El Aurinegro cumplió 102 años de historia

Un 7 de mayo de 1924 comenzó una historia que atravesó generaciones, barrios, familias y sueños. Deportivo Madryn cumple 102 años y reafirma un lugar imposible de discutir dentro de la identidad deportiva y social de Puerto Madryn.

El Abel Sastre iluminado.
07 MAY 2026 - 19:06 | Actualizado 07 MAY 2026 - 19:26

El Club Social y Deportivo Madryn nació en tiempos donde la ciudad todavía construía sus primeras raíces. Aquellos pioneros encontraron en el fútbol una forma de encuentro, pero también una bandera para defender el orgullo de una comunidad que comenzaba a crecer junto al mar y al trabajo.

Con el correr de las décadas, el amarillo y negro dejó de ser solamente una camiseta. Se transformó en símbolo. En cada tribuna, en cada cancha del interior, en cada viaje interminable por las rutas patagónicas, Madryn construyó una identidad fuerte, reconocible y profundamente popular.

La historia aurinegra atraviesa generaciones completas. Los abuelos que contaron hazañas del viejo fútbol liguista hoy comparten tribuna con chicos que crecieron viendo al club competir a nivel nacional. Allí aparece una de las mayores fortalezas del Deportivo Madryn: la transmisión emocional entre distintas épocas.

Los grandes nombres aparecen inevitablemente en cualquier conversación futbolera. Rufino Echaide y sus 243 goles, el Tongui Melín, el Poldo, Ubaldo, el Mara Sayhueque, los Casado, los Paollela, los Peinipil y tantos otros dejaron capítulos imborrables dentro de una historia gigantesca para el fútbol chubutense.

También quedaron grabadas aquellas tardes históricas en La Bombonera, los títulos consecutivos en la Liga del Valle y los ascensos que marcaron distintas generaciones. Cada etapa dejó una huella emocional profunda en la ciudad, que encontró en el club una forma colectiva de sentirse representada.

Pero si existe un año reciente imposible de olvidar para el hincha aurinegro, ese fue el 2025. Deportivo Madryn protagonizó una campaña histórica en la Primera Nacional y quedó dos veces a las puertas del ascenso a Primera División, algo jamás alcanzado por otro club chubutense.

La primera oportunidad llegó en Platense, ante Gimnasia de Mendoza. Miles de hinchas viajaron y tiñeron las tribunas de amarillo y negro en una escena inolvidable para el fútbol patagónico. El ascenso se escapó por penales, aunque la imagen del pueblo aurinegro quedó grabada para siempre.

Lejos de derrumbarse, el equipo volvió a levantarse. Por el camino del Reducido, Madryn avanzó hasta otra final y volvió a pelear por el salto máximo. Estudiantes de Río Cuarto terminó frustrando el sueño, pero aquella campaña dejó orgullo, reconocimiento nacional y una marca histórica imposible de borrar.

En ese recorrido apareció la figura de Leandro Gracián. El entrenador armó un equipo competitivo, convencido y protagonista. Su ciclo dejó una huella enorme dentro del club y revalorizó futbolistas, identidad y sentido colectivo. Aunque el ascenso no llegó, el equipo consiguió algo igual de importante: emocionar a toda una provincia.

Ahora el camino continúa con Cristian Díaz al frente del plantel profesional. La ilusión sigue intacta. Madryn pelea nuevamente en los puestos importantes y sostiene el mismo objetivo que moviliza a toda su gente: alcanzar algún día la Primera División del fútbol argentino.

Este sábado, el club celebrará sus 102 años con una gran cena aniversario en la sede social de avenida Roca 516. Allí volverán a encontrarse generaciones enteras de aurinegros. Porque Deportivo Madryn no se explica solamente desde los resultados. Se explica desde el sentimiento. Desde esa pasión que nunca deja de latir.

Enterate de las noticias de DEPORTES a través de nuestro newsletter

Anotate para recibir las noticias más importantes de esta sección.

Te podés dar de baja en cualquier momento con un solo clic.
El Abel Sastre iluminado.
07 MAY 2026 - 19:06

El Club Social y Deportivo Madryn nació en tiempos donde la ciudad todavía construía sus primeras raíces. Aquellos pioneros encontraron en el fútbol una forma de encuentro, pero también una bandera para defender el orgullo de una comunidad que comenzaba a crecer junto al mar y al trabajo.

Con el correr de las décadas, el amarillo y negro dejó de ser solamente una camiseta. Se transformó en símbolo. En cada tribuna, en cada cancha del interior, en cada viaje interminable por las rutas patagónicas, Madryn construyó una identidad fuerte, reconocible y profundamente popular.

La historia aurinegra atraviesa generaciones completas. Los abuelos que contaron hazañas del viejo fútbol liguista hoy comparten tribuna con chicos que crecieron viendo al club competir a nivel nacional. Allí aparece una de las mayores fortalezas del Deportivo Madryn: la transmisión emocional entre distintas épocas.

Los grandes nombres aparecen inevitablemente en cualquier conversación futbolera. Rufino Echaide y sus 243 goles, el Tongui Melín, el Poldo, Ubaldo, el Mara Sayhueque, los Casado, los Paollela, los Peinipil y tantos otros dejaron capítulos imborrables dentro de una historia gigantesca para el fútbol chubutense.

También quedaron grabadas aquellas tardes históricas en La Bombonera, los títulos consecutivos en la Liga del Valle y los ascensos que marcaron distintas generaciones. Cada etapa dejó una huella emocional profunda en la ciudad, que encontró en el club una forma colectiva de sentirse representada.

Pero si existe un año reciente imposible de olvidar para el hincha aurinegro, ese fue el 2025. Deportivo Madryn protagonizó una campaña histórica en la Primera Nacional y quedó dos veces a las puertas del ascenso a Primera División, algo jamás alcanzado por otro club chubutense.

La primera oportunidad llegó en Platense, ante Gimnasia de Mendoza. Miles de hinchas viajaron y tiñeron las tribunas de amarillo y negro en una escena inolvidable para el fútbol patagónico. El ascenso se escapó por penales, aunque la imagen del pueblo aurinegro quedó grabada para siempre.

Lejos de derrumbarse, el equipo volvió a levantarse. Por el camino del Reducido, Madryn avanzó hasta otra final y volvió a pelear por el salto máximo. Estudiantes de Río Cuarto terminó frustrando el sueño, pero aquella campaña dejó orgullo, reconocimiento nacional y una marca histórica imposible de borrar.

En ese recorrido apareció la figura de Leandro Gracián. El entrenador armó un equipo competitivo, convencido y protagonista. Su ciclo dejó una huella enorme dentro del club y revalorizó futbolistas, identidad y sentido colectivo. Aunque el ascenso no llegó, el equipo consiguió algo igual de importante: emocionar a toda una provincia.

Ahora el camino continúa con Cristian Díaz al frente del plantel profesional. La ilusión sigue intacta. Madryn pelea nuevamente en los puestos importantes y sostiene el mismo objetivo que moviliza a toda su gente: alcanzar algún día la Primera División del fútbol argentino.

Este sábado, el club celebrará sus 102 años con una gran cena aniversario en la sede social de avenida Roca 516. Allí volverán a encontrarse generaciones enteras de aurinegros. Porque Deportivo Madryn no se explica solamente desde los resultados. Se explica desde el sentimiento. Desde esa pasión que nunca deja de latir.


NOTICIAS RELACIONADAS