Por Bulin Fernández
Resulta difícil no enterarse, casi al instante, de lo que pasa en cualquier parte del mundo. Desde el lado positivo del uso de las redes sociales, se puede acceder a casi absolutamente todo.
Debe, necesariamente, tenerse un criterio de la información para poder seleccionar qué y para qué nos informamos y agregarle un sentido crítico a lo que miramos para diferenciar lo falso de lo verdadero, la venta de la data y el entretenimiento del consumo voraz inducido.
Son precisamente las franjas etarias más jóvenes quienes, además de ser usuarios y consumidores, han utilizado el método de organización en la búsqueda de objetivos comunes en sus propias luchas que, en muchos casos, se convierten en conquistas de la sociedad.
El último caso visible es lo sucedido en Serbia, cuando la titánica tarea culminó en los últimos días con la renuncia de Aleksandar Vucic, quien aceptó su derrota después de casi 20 meses de estudiantes protestando por las condiciones del país. Más de 120 escaños legislativos alcanzados por los estudiantes que respaldaron a científicos, profesionales y campesinos, todos trabajadores probos para alcanzar los objetivos, encabezados por un cardiólogo.
Esta presencia de la denominada Generación Z se difunde poco por los medios tradicionales odominantes, pero también tiene logros en Nepal, Bangladesh, Sri Lanka o Madagascar, y se visualiza en lugares como Francia, España, Italia o Albania, donde las crisis son complejas.
La titánica tarea del liderazgo de Lula en Brasil dio cuenta también, y así lo reconoció en su discurso, de la relevancia del compromiso de los más jóvenes por continuar la transformación del gigante suramericano.
Que alguien quiera explicar que manifestarse masiva y popularmente no sirve para nada. Aun con sectores que sacan provecho de la situación destruyendo espacios públicos para manifestar que lo que sigue es el caos y que es mejor que todo siga como está.
Las celebraciones de Belgrado dieron muestra de que esa lucha contra la muerte absurda de 16 personas bajo las marquesinas de la estación de Novi Sad, en noviembre de 2024, dio sus frutos.
El avance autoritario es inevitable en la medida en que el individualismo nos consuma, que los algoritmos nos indiquen el camino y que la calle no se convierta en la principal red de contención.
Si los más viejos acompañamos, si se les cede el espacio y se transmiten las experiencias (más malas que buenas) y si asumen la responsabilidad colectiva, los jóvenes nos darán la posibilidad de vivir un mundo mejor, más justo y equitativo.
Por Bulin Fernández
Resulta difícil no enterarse, casi al instante, de lo que pasa en cualquier parte del mundo. Desde el lado positivo del uso de las redes sociales, se puede acceder a casi absolutamente todo.
Debe, necesariamente, tenerse un criterio de la información para poder seleccionar qué y para qué nos informamos y agregarle un sentido crítico a lo que miramos para diferenciar lo falso de lo verdadero, la venta de la data y el entretenimiento del consumo voraz inducido.
Son precisamente las franjas etarias más jóvenes quienes, además de ser usuarios y consumidores, han utilizado el método de organización en la búsqueda de objetivos comunes en sus propias luchas que, en muchos casos, se convierten en conquistas de la sociedad.
El último caso visible es lo sucedido en Serbia, cuando la titánica tarea culminó en los últimos días con la renuncia de Aleksandar Vucic, quien aceptó su derrota después de casi 20 meses de estudiantes protestando por las condiciones del país. Más de 120 escaños legislativos alcanzados por los estudiantes que respaldaron a científicos, profesionales y campesinos, todos trabajadores probos para alcanzar los objetivos, encabezados por un cardiólogo.
Esta presencia de la denominada Generación Z se difunde poco por los medios tradicionales odominantes, pero también tiene logros en Nepal, Bangladesh, Sri Lanka o Madagascar, y se visualiza en lugares como Francia, España, Italia o Albania, donde las crisis son complejas.
La titánica tarea del liderazgo de Lula en Brasil dio cuenta también, y así lo reconoció en su discurso, de la relevancia del compromiso de los más jóvenes por continuar la transformación del gigante suramericano.
Que alguien quiera explicar que manifestarse masiva y popularmente no sirve para nada. Aun con sectores que sacan provecho de la situación destruyendo espacios públicos para manifestar que lo que sigue es el caos y que es mejor que todo siga como está.
Las celebraciones de Belgrado dieron muestra de que esa lucha contra la muerte absurda de 16 personas bajo las marquesinas de la estación de Novi Sad, en noviembre de 2024, dio sus frutos.
El avance autoritario es inevitable en la medida en que el individualismo nos consuma, que los algoritmos nos indiquen el camino y que la calle no se convierta en la principal red de contención.
Si los más viejos acompañamos, si se les cede el espacio y se transmiten las experiencias (más malas que buenas) y si asumen la responsabilidad colectiva, los jóvenes nos darán la posibilidad de vivir un mundo mejor, más justo y equitativo.