No siempre es mamá: cuando la Justicia llega tarde

Lucio Dupuy y Ángel López, dos víctimas del mismo sistema.
10 ABR 2026 - 18:21 | Actualizado 10 ABR 2026 - 18:26

Por Dra. Ana Laura Ramírez, abogada de familia

Se instaló durante años una idea que hoy debemos revisar con urgencia: el lugar seguro no siempre es la madre.
Aunque la Justicia —simbólicamente representada como una figura femenina— haya tendido históricamente a privilegiar ese vínculo, la realidad nos golpea con casos donde esa presunción se vuelve peligrosa.

El caso de Ángel, en Comodoro Rivadavia, y el de Lucio Dupuy, en la provincia de Buenos Aires, exponen una verdad incómoda: niños que fueron confiados a quien debía cuidarlos y terminaron siendo víctimas de quienes los tenían bajo su guarda.

En ambos casos hubo advertencias. Hubo padres que pidieron. Hubo señales que la Justicia no interpretó —o decidió no priorizar.
El problema no es el género. El problema es el automatismo. El interés superior del niño no puede reducirse a una fórmula ni a una presunción cultural. Debe ser una evaluación real, concreta, dinámica. Porque cuando se parte de la idea de que un rol es naturalmente protector, se corre el riesgo de dejar de ver lo evidente. Y cuando la Justicia no ve, llega tarde.

Dra. Ana Laura Ramírez, abogada de familia.

Ángel y Lucio no son sólo tragedias individuales. Son el reflejo de un sistema que, en nombre de proteger, a veces insiste en sostener decisiones que terminan siendo irreversibles. Paradójicamente, sobran tratados, leyes y discursos de protección integral. Pero si quienes deben oír no escuchan, todo ese andamiaje jurídico se vuelve letra muerta.

¿Hasta cuándo? ¿Cuántos Lucio, cuántos Ángeles más hacen falta para que la Justicia despierte?

Tal vez sea momento de asumirlo de una vez: el lugar seguro es quien cuida, no quien se presume.

Lucio Dupuy y Ángel López, dos víctimas del mismo sistema.
10 ABR 2026 - 18:21

Por Dra. Ana Laura Ramírez, abogada de familia

Se instaló durante años una idea que hoy debemos revisar con urgencia: el lugar seguro no siempre es la madre.
Aunque la Justicia —simbólicamente representada como una figura femenina— haya tendido históricamente a privilegiar ese vínculo, la realidad nos golpea con casos donde esa presunción se vuelve peligrosa.

El caso de Ángel, en Comodoro Rivadavia, y el de Lucio Dupuy, en la provincia de Buenos Aires, exponen una verdad incómoda: niños que fueron confiados a quien debía cuidarlos y terminaron siendo víctimas de quienes los tenían bajo su guarda.

En ambos casos hubo advertencias. Hubo padres que pidieron. Hubo señales que la Justicia no interpretó —o decidió no priorizar.
El problema no es el género. El problema es el automatismo. El interés superior del niño no puede reducirse a una fórmula ni a una presunción cultural. Debe ser una evaluación real, concreta, dinámica. Porque cuando se parte de la idea de que un rol es naturalmente protector, se corre el riesgo de dejar de ver lo evidente. Y cuando la Justicia no ve, llega tarde.

Dra. Ana Laura Ramírez, abogada de familia.

Ángel y Lucio no son sólo tragedias individuales. Son el reflejo de un sistema que, en nombre de proteger, a veces insiste en sostener decisiones que terminan siendo irreversibles. Paradójicamente, sobran tratados, leyes y discursos de protección integral. Pero si quienes deben oír no escuchan, todo ese andamiaje jurídico se vuelve letra muerta.

¿Hasta cuándo? ¿Cuántos Lucio, cuántos Ángeles más hacen falta para que la Justicia despierte?

Tal vez sea momento de asumirlo de una vez: el lugar seguro es quien cuida, no quien se presume.