Por Bulin Fernández
La aparición de torneos públicos en plazas de grupos de jóvenes intentando vencer a un rival con el título de “farmear aura” en muchos medios de comunicación y redes sociales volvió a llamar la atención de muchos, aún sin salir del asombro que dejó la aparición de los terians hace escasas semanas.
¿Es el devenir de un país que va perdiendo sentido social y cultural de los jóvenes o solo una expresión momentánea, jocosa y hasta poco entendible de un sector reducido?
Resulta complejo de evaluar como conjunto, porque cuando son los buenos ejemplos, poco puede conocerse con aquello de que las buenas noticias no venden.
Las redes sociales parecen mandar por sobre toda comunicación en las franjas etarias más jóvenes y allí predomina lo corto, lo explícito, lo banal o lo gracioso por sobre cualquier análisis, lo que no implique pensar demasiado para pasar a otro tema totalmente diferente al anterior.
Una encuesta callejera vinculada a responder por parte de alumnos en edad de secundaria con la historia de la Argentina no puede responder ni quién creó la bandera, cuál es el nombre de pila del General San Martín o dónde va la palabra y qué significa “dignísimo” en la entonación del Himno Nacional. Solo una muestra.
Con relación a la política y los y las jóvenes, porque es el núcleo de definición de las muchas cosas que nos pasan como país o nación, cada vez aparecen más alejados y desinteresados en formar parte.
El trabajo de campo de una conocida consultora da cuenta de que fueron los jóvenes quienes masivamente respaldaron al presidente Milei. Hoy arroja que el 85% de los menores de 38 años que lo votó no llega al día 20, quienes tienen trabajo registrado o son desempleados dependiendo de alguna changa.
La caída de confiabilidad se extrema cuando se consulta sobre el respaldo a la continuidad de la actual política económica.
La Universidad Di Tella da cuenta de que esa insatisfacción crece con los jóvenes que aparecen con bajo acceso laboral, la mayoría precario, el endeudamiento es frecuente y creciente y el acceso al juego online es hasta temerario.
Lo más grave de ese resultado es que la mayor causa de muerte en los jóvenes es el suicidio, superando después de veinte años a la causa de accidentes de tránsito. Temerario.
¿Pero todo es panorama negro? Considero que no y ahí reside la responsabilidad de los medios de comunicación (y las redes cuando tengan regulación seria) para mostrar el otro lado. El espacio de aquellos que son ejemplo, que comparten la vida laboral de su familia, que estudian a destajo y trabajan para bancarse ese paso educativo; los que asumen responsabilidades individuales o colectivas pensando que su alrededor es vital para su propia vida social.
Desde un escrito de un pibe de 15 dirigido a los papás de su futura novia pidiendo autorización para visitarla hasta aquel que se recibió de profesor de inglés y con ello poder trabajar medio tiempo y seguir medicina como su sueño principal o los mejores promedios que son reconocidos, son tan solo un ejemplo más que suficiente.
Darle o generar la oportunidad de ser y hasta de equivocarse depende siempre de los mayores. No convertirnos en guías o ejemplos ilustres, sino abrir puertas, aceptar opiniones o definiciones y hasta aprender de los jóvenes es casi una obligación de quienes ya peinamos canas.
Claro está que no son responsables de cómo está su situación, pero no esperemos a que consideren que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo.
Generar espacios, escuchar y actuar en consecuencia y acompañar para que elijan su modo de vida y de sus pares ya no es una posibilidad, sino una obligación de los mayores.
Por Bulin Fernández
La aparición de torneos públicos en plazas de grupos de jóvenes intentando vencer a un rival con el título de “farmear aura” en muchos medios de comunicación y redes sociales volvió a llamar la atención de muchos, aún sin salir del asombro que dejó la aparición de los terians hace escasas semanas.
¿Es el devenir de un país que va perdiendo sentido social y cultural de los jóvenes o solo una expresión momentánea, jocosa y hasta poco entendible de un sector reducido?
Resulta complejo de evaluar como conjunto, porque cuando son los buenos ejemplos, poco puede conocerse con aquello de que las buenas noticias no venden.
Las redes sociales parecen mandar por sobre toda comunicación en las franjas etarias más jóvenes y allí predomina lo corto, lo explícito, lo banal o lo gracioso por sobre cualquier análisis, lo que no implique pensar demasiado para pasar a otro tema totalmente diferente al anterior.
Una encuesta callejera vinculada a responder por parte de alumnos en edad de secundaria con la historia de la Argentina no puede responder ni quién creó la bandera, cuál es el nombre de pila del General San Martín o dónde va la palabra y qué significa “dignísimo” en la entonación del Himno Nacional. Solo una muestra.
Con relación a la política y los y las jóvenes, porque es el núcleo de definición de las muchas cosas que nos pasan como país o nación, cada vez aparecen más alejados y desinteresados en formar parte.
El trabajo de campo de una conocida consultora da cuenta de que fueron los jóvenes quienes masivamente respaldaron al presidente Milei. Hoy arroja que el 85% de los menores de 38 años que lo votó no llega al día 20, quienes tienen trabajo registrado o son desempleados dependiendo de alguna changa.
La caída de confiabilidad se extrema cuando se consulta sobre el respaldo a la continuidad de la actual política económica.
La Universidad Di Tella da cuenta de que esa insatisfacción crece con los jóvenes que aparecen con bajo acceso laboral, la mayoría precario, el endeudamiento es frecuente y creciente y el acceso al juego online es hasta temerario.
Lo más grave de ese resultado es que la mayor causa de muerte en los jóvenes es el suicidio, superando después de veinte años a la causa de accidentes de tránsito. Temerario.
¿Pero todo es panorama negro? Considero que no y ahí reside la responsabilidad de los medios de comunicación (y las redes cuando tengan regulación seria) para mostrar el otro lado. El espacio de aquellos que son ejemplo, que comparten la vida laboral de su familia, que estudian a destajo y trabajan para bancarse ese paso educativo; los que asumen responsabilidades individuales o colectivas pensando que su alrededor es vital para su propia vida social.
Desde un escrito de un pibe de 15 dirigido a los papás de su futura novia pidiendo autorización para visitarla hasta aquel que se recibió de profesor de inglés y con ello poder trabajar medio tiempo y seguir medicina como su sueño principal o los mejores promedios que son reconocidos, son tan solo un ejemplo más que suficiente.
Darle o generar la oportunidad de ser y hasta de equivocarse depende siempre de los mayores. No convertirnos en guías o ejemplos ilustres, sino abrir puertas, aceptar opiniones o definiciones y hasta aprender de los jóvenes es casi una obligación de quienes ya peinamos canas.
Claro está que no son responsables de cómo está su situación, pero no esperemos a que consideren que la juventud es una enfermedad que se cura con el tiempo.
Generar espacios, escuchar y actuar en consecuencia y acompañar para que elijan su modo de vida y de sus pares ya no es una posibilidad, sino una obligación de los mayores.