El acuerdo comercial firmado entre Argentina y Estados Unidos establece una amplia cesión de herramientas regulatorias, comerciales e industriales por parte del país, a cambio de beneficios acotados y de bajo impacto económico. El documento oficial, publicado únicamente en inglés por la embajada estadounidense, no fue difundido en español por la Cancillería.
Según el texto, Argentina asume más de 100 obligaciones específicas, mientras que los compromisos recíprocos son limitados. Entre los puntos más sensibles se encuentra el reconocimiento automático de normas técnicas y sanitarias de Estados Unidos, lo que permitirá el ingreso de bienes industriales, alimentos, medicamentos y productos químicos sin controles adicionales de los organismos locales.
En el sector cárnico y de productos de origen animal, el acuerdo acepta la certificación del Servicio de Inocuidad e Inspección de los Alimentos (FSIS), habilitando el ingreso de carnes, aves y derivados con autorización exclusiva del organismo estadounidense, sin instancias de revisión nacional.
La apertura también alcanza al agro y a la industria. El acuerdo fija cupos anuales de productos estadounidenses que ingresarán a la Argentina sin pagar aranceles, mientras que no establece contrapartidas relevantes para las exportaciones agropecuarias argentinas. Beneficios anunciados oficialmente, como un supuesto cupo para carne argentina en Estados Unidos, no figuran en el texto firmado.
En paralelo, se eliminan aranceles para bienes tecnológicos y se prohíbe gravar servicios digitales y plataformas de streaming. Aunque estas disposiciones son formalmente recíprocas, su efecto práctico favorece a Estados Unidos, principal exportador global en esos rubros.
El capítulo de inversiones consolida un trato preferencial para empresas estadounidenses en sectores estratégicos como energía, minería, telecomunicaciones e infraestructura, limita la posibilidad de imponer regulaciones diferenciadas y condiciona la política industrial y de subsidios del Estado argentino.
Los beneficios para Argentina se reducen a una lista acotada de productos de escasa incidencia exportadora, como yerba mate, té y algunas frutas, sin mejoras sustantivas en sectores de mayor peso económico.
El acuerdo deberá ser aprobado por el Congreso y podrá entrar en vigencia a los 60 días de cumplidos los procedimientos legales internos, con una cláusula de salida que exige seis meses de preaviso.

El acuerdo comercial firmado entre Argentina y Estados Unidos establece una amplia cesión de herramientas regulatorias, comerciales e industriales por parte del país, a cambio de beneficios acotados y de bajo impacto económico. El documento oficial, publicado únicamente en inglés por la embajada estadounidense, no fue difundido en español por la Cancillería.
Según el texto, Argentina asume más de 100 obligaciones específicas, mientras que los compromisos recíprocos son limitados. Entre los puntos más sensibles se encuentra el reconocimiento automático de normas técnicas y sanitarias de Estados Unidos, lo que permitirá el ingreso de bienes industriales, alimentos, medicamentos y productos químicos sin controles adicionales de los organismos locales.
En el sector cárnico y de productos de origen animal, el acuerdo acepta la certificación del Servicio de Inocuidad e Inspección de los Alimentos (FSIS), habilitando el ingreso de carnes, aves y derivados con autorización exclusiva del organismo estadounidense, sin instancias de revisión nacional.
La apertura también alcanza al agro y a la industria. El acuerdo fija cupos anuales de productos estadounidenses que ingresarán a la Argentina sin pagar aranceles, mientras que no establece contrapartidas relevantes para las exportaciones agropecuarias argentinas. Beneficios anunciados oficialmente, como un supuesto cupo para carne argentina en Estados Unidos, no figuran en el texto firmado.
En paralelo, se eliminan aranceles para bienes tecnológicos y se prohíbe gravar servicios digitales y plataformas de streaming. Aunque estas disposiciones son formalmente recíprocas, su efecto práctico favorece a Estados Unidos, principal exportador global en esos rubros.
El capítulo de inversiones consolida un trato preferencial para empresas estadounidenses en sectores estratégicos como energía, minería, telecomunicaciones e infraestructura, limita la posibilidad de imponer regulaciones diferenciadas y condiciona la política industrial y de subsidios del Estado argentino.
Los beneficios para Argentina se reducen a una lista acotada de productos de escasa incidencia exportadora, como yerba mate, té y algunas frutas, sin mejoras sustantivas en sectores de mayor peso económico.
El acuerdo deberá ser aprobado por el Congreso y podrá entrar en vigencia a los 60 días de cumplidos los procedimientos legales internos, con una cláusula de salida que exige seis meses de preaviso.