El año que una erupción volcánica dejó sin verano a la Tierra

Debido a una mega erupción del volcán Tambora en Indonesia, a 1816 se lo conoció como “el año sin verano”. Millones de toneladas de cenizas en la atmósfera provocaron nevadas, frío intenso y fuertes lluvias en pleno verano.

23 JUL 2011 - 22:15 | Actualizado

El 4 de junio pasado nos asombramos con la erupción del volcán chileno Peyehue y su subsiguiente lluvia de cenizas. Fuimos testigos del drama que vivieron los pobladores que sufrieron el cataclismo y como toda esa nube de polvo volcánico, de a poco, afectó al resto del territorio nacional y finalmente a gran cantidad de países alrededor del mundo. Pese a su gran poder destructivo, esta demostrado que los volcanes son necesarios para la regulación del clima mundial al igual que los océanos. Las eras de hielo que ocurrieron en el pasado, llegaron como consecuencia de importantes sucesos geológicos y fueron fundamentales para las grandes migraciones de la raza humana en el globo.

O sea, un volcán no solo tiene un efecto en la geografía y el clima sino que actúa directamente en el destino de los hombres. Y así lo supieron los pobladores del planeta durante el verano de 1816, cambios inesperados en el clima dejaron a los países del hemisferio norte devastados, sufriendo de hambre y brotes epidémicos. Estos patrones climáticos fueron el resultado de la erupción volcánica, un año antes, del Monte Tambora en Sumbawa, Indonesia, el 10 de abril de 1815. Durante el año siguiente, una densa capa de cenizas llenó la atmósfera alrededor del planeta, impidiendo que los rayos solares alcanzaran la tierra. Las consecuentes heladas tardías y lluvias ocasionaron lo que se llamó el “Año sin Verano”.

El número de víctimas mortales fuera de Indonesia producto del efecto del “año sin verano” llegaron a cientos de miles. Considerando las 117.000 víctimas que perecieron durante la erupción del Tambora, en conjunto, éste fue uno de los peores desastres naturales de la historia.

Un verano que nunca llegó

Un año después de la devastadora erupción, cosas extrañas se sucedieron al llegar el verano de 1816. En Nueva Inglaterra cayó nieve en plena temporada estival. Las lluvias frías eran continuas en Europa. El estado del tiempo para nada parecía ser tiempo de verano. Eran días fríos y tempestuosos y las noches, largas.

La razón por la ausencia de verano en Europa y en Norteamérica se encontraba del otro lado del planeta, en el Monte Tambora de Indonesia.

El 5 de abril de 1815, el volcán Tambora, comenzó retumbar con actividad. Durante los siguientes cuatro meses lanzó millones de toneladas de cenizas al aire hasta que estalló, provocando la explosión volcánica más grande que se haya registrado en la historia. Muchas personas que vivían cerca del volcán perdieron sus vidas en el acontecimiento. El monte Tambora expulsó tanta ceniza hacia la atmósfera, que el cielo se obscureció y el Sol fue bloqueado y no se veía. Durante los meses siguientes, estas partículas se esparcieron a lo largo de la atmósfera, dando la vuelta al mundo y tuvieron un efecto sobre el clima global. La temperatura media de la Tierra descendió tres grados centígrados en un año.

1816 también fue conocido como el año de la pobreza. Las anormalidades del clima propiciaron que el invierno se extendiera hasta el verano, destruyendo las cosechas del norte de Europa y del nordeste estadounidense.

La carencia de luz solar hizo que otras cosechas no prosperaran. Esto aumentó el precio de los alimentos. El precio de la avena aumentó, lo cual hizo que aumentara el precio del alimento de caballos. Los caballos eran el principal medio de transporte de aquellas épocas, así que con la avena costosa, el costo del transporte también aumentó. Esto incitó a un joven alemán llamado, Karl Drais, a inventar una nueva manera de trasladarse sin caballo: la bicicleta. Las consecuencias en todo el planeta fueron desastrosas. Las lluvias se triplicaron en algunas zonas del mundo (como en los polos) y nevó copiosamente en lugares cercanos al ecuador como México y Guatemala.

En Estados Unidos, en mayo de 1816, la helada quemó la mayoría de las cosechas que se habían plantado, y el 2 de junio (verano en el hemisferio norte) una gran tormenta de nieve produjo muchas muertes. En julio y agosto, se observó hielo en ríos y lagos en latitudes tan al sur como Pensilvania.

Aunque los granjeros de Nueva Inglaterra consiguieron que las cosechas de maíz y otros granos llegaran a madurar, los precios subieron considerablemente.

Europa, que todavía se estaba recuperando de las guerras napoleónicas, padeció la escasez de comida. Estallaron disturbios en Irlanda, Gran Bretaña y Francia y se saqueaban almacenes de grano. Sin embargo, la violencia fue peor en Suiza, donde el hambre forzó al gobierno a declarar emergencia nacional.

En China, las anormales bajas temperaturas durante el verano y el otoño asolaron la producción de arroz extendiendo la hambruna. Se produjeron nevadas veraniegas en varias provincias al sur del país. En Taiwán, que posee clima tropical, nevó y heló en varias localidades.

Cambios en el clima

En 1913, el meteorólogo norteamericano William Humpheys concretó que la reiterada serie de erupciones volcánicas de los primeros años del siglo XIX –entre ellas la del Tambora- habían provocado las numerosas olas de frío fuera de estación de aquel extraño verano de 1816.

Humphreys determinó la causa del “Año sin verano”, tras leer un tratado escrito por Benjamin Franklin en 1783, donde culpaba al volcán Laki en Islandia por el verano extraordinariamente fresco que sufrieron ese año. Al igual que el Tambora, el Laki había lanzado millones de toneladas de cenizas al aire.

No obstante, la propuesta de Franklin de relacionar erupciones volcánicas y cambios climáticos se hizo realidad casi doscientos años después, con las investigaciones de Hubert Lamb en 1970. Lamb, que trabajaba en el Servicio Meteorológico Británico, registró todas las erupciones volcánicas desde el año 1500 hasta 1960, relacionando las cenizas en la atmósfera con su impacto en el clima. A partir de las pruebas históricas y geológicas se sabe que la erupción del Tambora en 1815, que gestó “el año sin verano” de 1816, arrojó a la atmósfera tres veces la cantidad de polvo que lanzó el Krakatoa siete décadas más tarde. O sea, cada vez que se producía una importante erupción volcánica en el globo, era un hecho que el verano siguiente no iba a ser bueno.

Fuente de inspiración

Se sabe que debido a la gran cantidad de ceniza flotando en la atmósfera en 1816, los atardeceres eran espectacularmente brillantes y muy coloridos, tal es así que artistas plásticos de la época retrataron en magníficas obras dicho fenómeno.

El clima triste también inspiró a muchos escritores. Durante el “año sin verano”, Maria Shelley, su marido el poeta Percy Bysshe Shelley, y el poeta Lord Byron, estaban de vacaciones en el lago Ginebra. Estando confinados bajo techo por días a causa de la lluvia constante, el frío y los cielos melancólicos, los escritores se propusieron describir el ambiente triste, oscuro de los días que vivían. Y fue así que Maria Shelley dio a luz a una de las mayores obras de la literatura universal, Frankenstein, una novela de horror que se desarrollaba en un ambiente, a menudo, tempestuoso. Por su parte, Lord Byron describió la oscuridad en un poema que comienza, “yo tenía un sueño, que no era un sueño del todo. El brillante Sol se había extinguido”.

¿Habrá verano este año?

Las grandes erupciones volcánicas de la historia dejaron una enseñanza sobre qué tan peligroso puede ser el mundo en el que vivimos y cuanfrágil puede ser el clima si solo se varía unos pocos grados su temperatura. Las cenizas del Puyehue aún siguen complicando la vida de miles de personas en la zona patagónica y en el resto del país. Ya se han perdido millones de pesos por el parate aéreo que causan las cancelaciones producto del polvo en suspensión y miles de personas más vieron afectadas sus producciones ganaderas y turísticas por este desastre. Pero ahora surge esta pregunta ¿tendremos verano este año? O tal vez suframos algo parecido a lo vivido en 1816. De ser así, ¿estaría en peligro la temporada turística venidera si el clima llega a ser malo? o por que no imaginar, que tras el cataclismo del volcán chileno, 2011 sea considerado como el año que no tuvimos verano.#

23 JUL 2011 - 22:15

El 4 de junio pasado nos asombramos con la erupción del volcán chileno Peyehue y su subsiguiente lluvia de cenizas. Fuimos testigos del drama que vivieron los pobladores que sufrieron el cataclismo y como toda esa nube de polvo volcánico, de a poco, afectó al resto del territorio nacional y finalmente a gran cantidad de países alrededor del mundo. Pese a su gran poder destructivo, esta demostrado que los volcanes son necesarios para la regulación del clima mundial al igual que los océanos. Las eras de hielo que ocurrieron en el pasado, llegaron como consecuencia de importantes sucesos geológicos y fueron fundamentales para las grandes migraciones de la raza humana en el globo.

O sea, un volcán no solo tiene un efecto en la geografía y el clima sino que actúa directamente en el destino de los hombres. Y así lo supieron los pobladores del planeta durante el verano de 1816, cambios inesperados en el clima dejaron a los países del hemisferio norte devastados, sufriendo de hambre y brotes epidémicos. Estos patrones climáticos fueron el resultado de la erupción volcánica, un año antes, del Monte Tambora en Sumbawa, Indonesia, el 10 de abril de 1815. Durante el año siguiente, una densa capa de cenizas llenó la atmósfera alrededor del planeta, impidiendo que los rayos solares alcanzaran la tierra. Las consecuentes heladas tardías y lluvias ocasionaron lo que se llamó el “Año sin Verano”.

El número de víctimas mortales fuera de Indonesia producto del efecto del “año sin verano” llegaron a cientos de miles. Considerando las 117.000 víctimas que perecieron durante la erupción del Tambora, en conjunto, éste fue uno de los peores desastres naturales de la historia.

Un verano que nunca llegó

Un año después de la devastadora erupción, cosas extrañas se sucedieron al llegar el verano de 1816. En Nueva Inglaterra cayó nieve en plena temporada estival. Las lluvias frías eran continuas en Europa. El estado del tiempo para nada parecía ser tiempo de verano. Eran días fríos y tempestuosos y las noches, largas.

La razón por la ausencia de verano en Europa y en Norteamérica se encontraba del otro lado del planeta, en el Monte Tambora de Indonesia.

El 5 de abril de 1815, el volcán Tambora, comenzó retumbar con actividad. Durante los siguientes cuatro meses lanzó millones de toneladas de cenizas al aire hasta que estalló, provocando la explosión volcánica más grande que se haya registrado en la historia. Muchas personas que vivían cerca del volcán perdieron sus vidas en el acontecimiento. El monte Tambora expulsó tanta ceniza hacia la atmósfera, que el cielo se obscureció y el Sol fue bloqueado y no se veía. Durante los meses siguientes, estas partículas se esparcieron a lo largo de la atmósfera, dando la vuelta al mundo y tuvieron un efecto sobre el clima global. La temperatura media de la Tierra descendió tres grados centígrados en un año.

1816 también fue conocido como el año de la pobreza. Las anormalidades del clima propiciaron que el invierno se extendiera hasta el verano, destruyendo las cosechas del norte de Europa y del nordeste estadounidense.

La carencia de luz solar hizo que otras cosechas no prosperaran. Esto aumentó el precio de los alimentos. El precio de la avena aumentó, lo cual hizo que aumentara el precio del alimento de caballos. Los caballos eran el principal medio de transporte de aquellas épocas, así que con la avena costosa, el costo del transporte también aumentó. Esto incitó a un joven alemán llamado, Karl Drais, a inventar una nueva manera de trasladarse sin caballo: la bicicleta. Las consecuencias en todo el planeta fueron desastrosas. Las lluvias se triplicaron en algunas zonas del mundo (como en los polos) y nevó copiosamente en lugares cercanos al ecuador como México y Guatemala.

En Estados Unidos, en mayo de 1816, la helada quemó la mayoría de las cosechas que se habían plantado, y el 2 de junio (verano en el hemisferio norte) una gran tormenta de nieve produjo muchas muertes. En julio y agosto, se observó hielo en ríos y lagos en latitudes tan al sur como Pensilvania.

Aunque los granjeros de Nueva Inglaterra consiguieron que las cosechas de maíz y otros granos llegaran a madurar, los precios subieron considerablemente.

Europa, que todavía se estaba recuperando de las guerras napoleónicas, padeció la escasez de comida. Estallaron disturbios en Irlanda, Gran Bretaña y Francia y se saqueaban almacenes de grano. Sin embargo, la violencia fue peor en Suiza, donde el hambre forzó al gobierno a declarar emergencia nacional.

En China, las anormales bajas temperaturas durante el verano y el otoño asolaron la producción de arroz extendiendo la hambruna. Se produjeron nevadas veraniegas en varias provincias al sur del país. En Taiwán, que posee clima tropical, nevó y heló en varias localidades.

Cambios en el clima

En 1913, el meteorólogo norteamericano William Humpheys concretó que la reiterada serie de erupciones volcánicas de los primeros años del siglo XIX –entre ellas la del Tambora- habían provocado las numerosas olas de frío fuera de estación de aquel extraño verano de 1816.

Humphreys determinó la causa del “Año sin verano”, tras leer un tratado escrito por Benjamin Franklin en 1783, donde culpaba al volcán Laki en Islandia por el verano extraordinariamente fresco que sufrieron ese año. Al igual que el Tambora, el Laki había lanzado millones de toneladas de cenizas al aire.

No obstante, la propuesta de Franklin de relacionar erupciones volcánicas y cambios climáticos se hizo realidad casi doscientos años después, con las investigaciones de Hubert Lamb en 1970. Lamb, que trabajaba en el Servicio Meteorológico Británico, registró todas las erupciones volcánicas desde el año 1500 hasta 1960, relacionando las cenizas en la atmósfera con su impacto en el clima. A partir de las pruebas históricas y geológicas se sabe que la erupción del Tambora en 1815, que gestó “el año sin verano” de 1816, arrojó a la atmósfera tres veces la cantidad de polvo que lanzó el Krakatoa siete décadas más tarde. O sea, cada vez que se producía una importante erupción volcánica en el globo, era un hecho que el verano siguiente no iba a ser bueno.

Fuente de inspiración

Se sabe que debido a la gran cantidad de ceniza flotando en la atmósfera en 1816, los atardeceres eran espectacularmente brillantes y muy coloridos, tal es así que artistas plásticos de la época retrataron en magníficas obras dicho fenómeno.

El clima triste también inspiró a muchos escritores. Durante el “año sin verano”, Maria Shelley, su marido el poeta Percy Bysshe Shelley, y el poeta Lord Byron, estaban de vacaciones en el lago Ginebra. Estando confinados bajo techo por días a causa de la lluvia constante, el frío y los cielos melancólicos, los escritores se propusieron describir el ambiente triste, oscuro de los días que vivían. Y fue así que Maria Shelley dio a luz a una de las mayores obras de la literatura universal, Frankenstein, una novela de horror que se desarrollaba en un ambiente, a menudo, tempestuoso. Por su parte, Lord Byron describió la oscuridad en un poema que comienza, “yo tenía un sueño, que no era un sueño del todo. El brillante Sol se había extinguido”.

¿Habrá verano este año?

Las grandes erupciones volcánicas de la historia dejaron una enseñanza sobre qué tan peligroso puede ser el mundo en el que vivimos y cuanfrágil puede ser el clima si solo se varía unos pocos grados su temperatura. Las cenizas del Puyehue aún siguen complicando la vida de miles de personas en la zona patagónica y en el resto del país. Ya se han perdido millones de pesos por el parate aéreo que causan las cancelaciones producto del polvo en suspensión y miles de personas más vieron afectadas sus producciones ganaderas y turísticas por este desastre. Pero ahora surge esta pregunta ¿tendremos verano este año? O tal vez suframos algo parecido a lo vivido en 1816. De ser así, ¿estaría en peligro la temporada turística venidera si el clima llega a ser malo? o por que no imaginar, que tras el cataclismo del volcán chileno, 2011 sea considerado como el año que no tuvimos verano.#