No sabía cómo iban a suceder las cosas pero sí que no sería un día cualquiera. Todavía era madrugada. Antes de salir de su casa se asomó a mirara sus hijos, que aún dormían. Se le ocurrían muchas cosas. ¿Lo irían a detener? Cabía la posibilidad.
“Los rumores de que iba a haber un golpe de Estado eran más que conocidos, lo único que faltaba saber era la hora”, recuerda el entonces intendente de Trelew, César Mac Karthy.
La semana anterior al miércoles 24 de marzo, Mac Karthy había asistido a la Convención Internacional de Alcaldes en Capital Federal, en donde el dato circulaba con fuerza.

“El sábado, cuando regresé a la ciudad, me reuní con mis colaboradores, el contador Eduardo Abraham, el contador Néstor Morejón, el ingeniero Jorge Pitiot y Ángel Danil y les anticipé que el golpe iba a ser a la semana siguiente, el 24 de
marzo”, cuenta el exintendente. “Convinimos que había que resolver todos los temas pendientes para no entorpecer la labor administrativa y el martes a la noche estuvimos trabajando hasta muy tarde”.
Ese día Mac Karthy llegó del municipio después de la 1 y a las 3, un periodista que vivía en el mismo edificio, le golpeó la puerta para avisarle que las Fuerzas Armadas ya habían dado el golpe. La radio se convirtió en la fuente para calmar la ansiedad de saber qué estaba pasando.
Después de dos horas de sueño, el intendente y su esposa se levantaron juntos. Él se bañó y se vistió con traje y corbata, como hacía siempre para ir al municipio.
Afuera estaba fresco. Mac Karthy arrancó el Fiat 125 beige para iniciar el recorrido de todos los días. El primer destino fue el corralón, situado sobre Rivadavia. El director de Servicios Públicos, Jorge Romer, ya lo estaba esperando. Sonrisas tensas, muchas preguntas, unos puchos. El intendente se despidió de los empleados municipales, uno por uno, con un apretón de manos. Algunos lloraron. La incertidumbre comenzaba para todos.

Cuarenta y cinco minutos más tarde, Mac Karthy estacionó en el lugar de siempre, frente al Palacio Municipal. El movimiento de armas de las inmediaciones lo decía todo. Adentro, militares, empleados y funcionarios iban y venían. “Una
ametralladora en el pecho me impidió entrar a mi despacho. Conversé con la autoridad del operativo, un capitán de corbeta. El muchacho me explicó que los jefes iba a venir de Rawson una vez que se hicieran cargo allá”.
El grupo de militares llegó alrededor de las 8:20 y el responsable era el jefe de la Base Almirante Zar, el capitán de navío Alex Richmond. Con él venía quien quedaría al frente de la ciudad, el capitán de corbeta Hipólito Colombo. Richmond pidió hablar a solas con el todavía intendente. La charla duró una hora y media.
“A Richmond le pedí que investigara cómo había sido el manejo del municipio hasta ese momento porque me acordaba de lo que había sido el vergonzoso show después del derrocamiento de Perón: pareció que todos los funcionarios peronistas eran corruptos y después ninguna comisión investigadora llegó a nada. Y yo tenía mis hijos y no quería que ensuciaran mi nombre”, recuerda. “Me respondió que tenían perfecto conocimiento de lo que se había hecho y que no pensaban investigar nada. Esa fue la última vez que estuve en el municipio”.
Los despachos oficiales habían sido vaciados de papeles y objetos personales los días anteriores. “Lo único que había dejado era un retrato del General Perónque estuvo en la pared todo mi mandato. Yo mismo descolgué el cuadro, ante el silencio de Richmond, que sabía que era mi último acto”.
“Más allá de esconderlo, bajé las escaleras del Palacio sin tapar el retrato, para que se viera”, describe Mac Karthy sonriente. Tenía 33 años y sentía en ese gesto un pequeño gesto de reparación. “Cuando salí me invadió una sensación de frustración, de impotencia”.
La confitería del Hotel Centenario, a la vuelta del municipio, era el lugar acordado para el encuentro. Sentados a la mesa estaban los ahora exfuncionarios Abraham, Morejón, Pitiot, Danil y Mac Karthy. Ya no tenía sentido pero igual repasaron
las acciones de gobierno de los tres años de gestión.
A menos de un mes de ser destituido, Mac Karthy volvió a ocupar su cargo de jefe de personal del Banco de Londres y se puso al frente de su comercio. “Nadie podía llegar a imaginar lo que pasó después. Pensábamos que sería una nueva proscripción al peronismo, como ya había pasado”, describe. “Tanto Isabel como su entorno pudieron haber generado las condiciones para el golpe. Pero estas fuerzas no necesitaron excusas para ejecutar el objetivo que tenían desde que asumió Cámpora”.
“La democracia se ha ido consolidando. Hoy a nadie se le ocurre que por la vía no democrática se consigue algo. Y eso es un mérito de la sociedad argentina”.

No sabía cómo iban a suceder las cosas pero sí que no sería un día cualquiera. Todavía era madrugada. Antes de salir de su casa se asomó a mirara sus hijos, que aún dormían. Se le ocurrían muchas cosas. ¿Lo irían a detener? Cabía la posibilidad.
“Los rumores de que iba a haber un golpe de Estado eran más que conocidos, lo único que faltaba saber era la hora”, recuerda el entonces intendente de Trelew, César Mac Karthy.
La semana anterior al miércoles 24 de marzo, Mac Karthy había asistido a la Convención Internacional de Alcaldes en Capital Federal, en donde el dato circulaba con fuerza.

“El sábado, cuando regresé a la ciudad, me reuní con mis colaboradores, el contador Eduardo Abraham, el contador Néstor Morejón, el ingeniero Jorge Pitiot y Ángel Danil y les anticipé que el golpe iba a ser a la semana siguiente, el 24 de
marzo”, cuenta el exintendente. “Convinimos que había que resolver todos los temas pendientes para no entorpecer la labor administrativa y el martes a la noche estuvimos trabajando hasta muy tarde”.
Ese día Mac Karthy llegó del municipio después de la 1 y a las 3, un periodista que vivía en el mismo edificio, le golpeó la puerta para avisarle que las Fuerzas Armadas ya habían dado el golpe. La radio se convirtió en la fuente para calmar la ansiedad de saber qué estaba pasando.
Después de dos horas de sueño, el intendente y su esposa se levantaron juntos. Él se bañó y se vistió con traje y corbata, como hacía siempre para ir al municipio.
Afuera estaba fresco. Mac Karthy arrancó el Fiat 125 beige para iniciar el recorrido de todos los días. El primer destino fue el corralón, situado sobre Rivadavia. El director de Servicios Públicos, Jorge Romer, ya lo estaba esperando. Sonrisas tensas, muchas preguntas, unos puchos. El intendente se despidió de los empleados municipales, uno por uno, con un apretón de manos. Algunos lloraron. La incertidumbre comenzaba para todos.

Cuarenta y cinco minutos más tarde, Mac Karthy estacionó en el lugar de siempre, frente al Palacio Municipal. El movimiento de armas de las inmediaciones lo decía todo. Adentro, militares, empleados y funcionarios iban y venían. “Una
ametralladora en el pecho me impidió entrar a mi despacho. Conversé con la autoridad del operativo, un capitán de corbeta. El muchacho me explicó que los jefes iba a venir de Rawson una vez que se hicieran cargo allá”.
El grupo de militares llegó alrededor de las 8:20 y el responsable era el jefe de la Base Almirante Zar, el capitán de navío Alex Richmond. Con él venía quien quedaría al frente de la ciudad, el capitán de corbeta Hipólito Colombo. Richmond pidió hablar a solas con el todavía intendente. La charla duró una hora y media.
“A Richmond le pedí que investigara cómo había sido el manejo del municipio hasta ese momento porque me acordaba de lo que había sido el vergonzoso show después del derrocamiento de Perón: pareció que todos los funcionarios peronistas eran corruptos y después ninguna comisión investigadora llegó a nada. Y yo tenía mis hijos y no quería que ensuciaran mi nombre”, recuerda. “Me respondió que tenían perfecto conocimiento de lo que se había hecho y que no pensaban investigar nada. Esa fue la última vez que estuve en el municipio”.
Los despachos oficiales habían sido vaciados de papeles y objetos personales los días anteriores. “Lo único que había dejado era un retrato del General Perónque estuvo en la pared todo mi mandato. Yo mismo descolgué el cuadro, ante el silencio de Richmond, que sabía que era mi último acto”.
“Más allá de esconderlo, bajé las escaleras del Palacio sin tapar el retrato, para que se viera”, describe Mac Karthy sonriente. Tenía 33 años y sentía en ese gesto un pequeño gesto de reparación. “Cuando salí me invadió una sensación de frustración, de impotencia”.
La confitería del Hotel Centenario, a la vuelta del municipio, era el lugar acordado para el encuentro. Sentados a la mesa estaban los ahora exfuncionarios Abraham, Morejón, Pitiot, Danil y Mac Karthy. Ya no tenía sentido pero igual repasaron
las acciones de gobierno de los tres años de gestión.
A menos de un mes de ser destituido, Mac Karthy volvió a ocupar su cargo de jefe de personal del Banco de Londres y se puso al frente de su comercio. “Nadie podía llegar a imaginar lo que pasó después. Pensábamos que sería una nueva proscripción al peronismo, como ya había pasado”, describe. “Tanto Isabel como su entorno pudieron haber generado las condiciones para el golpe. Pero estas fuerzas no necesitaron excusas para ejecutar el objetivo que tenían desde que asumió Cámpora”.
“La democracia se ha ido consolidando. Hoy a nadie se le ocurre que por la vía no democrática se consigue algo. Y eso es un mérito de la sociedad argentina”.