Los lentes inteligentes de Bullrich ¿le dictaron el discurso?

En plena discusión por la reforma laboral, la senadora de LLA se robó la escena con sus Ray-Ban Meta: tecnología premium en un recinto donde el debate sigue en baja resolución.

15 FEB 2026 - 21:44 | Actualizado 15 FEB 2026 - 21:57

La irrupción "fashion-tech" de la exministra de Seguridad y ahora senadora libertaria, Patricia Bullrich, en pleno debate por la reforma laboral, dejó una enseñanza institucional de alto impacto: en el Senado también se legisla con filtro HD y audio direccional.

La funcionaria apareció en su banca luciendo unos inconfundibles anteojos inteligentes Ray-Ban Meta de marco blanco -que combinan estética retro con prestaciones dignas de espía de serie premium- y desató una escena que mezcló asombro, memes y una súbita vocación tecnológica entre legisladores que hasta ayer discutían paritarias en papel.

El accesorio, fruto de la alianza entre Ray-Ban y Meta, cuesta en Argentina entre medio millón y un millón y medio de pesos, según versiones de mercado. Un detalle menor para un dispositivo capaz de filmar en 3K, sacar fotos gran angular y transmitir audio sin auriculares, ideal para quien necesite -por ejemplo- seguir una sesión parlamentaria sin perderse notificaciones o, llegado el caso, registrar la historia en primera persona. También, sospechan algunos, tener un "apuntador" para dar un discurso. Algo que pareció utilizar la senadora libertaria en su discurso de cierre, cuando algunos de sus colegas la acusaron a viva voz de estar leyendo, algo que está prohibido.

Según explicó la propia Bullrich, los lentes le permitían escuchar la sesión. Un argumento que dejó a más de un senador preguntándose si, además de oír, también grababan, transmitían o etiquetaban automáticamente intervenciones para redes sociales. Porque en tiempos de política performática, nada garantiza más presencia que un buen encuadre y conectividad estable.

Así, mientras el oficialismo defendía una reforma estructural del mercado laboral, el foco público se desplazó con precisión quirúrgica hacia el nuevo protagonista del recinto: un wearable de lujo que, sin decir una palabra, logró lo que pocos discursos consiguen —capturar toda la atención.

En un país donde el salario mínimo corre muy por detrás de la inflación, la postal de una ministra con gafas inteligentes importadas en plena discusión sobre derechos laborales aportó una capa extra de ironía involuntaria: el futuro ya llegó, pero solo para quienes pueden pagarlo… y portarlo en primera fila.

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15 FEB 2026 - 21:44

La irrupción "fashion-tech" de la exministra de Seguridad y ahora senadora libertaria, Patricia Bullrich, en pleno debate por la reforma laboral, dejó una enseñanza institucional de alto impacto: en el Senado también se legisla con filtro HD y audio direccional.

La funcionaria apareció en su banca luciendo unos inconfundibles anteojos inteligentes Ray-Ban Meta de marco blanco -que combinan estética retro con prestaciones dignas de espía de serie premium- y desató una escena que mezcló asombro, memes y una súbita vocación tecnológica entre legisladores que hasta ayer discutían paritarias en papel.

El accesorio, fruto de la alianza entre Ray-Ban y Meta, cuesta en Argentina entre medio millón y un millón y medio de pesos, según versiones de mercado. Un detalle menor para un dispositivo capaz de filmar en 3K, sacar fotos gran angular y transmitir audio sin auriculares, ideal para quien necesite -por ejemplo- seguir una sesión parlamentaria sin perderse notificaciones o, llegado el caso, registrar la historia en primera persona. También, sospechan algunos, tener un "apuntador" para dar un discurso. Algo que pareció utilizar la senadora libertaria en su discurso de cierre, cuando algunos de sus colegas la acusaron a viva voz de estar leyendo, algo que está prohibido.

Según explicó la propia Bullrich, los lentes le permitían escuchar la sesión. Un argumento que dejó a más de un senador preguntándose si, además de oír, también grababan, transmitían o etiquetaban automáticamente intervenciones para redes sociales. Porque en tiempos de política performática, nada garantiza más presencia que un buen encuadre y conectividad estable.

Así, mientras el oficialismo defendía una reforma estructural del mercado laboral, el foco público se desplazó con precisión quirúrgica hacia el nuevo protagonista del recinto: un wearable de lujo que, sin decir una palabra, logró lo que pocos discursos consiguen —capturar toda la atención.

En un país donde el salario mínimo corre muy por detrás de la inflación, la postal de una ministra con gafas inteligentes importadas en plena discusión sobre derechos laborales aportó una capa extra de ironía involuntaria: el futuro ya llegó, pero solo para quienes pueden pagarlo… y portarlo en primera fila.