-Por Esteban Gallo
Aunque hay sectores de la sociedad que fingen demencia y otros se tapan los ojos para no ver lo que está pasando, los niveles de desaprobación al gobierno de Javier Milei crecen semana a semana, impulsados por los escándalos de corrupción que manchan al Jefe de Estado y a su bizarro grupo de colaboradores.
El escándalo de las criptos monedas, que estalló como una bomba a principios de este año, marcó un antes y un después para el gobierno libertario.
El caso Libra dejó al presidente penosamente vinculado a una estafa de 100 millones de dólares y puso en la lona a inversores de todo el mundo que confiaron en lo que él publicó en sus redes.
Con el apoyo de sus legisladores y la complicidad de sus aliados genuflexos, Milei evitó el juicio político y obstruyó el trabajo de la comisión investigadora creada en el Congreso para investigarlo a él, a su hermana Karina, a sus amigos y asesores.
Lo que el presidente no pudo evitar fue el desencanto de un sector de los argentinos que lo votaron hace dos años porque compraron el discurso de la transparencia y se creyeron el cuento de que venía a aplastar a los políticos ladrones y a la casta parasitaria que tanto daño le causó al país.
En su momento compartimos en este espacio una editorial que titulamos “Javier Milei: o estafador o tarado”. Aquel episodio colocó al presidente en el peor de los escenarios, pero también puso en un brete a los argentinos y argentinas que lo votaron. Les tocó reconocer que el que se vendía como un genio de la economía era un tarambana o un improvisado, o caso contrario, era un estafador, un corrupto, un delincuente.
De repente, cuando todavía pulula en el ambiente el tufillo de aquel escándalo, aparecen los audios de Spagnuolo y el caso de las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, que ensucian a Lule Menem, a Martin Menem, a Sandra Pettovello, a Federico Sturzenegger y por supuesto al “jefe” Karina Milei, que está metida en todos los quilombos.
Los funcionarios de Milei patean en contra del presidente, pero él tampoco se ayuda demasiado.
Recién ayer, durante el acto que encabezó en Lomas de Zamora, dijo que “Spagnuolo miente y lo vamos a llevar a la justicia”.
Un día antes, había posteado en sus redes sociales el comunicado de la empresa suizo argentina, la droguería acusada de pagar coimas a su hermana Karina. Y como si no alcanzara con eso, a comienzos de la semana se despachó con una frase que quedará para la historia, no precisamente por su brillantez.
“Están molestos porque les estamos afanando los choreos” dijo el presidente, en un juego de palabras que parece mas una autoincriminación que una defensa.
Como era de esperar, este nuevo culebrón, que se suma al papelón de LIBRA empieza a esmerilar olímpicamente la credibilidad del gobierno libertario.
Ayer se publicó un sondeo de Managment & Fit, que muestra que el 70 por ciento de los encuestados cree que el caso de las supuestas coimas en ANDIS es "grave o muy grave". Hay otro dato que es muy revelador. Un 10 por ciento de los votantes libertarios desaprueban la actuación del gobierno en este caso y son los que podrían cambiar su voto en octubre.
En un escenario de paridad extrema, el enojo de esa porción del electorado puede definir una elección. Y mientras mas audios aparezcan, y más funcionarios terminen involucrados, más complicado estará el gobierno.
Hay un sector de la ciudadanía que prefiere mirar para otro lado y actuar como si todo estuviera bien, pero hay una porción de la sociedad, más pensante, más reflexiva, más racional y más responsable que tiene la capacidad de percibir que nada de lo que está pasando es un invento de la prensa o una operación política orquestada por los adversarios del presidente.
Son lo que son. Se les cayó la careta y detrás de la máscara, se ve la cara de un gobierno embadurnado de corrupción y vergüenza.
-Por Esteban Gallo
Aunque hay sectores de la sociedad que fingen demencia y otros se tapan los ojos para no ver lo que está pasando, los niveles de desaprobación al gobierno de Javier Milei crecen semana a semana, impulsados por los escándalos de corrupción que manchan al Jefe de Estado y a su bizarro grupo de colaboradores.
El escándalo de las criptos monedas, que estalló como una bomba a principios de este año, marcó un antes y un después para el gobierno libertario.
El caso Libra dejó al presidente penosamente vinculado a una estafa de 100 millones de dólares y puso en la lona a inversores de todo el mundo que confiaron en lo que él publicó en sus redes.
Con el apoyo de sus legisladores y la complicidad de sus aliados genuflexos, Milei evitó el juicio político y obstruyó el trabajo de la comisión investigadora creada en el Congreso para investigarlo a él, a su hermana Karina, a sus amigos y asesores.
Lo que el presidente no pudo evitar fue el desencanto de un sector de los argentinos que lo votaron hace dos años porque compraron el discurso de la transparencia y se creyeron el cuento de que venía a aplastar a los políticos ladrones y a la casta parasitaria que tanto daño le causó al país.
En su momento compartimos en este espacio una editorial que titulamos “Javier Milei: o estafador o tarado”. Aquel episodio colocó al presidente en el peor de los escenarios, pero también puso en un brete a los argentinos y argentinas que lo votaron. Les tocó reconocer que el que se vendía como un genio de la economía era un tarambana o un improvisado, o caso contrario, era un estafador, un corrupto, un delincuente.
De repente, cuando todavía pulula en el ambiente el tufillo de aquel escándalo, aparecen los audios de Spagnuolo y el caso de las coimas en la Agencia Nacional de Discapacidad, que ensucian a Lule Menem, a Martin Menem, a Sandra Pettovello, a Federico Sturzenegger y por supuesto al “jefe” Karina Milei, que está metida en todos los quilombos.
Los funcionarios de Milei patean en contra del presidente, pero él tampoco se ayuda demasiado.
Recién ayer, durante el acto que encabezó en Lomas de Zamora, dijo que “Spagnuolo miente y lo vamos a llevar a la justicia”.
Un día antes, había posteado en sus redes sociales el comunicado de la empresa suizo argentina, la droguería acusada de pagar coimas a su hermana Karina. Y como si no alcanzara con eso, a comienzos de la semana se despachó con una frase que quedará para la historia, no precisamente por su brillantez.
“Están molestos porque les estamos afanando los choreos” dijo el presidente, en un juego de palabras que parece mas una autoincriminación que una defensa.
Como era de esperar, este nuevo culebrón, que se suma al papelón de LIBRA empieza a esmerilar olímpicamente la credibilidad del gobierno libertario.
Ayer se publicó un sondeo de Managment & Fit, que muestra que el 70 por ciento de los encuestados cree que el caso de las supuestas coimas en ANDIS es "grave o muy grave". Hay otro dato que es muy revelador. Un 10 por ciento de los votantes libertarios desaprueban la actuación del gobierno en este caso y son los que podrían cambiar su voto en octubre.
En un escenario de paridad extrema, el enojo de esa porción del electorado puede definir una elección. Y mientras mas audios aparezcan, y más funcionarios terminen involucrados, más complicado estará el gobierno.
Hay un sector de la ciudadanía que prefiere mirar para otro lado y actuar como si todo estuviera bien, pero hay una porción de la sociedad, más pensante, más reflexiva, más racional y más responsable que tiene la capacidad de percibir que nada de lo que está pasando es un invento de la prensa o una operación política orquestada por los adversarios del presidente.
Son lo que son. Se les cayó la careta y detrás de la máscara, se ve la cara de un gobierno embadurnado de corrupción y vergüenza.