Por Bulin Fernández
Un grupo de jóvenes aventureros, alentados por un par de mayores con experiencias de montañas, nevadas y actividades en épocas invernales hace más de siete décadas, emprendió una travesía que luego fue épica y hoy sigue rindiendo frutos.
La creación del Club Andino Esquel fue el origen de ver en altas cumbres nevadas de la cordillera chubutenses lo que se convirtió en el Centro de Actividades de Montaña La Hoya, uno de los puntos de esquí para la familia.
Desde aquella iniciativa de Walter Cristiani, un visionario, junto a René Hegman, Arturo De Bernardi o los hacedores de las “tablas” para esquiar, como Raúl Mera, Emilio Cleri o Willy Hafner dieron rienda suelta a esas aventuras hoy convertidas en un centro de atracción turística y deportiva, como con el Tetratlón creado por Douglas Berwin.
La pobre concesión decidida por el gobierno provincial anterior, que no contempló las inversiones hechas en la historia por parte de la comunidad esquelense y el estado provincial, terminó encallando en un cuello de botella que hoy se convierte en muchos más problemas que soluciones.
Desde las huellas iniciales del Regimiento local o sus refugios hasta la colocación de los nuevos medios de elevación y generación de nuevas pistas para albergar cerca de tres mil esquiadores día, muestran claramente la inversión de cientos de millones de pesos para lograr el desarrollo con una planificación estratégica que quedó empolvando archivos.
Las colonizadas mentes privatistas llevaron a buscar soluciones donde resulta imposible la ecuación. Ceder semejante patrimonio por décadas sin siquiera un inventario público arrastró al simplismo de debatir el valor de un pase, no de una estrategia comercial de mercado para motorizar la economía de la región.
Convertir nuevamente al estado bobo que pone plata durante años para que un empresario lucre y saque ventajas en cortos plazos sin planes de inversión sólida, fue otra vez el camino elegido.
A principios de este año el municipio pidió y logró instrumentar una participación más activa y, aunque aún esta en desarrollo, es un buen punto de partida para generar un debate con definiciones. La administración depende ahora del Ministerio de Turismo del Chubut.
La gestión de concesión no ha arrojado saldos positivos y, sumado a la falta de nieve del último invierno, resultó una temporada nula.
Rutas en condiciones de ser transitadas desde los puntos más cercanos con poder adquisitivo, vuelos regulares y aeropuerto en condiciones básicas de servicios, más camas disponibles (se perdieron muchas que pasaron a alquileres continuos), sumados a los buenos servicios gastronómicos existentes que pueden ampliarse, son cuestiones básicas para esa evaluación.
Eso sí, no se puede esperar a julio para ver cuales son los caminos. Una nueva posibilidad se abre y dependerá, primeros de autoridades y después de las organizaciones locales, encontrar un rumbo a largo plazo.
Como lo hicieron los pioneros hace casi un siglo o visionarios como Antonio Torrejón, Oreste Aimar Massacese o Norberto Ciámpoli, que esta vez La Hoya sirva para un buen plato que disfrutará toda la comunidad.

Por Bulin Fernández
Un grupo de jóvenes aventureros, alentados por un par de mayores con experiencias de montañas, nevadas y actividades en épocas invernales hace más de siete décadas, emprendió una travesía que luego fue épica y hoy sigue rindiendo frutos.
La creación del Club Andino Esquel fue el origen de ver en altas cumbres nevadas de la cordillera chubutenses lo que se convirtió en el Centro de Actividades de Montaña La Hoya, uno de los puntos de esquí para la familia.
Desde aquella iniciativa de Walter Cristiani, un visionario, junto a René Hegman, Arturo De Bernardi o los hacedores de las “tablas” para esquiar, como Raúl Mera, Emilio Cleri o Willy Hafner dieron rienda suelta a esas aventuras hoy convertidas en un centro de atracción turística y deportiva, como con el Tetratlón creado por Douglas Berwin.
La pobre concesión decidida por el gobierno provincial anterior, que no contempló las inversiones hechas en la historia por parte de la comunidad esquelense y el estado provincial, terminó encallando en un cuello de botella que hoy se convierte en muchos más problemas que soluciones.
Desde las huellas iniciales del Regimiento local o sus refugios hasta la colocación de los nuevos medios de elevación y generación de nuevas pistas para albergar cerca de tres mil esquiadores día, muestran claramente la inversión de cientos de millones de pesos para lograr el desarrollo con una planificación estratégica que quedó empolvando archivos.
Las colonizadas mentes privatistas llevaron a buscar soluciones donde resulta imposible la ecuación. Ceder semejante patrimonio por décadas sin siquiera un inventario público arrastró al simplismo de debatir el valor de un pase, no de una estrategia comercial de mercado para motorizar la economía de la región.
Convertir nuevamente al estado bobo que pone plata durante años para que un empresario lucre y saque ventajas en cortos plazos sin planes de inversión sólida, fue otra vez el camino elegido.
A principios de este año el municipio pidió y logró instrumentar una participación más activa y, aunque aún esta en desarrollo, es un buen punto de partida para generar un debate con definiciones. La administración depende ahora del Ministerio de Turismo del Chubut.
La gestión de concesión no ha arrojado saldos positivos y, sumado a la falta de nieve del último invierno, resultó una temporada nula.
Rutas en condiciones de ser transitadas desde los puntos más cercanos con poder adquisitivo, vuelos regulares y aeropuerto en condiciones básicas de servicios, más camas disponibles (se perdieron muchas que pasaron a alquileres continuos), sumados a los buenos servicios gastronómicos existentes que pueden ampliarse, son cuestiones básicas para esa evaluación.
Eso sí, no se puede esperar a julio para ver cuales son los caminos. Una nueva posibilidad se abre y dependerá, primeros de autoridades y después de las organizaciones locales, encontrar un rumbo a largo plazo.
Como lo hicieron los pioneros hace casi un siglo o visionarios como Antonio Torrejón, Oreste Aimar Massacese o Norberto Ciámpoli, que esta vez La Hoya sirva para un buen plato que disfrutará toda la comunidad.