Por Bulin Fernández
Casi como un ritual y con formalidad suelen establecerse parámetros que le asignan al Estado un rol preponderante en la vida de las personas e instituciones, pero, en muchos casos, queda solo en eso: una frase.
Esto o aquello debe ser debatido, analizado, ponderado y, con un respaldo técnico y legal, convertirse en norma para luego sí ser una política de Estado.
Cuando se menciona al Estado resulta importante poder separarlo del Gobierno, que es quien ejerce un poder político durante un tiempo determinado por voluntad de la sociedad que lo ha votado.
Es obvio que tiene que existir una clara determinación de quien gobierna para escuchar, analizar y proponer o aceptar una propuesta que tienda a convertirse en una norma que perdure en el tiempo.
Cuando se recorre la historia, varios gobiernos han determinado políticas de Estado que aún tienen vigencia, pero que no resultan intocables según acciones que se han podido observar en los últimos tiempos.
¿Quién podría rechazar la educación pública, laica y gratuita en todos sus niveles para el conjunto de la población, el acceso a la salud pública como método de cobertura social y nivelador para evitar excluidos, o la seguridad y garantía de acceso a la justicia?
La soberanía del territorio, con clara inclusión de las Malvinas e Islas del Atlántico Sur, también parecía un tema resuelto de la búsqueda de recuperación por la vía diplomática, pero también tambalea en función de los hechos del gobierno.
Pero la consulta tiende a intentar saber si nos interesa, como ciudadanos o integrantes de diferentes instituciones, la posibilidad de generar nuevas y mejores políticas de Estado, sea en el ámbito local o provincial.
Pareciera que no. Hay muy pocos temas que busquen ser debatidos, expuestos y consensuados para que luego tengan un respaldo de ley con una sanción de mayorías especiales tanto en concejos deliberantes como en la Legislatura provincial.
Analizar criterios de manejo de recursos naturales, de producción, de generación, transporte y distribución de energía, sistemas tarifarios de los servicios, disposición final de residuos o acceso a costas de ríos, lagos y mar, o los sistemas electorales unificados, son solo algunos de los ejemplos que podrían tener un correlato de convocatoria.
El corto plazo de las contiendas electorales atenta en parte contra esta visión de hacer cosas y legalizarlas para las próximas décadas. Las dirigencias políticas suelen dedicar mucho más tiempo a debates estériles, destructivos y hasta banales, con el dedo levantado hacia otro dirigente, criticando vidas individuales o internas partidarias, que a la búsqueda de soluciones a mediano y largo plazo.
Los cambios digitales de la comunicación o la intervención mucho más nítida de la inteligencia artificial, que aún no está regulada y se convierte en un riesgo tremendo, hacen que todo sea para el próximo minuto y, si es posible, en x1,5 para no perder tiempo.
Complejo resulta observar nuestro futuro mediato cuando no hay pensamiento crítico, lectura, análisis y definiciones, ya no de nosotros mismos sino en la suma de los que pueden pensar diferente.
Las campañas locales que se vienen podrán ser un buen ejemplo de la maduración de la dirigencia si optan por las viseras que utilizan los caballos de carrera para solo mirar la línea de meta o maduran la posibilidad del vínculo comunitario como herramienta de participación y definición.

Por Bulin Fernández
Casi como un ritual y con formalidad suelen establecerse parámetros que le asignan al Estado un rol preponderante en la vida de las personas e instituciones, pero, en muchos casos, queda solo en eso: una frase.
Esto o aquello debe ser debatido, analizado, ponderado y, con un respaldo técnico y legal, convertirse en norma para luego sí ser una política de Estado.
Cuando se menciona al Estado resulta importante poder separarlo del Gobierno, que es quien ejerce un poder político durante un tiempo determinado por voluntad de la sociedad que lo ha votado.
Es obvio que tiene que existir una clara determinación de quien gobierna para escuchar, analizar y proponer o aceptar una propuesta que tienda a convertirse en una norma que perdure en el tiempo.
Cuando se recorre la historia, varios gobiernos han determinado políticas de Estado que aún tienen vigencia, pero que no resultan intocables según acciones que se han podido observar en los últimos tiempos.
¿Quién podría rechazar la educación pública, laica y gratuita en todos sus niveles para el conjunto de la población, el acceso a la salud pública como método de cobertura social y nivelador para evitar excluidos, o la seguridad y garantía de acceso a la justicia?
La soberanía del territorio, con clara inclusión de las Malvinas e Islas del Atlántico Sur, también parecía un tema resuelto de la búsqueda de recuperación por la vía diplomática, pero también tambalea en función de los hechos del gobierno.
Pero la consulta tiende a intentar saber si nos interesa, como ciudadanos o integrantes de diferentes instituciones, la posibilidad de generar nuevas y mejores políticas de Estado, sea en el ámbito local o provincial.
Pareciera que no. Hay muy pocos temas que busquen ser debatidos, expuestos y consensuados para que luego tengan un respaldo de ley con una sanción de mayorías especiales tanto en concejos deliberantes como en la Legislatura provincial.
Analizar criterios de manejo de recursos naturales, de producción, de generación, transporte y distribución de energía, sistemas tarifarios de los servicios, disposición final de residuos o acceso a costas de ríos, lagos y mar, o los sistemas electorales unificados, son solo algunos de los ejemplos que podrían tener un correlato de convocatoria.
El corto plazo de las contiendas electorales atenta en parte contra esta visión de hacer cosas y legalizarlas para las próximas décadas. Las dirigencias políticas suelen dedicar mucho más tiempo a debates estériles, destructivos y hasta banales, con el dedo levantado hacia otro dirigente, criticando vidas individuales o internas partidarias, que a la búsqueda de soluciones a mediano y largo plazo.
Los cambios digitales de la comunicación o la intervención mucho más nítida de la inteligencia artificial, que aún no está regulada y se convierte en un riesgo tremendo, hacen que todo sea para el próximo minuto y, si es posible, en x1,5 para no perder tiempo.
Complejo resulta observar nuestro futuro mediato cuando no hay pensamiento crítico, lectura, análisis y definiciones, ya no de nosotros mismos sino en la suma de los que pueden pensar diferente.
Las campañas locales que se vienen podrán ser un buen ejemplo de la maduración de la dirigencia si optan por las viseras que utilizan los caballos de carrera para solo mirar la línea de meta o maduran la posibilidad del vínculo comunitario como herramienta de participación y definición.