Tulio Crespi murió a los 88 años y dejó atrás más de seis décadas de trabajo ligado al automovilismo argentino. Constructor, preparador y creador de autos de competición, desarrolló proyectos en distintas categorías y llevó algunas de sus creaciones hasta Europa. Su familia comunicó la noticia y también compartió una carta que había escrito antes de su muerte.
Su vínculo con el automovilismo no se limitó a la fabricación. Crespi tuvo un equipo propio en el TC 2000 y trabajó junto a pilotos como Guillermo Ortelli. Además, a lo largo de su trayectoria aseguró haber construido más de mil autos de competición, una cifra que da cuenta de la dimensión que alcanzó su actividad en los talleres.
En los últimos años, uno de sus trabajos volvió a relacionarlo con una figura internacional. Junto a sus hijos participó en la reproducción de autos de Ayrton Senna para una serie dedicada al piloto brasileño. Así, una vez más, el taller familiar quedó conectado con una historia que trascendió las fronteras del automovilismo argentino.
Antes de morir, Crespi dejó escrita una carta que luego fue difundida por su familia. En el texto agradeció y recordó a las personas que lo acompañaron durante su recorrido, entre ellas sus familiares, trabajadores, proveedores y pilotos. También dejó una frase que resumió cómo entendía su propia historia: “un laburante del fierro”.
Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?
Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.
Gracias.
Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.
Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.
Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.
Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.
No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.
Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.
Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!
Gracias, gracias., gracias.
Fuente: TyC Sports.
Tulio Crespi murió a los 88 años y dejó atrás más de seis décadas de trabajo ligado al automovilismo argentino. Constructor, preparador y creador de autos de competición, desarrolló proyectos en distintas categorías y llevó algunas de sus creaciones hasta Europa. Su familia comunicó la noticia y también compartió una carta que había escrito antes de su muerte.
Su vínculo con el automovilismo no se limitó a la fabricación. Crespi tuvo un equipo propio en el TC 2000 y trabajó junto a pilotos como Guillermo Ortelli. Además, a lo largo de su trayectoria aseguró haber construido más de mil autos de competición, una cifra que da cuenta de la dimensión que alcanzó su actividad en los talleres.
En los últimos años, uno de sus trabajos volvió a relacionarlo con una figura internacional. Junto a sus hijos participó en la reproducción de autos de Ayrton Senna para una serie dedicada al piloto brasileño. Así, una vez más, el taller familiar quedó conectado con una historia que trascendió las fronteras del automovilismo argentino.
Antes de morir, Crespi dejó escrita una carta que luego fue difundida por su familia. En el texto agradeció y recordó a las personas que lo acompañaron durante su recorrido, entre ellas sus familiares, trabajadores, proveedores y pilotos. También dejó una frase que resumió cómo entendía su propia historia: “un laburante del fierro”.
Si están leyendo esto, es porque me tocó largar mi última carrera.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Quiero que sepan que me voy en paz, tranquilo, después de pelearla como pude con esta enfermedad que me tocó al final del camino. Pero no quiero que hablen de eso. No quiero que me recuerden por cómo me fui, sino por cómo viví.
Viví 88 años haciendo exactamente lo que amé. ¿Cuánta gente puede decir eso?
Nací prácticamente en Chacarita con un martillo en la mano. Fui creciendo, laburando, aprendiendo de los fierros, y con mucho sacrificio me fui a Balcarce a hacer mi vida y mi historia. Ahí construí todo lo que soñé de pibe.
Gracias.
Gracias a mi familia, que me bancó siempre. Que me perdonó las horas en el taller, la grasa en las manos, los domingos en el autódromo en vez de en casa. Sin ustedes, nada de lo que hice hubiera tenido sentido. Ustedes fueron mi verdadero campeonato.
Gracias a mi equipo de trabajo, a mis empleados y a mis proveedores, que juntos creamos las primeras piezas únicas de un auto de competición. Cada chasis, cada soldadura, cada pieza hecha a mano lleva el esfuerzo de todos. Nada lo hice solo.
Gracias a todos los pilotos que confiaron en mí. A los que se subieron a un Crespi sin saber si iban a llegar, pero con la ilusión intacta. Cada triunfo suyo fue mi triunfo.
Gracias al ambiente del automovilismo. A los mecánicos, a los chapistas, a los rivales que fueron amigos, a los que me enseñaron cuando yo no sabía nada y a los chicos que hoy venían a preguntar. Yo nunca me creí más que nadie. Fui un laburante del fierro, un artesano que tuvo la suerte de convertir su pasión en su trabajo.
No estén tristes por mí. Sigan haciendo ruido. Sigan armando autos en talleres chiquitos pensando que pueden ganarle a los grandes, porque yo pude y lo hice.
Dejo mi fábrica en manos de mis hijos para continuar mi legado. Queda todo ahí, para que siga girando.
Gracias por estos ochenta y ocho años de confianza. ¡Viva la vida, vamos que se puede!
Gracias, gracias., gracias.
Fuente: TyC Sports.