Por Bulín Fernández
Como estaba anunciado, sin voceros, el Mundial de fútbol y la actuación del equipo argentino en particular se llevan la mayoría de las miradas y opiniones de la sociedad a través de los medios tradicionales de comunicación y las famosas redes sociales.
Lamentablemente, los partidos políticos siguen sin despertar a fondo. Quizás una excepción ha sido la Unión Cívica Radical en Chubut, que movilizó su estructura y sostiene los pilares del ordenamiento interno y la movida militante que determinará en breve un esquema de nuevas autoridades partidarias, que deberán legitimar con sus acciones el compromiso con la nueva etapa que depara el calendario electoral.
En ese esquema seguramente determinará su espacio de alianza con el gobierno provincial, que integra y comparte en la actualidad, para reordenar sus opiniones con respecto a lo que se pueda ofrecer al ciudadano en relación con la continuidad o mejora de lo que se hace en la actualidad.
El autodenominado liberalismo, que no sostiene una estructura partidaria ni siquiera en algún espacio físico donde sus afiliados y adherentes pudieran emitir opinión, queda sujeto estrictamente a los dictados centralistas del propio presidente de la Nación y de quienes ostentan algún cargo en nombre de Chubut, pero de quienes se desconoce hasta la voz de manera pública.
La izquierda tiene sectores más localizados, pero suele nutrirse constantemente de lo propio. Fija posiciones sobre diferentes temas, pero sigue sin romper con esa capa electoral que le genera expectativas, aunque nunca termina de consolidar. Ha logrado una banca provincial y tiene instancia de crecimiento, pero la complejiza la cuestión nacional, cuando se invierten tantos espacios en demonizarla en la sociedad.
Pululan partidos municipales o provinciales con personas desconocidas que tienen vida previa a las elecciones, sin identidad ni acción, solo por pugnar espacios en listas de frentes armados a último momento. La confusión solo genera desconocimiento y desinterés.
El peronismo está en uno de sus momentos más complejos. No sale de la modalidad de una dirigencia repetida y muy reducida a los espacios de rosca y muy poco debate abierto. Esos dirigentes, salvo pequeñas excepciones, no buscan el debate abierto que permita unificar criterios, una mayor participación de quienes se han ganado su lugar en el territorio y, al menos, algo de análisis de por qué su dispersión ha generado que muchos afiliados integren gabinetes y gobiernos que expresan algo muy diferente a las pautas básicas y fundacionales del movimiento.
Incluso no termina de resolver un método de elecciones internas que, con un sistema de reparto más abierto, permita una integración legítima y obligada de sus participantes y con tiempo suficiente para después armar los principales aspectos de una plataforma seria y no un copie y pegue de las anteriores.
Se terminará el Mundial y se pondrá en marcha una nueva contienda electoral que cada vez atrae menos, especialmente a los jóvenes, que debieran ser artífices del destino colectivo.
Son mil cuatrocientos sesenta días durante los cuales gobernador, vicegobernador, intendentes, concejales, senadores y diputados provinciales y nacionales deberán ocupar sus lugares para cumplir compromisos.
La cuestión de fondo es que, si no explican qué harán con cada inquietud ciudadana, desde el empleo hasta la forestación; de la asistencia a los ancianos desprotegidos hasta la producción con agregado de valor; desde la minería hasta el cuidado del ambiente; de los planes deportivos y de infraestructura hasta la atención primaria de la salud; de los servicios básicos de agua o energía hasta las rutas o el desarrollo turístico, podrá convertirse en una decepción mucho más profunda, quizás la última para muchos.
Hoy la dirigencia política ya vive el tiempo de descuento y sería bueno que lo asumiera.

Por Bulín Fernández
Como estaba anunciado, sin voceros, el Mundial de fútbol y la actuación del equipo argentino en particular se llevan la mayoría de las miradas y opiniones de la sociedad a través de los medios tradicionales de comunicación y las famosas redes sociales.
Lamentablemente, los partidos políticos siguen sin despertar a fondo. Quizás una excepción ha sido la Unión Cívica Radical en Chubut, que movilizó su estructura y sostiene los pilares del ordenamiento interno y la movida militante que determinará en breve un esquema de nuevas autoridades partidarias, que deberán legitimar con sus acciones el compromiso con la nueva etapa que depara el calendario electoral.
En ese esquema seguramente determinará su espacio de alianza con el gobierno provincial, que integra y comparte en la actualidad, para reordenar sus opiniones con respecto a lo que se pueda ofrecer al ciudadano en relación con la continuidad o mejora de lo que se hace en la actualidad.
El autodenominado liberalismo, que no sostiene una estructura partidaria ni siquiera en algún espacio físico donde sus afiliados y adherentes pudieran emitir opinión, queda sujeto estrictamente a los dictados centralistas del propio presidente de la Nación y de quienes ostentan algún cargo en nombre de Chubut, pero de quienes se desconoce hasta la voz de manera pública.
La izquierda tiene sectores más localizados, pero suele nutrirse constantemente de lo propio. Fija posiciones sobre diferentes temas, pero sigue sin romper con esa capa electoral que le genera expectativas, aunque nunca termina de consolidar. Ha logrado una banca provincial y tiene instancia de crecimiento, pero la complejiza la cuestión nacional, cuando se invierten tantos espacios en demonizarla en la sociedad.
Pululan partidos municipales o provinciales con personas desconocidas que tienen vida previa a las elecciones, sin identidad ni acción, solo por pugnar espacios en listas de frentes armados a último momento. La confusión solo genera desconocimiento y desinterés.
El peronismo está en uno de sus momentos más complejos. No sale de la modalidad de una dirigencia repetida y muy reducida a los espacios de rosca y muy poco debate abierto. Esos dirigentes, salvo pequeñas excepciones, no buscan el debate abierto que permita unificar criterios, una mayor participación de quienes se han ganado su lugar en el territorio y, al menos, algo de análisis de por qué su dispersión ha generado que muchos afiliados integren gabinetes y gobiernos que expresan algo muy diferente a las pautas básicas y fundacionales del movimiento.
Incluso no termina de resolver un método de elecciones internas que, con un sistema de reparto más abierto, permita una integración legítima y obligada de sus participantes y con tiempo suficiente para después armar los principales aspectos de una plataforma seria y no un copie y pegue de las anteriores.
Se terminará el Mundial y se pondrá en marcha una nueva contienda electoral que cada vez atrae menos, especialmente a los jóvenes, que debieran ser artífices del destino colectivo.
Son mil cuatrocientos sesenta días durante los cuales gobernador, vicegobernador, intendentes, concejales, senadores y diputados provinciales y nacionales deberán ocupar sus lugares para cumplir compromisos.
La cuestión de fondo es que, si no explican qué harán con cada inquietud ciudadana, desde el empleo hasta la forestación; de la asistencia a los ancianos desprotegidos hasta la producción con agregado de valor; desde la minería hasta el cuidado del ambiente; de los planes deportivos y de infraestructura hasta la atención primaria de la salud; de los servicios básicos de agua o energía hasta las rutas o el desarrollo turístico, podrá convertirse en una decepción mucho más profunda, quizás la última para muchos.
Hoy la dirigencia política ya vive el tiempo de descuento y sería bueno que lo asumiera.