Por Esteban Gallo
La postura mediática de un grupo de concejales de Trelew de oponerse al aumento tarifario de la Cooperativa Eléctrica echándole la culpa a los empleados por la crisis que atraviesa la entidad, es una interpretación pobre, ramplona y simplista de la realidad.
Es peligrosa también, porque proviene de personas que, por responsabilidad y función, deberían tener mayor lucidez y profundidad de análisis.
De movida, cada vez que hablen del aumento tarifario deberían incluir la totalidad de los servicios que brinda la Cooperativa y no circunscribirlo al ítem de la electricidad. Los vecinos de Trelew pagan en la misma boleta, alumbrado público, agua, cloacas, servicio de sepelio, y además, la luz que se enciende cuando aprietan las perillas de sus casas.
El intendente Gerardo Merino, asumiendo, como corresponde, el rol de componedor entre la Intervención de la Cooperativa y los concejales de Trelew, decidió conformar una mesa técnica y política para analizar a fondo el funcionamiento de la institución, incluyendo el estudio del cuadro tarifario y el modelo de prestación de servicios.
En relación a este último punto, que alguien les diga a los concejales que se babean hablando de privatización, que la Cooperativa ya es una empresa privada. En todo caso, lo que quieren hacer algunos dirigentes políticos es dársela a otro privado.
Merino también valoró la información que el Sindicato de Luz y Fuerza brindó a través de una solicitada publicada en los medios a comienzos de la semana.
Los datos fueron reveladores y muy precisos, a diferencia de la irresponsabilidad con la que se manejan algunos concejales y dirigentes partidarios que hablan de oído y faltando a la verdad.
En la misma dirección, la Intervención de la Cooperativa tampoco ha sido clara y transparente con la comunidad. Quienes la integran, cobran sueldos gordos, pero dan información muy flaca.
Volviendo a lo que los números suministrados por el gremio expresan con claridad, surge indiscutiblemente que la situación por la que atraviesa la Cooperativa no es por culpa ni del convenio colectivo de trabajo, ni por los sueldos que paga, ni por el número de empleados que tiene.
La Cooperativa tiene 13 empleados menos que hace 29 años. En 1997, 357 trabajadores atendían las necesidades de 24.309 usuarios. Hoy, 344 empleados atienden la demanda de 40 mil personas. ¿Qué alguien nos explique dónde está el desmadre?
Reducir la discusión a los sueldos es perder de vista la dimensión del problema. En algunos casos, hay concejales que prefieren simplificar el análisis, para no hablar del daño que el gobierno nacional al que apoyan le ha hecho a las Cooperativas y a la sociedad en general.
Corren el eje de la discusión para no hablar del descomunal aumento del costo de la energía mayorista operado por Milei desde diciembre de 20923, la calamitosa situación económica que atraviesan los trelewenses por culpa del plan económico liberal, y la falta de subsidios que también fueron eliminados por la gestión libertaria.
Rubén Cáceres (el radical convertido en mileísta) y Martín Luna (el acusado de engancharse a la luz), pegan el grito por el aumento de la boleta, pero celebran que la motosierra del presidente le corte la cabeza a los trabajadores y a todos los vecinos de Trelew a los que la crisis los está liquidando.
En este escenario de “vacas flacas” y pobreza, lo único que falta es que a algunos irresponsables se les ocurra meterse con el sueldo de los trabajadores y el convenio colectivo que los ampara.
Una ciudad crece cuando su gente tiene salarios dignos, porque ese dinero vuelve al comercio, al consumo y a la economía local. Una ciudad con sueldos deprimidos es una ciudad con menos consumo, menos actividad y menor posibilidad de crecimiento.
Que alguien les diga a los genios del ajuste, que los problemas de una comunidad no se resuelven atacando a los laburantes.

Por Esteban Gallo
La postura mediática de un grupo de concejales de Trelew de oponerse al aumento tarifario de la Cooperativa Eléctrica echándole la culpa a los empleados por la crisis que atraviesa la entidad, es una interpretación pobre, ramplona y simplista de la realidad.
Es peligrosa también, porque proviene de personas que, por responsabilidad y función, deberían tener mayor lucidez y profundidad de análisis.
De movida, cada vez que hablen del aumento tarifario deberían incluir la totalidad de los servicios que brinda la Cooperativa y no circunscribirlo al ítem de la electricidad. Los vecinos de Trelew pagan en la misma boleta, alumbrado público, agua, cloacas, servicio de sepelio, y además, la luz que se enciende cuando aprietan las perillas de sus casas.
El intendente Gerardo Merino, asumiendo, como corresponde, el rol de componedor entre la Intervención de la Cooperativa y los concejales de Trelew, decidió conformar una mesa técnica y política para analizar a fondo el funcionamiento de la institución, incluyendo el estudio del cuadro tarifario y el modelo de prestación de servicios.
En relación a este último punto, que alguien les diga a los concejales que se babean hablando de privatización, que la Cooperativa ya es una empresa privada. En todo caso, lo que quieren hacer algunos dirigentes políticos es dársela a otro privado.
Merino también valoró la información que el Sindicato de Luz y Fuerza brindó a través de una solicitada publicada en los medios a comienzos de la semana.
Los datos fueron reveladores y muy precisos, a diferencia de la irresponsabilidad con la que se manejan algunos concejales y dirigentes partidarios que hablan de oído y faltando a la verdad.
En la misma dirección, la Intervención de la Cooperativa tampoco ha sido clara y transparente con la comunidad. Quienes la integran, cobran sueldos gordos, pero dan información muy flaca.
Volviendo a lo que los números suministrados por el gremio expresan con claridad, surge indiscutiblemente que la situación por la que atraviesa la Cooperativa no es por culpa ni del convenio colectivo de trabajo, ni por los sueldos que paga, ni por el número de empleados que tiene.
La Cooperativa tiene 13 empleados menos que hace 29 años. En 1997, 357 trabajadores atendían las necesidades de 24.309 usuarios. Hoy, 344 empleados atienden la demanda de 40 mil personas. ¿Qué alguien nos explique dónde está el desmadre?
Reducir la discusión a los sueldos es perder de vista la dimensión del problema. En algunos casos, hay concejales que prefieren simplificar el análisis, para no hablar del daño que el gobierno nacional al que apoyan le ha hecho a las Cooperativas y a la sociedad en general.
Corren el eje de la discusión para no hablar del descomunal aumento del costo de la energía mayorista operado por Milei desde diciembre de 20923, la calamitosa situación económica que atraviesan los trelewenses por culpa del plan económico liberal, y la falta de subsidios que también fueron eliminados por la gestión libertaria.
Rubén Cáceres (el radical convertido en mileísta) y Martín Luna (el acusado de engancharse a la luz), pegan el grito por el aumento de la boleta, pero celebran que la motosierra del presidente le corte la cabeza a los trabajadores y a todos los vecinos de Trelew a los que la crisis los está liquidando.
En este escenario de “vacas flacas” y pobreza, lo único que falta es que a algunos irresponsables se les ocurra meterse con el sueldo de los trabajadores y el convenio colectivo que los ampara.
Una ciudad crece cuando su gente tiene salarios dignos, porque ese dinero vuelve al comercio, al consumo y a la economía local. Una ciudad con sueldos deprimidos es una ciudad con menos consumo, menos actividad y menor posibilidad de crecimiento.
Que alguien les diga a los genios del ajuste, que los problemas de una comunidad no se resuelven atacando a los laburantes.