Hay derrotas parlamentarias que se pueden maquillar con una votación ganada, pero dejan expuesta una realidad política muy incómoda. La sesión del Senado que terminó con la media sanción de la mentada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada pertenece a esta categoría.
Javier Milei consiguió que su proyecto avanzara, sí. Pero para hacerlo tuvo que amputarle dos de los capítulos más importantes: el que flexibilizaba las restricciones para la compra de tierras por parte de extranjeros y el que modificaba el régimen de protección de las tierras afectadas por incendios.
El texto que finalmente salió del Senado ya no es el que la Casa Rosada había defendido durante meses. Fue el resultado de una negociación a contramano de la voluntad original del Gobierno y de una derrota política que difícilmente pueda disimularse detrás del número final de la votación.
En el medio quedaron las masivas marchas realizadas en todos los rincones del país y, por supuesto, la brutal represión de la policía de Jorge Macri y de las fuerzas federales manipuladas por Milei frente al Congreso en la Ciudad de Buenos Aires, que refleja la intensidad de la derrota. Cuanto más gases y balas de goma tiran, más evidente es que el Gobierno libertario acusó el golpe. No saben gobernar y tampoco saben perder. Dos aspectos peligrosos para tomar nota de cara al año electoral que se avecina.
“Dialoguistas” pero no tontosDos imágenes de la represión del jueves, un trabajo notable de Juan Ignacio Roncoroni, fotógrafo de la Agencia EFE.Hay otro dato importante: Milei empezó a perder algo que hasta ahora había sido fundamental para su estrategia parlamentaria. El acompañamiento casi automático de algunos gobernadores que, con mayor o menor entusiasmo, le venían garantizando votos. Los casos de Rolando Figueroa (Neuquén), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Hugo Passalacqua (Misiones) son particularmente significativos. No se trata de gobernadores que hayan abrazado de repente a la oposición. Se trata de dirigentes que entendieron que acompañar todo, siempre y sin condiciones, empieza a tener un costo político demasiado alto.
Y cuando los gobernadores provinciales dejan de funcionar como una extensión de la estrategia parlamentaria de la Casa Rosada, el Gobierno nacional queda mucho más solo. El problema para Milei es que esta vez no se discutía una cuestión menor. Se discutía tierra. Se discutía soberanía. Se discutía qué puede pasar con un territorio después de un incendio. Se discutía, en definitiva, una concepción del país.
El Gobierno pretendía avanzar sobre dos asuntos particularmente sensibles en una Patagonia que conoce demasiado bien las consecuencias de los incendios y que también conoce, desde hace décadas, las discusiones alrededor de la propiedad de grandes extensiones de tierra. La reacción política y social terminó obligando a la Casa Rosada a retroceder.
Los votos que nunca fallan
En ese escenario parlamentario aparece una situación que, para Chubut, merece una lectura propia. Las senadoras Edith Terenzi y Andrea Cristina volvieron a acompañar al oficialismo. Ambas integran el espacio parlamentario que responde políticamente al gobernador Nacho Torres y ya habían sido parte de los respaldos que permitieron al Gobierno nacional avanzar con otras iniciativas centrales.
No hubo, esta vez, una posición pública de ambas que expresara reparos frente a los aspectos más controvertidos del proyecto. Terenzi hizo una salvedad en su discurso al referirse a la modificación del Código Civil para acelerar los desalojos exprés y sostuvo que ese mecanismo tendría aplicación sólo en la Ciudad de Buenos Aires.
Pero, inmediatamente, Patricia Bullrich salió a corregirla públicamente y dejó en claro que la intención del Gobierno es que alcance a todo el país.
La escena es reveladora.
Respecto del capítulo sobre desalojos, la senadora Edith Terenzi (Chubut), explicó que solo se aplicará a la Ciudad de Buenos Aires ya que las 23 provincias tienen su propia regulación. pic.twitter.com/hp6FiTKBG1
— Gabriela Pepe ?????? (@gabyspepe) August 7, 2026
La respondió Patricia Bullrich que se aplicará a la Ciudad de Buenos Aires y a los edificios y terrenos del Estado Nacional en las provincias. pic.twitter.com/VuNzbfv4Zv
— Gabriela Pepe ?????? (@gabyspepe) August 7, 2026
Este es, probablemente, el peor momento parlamentario del Gobierno libertario desde que asumió. No porque haya dejado de conseguir leyes, sino porque empieza a comprobar que ya no alcanza con anunciar una reforma, presionar a los aliados y esperar que el Congreso la apruebe.
La política volvió a aparecer. Y cuando la política vuelve, aparecen también los costos.
Ahora, dentro del propio Gobierno, empezaron los pases de facturas. Una parte de la culpa apunta a Federico Sturzenegger y a su obsesión reformista, como si el problema estuviera en quien diseña proyectos demasiado difíciles de defender políticamente. Otra apunta a Bullrich, a quien algunos sectores del oficialismo responsabilizan por no haber podido ordenar el Senado y garantizar los votos.
Es la vieja lógica de los gobiernos cuando pierden: primero se busca al responsable de la derrota antes que preguntarse por qué la sociedad, los gobernadores y sus propios aliados empezaron a decir que no.
Bowen le apunta a Torres
En Chubut, mientras tanto, el escenario también empieza a moverse. Las duras declaraciones de Dante Bowen en Jornada Radio no fueron simplemente otra crítica opositora al gobernador Torres. Tuvieron un componente mucho más personal y, por eso mismo, mucho más político.
Porque Bowen y Torres supieron compartir durante años una relación personal y política que, con sus diferencias, parecía formar parte de ese entramado de vínculos que muchas veces atraviesa a la política chubutense. Esa relación hoy está rota.
“Extorsionador” y “mafioso” le espetó el dolavense al gobernador, dejando por sentado que la campaña ya empezó y será larga y dura.
Bowen, que ya se mueve como precandidato del peronismo para la Gobernación en 2027, eligió confrontar directamente con Torres y también apuntó contra Luka Jones, el joven intendente de 28 de Julio que fue durante varios años su “pollo” y que, sin embargo, no tuvo ningún empacho en pasarse del peronismo a las filas de Despierta Chubut.
El caso Jones es interesante porque representa un dilema que probablemente atraviese a varios intendentes en los próximos meses: cuánto de una alianza política se construye por convicción y cuánto por necesidad.
La posibilidad de que algunos jefes comunales se embarquen detrás de la reelección de Torres a cambio de garantizar su propia continuidad —ahora que la Legislatura habilitó la reelección de los intendentes— o de conseguir obras para sus localidades, abre una discusión que va mucho más allá de un nombre propio.
Bowen está intentando convertir esa discusión en uno de los ejes de su futura campaña. Recibió el golpe y contestó rápido y duro. En el peronismo, actuar rápido y duro es una virtud que se destaca. No alcanza por sí sola para ganar elecciones, pero sí para marcar la cancha.
Del otro lado quedan Carlos Linares, Juan Pablo Luque y Gustavo Fita, por nombrar a los que manejan la institucionalidad del PJ, que también le apuntan a Torres pero golpean todo el tiempo por debajo de la línea del cinturón y después se esconden.
Por eso no sorprende que ahora aparezca otro aspirante para Bowen, como lo es el diputado nacional José Glinski, que se anima a expresar sus deseos en medio del cotolengo que es el peronismo de Comodoro.
Ahí está, probablemente, la verdadera importancia de los dirigentes que se animan a enfrentar a Torres. No solamente en la dureza de las palabras, sino en la intención de empezar a disputar un territorio político que hasta hace poco parecía mucho más cómodo para el gobernador.
Una elección inesperada
En medio de todo este movimiento político llegó una noticia que obligó a detener cualquier especulación electoral: la muerte de Darío James. El intendente de Gaiman no era solamente un dirigente político. Era, para buena parte de la comunidad, una figura profundamente vinculada con la identidad de la localidad. Por eso su muerte produjo un impacto que excede largamente las consecuencias institucionales.
Pero la política, incluso en los momentos más dolorosos, tiene sus propias reglas. Y la Carta Orgánica de Gaiman abre ahora un escenario electoral inesperado: el municipio deberá convocar a elecciones dentro de los próximos 60 días para definir quién completará el mandato. Quien resulte elegido tendrá, como máximo, alrededor de un año de gestión, y gran parte de ella en medio del calendario electoral del año próximo en el que, entre otros cargos, se elegirá a otro intendente para Gaiman para el período 2027-2031.
Ya es tarde para salvar la situación, pero ahora queda en evidencia que la Carta Orgánica de Gaiman sancionada en 2022 y aprobada por la Legislatura en 2023 tenía fallas de origen.
Más allá de este entuerto político, la muerte de James vuelve a recordar que detrás de los cargos, de las estrategias, de las encuestas y de las disputas por el poder hay personas. Y que la política, a veces, cambia de escenario de un día para otro por razones que ningún cálculo electoral puede prever.

Hay derrotas parlamentarias que se pueden maquillar con una votación ganada, pero dejan expuesta una realidad política muy incómoda. La sesión del Senado que terminó con la media sanción de la mentada Ley de Inviolabilidad de la Propiedad Privada pertenece a esta categoría.
Javier Milei consiguió que su proyecto avanzara, sí. Pero para hacerlo tuvo que amputarle dos de los capítulos más importantes: el que flexibilizaba las restricciones para la compra de tierras por parte de extranjeros y el que modificaba el régimen de protección de las tierras afectadas por incendios.
El texto que finalmente salió del Senado ya no es el que la Casa Rosada había defendido durante meses. Fue el resultado de una negociación a contramano de la voluntad original del Gobierno y de una derrota política que difícilmente pueda disimularse detrás del número final de la votación.
En el medio quedaron las masivas marchas realizadas en todos los rincones del país y, por supuesto, la brutal represión de la policía de Jorge Macri y de las fuerzas federales manipuladas por Milei frente al Congreso en la Ciudad de Buenos Aires, que refleja la intensidad de la derrota. Cuanto más gases y balas de goma tiran, más evidente es que el Gobierno libertario acusó el golpe. No saben gobernar y tampoco saben perder. Dos aspectos peligrosos para tomar nota de cara al año electoral que se avecina.
“Dialoguistas” pero no tontosDos imágenes de la represión del jueves, un trabajo notable de Juan Ignacio Roncoroni, fotógrafo de la Agencia EFE.Hay otro dato importante: Milei empezó a perder algo que hasta ahora había sido fundamental para su estrategia parlamentaria. El acompañamiento casi automático de algunos gobernadores que, con mayor o menor entusiasmo, le venían garantizando votos. Los casos de Rolando Figueroa (Neuquén), Osvaldo Jaldo (Tucumán) y Hugo Passalacqua (Misiones) son particularmente significativos. No se trata de gobernadores que hayan abrazado de repente a la oposición. Se trata de dirigentes que entendieron que acompañar todo, siempre y sin condiciones, empieza a tener un costo político demasiado alto.
Y cuando los gobernadores provinciales dejan de funcionar como una extensión de la estrategia parlamentaria de la Casa Rosada, el Gobierno nacional queda mucho más solo. El problema para Milei es que esta vez no se discutía una cuestión menor. Se discutía tierra. Se discutía soberanía. Se discutía qué puede pasar con un territorio después de un incendio. Se discutía, en definitiva, una concepción del país.
El Gobierno pretendía avanzar sobre dos asuntos particularmente sensibles en una Patagonia que conoce demasiado bien las consecuencias de los incendios y que también conoce, desde hace décadas, las discusiones alrededor de la propiedad de grandes extensiones de tierra. La reacción política y social terminó obligando a la Casa Rosada a retroceder.
Los votos que nunca fallan
En ese escenario parlamentario aparece una situación que, para Chubut, merece una lectura propia. Las senadoras Edith Terenzi y Andrea Cristina volvieron a acompañar al oficialismo. Ambas integran el espacio parlamentario que responde políticamente al gobernador Nacho Torres y ya habían sido parte de los respaldos que permitieron al Gobierno nacional avanzar con otras iniciativas centrales.
No hubo, esta vez, una posición pública de ambas que expresara reparos frente a los aspectos más controvertidos del proyecto. Terenzi hizo una salvedad en su discurso al referirse a la modificación del Código Civil para acelerar los desalojos exprés y sostuvo que ese mecanismo tendría aplicación sólo en la Ciudad de Buenos Aires.
Pero, inmediatamente, Patricia Bullrich salió a corregirla públicamente y dejó en claro que la intención del Gobierno es que alcance a todo el país.
La escena es reveladora.
Respecto del capítulo sobre desalojos, la senadora Edith Terenzi (Chubut), explicó que solo se aplicará a la Ciudad de Buenos Aires ya que las 23 provincias tienen su propia regulación. pic.twitter.com/hp6FiTKBG1
— Gabriela Pepe ?????? (@gabyspepe) August 7, 2026
La respondió Patricia Bullrich que se aplicará a la Ciudad de Buenos Aires y a los edificios y terrenos del Estado Nacional en las provincias. pic.twitter.com/VuNzbfv4Zv
— Gabriela Pepe ?????? (@gabyspepe) August 7, 2026
Este es, probablemente, el peor momento parlamentario del Gobierno libertario desde que asumió. No porque haya dejado de conseguir leyes, sino porque empieza a comprobar que ya no alcanza con anunciar una reforma, presionar a los aliados y esperar que el Congreso la apruebe.
La política volvió a aparecer. Y cuando la política vuelve, aparecen también los costos.
Ahora, dentro del propio Gobierno, empezaron los pases de facturas. Una parte de la culpa apunta a Federico Sturzenegger y a su obsesión reformista, como si el problema estuviera en quien diseña proyectos demasiado difíciles de defender políticamente. Otra apunta a Bullrich, a quien algunos sectores del oficialismo responsabilizan por no haber podido ordenar el Senado y garantizar los votos.
Es la vieja lógica de los gobiernos cuando pierden: primero se busca al responsable de la derrota antes que preguntarse por qué la sociedad, los gobernadores y sus propios aliados empezaron a decir que no.
Bowen le apunta a Torres
En Chubut, mientras tanto, el escenario también empieza a moverse. Las duras declaraciones de Dante Bowen en Jornada Radio no fueron simplemente otra crítica opositora al gobernador Torres. Tuvieron un componente mucho más personal y, por eso mismo, mucho más político.
Porque Bowen y Torres supieron compartir durante años una relación personal y política que, con sus diferencias, parecía formar parte de ese entramado de vínculos que muchas veces atraviesa a la política chubutense. Esa relación hoy está rota.
“Extorsionador” y “mafioso” le espetó el dolavense al gobernador, dejando por sentado que la campaña ya empezó y será larga y dura.
Bowen, que ya se mueve como precandidato del peronismo para la Gobernación en 2027, eligió confrontar directamente con Torres y también apuntó contra Luka Jones, el joven intendente de 28 de Julio que fue durante varios años su “pollo” y que, sin embargo, no tuvo ningún empacho en pasarse del peronismo a las filas de Despierta Chubut.
El caso Jones es interesante porque representa un dilema que probablemente atraviese a varios intendentes en los próximos meses: cuánto de una alianza política se construye por convicción y cuánto por necesidad.
La posibilidad de que algunos jefes comunales se embarquen detrás de la reelección de Torres a cambio de garantizar su propia continuidad —ahora que la Legislatura habilitó la reelección de los intendentes— o de conseguir obras para sus localidades, abre una discusión que va mucho más allá de un nombre propio.
Bowen está intentando convertir esa discusión en uno de los ejes de su futura campaña. Recibió el golpe y contestó rápido y duro. En el peronismo, actuar rápido y duro es una virtud que se destaca. No alcanza por sí sola para ganar elecciones, pero sí para marcar la cancha.
Del otro lado quedan Carlos Linares, Juan Pablo Luque y Gustavo Fita, por nombrar a los que manejan la institucionalidad del PJ, que también le apuntan a Torres pero golpean todo el tiempo por debajo de la línea del cinturón y después se esconden.
Por eso no sorprende que ahora aparezca otro aspirante para Bowen, como lo es el diputado nacional José Glinski, que se anima a expresar sus deseos en medio del cotolengo que es el peronismo de Comodoro.
Ahí está, probablemente, la verdadera importancia de los dirigentes que se animan a enfrentar a Torres. No solamente en la dureza de las palabras, sino en la intención de empezar a disputar un territorio político que hasta hace poco parecía mucho más cómodo para el gobernador.
Una elección inesperada
En medio de todo este movimiento político llegó una noticia que obligó a detener cualquier especulación electoral: la muerte de Darío James. El intendente de Gaiman no era solamente un dirigente político. Era, para buena parte de la comunidad, una figura profundamente vinculada con la identidad de la localidad. Por eso su muerte produjo un impacto que excede largamente las consecuencias institucionales.
Pero la política, incluso en los momentos más dolorosos, tiene sus propias reglas. Y la Carta Orgánica de Gaiman abre ahora un escenario electoral inesperado: el municipio deberá convocar a elecciones dentro de los próximos 60 días para definir quién completará el mandato. Quien resulte elegido tendrá, como máximo, alrededor de un año de gestión, y gran parte de ella en medio del calendario electoral del año próximo en el que, entre otros cargos, se elegirá a otro intendente para Gaiman para el período 2027-2031.
Ya es tarde para salvar la situación, pero ahora queda en evidencia que la Carta Orgánica de Gaiman sancionada en 2022 y aprobada por la Legislatura en 2023 tenía fallas de origen.
Más allá de este entuerto político, la muerte de James vuelve a recordar que detrás de los cargos, de las estrategias, de las encuestas y de las disputas por el poder hay personas. Y que la política, a veces, cambia de escenario de un día para otro por razones que ningún cálculo electoral puede prever.
