Tiburón gatopardo, la otra joya de las costas de Chubut

Este emblemático depredador del Mar Argentino, corre serio riesgo por la pesca o las capturas accidentales de barcos. La ciencia y la colaboración ciudadana buscan salvarlo y develar sus secretos.

11 ABR 2026 - 9:38 | Actualizado 11 ABR 2026 - 9:47

El tiburón gatopardo es una especie emblemática de las aguas patagónicas y su preservación ocupa un lugar central en la agenda ambiental. La provincia de Chubut lo declaró Monumento Natural el año pasado mediante una ley que prohíbe su faenamiento y exige que sea devuelto al mar con vida. Nacho Gutiérrez, integrante del área de conservación del Proyecto Patagonia Azul, subraya que todos los trabajos y las normativas buscan garantizar la supervivencia de la especie en la región.

Para identificar a este escualo en las playas chubutenses hay que prestar atención a una característica inconfundible. El especialista detalla que es el único tiburón de toda la zona costera que tiene siete branquias. A esto se suma una coloración grisácea con manchas oscuras y una fisonomía de gran tamaño con la cabeza y la boca bien redondeadas.

Hábitos y alimentación en el Mar Argentino



Durante determinados momentos del año, estos animales se agregan en áreas costeras de baja profundidad y fondos limosos. Esta particularidad explica por qué es tan frecuente que los aficionados a la pesca deportiva los capturen desde la playa. Según los investigadores, en la Patagonia los gatopardos se acercan para alimentarse de lobos y elefantes marinos en los alrededores de las colonias.

"Son de las pocas especies de tiburones que pueden alimentarse también de mamíferos marinos y no solo de peces e invertebrados", explica Gutiérrez. Además de esta dieta variada a lo largo de su desarrollo reproductivo, se sabe también que la especie aprovecha la comida muerta en descomposición gracias a sus hábitos carroñeros.

Marcas para rastrear el recorrido



El equipo de Patagonia Azul lleva adelante un proyecto de investigación para conocer los movimientos y los usos de las costas que hacen estos animales dentro del parque. Cada vez que logran pescar un ejemplar, proceden a sacarlo del agua para medirlo, pesarlo y determinar su sexo. En ese mismo momento le colocan una marca plástica tradicional, conocida en la jerga como espagueti, que incluye un número de identificación de cinco dígitos y un teléfono de contacto.

El objetivo principal de este marcaje es recuperar información precisa si el animal vuelve a ser pescado en el futuro. Gutiérrez señala que, a partir de ese momento, cuentan con un registro inicial del ejemplar. Luego cruzan esos datos con la información que aportan quienes frecuentan habitualmente el mar.

La ciencia ciudadana en acción

El éxito del seguimiento depende de la colaboración comunitaria para llenar los grandes vacíos de información sobre la estacionalidad y las migraciones de los tiburones en el Atlántico suroccidental. Si un pescador saca un gatopardo con una de estas marcas plásticas, el protocolo pide anotar el número de identificación, la fecha, la hora y la playa exacta en que fue pescado. También es de gran utilidad aportar una foto y la mayor cantidad de características posibles del animal, antes de devolverlo al mar y reportarlo al contacto indicado.



"Con los dispositivos satelitales podemos ver los movimientos porque graban la ruta, pero con el tema de las marcas plásticas necesitamos sí o sí de la ciencia ciudadana, a través del aporte de los pescadores", afirma el experto. Quienes capturan incidentalmente un gatopardo deben quitarle el anzuelo de la boca con cuidado, un proceso que resulta más sencillo y menos dañino si se utilizan los anzuelos circulares recomendados para la actividad.

Avances en la protección de la especie

El llamado a proteger a esta especie amenazada comienza a dar resultados concretos en los torneos más convocantes de Chubut. Durante la última edición de la Fiesta del Salmón, la organización estableció por primera vez la obligación de devolver al mar a todos los tiburones pescados durante la competencia.

Esta medida marca un antecedente clave en la concientización del sector pesquero deportivo. Gutiérrez resalta la necesidad de que los aficionados sigan reportando los hallazgos y liberando los ejemplares. El especialista confía en que, con el compromiso de todos los actores costeros, se lograrán tomar decisiones asertivas para asegurar la supervivencia del tiburón gatopardo a largo plazo.

Link para sumarse al nuevo canal de difusión de noticias ambientales, científicas y de turismo de la Patagonia. Todas de libre publicación:

https://whatsapp.com/channel/0029VbCHctjHQbS54K0VSv3m

11 ABR 2026 - 9:38

El tiburón gatopardo es una especie emblemática de las aguas patagónicas y su preservación ocupa un lugar central en la agenda ambiental. La provincia de Chubut lo declaró Monumento Natural el año pasado mediante una ley que prohíbe su faenamiento y exige que sea devuelto al mar con vida. Nacho Gutiérrez, integrante del área de conservación del Proyecto Patagonia Azul, subraya que todos los trabajos y las normativas buscan garantizar la supervivencia de la especie en la región.

Para identificar a este escualo en las playas chubutenses hay que prestar atención a una característica inconfundible. El especialista detalla que es el único tiburón de toda la zona costera que tiene siete branquias. A esto se suma una coloración grisácea con manchas oscuras y una fisonomía de gran tamaño con la cabeza y la boca bien redondeadas.

Hábitos y alimentación en el Mar Argentino



Durante determinados momentos del año, estos animales se agregan en áreas costeras de baja profundidad y fondos limosos. Esta particularidad explica por qué es tan frecuente que los aficionados a la pesca deportiva los capturen desde la playa. Según los investigadores, en la Patagonia los gatopardos se acercan para alimentarse de lobos y elefantes marinos en los alrededores de las colonias.

"Son de las pocas especies de tiburones que pueden alimentarse también de mamíferos marinos y no solo de peces e invertebrados", explica Gutiérrez. Además de esta dieta variada a lo largo de su desarrollo reproductivo, se sabe también que la especie aprovecha la comida muerta en descomposición gracias a sus hábitos carroñeros.

Marcas para rastrear el recorrido



El equipo de Patagonia Azul lleva adelante un proyecto de investigación para conocer los movimientos y los usos de las costas que hacen estos animales dentro del parque. Cada vez que logran pescar un ejemplar, proceden a sacarlo del agua para medirlo, pesarlo y determinar su sexo. En ese mismo momento le colocan una marca plástica tradicional, conocida en la jerga como espagueti, que incluye un número de identificación de cinco dígitos y un teléfono de contacto.

El objetivo principal de este marcaje es recuperar información precisa si el animal vuelve a ser pescado en el futuro. Gutiérrez señala que, a partir de ese momento, cuentan con un registro inicial del ejemplar. Luego cruzan esos datos con la información que aportan quienes frecuentan habitualmente el mar.

La ciencia ciudadana en acción

El éxito del seguimiento depende de la colaboración comunitaria para llenar los grandes vacíos de información sobre la estacionalidad y las migraciones de los tiburones en el Atlántico suroccidental. Si un pescador saca un gatopardo con una de estas marcas plásticas, el protocolo pide anotar el número de identificación, la fecha, la hora y la playa exacta en que fue pescado. También es de gran utilidad aportar una foto y la mayor cantidad de características posibles del animal, antes de devolverlo al mar y reportarlo al contacto indicado.



"Con los dispositivos satelitales podemos ver los movimientos porque graban la ruta, pero con el tema de las marcas plásticas necesitamos sí o sí de la ciencia ciudadana, a través del aporte de los pescadores", afirma el experto. Quienes capturan incidentalmente un gatopardo deben quitarle el anzuelo de la boca con cuidado, un proceso que resulta más sencillo y menos dañino si se utilizan los anzuelos circulares recomendados para la actividad.

Avances en la protección de la especie

El llamado a proteger a esta especie amenazada comienza a dar resultados concretos en los torneos más convocantes de Chubut. Durante la última edición de la Fiesta del Salmón, la organización estableció por primera vez la obligación de devolver al mar a todos los tiburones pescados durante la competencia.

Esta medida marca un antecedente clave en la concientización del sector pesquero deportivo. Gutiérrez resalta la necesidad de que los aficionados sigan reportando los hallazgos y liberando los ejemplares. El especialista confía en que, con el compromiso de todos los actores costeros, se lograrán tomar decisiones asertivas para asegurar la supervivencia del tiburón gatopardo a largo plazo.

Link para sumarse al nuevo canal de difusión de noticias ambientales, científicas y de turismo de la Patagonia. Todas de libre publicación:

https://whatsapp.com/channel/0029VbCHctjHQbS54K0VSv3m