El escritor Mo Yan, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2012 y máxima figura literaria de China en las últimas décadas, se presentó en la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, para reflexionar sobre el poder de los libros, la influencia de los autores del Boom Latinoamericano en su obra y cómo logra desenvolverse ante la censura en China, entre otros temas.
Con un traductor en el escenario y en la sala Hernández, la de mayor capacidad, colmada, el Nobel conversó con Ezequiel Martínez, director de la Feria, y Alejandro Vaccaro, presidente de la Sade y director cultural de la Fundación El Libro.
Mo Yan considera que la labor fundamental del autor es retratar la vida interior de las personas, más allá de los cambios materiales y políticos que experimenta la sociedad china. Durante el encuentro público relató que, a pesar de los vertiginosos avances y transformaciones económicas ocurridos en su país durante las últimas décadas, su foco permanece en narrar la evolución de la condición humana y los sentimientos, convencido de que esa es la auténtica misión de la literatura.
Mo Yan declaró que existen dos formas predominantes de abordar la narrativa en tiempos de transformación: “Hay escritores que son excelentes para relatar lo que acaba de ocurrir en la sociedad y lo integran en sus novelas, mientras que otros buscan la inspiración en la historia, incluso en tiempos remotos”. Al definirse, dijo pertenecer más bien a este último grupo: prefiere explorar los ecos históricos para contar historias que, aunque antiguas, tengan significado contemporáneo.

Distinguió nítidamente la literatura de las ciencias naturales y subrayó: “La literatura es relatar las condiciones humanas, los sentimientos del ser humano. No se puede aplicar directamente a la vida social, sino que influye de manera paulatina e inconsciente”.
Contó que la recepción de sus novelas presenta una notable diferencia entre China y Occidente. A su juicio, “cuando una obra literaria está publicada, la misión del autor está completada. La forma de interpretar la obra es asunto del lector, no del autor”, declaró.
Por un lado, sus libros suelen leerse en Occidente como testimonios de los cambios sociales o políticos de China, mientras que en su país son vistos como artefactos literarios. No obstante, para él, la obra queda en manos del lector.

El escritor Mo Yan, ganador del Premio Nobel de Literatura en 2012 y máxima figura literaria de China en las últimas décadas, se presentó en la 50ª Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, para reflexionar sobre el poder de los libros, la influencia de los autores del Boom Latinoamericano en su obra y cómo logra desenvolverse ante la censura en China, entre otros temas.
Con un traductor en el escenario y en la sala Hernández, la de mayor capacidad, colmada, el Nobel conversó con Ezequiel Martínez, director de la Feria, y Alejandro Vaccaro, presidente de la Sade y director cultural de la Fundación El Libro.
Mo Yan considera que la labor fundamental del autor es retratar la vida interior de las personas, más allá de los cambios materiales y políticos que experimenta la sociedad china. Durante el encuentro público relató que, a pesar de los vertiginosos avances y transformaciones económicas ocurridos en su país durante las últimas décadas, su foco permanece en narrar la evolución de la condición humana y los sentimientos, convencido de que esa es la auténtica misión de la literatura.
Mo Yan declaró que existen dos formas predominantes de abordar la narrativa en tiempos de transformación: “Hay escritores que son excelentes para relatar lo que acaba de ocurrir en la sociedad y lo integran en sus novelas, mientras que otros buscan la inspiración en la historia, incluso en tiempos remotos”. Al definirse, dijo pertenecer más bien a este último grupo: prefiere explorar los ecos históricos para contar historias que, aunque antiguas, tengan significado contemporáneo.

Distinguió nítidamente la literatura de las ciencias naturales y subrayó: “La literatura es relatar las condiciones humanas, los sentimientos del ser humano. No se puede aplicar directamente a la vida social, sino que influye de manera paulatina e inconsciente”.
Contó que la recepción de sus novelas presenta una notable diferencia entre China y Occidente. A su juicio, “cuando una obra literaria está publicada, la misión del autor está completada. La forma de interpretar la obra es asunto del lector, no del autor”, declaró.
Por un lado, sus libros suelen leerse en Occidente como testimonios de los cambios sociales o políticos de China, mientras que en su país son vistos como artefactos literarios. No obstante, para él, la obra queda en manos del lector.