Dolor infantil: la medicina abre una nueva etapa

El dolor crónico pediátrico es reconocido como una enfermedad compleja, con capacidad de afectar el desarrollo físico y emocional de quienes lo padecen.


16 AGO 2026 - 14:15 | Actualizado 16 AGO 2026 - 14:30

Durante décadas se creyó que el dolor en los niños era una consecuencia inevitable de determinadas enfermedades, cirugías o tratamientos médicos, pero en la actualidad esa idea cambió de manera radical.

El dolor crónico pediátrico es reconocido como una enfermedad compleja, con capacidad de afectar el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social de quienes lo padecen, además de comprometer profundamente la calidad de vida de sus familias.

Este cambio de paradigma quedó plasmado en 2021 con la publicación de la primera Guía Mundial para el Manejo del Dolor Crónico en Niños y Adolescentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), considerada un punto de inflexión para la especialidad.

Según un informe al que accedió la agencia Noticias Argentinas, el documento estima que hasta uno de cada tres niños experimentará algún tipo de dolor crónico durante la infancia o la adolescencia y que aproximadamente uno de cada veinte desarrollará dolor incapacitante, con consecuencias sobre la escolaridad, el descanso, la salud mental y la vida familiar.

La guía también propone un cambio conceptual profundo: el dolor deja de entenderse únicamente como un síntoma y pasa a abordarse como una enfermedad que requiere un enfoque biopsicosocial, mediante estrategias terapéuticas individualizadas que integran tratamientos físicos, psicológicos y farmacológicos.

En tanto, la creación del primer Programa Integral de Medicina Intervencionista del Dolor en Pediatría del Sanatorio Trinidad Ramos Mejía, el primero de estas características en el ámbito privado de la Argentina, refleja un cambio que ya comenzó en los principales centros internacionales: el dolor crónico en niños dejó de ser considerado un simple síntoma para convertirse en una enfermedad que requiere diagnóstico precoz y tratamientos especializados. La nueva frontera para los casos más complejos

En paralelo con esta transformación comenzaron a desarrollarse programas específicos de Medicina Intervencionista del Dolor Pediátrico en algunos de los principales centros internacionales.

Esta subespecialidad incorpora procedimientos mínimamente invasivos, realizados bajo guía ecográfica o radioscópica, que permiten actuar directamente sobre las estructuras responsables del dolor.

Entre ellos se incluyen bloqueos nerviosos, radiofrecuencia, neuromodulación y otras técnicas avanzadas destinadas a pacientes cuyo dolor persiste a pesar de los tratamientos conservadores o cuya calidad de vida se encuentra gravemente comprometida.

“La medicina intervencionista no reemplaza los tratamientos convencionales; los complementa cuando estos ya no alcanzan. Nuestro objetivo no es únicamente disminuir el dolor, sino recuperar la funcionalidad, favorecer el desarrollo y permitir que el niño vuelva a realizar las actividades propias de su edad”, explicó el Dr. Walter Theiller, jefe del Servicio de Tratamiento del Dolor y Cuidados Paliativos del citado centro de salud.

La OMS reconoce que estas terapias representan un área de rápido crecimiento y, si bien aún no forman parte de las recomendaciones centrales de su guía debido a la limitada disponibilidad de evidencia y de centros especializados, identifica a la medicina intervencionista como uno de los campos con mayor potencial de desarrollo dentro del tratamiento del dolor pediátrico.

¿Por qué crece esta disciplina?

El aumento de la supervivencia de niños con enfermedades oncológicas, neurológicas y malformaciones congénitas, junto con un mayor reconocimiento del dolor neuropático, del dolor persistente posterior a cirugías complejas y de otras patologías antes subdiagnosticadas, generó una creciente demanda de tratamientos más específicos.

Al mismo tiempo, la medicina moderna busca reducir el uso prolongado de opioides y otros analgésicos cuando existen alternativas capaces de controlar el dolor de forma más localizada y con menos efectos adversos. Las recomendaciones internacionales promueven estrategias multimodales, individualizadas y centradas en el paciente.

Actualmente, el tratamiento del dolor infantil requiere equipos multidisciplinarios integrados por anestesiólogos especializados en medicina del dolor, pediatras, neurólogos, oncólogos, traumatólogos, psicólogos, kinesiólogos, nutricionistas, especialistas en rehabilitación y cuidados paliativos. “Hoy sabemos que tratar el dolor es mucho más que aliviar un síntoma.

Significa evitar que el niño deje de jugar, de aprender, de dormir bien o de relacionarse con su entorno. Tratar el dolor a tiempo también es proteger su desarrollo futuro”, señalaron los expertos del dolor del centro asistencial.

El citado programa es una propuesta que no se limita a la realización de procedimientos, sino que integra la evaluación especializada de cada paciente, el tratamiento clínico y conservador, el apoyo psicológico y nutricional, la rehabilitación antes y después de las intervenciones y, cuando se encuentra indicado, la incorporación de técnicas mínimamente invasivas dentro de un plan terapéutico individualizado y con seguimiento longitudinal.


16 AGO 2026 - 14:15

Durante décadas se creyó que el dolor en los niños era una consecuencia inevitable de determinadas enfermedades, cirugías o tratamientos médicos, pero en la actualidad esa idea cambió de manera radical.

El dolor crónico pediátrico es reconocido como una enfermedad compleja, con capacidad de afectar el desarrollo físico, emocional, cognitivo y social de quienes lo padecen, además de comprometer profundamente la calidad de vida de sus familias.

Este cambio de paradigma quedó plasmado en 2021 con la publicación de la primera Guía Mundial para el Manejo del Dolor Crónico en Niños y Adolescentes de la Organización Mundial de la Salud (OMS), considerada un punto de inflexión para la especialidad.

Según un informe al que accedió la agencia Noticias Argentinas, el documento estima que hasta uno de cada tres niños experimentará algún tipo de dolor crónico durante la infancia o la adolescencia y que aproximadamente uno de cada veinte desarrollará dolor incapacitante, con consecuencias sobre la escolaridad, el descanso, la salud mental y la vida familiar.

La guía también propone un cambio conceptual profundo: el dolor deja de entenderse únicamente como un síntoma y pasa a abordarse como una enfermedad que requiere un enfoque biopsicosocial, mediante estrategias terapéuticas individualizadas que integran tratamientos físicos, psicológicos y farmacológicos.

En tanto, la creación del primer Programa Integral de Medicina Intervencionista del Dolor en Pediatría del Sanatorio Trinidad Ramos Mejía, el primero de estas características en el ámbito privado de la Argentina, refleja un cambio que ya comenzó en los principales centros internacionales: el dolor crónico en niños dejó de ser considerado un simple síntoma para convertirse en una enfermedad que requiere diagnóstico precoz y tratamientos especializados. La nueva frontera para los casos más complejos

En paralelo con esta transformación comenzaron a desarrollarse programas específicos de Medicina Intervencionista del Dolor Pediátrico en algunos de los principales centros internacionales.

Esta subespecialidad incorpora procedimientos mínimamente invasivos, realizados bajo guía ecográfica o radioscópica, que permiten actuar directamente sobre las estructuras responsables del dolor.

Entre ellos se incluyen bloqueos nerviosos, radiofrecuencia, neuromodulación y otras técnicas avanzadas destinadas a pacientes cuyo dolor persiste a pesar de los tratamientos conservadores o cuya calidad de vida se encuentra gravemente comprometida.

“La medicina intervencionista no reemplaza los tratamientos convencionales; los complementa cuando estos ya no alcanzan. Nuestro objetivo no es únicamente disminuir el dolor, sino recuperar la funcionalidad, favorecer el desarrollo y permitir que el niño vuelva a realizar las actividades propias de su edad”, explicó el Dr. Walter Theiller, jefe del Servicio de Tratamiento del Dolor y Cuidados Paliativos del citado centro de salud.

La OMS reconoce que estas terapias representan un área de rápido crecimiento y, si bien aún no forman parte de las recomendaciones centrales de su guía debido a la limitada disponibilidad de evidencia y de centros especializados, identifica a la medicina intervencionista como uno de los campos con mayor potencial de desarrollo dentro del tratamiento del dolor pediátrico.

¿Por qué crece esta disciplina?

El aumento de la supervivencia de niños con enfermedades oncológicas, neurológicas y malformaciones congénitas, junto con un mayor reconocimiento del dolor neuropático, del dolor persistente posterior a cirugías complejas y de otras patologías antes subdiagnosticadas, generó una creciente demanda de tratamientos más específicos.

Al mismo tiempo, la medicina moderna busca reducir el uso prolongado de opioides y otros analgésicos cuando existen alternativas capaces de controlar el dolor de forma más localizada y con menos efectos adversos. Las recomendaciones internacionales promueven estrategias multimodales, individualizadas y centradas en el paciente.

Actualmente, el tratamiento del dolor infantil requiere equipos multidisciplinarios integrados por anestesiólogos especializados en medicina del dolor, pediatras, neurólogos, oncólogos, traumatólogos, psicólogos, kinesiólogos, nutricionistas, especialistas en rehabilitación y cuidados paliativos. “Hoy sabemos que tratar el dolor es mucho más que aliviar un síntoma.

Significa evitar que el niño deje de jugar, de aprender, de dormir bien o de relacionarse con su entorno. Tratar el dolor a tiempo también es proteger su desarrollo futuro”, señalaron los expertos del dolor del centro asistencial.

El citado programa es una propuesta que no se limita a la realización de procedimientos, sino que integra la evaluación especializada de cada paciente, el tratamiento clínico y conservador, el apoyo psicológico y nutricional, la rehabilitación antes y después de las intervenciones y, cuando se encuentra indicado, la incorporación de técnicas mínimamente invasivas dentro de un plan terapéutico individualizado y con seguimiento longitudinal.