Por estos días Esquel sufre uno de los golpes laborales más duros de los últimos años: el cierre del Casino deja medio centenar de familias a la deriva, con la incertidumbre como el peor de los escenarios.
Es que no sólo se enteraron de su desvinculación con un mensaje de WhatsApp sino que la empresa acudió a una práctica poco seria, como pegar un cartel en la puerta avisando de un cierre “por tiempo indeterminado”.
El gesto habla mucho de la institución, que trató a sus trabajadores sin empatía, como entidades y con un desafortunado formato de comunicación, y no como los sostenes de un salón que en los buenos tiempos les hizo ganar fortunas. De hecho, ya corre la versión de que les pagarán sólo el 50% de las indemnizaciones.
Asusta mensurar cuál será el costo social y económico de que el Casino esquelense ya no exista, si es que tal decisión no se revierte.
Si bien el dato es de por sí dramático, en rigor son mucho más que 50 empleos relativamente bien pagos, sino el impacto directo en otros sectores.
Son 50 sueldos que desaparecen del derrame económico en el circuito comercial esquelense. O por ejemplo, los taxistas que llevaban y traían apostadores y empleados ven cómo se esfuma un punto de trabajo habitual.
Observándolo en escala, medio centenar de desocupados en una ciudad del tamaño de Esquel es un martillazo inesperado y complicado para el mercado laboral.
También es un golpe simbólico porque quita color, alternativas turísticas, daña el perfil urbano que se busca para nativos y turistas. Por otra parte, una empresa que levanta campamento y sin mayor empacho parte a mejor destino –o a ninguno- daña cualquier política de promoción.
El adiós del Casino es también síntoma de una espantosa baja del consumo y de la actividad económica en la región. No por nada Chubut navega en los primeros puestos de las provincias con mayor pérdida de empleo privado en la gestión de Javier Milei. Los vecinos cuidan su plata y cubren sus necesidades básicas. Todo el resto, los gustitos que uno se da con el sobrante, pueden esperar.
El cierre también es la muestra de la destrucción paulatina de empresas, que no sobreviven a una economía que se congela sólo para sostener los indicadores de la macro. Algún desprevenido dirá que un casino no produce. Lo cierto es que vende entretenimiento, un sector que se mueve en cualquier economía.
Por ahora se dictó una conciliación obligatoria. El martes 31 de marzo deberán discutir oficialmente el Sindicato de Empleados de Comercio con los abogados de la empresa. Ese día habrá definiciones, claridad y puede que alternativas sobre el futuro de las familias.
Un rasgo sensible del conflicto es además el rol de la dirigencia chubutense. Muchos de ellos avalaron dos clases de retoques legislativos libertarios: por un lado, los cambios legales que se supone debieron servir para atraer inversiones y por el otro, las modificaciones que dejaron sin red de contención a la clase trabajadora.
Los primeros por ahora son un fracaso fabuloso. Los segundos, un éxito absoluto. Que se lo cuenten si no a los vecinos que penden de un hilo en su vínculo con el Casino.
En todo caso es momento de conocer el músculo político de cada quien para salir de este atolladero, que le costará carísimo a la comunidad cordillerana. Sea logrando que la empresa se quede, sea con una nueva licitación, es uno de esos momentos donde las palabras mueren ante la urgencia de los vecinos. No hay que dejar que las cosas se mueran en el diagnóstico. Y claro, alguna vez alguien debe practicar una autocrítica acerca de las decisiones erradas.
Por lo pronto llega una semana que pondrá en juego políticas, decisiones empresariales, necesidades y, lo más importante, el destino laboral de hombres y mujeres que no parecen estar dispuestos a entregarse sin luchar.

Por estos días Esquel sufre uno de los golpes laborales más duros de los últimos años: el cierre del Casino deja medio centenar de familias a la deriva, con la incertidumbre como el peor de los escenarios.
Es que no sólo se enteraron de su desvinculación con un mensaje de WhatsApp sino que la empresa acudió a una práctica poco seria, como pegar un cartel en la puerta avisando de un cierre “por tiempo indeterminado”.
El gesto habla mucho de la institución, que trató a sus trabajadores sin empatía, como entidades y con un desafortunado formato de comunicación, y no como los sostenes de un salón que en los buenos tiempos les hizo ganar fortunas. De hecho, ya corre la versión de que les pagarán sólo el 50% de las indemnizaciones.
Asusta mensurar cuál será el costo social y económico de que el Casino esquelense ya no exista, si es que tal decisión no se revierte.
Si bien el dato es de por sí dramático, en rigor son mucho más que 50 empleos relativamente bien pagos, sino el impacto directo en otros sectores.
Son 50 sueldos que desaparecen del derrame económico en el circuito comercial esquelense. O por ejemplo, los taxistas que llevaban y traían apostadores y empleados ven cómo se esfuma un punto de trabajo habitual.
Observándolo en escala, medio centenar de desocupados en una ciudad del tamaño de Esquel es un martillazo inesperado y complicado para el mercado laboral.
También es un golpe simbólico porque quita color, alternativas turísticas, daña el perfil urbano que se busca para nativos y turistas. Por otra parte, una empresa que levanta campamento y sin mayor empacho parte a mejor destino –o a ninguno- daña cualquier política de promoción.
El adiós del Casino es también síntoma de una espantosa baja del consumo y de la actividad económica en la región. No por nada Chubut navega en los primeros puestos de las provincias con mayor pérdida de empleo privado en la gestión de Javier Milei. Los vecinos cuidan su plata y cubren sus necesidades básicas. Todo el resto, los gustitos que uno se da con el sobrante, pueden esperar.
El cierre también es la muestra de la destrucción paulatina de empresas, que no sobreviven a una economía que se congela sólo para sostener los indicadores de la macro. Algún desprevenido dirá que un casino no produce. Lo cierto es que vende entretenimiento, un sector que se mueve en cualquier economía.
Por ahora se dictó una conciliación obligatoria. El martes 31 de marzo deberán discutir oficialmente el Sindicato de Empleados de Comercio con los abogados de la empresa. Ese día habrá definiciones, claridad y puede que alternativas sobre el futuro de las familias.
Un rasgo sensible del conflicto es además el rol de la dirigencia chubutense. Muchos de ellos avalaron dos clases de retoques legislativos libertarios: por un lado, los cambios legales que se supone debieron servir para atraer inversiones y por el otro, las modificaciones que dejaron sin red de contención a la clase trabajadora.
Los primeros por ahora son un fracaso fabuloso. Los segundos, un éxito absoluto. Que se lo cuenten si no a los vecinos que penden de un hilo en su vínculo con el Casino.
En todo caso es momento de conocer el músculo político de cada quien para salir de este atolladero, que le costará carísimo a la comunidad cordillerana. Sea logrando que la empresa se quede, sea con una nueva licitación, es uno de esos momentos donde las palabras mueren ante la urgencia de los vecinos. No hay que dejar que las cosas se mueran en el diagnóstico. Y claro, alguna vez alguien debe practicar una autocrítica acerca de las decisiones erradas.
Por lo pronto llega una semana que pondrá en juego políticas, decisiones empresariales, necesidades y, lo más importante, el destino laboral de hombres y mujeres que no parecen estar dispuestos a entregarse sin luchar.