Fotos: Daniel Feldman / Redacción Jornada
El agónico triunfo de la Selección Argentina ante Egipto por los octavos de final del Mundial 2026 convirtió al centro de Trelew en un gran escenario de festejos. Apenas sonó el pitazo final, cientos de vecinos salieron a las calles para compartir la emoción de una victoria que mantuvo a todos al borde del asiento. Tambien hubo pura fiesta en Esquel y en Puerto Madryn.
El punto de encuentro fue, como ya es tradición, la intersección de 25 de Mayo y Rivadavia. Allí comenzaron a reunirse grupos de amigos y familias enteras, envueltos en banderas celestes y blancas, mientras el incesante sonar de los bombos y las bocinas marcaba el ritmo de la celebración.

Con el correr de los minutos, la multitud fue creciendo, gente bajaba por todas las calles, y el festejo se trasladó hasta la glorieta de la Plaza Independencia, donde el color, los cánticos y la alegría se adueñaron de la noche. Adultos, jóvenes y muchos niños con la cara pintada alentaron y celebraron una clasificación que hizo vibrar a toda la ciudad.
La pasión por la Scaloneta volvió a unir a los trelewenses en una jornada inolvidable, con abrazos entre desconocidos, fotos, bengalas de humo y un clima de felicidad que se extendió por varias horas. Una vez más, el fútbol demostró su capacidad para reunir a toda una comunidad detrás de un mismo sueño: seguir viendo a Argentina avanzar en la Copa del Mundo.








Fotos: Daniel Feldman / Redacción Jornada
El agónico triunfo de la Selección Argentina ante Egipto por los octavos de final del Mundial 2026 convirtió al centro de Trelew en un gran escenario de festejos. Apenas sonó el pitazo final, cientos de vecinos salieron a las calles para compartir la emoción de una victoria que mantuvo a todos al borde del asiento. Tambien hubo pura fiesta en Esquel y en Puerto Madryn.
El punto de encuentro fue, como ya es tradición, la intersección de 25 de Mayo y Rivadavia. Allí comenzaron a reunirse grupos de amigos y familias enteras, envueltos en banderas celestes y blancas, mientras el incesante sonar de los bombos y las bocinas marcaba el ritmo de la celebración.

Con el correr de los minutos, la multitud fue creciendo, gente bajaba por todas las calles, y el festejo se trasladó hasta la glorieta de la Plaza Independencia, donde el color, los cánticos y la alegría se adueñaron de la noche. Adultos, jóvenes y muchos niños con la cara pintada alentaron y celebraron una clasificación que hizo vibrar a toda la ciudad.
La pasión por la Scaloneta volvió a unir a los trelewenses en una jornada inolvidable, con abrazos entre desconocidos, fotos, bengalas de humo y un clima de felicidad que se extendió por varias horas. Una vez más, el fútbol demostró su capacidad para reunir a toda una comunidad detrás de un mismo sueño: seguir viendo a Argentina avanzar en la Copa del Mundo.






