La narrativa oficial insiste en hablar de estabilización, orden macroeconómico y confianza de los mercados. Pero mientras el Gobierno de Javier Milei celebra cada décima de inflación que cede como si se tratara de una épica refundacional, abajo, en la economía real, el paisaje parece bastante menos heroico: empresas que cierran, sectores que retroceden, trabajadores que quedan en la calle y un entramado productivo que sigue adelgazando.
Los últimos datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, compendiados por el Monitor de Empresas de Fundar, un centro de investigación económica y social, muestran que en febrero de 2026 cerraron 257 empresas respecto del mes anterior. Puede parecer un número menor en términos absolutos, pero lo verdaderamente inquietante es la persistencia: son ya 17 meses consecutivos de caída mensual en la cantidad de empresas con al menos un trabajador registrado.
La comparación anual ofrece una radiografía todavía más cruda. En relación con febrero de 2025, desaparecieron 13.163 empresas, una contracción de 2,6%. Con este dato, se acumulan 24 caídas interanuales consecutivas. No se trata entonces de una corrección puntual ni de un bache pasajero, sino de una tendencia consolidada.

Un paso arrasador
El balance desde el desembarco libertario es todavía más elocuente. Desde noviembre de 2023, cuando asumió Milei, el país perdió 24.437 empresas, equivalente al 4,8% del total. Según los datos comparados, es la peor caída en los primeros 27 meses de una gestión nacional, inclusive con números que empiezan a rozar el deterioro observado durante la pandemia, cuando el cierre de actividades obedecía a una emergencia sanitaria global y no a un programa económico elegido deliberadamente.
Los datos de Fundar exponen con claridad que la caída del entramado empresario no es un fenómeno aislado ni concentrado en unas pocas jurisdicciones, sino una tendencia extendida en casi todo el país. Desde la asunción de Javier Milei, 23 de las 24 provincias registran menos empresas, una señal de fuerte retracción económica que golpea especialmente a las economías regionales.
Efecto Chubut
En ese contexto, Chubut también aparece entre las provincias afectadas, con una pérdida del 7,1% de sus empresas durante la actual gestión, reflejando el impacto de un escenario de ajuste, caída del consumo y menor actividad productiva que no distingue demasiado entre sectores ni geografías.

El deterioro, además, atraviesa a casi toda la estructura productiva. Doce de los 19 sectores económicos registraron caídas intermensuales y 13 muestran retrocesos tanto en la comparación anual como respecto del inicio del actual gobierno. La motosierra no parece haber distinguido demasiado entre “casta” y economía real.
El Gobierno sigue apostando a que el orden fiscal y la desaceleración inflacionaria terminen derramando sobre la economía real. Mientras tanto, el tejido empresario sigue perdiendo densidad, como si el costo de la estabilización estuviera siendo absorbido, una vez más, por quienes producen, emplean y sostienen actividad, además de los jubilados, la educación y la salud.
Ayuda fiscal
En medio de este escenario nacional tan marcado por la retracción empresaria y la caída de la actividad, el gobernador de Chubut, Nacho Torres, buscó esta semana mostrar una respuesta local con el anuncio de un paquete de alivio fiscal orientado al sector de la construcción, uno de los más golpeados por el freno económico.
La iniciativa, que será enviada a la Legislatura y contempla la exención del 100% del Impuesto sobre los Ingresos Brutos para actividades vinculadas a la construcción, reforma y ampliación de viviendas y edificios residenciales, además de beneficios de hasta el 100% en el Impuesto de Sellos para contratos, financiamiento y otras operaciones ligadas al rubro.

Torres justificó la medida en el contexto de crisis nacional y reconoció, sin demasiadas vueltas, el cuadro recesivo que atraviesa el país. “En un contexto de recesión nacional es necesario establecer herramientas concretas para dinamizar la economía”.
Chubut apela a una receta clásica pero pragmática: resignar recaudación hoy para intentar conservar actividad, empleo y algo de movimiento económico mañana. Otra vez las provincias haciendo lo que debería hacer Nación.

La narrativa oficial insiste en hablar de estabilización, orden macroeconómico y confianza de los mercados. Pero mientras el Gobierno de Javier Milei celebra cada décima de inflación que cede como si se tratara de una épica refundacional, abajo, en la economía real, el paisaje parece bastante menos heroico: empresas que cierran, sectores que retroceden, trabajadores que quedan en la calle y un entramado productivo que sigue adelgazando.
Los últimos datos de la Superintendencia de Riesgos del Trabajo, compendiados por el Monitor de Empresas de Fundar, un centro de investigación económica y social, muestran que en febrero de 2026 cerraron 257 empresas respecto del mes anterior. Puede parecer un número menor en términos absolutos, pero lo verdaderamente inquietante es la persistencia: son ya 17 meses consecutivos de caída mensual en la cantidad de empresas con al menos un trabajador registrado.
La comparación anual ofrece una radiografía todavía más cruda. En relación con febrero de 2025, desaparecieron 13.163 empresas, una contracción de 2,6%. Con este dato, se acumulan 24 caídas interanuales consecutivas. No se trata entonces de una corrección puntual ni de un bache pasajero, sino de una tendencia consolidada.

Un paso arrasador
El balance desde el desembarco libertario es todavía más elocuente. Desde noviembre de 2023, cuando asumió Milei, el país perdió 24.437 empresas, equivalente al 4,8% del total. Según los datos comparados, es la peor caída en los primeros 27 meses de una gestión nacional, inclusive con números que empiezan a rozar el deterioro observado durante la pandemia, cuando el cierre de actividades obedecía a una emergencia sanitaria global y no a un programa económico elegido deliberadamente.
Los datos de Fundar exponen con claridad que la caída del entramado empresario no es un fenómeno aislado ni concentrado en unas pocas jurisdicciones, sino una tendencia extendida en casi todo el país. Desde la asunción de Javier Milei, 23 de las 24 provincias registran menos empresas, una señal de fuerte retracción económica que golpea especialmente a las economías regionales.
Efecto Chubut
En ese contexto, Chubut también aparece entre las provincias afectadas, con una pérdida del 7,1% de sus empresas durante la actual gestión, reflejando el impacto de un escenario de ajuste, caída del consumo y menor actividad productiva que no distingue demasiado entre sectores ni geografías.

El deterioro, además, atraviesa a casi toda la estructura productiva. Doce de los 19 sectores económicos registraron caídas intermensuales y 13 muestran retrocesos tanto en la comparación anual como respecto del inicio del actual gobierno. La motosierra no parece haber distinguido demasiado entre “casta” y economía real.
El Gobierno sigue apostando a que el orden fiscal y la desaceleración inflacionaria terminen derramando sobre la economía real. Mientras tanto, el tejido empresario sigue perdiendo densidad, como si el costo de la estabilización estuviera siendo absorbido, una vez más, por quienes producen, emplean y sostienen actividad, además de los jubilados, la educación y la salud.
Ayuda fiscal
En medio de este escenario nacional tan marcado por la retracción empresaria y la caída de la actividad, el gobernador de Chubut, Nacho Torres, buscó esta semana mostrar una respuesta local con el anuncio de un paquete de alivio fiscal orientado al sector de la construcción, uno de los más golpeados por el freno económico.
La iniciativa, que será enviada a la Legislatura y contempla la exención del 100% del Impuesto sobre los Ingresos Brutos para actividades vinculadas a la construcción, reforma y ampliación de viviendas y edificios residenciales, además de beneficios de hasta el 100% en el Impuesto de Sellos para contratos, financiamiento y otras operaciones ligadas al rubro.

Torres justificó la medida en el contexto de crisis nacional y reconoció, sin demasiadas vueltas, el cuadro recesivo que atraviesa el país. “En un contexto de recesión nacional es necesario establecer herramientas concretas para dinamizar la economía”.
Chubut apela a una receta clásica pero pragmática: resignar recaudación hoy para intentar conservar actividad, empleo y algo de movimiento económico mañana. Otra vez las provincias haciendo lo que debería hacer Nación.