Editorial / Colores de poder

Torres abre este lunes las sesiones legislativas con promesas de orden y desarrollo. Pero su gestión sigue oscilando entre el apoyo crítico a Milei, sus peleas con empresarios de la pesca y la falta de inversiones para Chubut.

28 FEB 2026 - 11:00 | Actualizado 28 FEB 2026 - 21:30

Este lunes cuando hable ante la Legislatura del Chubut, el gobernador Nacho Torres intentará ofrecer un balance ordenado de su segundo año de gestión. Pero detrás de la narrativa del inicio de clases en tiempo y forma, de la reconstrucción tras los incendios en la Cordillera y de la promesa de inversiones, el discurso llega atravesado por una tensión política que ya define su estilo de gobierno: la confrontación con algunos empresarios de la pesca con los que se conoce desde hace tiempo y una relación con el presidente Javier Milei que combina críticas severas con un apoyo político casi sin fisuras.

El frente pesquero es hoy el conflicto estructural de su administración. La disputa con la Flota Amarilla dejó de ser un episodio sectorial para transformarse en un pulso de poder que condiciona la economía costera, el empleo y la autoridad provincial. Torres eligió confrontar con un actor históricamente influyente, pero la pelea se volvió un ciclo repetido: causas judiciales, endurecimiento discursivo, sanciones, negociaciones reservadas y treguas frágiles.

En ese vaivén, el gobernador busca mostrarse como quien desafía privilegios empresariales, pero termina atrapado en acuerdos que no modifican de fondo la lógica del sector. Dos años después, la pesca sigue siendo un campo sin ordenar y, al mismo tiempo, el escenario donde su liderazgo se prueba y se desgasta.

El actual cruce con los empresarios Gustavo González y Tato Cereseto remite a otro de características similares ocurrido el año pasado, cuando la gestión provincial virtualmente echó de Chubut al grupo norteamericano-chino Red Chamber del control de la ex Alpesca. La firmeza discursiva utilizada aquella vez -similar a la que hoy se aplica para los popes de la Flota Amarilla- duró poco y la compañía con base en Califormia terminó retomando el control de sus negocios en la provincia, que por pocos meses estuvieron en manos del poderoso grupo español Profand.

Un desaguisado que hoy sigue porque la Provincia, por razones que nadie explica, aceptó hacerse cargo de la indemnización de 45 operarios que debería haber pagado Red Chamber. La decisión le costará a la las arcas provinciales entre 5.000 y 6.000 millones de pesos, de los cuales ya se han abonado la mitad.

Esa lógica pendular se replica, con otra escala, en su vínculo con el presidente Milei. El gobernador se ha permitido cuestionar el impacto recesivo del rumbo económico nacional, advertir sobre asimetrías federales y reclamar por decisiones que afectan a industrias provinciales. Sin embargo, en el plano político concreto, su espacio ha acompañado sistemáticamente al oficialismo en el Congreso y en la arquitectura parlamentaria que sostiene al gobierno libertario.

Nacho y MIlei. Una relación compleja que siempre benefició al libertario.

Además, su relación cercana con el asesor presidencial y virtual “gerente” del espionaje oficial, Santiago Caputo, con el ministro del Interior, Diego Santilli, y hasta con el mismísimo ministro de Economía, Toto Caputo, confirman que los lazos con la Casa Rosada son más firmes de lo que muchos creen.

La distancia retórica convive así con una cercanía operativa constante: se critican ciertos aspectos del modelo, pero se lo respalda cuando se cuentan votos.

La posible participación de Torres en la gira presidencial a Estados Unidos cristaliza esa ambivalencia. El mandatario provincial se sumaría a la comitiva de Milei que irá a Nueva York del 9 al 12 de marzo para participar del “Argentina Week”, un evento en Manhattan organizado para seducir a Wall Street y atraer inversiones extranjeras estratégicas en sectores como energía, minería y tecnología.

Torres quiere ir con empresarios chubutenses en busca de inversiones. Ya sería hora que el alineamiento con la Casa Rosada atraiga alguna inversión concreta para Chubut. Por ahora, sólo han sido promesas humeantes.

El viaje coincide con el capítulo abierto contra el grupo Aluar, unas de las principales empresas de Chubut, blanco de todo tipo de críticas desde las trincheras libertarias por el cierre de la fabricante de neumáticos Fate. En la Casa Rosada tildan de “kuka” al dueño de Aluar y Fate, Javier Madanes Quintanilla, y como represalia le quitaron un arancel a la importación de aluminio chino.

La defensa enfática de varios sectores empresarios locales, como así también del propio Torres, puso en relieve otra vez la contradicción de quienes por un lado apoyan las políticas de Milei pero defienden el “industrialismo”. Defender a Aluar mientras se sostiene al programa que la pone en riesgo es, en sí mismo, el retrato de una gestión política y empresaria chubutense que oscila entre la resistencia sectorial y la adhesión estratégica.

Torres y Madanes Quintanilla, de Aluar. El gobernador promete gestionar ante Nación.

Torres anticipó que la próxima semana mantendrá una reunión con el Ministerio de Economía de la Nación para abordar la situación de Aluar en Puerto Madryn. Advirtió que la medida pone en riesgo a un sector considerado estratégico para la provincia y remarcó que la prioridad oficial es preservar el empleo más allá de las relaciones con el empresariado.

Y que el objetivo es alcanzar un entendimiento que permita sostener la competitividad de la compañía y resguardar los puestos de trabajo vinculados a la actividad aluminera. Pero el viernes, sus dos senadoras todo terreno, Edith Terenzi y Andrea Cristina, volvieron a votar a favor de la reforma laboral que lo único que no hará será resguardar el empleo, y mucho menos generarlo.

Este lunes ante la Legislatura, Torres seguramente hablará de reconstrucción, de inversiones y de oportunidades. Pero lo que la provincia espera es otra cosa: mayor claridad. Por ejemplo, hasta dónde llega su crítica al rumbo nacional y dónde empieza su respaldo efectivo.

Claridad, en definitiva, sobre si su proyecto político pretende ser una alternativa provincial al mileísmo o apenas su versión patagónica. Sus coqueteos con ciertos sectores libertarios vernáculos -enfrentados al liderazgo del diputado César Treffinger-, a los que les sigue dando espacios de poder en su Gabinete a expensas de un radicalismo cada vez más grisáceo, son un claro ejemplo de que empieza a dorarse la idea de que la reelección sólo será posible si las tonalidades cromáticas de Despierta Chubut empiezan a sumar un violáceo cada vez más perceptible.

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28 FEB 2026 - 11:00

Este lunes cuando hable ante la Legislatura del Chubut, el gobernador Nacho Torres intentará ofrecer un balance ordenado de su segundo año de gestión. Pero detrás de la narrativa del inicio de clases en tiempo y forma, de la reconstrucción tras los incendios en la Cordillera y de la promesa de inversiones, el discurso llega atravesado por una tensión política que ya define su estilo de gobierno: la confrontación con algunos empresarios de la pesca con los que se conoce desde hace tiempo y una relación con el presidente Javier Milei que combina críticas severas con un apoyo político casi sin fisuras.

El frente pesquero es hoy el conflicto estructural de su administración. La disputa con la Flota Amarilla dejó de ser un episodio sectorial para transformarse en un pulso de poder que condiciona la economía costera, el empleo y la autoridad provincial. Torres eligió confrontar con un actor históricamente influyente, pero la pelea se volvió un ciclo repetido: causas judiciales, endurecimiento discursivo, sanciones, negociaciones reservadas y treguas frágiles.

En ese vaivén, el gobernador busca mostrarse como quien desafía privilegios empresariales, pero termina atrapado en acuerdos que no modifican de fondo la lógica del sector. Dos años después, la pesca sigue siendo un campo sin ordenar y, al mismo tiempo, el escenario donde su liderazgo se prueba y se desgasta.

El actual cruce con los empresarios Gustavo González y Tato Cereseto remite a otro de características similares ocurrido el año pasado, cuando la gestión provincial virtualmente echó de Chubut al grupo norteamericano-chino Red Chamber del control de la ex Alpesca. La firmeza discursiva utilizada aquella vez -similar a la que hoy se aplica para los popes de la Flota Amarilla- duró poco y la compañía con base en Califormia terminó retomando el control de sus negocios en la provincia, que por pocos meses estuvieron en manos del poderoso grupo español Profand.

Un desaguisado que hoy sigue porque la Provincia, por razones que nadie explica, aceptó hacerse cargo de la indemnización de 45 operarios que debería haber pagado Red Chamber. La decisión le costará a la las arcas provinciales entre 5.000 y 6.000 millones de pesos, de los cuales ya se han abonado la mitad.

Esa lógica pendular se replica, con otra escala, en su vínculo con el presidente Milei. El gobernador se ha permitido cuestionar el impacto recesivo del rumbo económico nacional, advertir sobre asimetrías federales y reclamar por decisiones que afectan a industrias provinciales. Sin embargo, en el plano político concreto, su espacio ha acompañado sistemáticamente al oficialismo en el Congreso y en la arquitectura parlamentaria que sostiene al gobierno libertario.

Nacho y MIlei. Una relación compleja que siempre benefició al libertario.

Además, su relación cercana con el asesor presidencial y virtual “gerente” del espionaje oficial, Santiago Caputo, con el ministro del Interior, Diego Santilli, y hasta con el mismísimo ministro de Economía, Toto Caputo, confirman que los lazos con la Casa Rosada son más firmes de lo que muchos creen.

La distancia retórica convive así con una cercanía operativa constante: se critican ciertos aspectos del modelo, pero se lo respalda cuando se cuentan votos.

La posible participación de Torres en la gira presidencial a Estados Unidos cristaliza esa ambivalencia. El mandatario provincial se sumaría a la comitiva de Milei que irá a Nueva York del 9 al 12 de marzo para participar del “Argentina Week”, un evento en Manhattan organizado para seducir a Wall Street y atraer inversiones extranjeras estratégicas en sectores como energía, minería y tecnología.

Torres quiere ir con empresarios chubutenses en busca de inversiones. Ya sería hora que el alineamiento con la Casa Rosada atraiga alguna inversión concreta para Chubut. Por ahora, sólo han sido promesas humeantes.

El viaje coincide con el capítulo abierto contra el grupo Aluar, unas de las principales empresas de Chubut, blanco de todo tipo de críticas desde las trincheras libertarias por el cierre de la fabricante de neumáticos Fate. En la Casa Rosada tildan de “kuka” al dueño de Aluar y Fate, Javier Madanes Quintanilla, y como represalia le quitaron un arancel a la importación de aluminio chino.

La defensa enfática de varios sectores empresarios locales, como así también del propio Torres, puso en relieve otra vez la contradicción de quienes por un lado apoyan las políticas de Milei pero defienden el “industrialismo”. Defender a Aluar mientras se sostiene al programa que la pone en riesgo es, en sí mismo, el retrato de una gestión política y empresaria chubutense que oscila entre la resistencia sectorial y la adhesión estratégica.

Torres y Madanes Quintanilla, de Aluar. El gobernador promete gestionar ante Nación.

Torres anticipó que la próxima semana mantendrá una reunión con el Ministerio de Economía de la Nación para abordar la situación de Aluar en Puerto Madryn. Advirtió que la medida pone en riesgo a un sector considerado estratégico para la provincia y remarcó que la prioridad oficial es preservar el empleo más allá de las relaciones con el empresariado.

Y que el objetivo es alcanzar un entendimiento que permita sostener la competitividad de la compañía y resguardar los puestos de trabajo vinculados a la actividad aluminera. Pero el viernes, sus dos senadoras todo terreno, Edith Terenzi y Andrea Cristina, volvieron a votar a favor de la reforma laboral que lo único que no hará será resguardar el empleo, y mucho menos generarlo.

Este lunes ante la Legislatura, Torres seguramente hablará de reconstrucción, de inversiones y de oportunidades. Pero lo que la provincia espera es otra cosa: mayor claridad. Por ejemplo, hasta dónde llega su crítica al rumbo nacional y dónde empieza su respaldo efectivo.

Claridad, en definitiva, sobre si su proyecto político pretende ser una alternativa provincial al mileísmo o apenas su versión patagónica. Sus coqueteos con ciertos sectores libertarios vernáculos -enfrentados al liderazgo del diputado César Treffinger-, a los que les sigue dando espacios de poder en su Gabinete a expensas de un radicalismo cada vez más grisáceo, son un claro ejemplo de que empieza a dorarse la idea de que la reelección sólo será posible si las tonalidades cromáticas de Despierta Chubut empiezan a sumar un violáceo cada vez más perceptible.


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