Por Juan Arcuri *, especial para Jornada
Aquel muchacho que nació en Alto Río Senguer en el invierno del ‘45 estrenaba hace 30 años su primer largometraje como director y guionista, “Flores amarillas en la ventana”, en seis de las principales salas de Buenos Aires y en las provincias.
Antes de su estreno porteño tuvo preestrenos chubutenses en Esquel primero, luego Comodoro Rivadavia y en Trelew.
Filmada durante noviembre y diciembre de 1995 en Esquel (“...filmando allí pasé los dos meses más fantásticos de mi vida”, contó), buena parte del elenco era chubutense: Víctor Manso de Comodoro Rivadavia; Ricardo Carreté de Trelew; y de Esquel,
Daniel García, Jorge Oriola, Sonia Kraiselburd, “Chele” Díaz, María Guitart, Horacio Iturrioz, entre otros.
El protagónico femenino se le ofreció originalmente a la actriz trelewense Valentina Bassi, que contrajo compromisos luego y fue Carolina Fal quien la suplió.

En el equipo técnico había dos trelewenses también: la foto fija la hizo Edi Dorian Jones y el asesor en locación fue Eduardo Rey.
La producción fue de Sabina Sigler quien ya había hecho “La Raulito”, “Quebracho” y fue productora ejecutiva de “Tangos: el exilio de Gardel” y “Sur”, de “Pino” Solanas.
A los relatos que de chico escuchaba sobre las huelgas patagónicas del ‘21 le sumó una bella y trágica historia de amor que le posibilitó ganar el concurso del INCAA al mejor guión de películas del interior en 1995.

Víctor Jorge Ruíz estaba volviendo de a poco al país luego de dieciocho años de exilio en Colombia. Debió dejar La Plata a finales del ‘75 por la violencia desatada que había matado a dos de sus alumnos. Había llegado allí desde Comodoro para estudiar cine y en 1968 obtiene su título de Licenciado en Realización Cinematográfica y comienza a dar clases, a formarse con Pablo Tabernero en fotografía y trabajar junto a Simón Feldman en realizar cortos comerciales y documentales institucionales.
En 1972, el grupo de teatro El Grillo de Trelew lo invita a sumarse a la puesta de “Topografía de un desnudo”, de Jorge Díaz, con filmaciones y fotografías a proyectarse durante la obra.

Pero si hay algo asombroso entre las múltiples experiencias que ha vivido Jorge Ruíz es su paso por Cushamen en 1967. Él, a caballo durante nueve meses y conviviendo con la familia Nahuelquir, realiza un registro único de la comunidad en su vida diaria con su cámara Bolex de 16mm. Esas latas de películas comienzan a visualizarse de a poco, en los laboratorios Alex donde también Solanas, Getino y Vallejos estaban editando “La hora de los hornos”, pero van quedando relegadas por múltiples compromisos de trabajo, luego el exilio y recuperadas a su vuelta, “milagrosamente”.
Hoy, Jorge ha podido digitalizar todo ese material maravilloso, inédito y está trabajando intensamente para producir su próxima película.
* Exdirector de Cultura de Trelew y exsubsecretario de Derechos Humanos de Chubut



Por Juan Arcuri *, especial para Jornada
Aquel muchacho que nació en Alto Río Senguer en el invierno del ‘45 estrenaba hace 30 años su primer largometraje como director y guionista, “Flores amarillas en la ventana”, en seis de las principales salas de Buenos Aires y en las provincias.
Antes de su estreno porteño tuvo preestrenos chubutenses en Esquel primero, luego Comodoro Rivadavia y en Trelew.
Filmada durante noviembre y diciembre de 1995 en Esquel (“...filmando allí pasé los dos meses más fantásticos de mi vida”, contó), buena parte del elenco era chubutense: Víctor Manso de Comodoro Rivadavia; Ricardo Carreté de Trelew; y de Esquel,
Daniel García, Jorge Oriola, Sonia Kraiselburd, “Chele” Díaz, María Guitart, Horacio Iturrioz, entre otros.
El protagónico femenino se le ofreció originalmente a la actriz trelewense Valentina Bassi, que contrajo compromisos luego y fue Carolina Fal quien la suplió.

En el equipo técnico había dos trelewenses también: la foto fija la hizo Edi Dorian Jones y el asesor en locación fue Eduardo Rey.
La producción fue de Sabina Sigler quien ya había hecho “La Raulito”, “Quebracho” y fue productora ejecutiva de “Tangos: el exilio de Gardel” y “Sur”, de “Pino” Solanas.
A los relatos que de chico escuchaba sobre las huelgas patagónicas del ‘21 le sumó una bella y trágica historia de amor que le posibilitó ganar el concurso del INCAA al mejor guión de películas del interior en 1995.

Víctor Jorge Ruíz estaba volviendo de a poco al país luego de dieciocho años de exilio en Colombia. Debió dejar La Plata a finales del ‘75 por la violencia desatada que había matado a dos de sus alumnos. Había llegado allí desde Comodoro para estudiar cine y en 1968 obtiene su título de Licenciado en Realización Cinematográfica y comienza a dar clases, a formarse con Pablo Tabernero en fotografía y trabajar junto a Simón Feldman en realizar cortos comerciales y documentales institucionales.
En 1972, el grupo de teatro El Grillo de Trelew lo invita a sumarse a la puesta de “Topografía de un desnudo”, de Jorge Díaz, con filmaciones y fotografías a proyectarse durante la obra.

Pero si hay algo asombroso entre las múltiples experiencias que ha vivido Jorge Ruíz es su paso por Cushamen en 1967. Él, a caballo durante nueve meses y conviviendo con la familia Nahuelquir, realiza un registro único de la comunidad en su vida diaria con su cámara Bolex de 16mm. Esas latas de películas comienzan a visualizarse de a poco, en los laboratorios Alex donde también Solanas, Getino y Vallejos estaban editando “La hora de los hornos”, pero van quedando relegadas por múltiples compromisos de trabajo, luego el exilio y recuperadas a su vuelta, “milagrosamente”.
Hoy, Jorge ha podido digitalizar todo ese material maravilloso, inédito y está trabajando intensamente para producir su próxima película.
* Exdirector de Cultura de Trelew y exsubsecretario de Derechos Humanos de Chubut

