de Base´. Me llamó mucho la atención porque yo tenía un superior, el jefe de Departamento, el capitán de corbeta Juan Carlos Baresini. Normalmente el jefe de Base se manejaba con él”.
Pensando que iban a sancionarlo por algún error en su trabajo, Ventura caminó los 100 metros desde su oficina a la del titular de la Base, Alex Richmond. Cruzó la Plaza de Armas, que aún era de tierra.

Entró al despacho y cerró la puerta corrediza. “Pase, Ventura. Tome asiento. Lo llamé porque me han comunicado que llegó el día H menos 1. Y lo he designado para que mañana se haga cargo de la Intendencia de Rawson”.
Al oír “H menos 1”, el contador no entendió. “En la Marina se suele decir 'Comprendido señor jefe o capitán o comandante'. No hay otra alternativa. Richmond era una persona muy seria y cerrada; no era de dialogar sino de ordenar. Tuve muchos jefes de la Armada que eran mucho más flexibles. Pero él no. Teníamos muy poco contacto”.
A Ventura le dieron una hora para avisarle a su familia que esa noche no dormiría en su casa Nº 16 del barrio Militar porque quedaba acuartelado y de madrugada partía a Rawson.“A la capital había ido dos o tres veces, a lo sumo. Tomé el cargo de tesorero en febrero de 1975. Hacía un año y un mes que estaba en la zona. Y lo único que conocía era la pizzería de Roselli. Regresé a la Base y a las 5 partimos en caravana hacia Rawson”.
“El golpe me frustró totalmente”
Carlos Drach no tiene rencores pero sí frustración. “Cuando uno comienza la militancia política lo hace con un deseo de capacitación profesional y para tratar de servir a alguien desde donde uno cree que lo puede hacer”.
“Para mí el golpe fue frustrante totalmente desde lo político. Aunque tranquilamente podría haber seguido, como hicieron muchos. Pero son reacciones individuales. Yo dije 'Nunca más a la política'”.

Aquel 24 le dejó muchas reflexiones. “Pero no rencor porque soy cristiano y como tal no puedo aceptar el rencor. Lo escucho a Magín a 30 años y pienso que no debe haber sido fácil tampoco para él, que no pudo decir que no y que se entera momentos antes de lo que pasaba. Porque él había elegido otro camino. Espero que estos hechos no se vuelvan a repetir y que este aniversario sirva. Es lo que siempre trato de compartir con mis hijos”.
Drach afirma que la fuerza no puede usarse para cambiar las ideas. “Cuando me lanzo a militar lo hago desde mi óptica y cada uno tendrá que ganar la forma para trasmitir su idea. Pero la aberración de aplicar la fuerza para imponerse, y no usar la discusión, eso fue lo que me frustró. Me hizo un crack en la idea que yo tenía de la concepción política”.
“Un Videla para mí era desconocido. Era el comandante de las Fuerzas Armadas pero de mi país; mi presidente era otro, con todos los errores que pueda tener. Ventura no existía para mí ni yo tampoco para él, porque cada uno estaba en la función que se le había encomendado”.