Dalma Bilbao nació y creció en Lago Blanco, cursó toda su escolaridad en la ruralidad chubutense y esta semana logró concretar uno de los mayores objetivos de su vida: defender su tesis doctoral en Ingeniería, en el área de Inteligencia Computacional, Señales y Sistemas.
A los 37 años, la investigadora becada por el CONICET se convirtió en doctora luego de un recorrido marcado por el esfuerzo personal, la pasión por la matemática y la firme decisión de seguir apostando a la ciencia argentina pese al difícil contexto que atraviesa el sistema científico nacional.
Actualmente radicada en Santa Fe, donde trabaja en el Instituto de Matemática Aplicada del Litoral, Dalma repasó en diálogo con Jornada Radio, el largo camino que la llevó desde las aulas rurales de Lago Blanco hasta el mundo de la investigación científica y la inteligencia artificial.
“El 6 defendí mi tesis doctoral en Ingeniería, en Inteligencia Computacional, Señales y Sistemas”, contó con orgullo.
La investigadora recordó que toda su formación inicial transcurrió en Lago Blanco. Hizo la primaria y la secundaria allí, en las antiguas escuelas EAS, con orientación humanística y semipresencial. Nada hacía pensar que años más tarde terminaría especializándose en matemática aplicada, inteligencia artificial y sistemas computacionales.
“Siempre tuve cierta facilidad con la matemática”, explicó.

Después de terminar la secundaria decidió mudarse a Comodoro Rivadavia para estudiar la licenciatura en Matemática en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Ese fue el primer gran salto en una carrera académica que luego continuó con una beca doctoral del CONICET. “Tuve la oportunidad de candidatearme a una beca de CONICET, la gané y hoy estoy en Santa Fe”, relató.
Bilbao dejó en claro que el apoyo estatal fue determinante en su trayectoria. “Sin la beca de CONICET no hubiera podido estar acá ni seguir formándome”, sostuvo.
Ciencia en tiempo de ajuste
Más allá de la satisfacción personal por haber alcanzado el doctorado, la científica chubutense también se refirió al complejo momento que atraviesa el sistema científico argentino y al impacto que el desfinanciamiento tiene sobre investigadores y becarios.
“La ciencia está siendo atacada y desvalorizada de una manera horrible”, afirmó.
En ese sentido, describió los últimos años como una etapa muy difícil para quienes trabajan en investigación. “Estos últimos dos años para nosotros fue como una tortura, con becas y salarios congelados”, expresó.
Aun así, destacó el compromiso de la comunidad científica argentina. “La vocación y el amor que tenemos por hacer ciencia en este país es admirable. Nadie decidió abandonar el barco en esta gran tormenta que nos toca pasar”, remarcó.
Tras finalizar el doctorado, Bilbao ya se presentó para acceder a una beca posdoctoral y continuar investigando en Santa Fe, aunque reconoció que el panorama es incierto.
“Hoy acceder a una beca para postdoctorado o doctorado está siendo muy difícil por el desfinanciamiento y la reducción de becas disponibles”, señaló.
Pese a ese contexto, insistió en que sigue apostando por desarrollar ciencia en Argentina. “Seguimos apostando a hacer ciencia en este país”, aseguró.
Uno de los aspectos más llamativos de su historia es que su formación secundaria no tuvo orientación científica ni técnica. Incluso reconoció que sus bases matemáticas eran limitadas al terminar la escuela.
“Mi base en matemática era bastante mala”, admitió.
Sin embargo, lejos de resignarse, decidió prepararse intensamente para poder ingresar a la universidad. Mientras estudiaba Trabajo Social, tomó clases particulares y en apenas un año logró incorporar contenidos que, según explicó, no había visto durante buena parte del secundario.
“En un año vi todo lo que tendría que haber visto en tres años de secundaria”, recordó.
Finalmente rindió el ingreso universitario y entró en el primer intento. Ahí entendió definitivamente cuál era su vocación. “Dije lo mío son los números, los amo”, contó.
Dalma explicó que su pasión por la matemática nació desde chica gracias a docentes rurales que despertaron su curiosidad. Entre ellos mencionó especialmente a Dante Chaile, uno de sus maestros en Lago Blanco.
“Me di cuenta que no me costaba, que tenía facilidad para la matemática”, señaló.
Más adelante, durante un viaje académico a la Universidad Nacional de Córdoba, descubrió el mundo científico y las posibilidades interdisciplinarias de la matemática aplicada. “Escuché charlas sobre inteligencia artificial y neurociencia y me apasionó” recordó.
Esa experiencia fue clave para decidirse a iniciar una carrera científica vinculada a la inteligencia artificial, la matemática aplicada y los sistemas complejos.
La matemática “mal enseñada”
También se refirió a la crisis educativa y el bajo rendimiento que muestran muchos estudiantes argentinos en matemática. Para Bilbao, el problema tiene mucho que ver con la forma en que se enseña la materia. “Opinión personal: la matemática está mal dada”, aseguró.
Según explicó, es necesario replantear las metodologías y abandonar el modelo basado únicamente en fórmulas repetitivas. “No tiene que ser llegar y dar una fórmula porque sí. Hay que construir el concepto y entender realmente qué estamos haciendo”, planteó.
En ese sentido recordó un proyecto que impulsó llamado “Alfa, aprender jugando”, pensado para enseñar matemática a través de herramientas lúdicas y dinámicas participativas. “La matemática puede enseñarse desde los juegos y desde la construcción de conceptos”, explicó.
Para la investigadora, muchos de los conceptos matemáticos resultan abstractos porque se presentan de manera mecánica, sin procesos de comprensión.
“Si vos metés las manos en la masa y empezás a construir el concepto, todo se vuelve más fácil e entendible”, afirmó.
Incluso comparó la lógica matemática con un rompecabezas. “Son piezas que vas haciendo encastrar para que todo resulte bonito”, describió.
La pasión por enseñar
Además de investigadora, Dalma también desarrolla tareas docentes y asegura que disfruta profundamente de esa faceta.
Antes de radicarse en Santa Fe dio clases en la Universidad Nacional de la Patagonia y actualmente tiene un cargo en una universidad de Buenos Aires, donde dicta Inteligencia Artificial I. “Me encanta la docencia. Disfruto mucho ver cómo piensan los chicos y transmitir”, sostuvo.
También destacó la importancia de despertar curiosidad en los estudiantes y acercarlos a carreras vinculadas con la tecnología y la inteligencia artificial.
“Son carreras del futuro”, dijo.
Para Bilbao, uno de los desafíos más importantes es justamente lograr que los jóvenes pierdan el miedo a la matemática y la entiendan como una herramienta creativa y útil para resolver problemas.
Pese a vivir actualmente en Santa Fe, Dalma mantiene un vínculo permanente con Lago Blanco, donde continúa gran parte de su familia. Además, su hermana es la intendenta de la localidad.
“Siempre estoy viajando”, contó.
Incluso relató que, durante estos años de ajuste y falta de financiamiento científico, muchas veces recibió apoyo familiar para poder asistir a congresos y encuentros académicos.
La investigadora explicó que participar en congresos científicos es fundamental para difundir investigaciones, generar redes interdisciplinarias y seguir creciendo profesionalmente.
“La educación pública te da alas para soñar y cambiar la realidad”, expresó. Y concluyó con una fuerte defensa del sistema universitario argentino: “Es una pena terrible que se desfinancie algo que permite que chicos de todo el país sueñen con hacer ciencia en Argentina”.

Dalma Bilbao nació y creció en Lago Blanco, cursó toda su escolaridad en la ruralidad chubutense y esta semana logró concretar uno de los mayores objetivos de su vida: defender su tesis doctoral en Ingeniería, en el área de Inteligencia Computacional, Señales y Sistemas.
A los 37 años, la investigadora becada por el CONICET se convirtió en doctora luego de un recorrido marcado por el esfuerzo personal, la pasión por la matemática y la firme decisión de seguir apostando a la ciencia argentina pese al difícil contexto que atraviesa el sistema científico nacional.
Actualmente radicada en Santa Fe, donde trabaja en el Instituto de Matemática Aplicada del Litoral, Dalma repasó en diálogo con Jornada Radio, el largo camino que la llevó desde las aulas rurales de Lago Blanco hasta el mundo de la investigación científica y la inteligencia artificial.
“El 6 defendí mi tesis doctoral en Ingeniería, en Inteligencia Computacional, Señales y Sistemas”, contó con orgullo.
La investigadora recordó que toda su formación inicial transcurrió en Lago Blanco. Hizo la primaria y la secundaria allí, en las antiguas escuelas EAS, con orientación humanística y semipresencial. Nada hacía pensar que años más tarde terminaría especializándose en matemática aplicada, inteligencia artificial y sistemas computacionales.
“Siempre tuve cierta facilidad con la matemática”, explicó.

Después de terminar la secundaria decidió mudarse a Comodoro Rivadavia para estudiar la licenciatura en Matemática en la Universidad Nacional de la Patagonia San Juan Bosco. Ese fue el primer gran salto en una carrera académica que luego continuó con una beca doctoral del CONICET. “Tuve la oportunidad de candidatearme a una beca de CONICET, la gané y hoy estoy en Santa Fe”, relató.
Bilbao dejó en claro que el apoyo estatal fue determinante en su trayectoria. “Sin la beca de CONICET no hubiera podido estar acá ni seguir formándome”, sostuvo.
Ciencia en tiempo de ajuste
Más allá de la satisfacción personal por haber alcanzado el doctorado, la científica chubutense también se refirió al complejo momento que atraviesa el sistema científico argentino y al impacto que el desfinanciamiento tiene sobre investigadores y becarios.
“La ciencia está siendo atacada y desvalorizada de una manera horrible”, afirmó.
En ese sentido, describió los últimos años como una etapa muy difícil para quienes trabajan en investigación. “Estos últimos dos años para nosotros fue como una tortura, con becas y salarios congelados”, expresó.
Aun así, destacó el compromiso de la comunidad científica argentina. “La vocación y el amor que tenemos por hacer ciencia en este país es admirable. Nadie decidió abandonar el barco en esta gran tormenta que nos toca pasar”, remarcó.
Tras finalizar el doctorado, Bilbao ya se presentó para acceder a una beca posdoctoral y continuar investigando en Santa Fe, aunque reconoció que el panorama es incierto.
“Hoy acceder a una beca para postdoctorado o doctorado está siendo muy difícil por el desfinanciamiento y la reducción de becas disponibles”, señaló.
Pese a ese contexto, insistió en que sigue apostando por desarrollar ciencia en Argentina. “Seguimos apostando a hacer ciencia en este país”, aseguró.
Uno de los aspectos más llamativos de su historia es que su formación secundaria no tuvo orientación científica ni técnica. Incluso reconoció que sus bases matemáticas eran limitadas al terminar la escuela.
“Mi base en matemática era bastante mala”, admitió.
Sin embargo, lejos de resignarse, decidió prepararse intensamente para poder ingresar a la universidad. Mientras estudiaba Trabajo Social, tomó clases particulares y en apenas un año logró incorporar contenidos que, según explicó, no había visto durante buena parte del secundario.
“En un año vi todo lo que tendría que haber visto en tres años de secundaria”, recordó.
Finalmente rindió el ingreso universitario y entró en el primer intento. Ahí entendió definitivamente cuál era su vocación. “Dije lo mío son los números, los amo”, contó.
Dalma explicó que su pasión por la matemática nació desde chica gracias a docentes rurales que despertaron su curiosidad. Entre ellos mencionó especialmente a Dante Chaile, uno de sus maestros en Lago Blanco.
“Me di cuenta que no me costaba, que tenía facilidad para la matemática”, señaló.
Más adelante, durante un viaje académico a la Universidad Nacional de Córdoba, descubrió el mundo científico y las posibilidades interdisciplinarias de la matemática aplicada. “Escuché charlas sobre inteligencia artificial y neurociencia y me apasionó” recordó.
Esa experiencia fue clave para decidirse a iniciar una carrera científica vinculada a la inteligencia artificial, la matemática aplicada y los sistemas complejos.
La matemática “mal enseñada”
También se refirió a la crisis educativa y el bajo rendimiento que muestran muchos estudiantes argentinos en matemática. Para Bilbao, el problema tiene mucho que ver con la forma en que se enseña la materia. “Opinión personal: la matemática está mal dada”, aseguró.
Según explicó, es necesario replantear las metodologías y abandonar el modelo basado únicamente en fórmulas repetitivas. “No tiene que ser llegar y dar una fórmula porque sí. Hay que construir el concepto y entender realmente qué estamos haciendo”, planteó.
En ese sentido recordó un proyecto que impulsó llamado “Alfa, aprender jugando”, pensado para enseñar matemática a través de herramientas lúdicas y dinámicas participativas. “La matemática puede enseñarse desde los juegos y desde la construcción de conceptos”, explicó.
Para la investigadora, muchos de los conceptos matemáticos resultan abstractos porque se presentan de manera mecánica, sin procesos de comprensión.
“Si vos metés las manos en la masa y empezás a construir el concepto, todo se vuelve más fácil e entendible”, afirmó.
Incluso comparó la lógica matemática con un rompecabezas. “Son piezas que vas haciendo encastrar para que todo resulte bonito”, describió.
La pasión por enseñar
Además de investigadora, Dalma también desarrolla tareas docentes y asegura que disfruta profundamente de esa faceta.
Antes de radicarse en Santa Fe dio clases en la Universidad Nacional de la Patagonia y actualmente tiene un cargo en una universidad de Buenos Aires, donde dicta Inteligencia Artificial I. “Me encanta la docencia. Disfruto mucho ver cómo piensan los chicos y transmitir”, sostuvo.
También destacó la importancia de despertar curiosidad en los estudiantes y acercarlos a carreras vinculadas con la tecnología y la inteligencia artificial.
“Son carreras del futuro”, dijo.
Para Bilbao, uno de los desafíos más importantes es justamente lograr que los jóvenes pierdan el miedo a la matemática y la entiendan como una herramienta creativa y útil para resolver problemas.
Pese a vivir actualmente en Santa Fe, Dalma mantiene un vínculo permanente con Lago Blanco, donde continúa gran parte de su familia. Además, su hermana es la intendenta de la localidad.
“Siempre estoy viajando”, contó.
Incluso relató que, durante estos años de ajuste y falta de financiamiento científico, muchas veces recibió apoyo familiar para poder asistir a congresos y encuentros académicos.
La investigadora explicó que participar en congresos científicos es fundamental para difundir investigaciones, generar redes interdisciplinarias y seguir creciendo profesionalmente.
“La educación pública te da alas para soñar y cambiar la realidad”, expresó. Y concluyó con una fuerte defensa del sistema universitario argentino: “Es una pena terrible que se desfinancie algo que permite que chicos de todo el país sueñen con hacer ciencia en Argentina”.